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Capítulo 03. La ira del Toro dorado

Geki se sitúa con los brazos cruzados frente a Gulimi, a escasos metros de él, con un rostro serio y fijo en su adversario, no se tarda mucho tiempo en percibir como en el interior del caballero de Tauro su cosmos se intensifica y se concentra más y más, como un volcán que esta a punto de entrar en erupción.


Gulimi muy sonriente y confiado en su superioridad frente a un caballero dorado decide iniciar el duelo. Este se abalanza sobre Geki, tratando de golpearlo con sus puños y piernas reiteradas veces, pero el santo de oro, que permanece con los brazos cruzados sobre su pecho esquiva todos y cada uno de los golpes sin mediar palabra o gesto.


Gulimi comienza a correr en círculos alrededor de Geki aumentando su velocidad cada vez más.


- ¡Eres rápido Tauro! ¡Pero no lo suficiente! - exclama el alcaliano que se abalanza por la espalda.


Geki sin mediar palabra se gira como si nada ante la sorpresa de Gulimi, y justo cuando este se encuentra frente a él, extiende sus brazos, liberando al fin y por primera vez su cosmos.



¡¡¡GRAN CUERNO!!!



Gulimi sale proyectado hacia las nubes a causa de la liberación del gran cuerno, pero éste regresa y toma tierra sin mucho esfuerzo por su parte. Mientras que Gulimi continúa mostrando una fina sonrisa en su rostro, confiado en todo momento de saberse superior, mientras que Geki no articula en su serio rostro.


- No está mal…-


Gulimi se sacude tranquilamente el polvo sin dejar de sonreír en ningún momento, tomando ahora posición ofensiva.


- No está mal… ¡PERO ES INSUFICIENTE! ¡AAHHH! -


El cosmos de Gulimi explota de manera sorpresiva, mostrando por primera vez su fenomenal fuerza, la cual Geki observa desde la precaución y el respeto.



¡¡¡RESPLANDOR DE RUBI!!!



Un intenso brillo brota tras Gulimi, de tal intensidad que Geki se ve obligado a cambiar la posición de sus brazos para cubrirse los ojos, bajando su guardia y siendo esta aprovechada por el alcaliano que impacta un potentísimo golpe sobre el pecho de Geki con ambos puños, como si de un torpedo se tratara.


Geki boquea en primera instancia tratando de recuperar el aliento tras semejante golpe, pero Gulimi aprovecha el momento y comienza a girar sobre sí mismo mientras continúa manteniendo contacto con el caballero de tauro. Los giros de éste cada vez son más rápidos, creando una especie de succión que impide a Geki separarse de Gulimi.


- ¡COMETE ESTA! -


Con sus puños en constante contacto con el pecho de Geki donde ha golpeado, emerge una enorme y concentrada esfera de cosmos entre sus manos, haciendo detonar esta lo que hace que Geki salga despedido con fuerza contra uno de los limites del Coliseo, atravesando sus gruesos muros de piedra, quedando éste sepultado bajo una multitud de enormes escombros y una gran columna de polvo que se levanta hacia el cielo.


En este instante Joao llega al Coliseo, alarmado por los repetitivos temblores y las potentes explosiones, buscando con nerviosismo a su maestro, pero solo encuentra a Ban un poco más adelantado a él, que se levanta pese a las múltiples heridas, y cuya armadura de bronce se encuentra en estado calamitoso.


- ¡GEKI! - exclama Ban.


- ¡¿Dónde está mi maestro?! - le pregunta Joao que se aproxima hasta el santo del León.


- ¡Tu! Eres el muchacho que está a cargo de Geki, ¿No es así? -


- Así es, Geki es mi maestro, vine hasta aquí para ayudarle, pero no logro verlo. -


- ¿Ayudarle dices? Será mejor que me dejes esto a mí. - le responde.


Ban, decidido a luchar junto a Geki se encamina con intención de bajar nuevamente al foso.


- ¡No dejaré que luches solo Geki! ¡Por nuestros hermanos! - exclama Ban preparándose para saltar.


- ¡DETENTE! - exclama una voz desde lo mas alto y alejado de las gradas.


Joao y Ban observan como una sombra alada se proyecta sobre el suelo y sobre ellos mismos, el santo del León reconociendo esa voz, gira rápidamente la cabeza, dirigiendo su mirada hacia lo alto de las gradas.


- ¡SEIYA! - exclama sorprendido Ban.


Joao queda impresionado ante la llegada del legendario caballero al cual conoció y tuvo frente a si hace pocos días. Seiya de un salto magistral cruza el cielo, extendiendo sus doradas alas con las cuales planea hasta situarse justo al lado de los dos santos de bronce.


- ¡Seiya! ¡Que alegría encontrarte aquí! Has venido para luchar y vengar la muerte de Ichi y Nachi, ¿No es así? - le pregunta con una amplia sonrisa.


- No. En absoluto. - responde serio y tajante el caballero de Sagitario.


- ¿¡Pero que dices?! ¡¿Has venido hasta aquí para no hacer nada!? ¡No es momento de gastar bromas Seiya! - vocifera Ban.


Seiya hace caso omiso ante las provocaciones de Ban y se mantiene serio y sereno.


- ¡Pues yo si voy a luchar! ¡Haz lo que te dé la gana! - le espeta Ban dándole la espalda a Seiya.


Seiya agarra del hombro a Ban por la espalda, y sin mucha dificultad debido a las heridas que este sufre, lo sienta sobre las rocas sin mucho esfuerzo.


- ¡Quédate aquí! No estas en condiciones de seguir luchando y, además, sería una falta de respeto hacia el caballero de Tauro interrumpir su combate. -


Ban observa a Seiya, el cual mantiene su mirada puesta en la montaña de escombros donde Geki desapareció.


- El combate no ha hecho más que comenzar. - responde nuevamente el santo de Sagitario.


Mientras tanto, Gulimi ajeno a lo que se habla en las gradas, se aproxima poco a poco hacia la sepultura de Geki, para comprobar si finalmente ha acabado con la vida del caballero dorado. Pero a medida que se acerca, éste se percata como de entre los escombros un cosmos dorado fluye entre las rocas, como si de un manantial de agua se tratase.


Algo se escucha moverse bajo los escombros, cuando la voz de Geki irrumpe nuevamente.



¡¡¡GRAN CUERNO!!!



Una detonación de energía se produce, lanzando las rocas como metralla en todas direcciones, una gran roca se dirige directamente hacia Gulimi, el cual de un golpe la parte en dos, quedando partida en dos a ambos lados de él. Cuando levanta la vista nuevamente se encuentra con la enorme silueta de Geki caminando como si nada hacia él.


- ¡Oh! ¡¿Todavía sigues vivo?! ¡Genial! ¡Nos divertiremos un rato! -


- ¡No he venido hasta aquí para entretenerte! ¡He venido para acabar contigo! ¡AAHH! - estalla el toro furioso elevando su cosmos.


- ¡Jajaja! ¡No digas bobadas! Pero aplaudo tu actitud, al menos serás un digno rival. ¡AAHH! -

Los cosmos de ambos comienzan a elevarse simultáneamente, pero Geki toma la iniciativa ante la confianza de Gulimi y con su gran velocidad se abalanza sobre éste, propinándole un fuerte cabezazo, causando una ligera herida que comienza a sangrar sobre su frente y desciende por su rostro.


Gulimi lanza su puño derecho contra Geki, pero este lo neutraliza con su mano izquierda, reaccionando el caballero dorado de igual modo, bloqueando el alcaliano igualmente el golpe de tauro. Ambos se encuentran mirándose fijamente, agarrados entre sí de igual modo.


Gulimi comienza a golpear con su pierna reiteradamente el estómago de Geki, pero éste resiste los múltiples golpes sin apenas inmutarse, respondiendo con un fuerte rodillazo que impacta en el cuerpo de Gulimi, lo cual le hace verter ligeramente sangre por su boca.


- ¿Acaso te crees que por hacerme sangrar mínimamente vas a poder conmigo? ¡Iluso! -


Geki le responde con un nuevo cabezazo lo que hace que sus manos y puños se suelten.



¡¡¡CORNADA SALVAJE!!!



Un potente y seco golpe de su puño en el cual ha concentrado su cosmos lanza a toda velocidad a Gulimi hasta los limites del Coliseo, atravesando los muros, diezmando al propio Coliseo, el cual poco a poco comienza a desmoronarse por algunas zonas debido a la brutalidad de los golpes.


Gulimi reaparece nuevamente tras unos instantes, buscando a Geki, al cual ha perdido de vista, cuando el caballero de Tauro aparece por su espalda, que le enviste de cabeza y con suma violencia como si se tratara de un toro salvaje.


El alcaliano, que sufre “la cogida” del toro por la espalda sale lanzado de nuevo contra el otro extremo del foso, siendo perseguido por Geki nuevamente, pero cuando Gulimi llega al otro extremo reacciona colocando sus pies sobre la pared e impulsándose contra el propio Geki, el cual es lanzado y derribado esta vez, siendo arrastrado por el suelo varios metros.


Desde las gradas, Joao presencia por primera vez como un caballero dorado combate de verdad, mientras Seiya permanece quieto y tranquilo.


- Es… ¡Es verdaderamente increíble! Cuando oí que Geki se había convertido en un caballero de oro pensé en lo mucho que tuvo que fortalecerse, pero verlo con mis propios ojos… No tengo palabras… - murmura impresionado Ban.


- ¡Arriba Tauro! ¡Todavía no he terminado contigo! -


- ¡Ven a por mí si te atreves! -


- Será un placer… -



¡¡¡RESPLANDOR DE RUBI!!!



- ¡La misma técnica no sirve dos veces contra un caballero! –



¡¡¡GRAN CUERNO!!!



Ambas técnicas chocan entre sí en el centro del Coliseo, provocando una intensa explosión que arrastra a ambos contendientes de espaldas. Cuando los restos de la explosión desaparecen y el polvo se disipa, ambos vuelven a lanzarse de cabeza mutuamente, golpeándose mutuamente en la cara, siendo lanzados por igual contra el suelo, debido al golpe del otro.


- He de reconocerte, caballero de Tauro, que no esperaba tal nivel por tu parte. ¡estoy impresionado! -


- No conseguirás nada alabándome, además, todavía no has visto toda mi fuerza. -


- ¿¡Que?! ¿¡Hablas en serio?! ¿¡Y a que esperas para mostrarme toda tu fuerza?! -


Geki respira hondo por unos segundos, observando a su alrededor el estado cada vez mas ruinoso del Coliseo, deteniendo su mirada en los cuerpos de Nachi e Ichi los cuales permanecen semi sepultados en un lateral.


- Lucharé con toda mi fuerza a partir de ahora si antes me concedes una cosa. - responde finalmente y serio el caballero de Tauro.


- ¿Concederte una cosa? ¿Qué es lo que quieres? - pregunta sorprendido Gulimi.


- Permíteme retirar los cuerpos de mis amigos primero. Una vez estemos completamente solos tu y yo, te mostrare la verdadera fuerza de un caballero de oro. -


Tal petición sorprende en cierto modo al propio Gulimi, pero finalmente éste accede a la petición. Geki se gira hacia la grada.


- ¡Seiya! ¡Por favor! ¡Ya sabes que hacer! -


Seiya inmediatamente asiente con la cabeza y el semblante serio, y junto con la ayuda de Ban y Joao, bajan hasta el lugar donde yacen los caballeros caídos. Ban toma en brazos el cuerpo de Ichi, mientras Joao carga sobre sus espaldas el cuerpo de Nachi. Seiya se acerca ligeramente a Geki.


- Hazlo por ellos. - le murmura en voz baja justo antes de abandonar la zona de combate.


Geki con una sonrisa asiente con la cabeza, y cerrando los ojos por unos instantes recuerda los diversos momentos y situaciones vividas junto a sus hermanos caídos. Sin poder evitarlo, por su rostro corren amargas lagrimas por ellos, pero cuando éstas bañan la arena que hay a sus pies, el aura y el rostro de Geki cambian radicalmente.


El cosmos de Geki comienza a crecer y crecer, intensificándose a medida que el caballero de Tauro libera la ira y la rabia contenida en su interior, el sol queda oculto por unas oscuras e intensas nubes negras atraídas por el propio cosmos que éste no deja de liberar, Geki comienza a apretar sus puños con fuerza y a su alrededor comienzan a caer intensos relámpagos.


Gulimi por su parte, no hace sino mostrar gozo y satisfacción ante la situación y sin amedrentarse y sintiéndose muy superior hace lo mismo, liberando un aura de color turquesa con relámpagos púrpuras que recorren y bailan alrededor de su cuerpo.


La tierra comienza a agrietarse debido a la presión que ambos cosmos desatan, mientras desde el cielo, una espesa lluvia comienza a descargar con fuerza.


- Joao, observa bien lo que está por acontecer. Ahora comprobaras de verdad cual es la fuerza de un caballero dorado. - murmura Seiya.


- ¡¡¡AAHH!!!- Gulimi / Geki.


Los cosmos de ambos se liberan abiertamente al fin, como si se tratase de dos tormentas chocando violentamente entre sí.


Gulimi se lanza al ataque y Geki hace lo mismo, chocando puño contra puño lo que genera una potente onda sísmica, ahondándose el suelo bajo sus pies. Nuevamente se golpean puño contra puño una y otra vez, intensificándose mas la fuerza en cada envite, desgarrando el suelo que cada vez se hunde mas y su radio de alcance es mayor.


Ambos se separan momentáneamente y nuevamente cargan uno contra el otro provocando la caída intensa de rayos a su alrededor.


- He de reconocerte, caballero de Tauro, que nadie jamás me había forzado a luchar hasta tal punto… gracias… ¡Y ADIOS! -



¡¡¡CUSTODIO DEL AVERNO!!!



Geki extiende sus grandes y fuertes brazos a modo de contener entre sí el potente ataque, lo que le hace ser arrastrado hacia atrás, hasta que finalmente, detiene su retroceso. Con un esfuerzo titánico y apretando fuertemente los dientes, Geki pone toda su determinación y fuerza en sus brazos, tratando de comprimir el ataque de Gulimi ante el asombro y la incredulidad de éste.


- ¡¿PERO QUE?! ¿¡Acaso pretendes bloquear y detener mi ataque con tus simples brazos?! ¡Nadie es capaz de contener mi ataque mas devastador! ¡Serás destruido por el! -


Geki una vez logrado detener su arrastre, hace lo imposible por contener dicho poder, grandes ríos de sudor corren por su rostro debido a semejante esfuerzo, cuando a lo lejos observa la silueta de Seiya observándole, y comienza a recordar aquel combate en el que se enfrentó al santo de Pegaso siendo aun el caballero del Oso.


Geki recuerda como entonces presumía y alardeaba de su gran fuerza y de lo fuertes que eran sus brazos.


- Soy… Soy el caballero de Tauro… pero… también… poseo… ¡LA FUERZA DE UN OSO! ¡AAAHHH! - exclama entrando en cólera Geki.


El cosmos de Tauro aumenta y tras él la constelación originaria de Geki aparece, siendo esta acompañada por un enorme oso que ruge fieramente.


Geki se siente como con energías renovadas, y forzando sus brazos al limite mas extremo comienza a controlar y comprimir el ataque de Gulimi, el cual permanece inmóvil, incrédulo ante lo que está viendo ante sí.


- ¡Es imposible! - exclama Gulimi.


- ¡AAAHHH! - vocifera Geki forzando el limite de su cuerpo y cosmos.


Geki termina por doblegar la energía contenida entre sus brazos, hasta comprimirla al tamaño de un balón. El caballero de Tauro comienza a dar pasos hacia adelante con dificultad hasta que finalmente…


- ¡TOMA ESTO! ¡PRUEBA TU PROPIA MEDICINA! - exclama Geki devolviendo su propio golpe concentrado a gran velocidad.


- ¡AHHH! - exclama Gulimi siendo catapultado con violencia, causando daños en su armadura.


La tormenta que azota el Coliseo aumenta su intensidad, creando verdaderas cortinas de agua las cuales imposibilitan ver en la distancia. El ruido ensordecedor de la lluvia al caer solo es interrumpido por Gulimi al destruir las rocas que le sepultaban.


El rostro de Gulimi ha cambiado notablemente, mirando fijamente sus propias manos, las cuales muestran quemaduras por el impacto de su propio ataque concentrado, al alzar la vista hacia el negro y lluvioso cielo, se puede observar como por ambos lados de su boca corren finos hilos de sangre.


El presuntuoso alcaliano parece estar absorto tras haber recibido su propio impacto, hasta que la hombrera derecha de su armadura se agrieta en múltiples pedazos y desprendiéndose de su cuerpo, haciéndole regresar nuevamente al combate.


- ¡Tu! ¡Jamás nadie llego tan lejos en combate ante mí! ¡Has cometido una ofensa dañando mi armadura que pagarás con tu vida! ¡AAHH! -


El cosmos de Gulimi se incendia, alimentado ahora por la cólera, la cual se refleja en sus ojos esmeralda y se lanza como un cometa contra Geki, al cual comienza a golpear una multitud de golpes con sus puños.


El caballero de Tauro aplaca y bloquea los golpes de Gulimi, pero éstos cada vez son mas violentos e intensos y comienza a verse superado por estos, obligándole a retroceder, hasta que finalmente es sobrepasado por éstos y acaba siendo derribado sobre el embarrado suelo.


- ¡Levántate Tauro! ¡Voy a matarte como a mate a esas ratas de bronce! - vocifera fuera de sí Gulimi.


- ¿Ratas…? ¡¿RATAS?!- exclama Geki desde bajo tierra al escuchar como insulta a sus amigos.


El suelo comienza a temblar de forma muy agresiva y el sonido de un toro que muge resuena en todo el Santuario. Geki aparece de forma espontanea emergiendo del suelo y golpeando un fuerte puñetazo contra la rodilla derecha de Gulimi, la cual destroza tras hacer trizas su protección.


Gulimi comienza a chillar intensamente, retorciéndose de intenso dolor tras este ultimo golpe que le ha dejado en el suelo. Solo el sonido de un toro mugir nuevamente distrae al alcaliano de su dolor.


Geki con un semblante completamente distinto comienza a aproximarse hacia su oponente que permanece semi sentado. El cosmos del caballero de Tauro arde como nunca hasta ahora, empezando a intimidar al propio Gulimi.


Seiya reacciona al observar como el asta de oro del casco de Tauro que el mismo cortó cuando se enfrentó a Aldebarán se ha regenerado siendo éste ahora mucho más grande que el otro.


- Dime, maldita y miserable rata… ¿Acaso les mostraste a mis amigos un mínimo de respeto como enemigo? ¿Acaso valoraste el sacrificio que estaban dispuestos a hacer? Para ti sesgar vidas es un juego simple, ¿Verdad? Y para colmo… para colmo dices ser mas fuerte que los caballeros de oro… -


Gulimi observa como Geki se aproxima con un cosmos fuera de lo común lo que comienza a aterrarle en lo mas profundo de su interior.


- ¡Alto! ¡Espera! ¿¡Que pretendes hacer?!- insiste atemorizado ahora Gulimi.


- ¿Acaso tienes miedo? Tu equivocación ha sido afirmar ser mas fuerte que un caballero dorado… sin haber visto antes su auténtica fuerza…b- murmura Geki.


- ¿¡Que!?b-


- Pero tranquilo… ahora vas a comprobar hasta que punto estabas equivocado… ¡AAHH! ¡ARDE COSMOS! ¡ARDE! ¡ELEVATE HASTA TU MAXIMO! ¡AAHH! -


Seiya se revuelve rápidamente hacia Ban y Joao.


- ¡Deprisa! ¡Hay que salir de aquí! ¡YA! -


Geki se detiene frente a Gulimi el cual esta completamente atemorizado, cuando un enorme toro dorado converge detrás de Geki.


- Ichi… Nachi… ¡ESTO ES POR VOSOTROS! - exclama.


El caballero dorado de Tauro alza su brazo derecho hasta arriba, y tras unos instantes lo baja rápidamente hasta golpear el suelo con la palma de su mano.



¡¡¡SUPER NOVA TITANICA!!!



Una gigantesca esfera de cosmos cubre por completo el Coliseo, estallando de manera salvaje, violenta y devastadora. Una luz cegadora cubre todo el Santuario, la gigantesca explosión destruye por completo el Coliseo, las zonas de entrenamiento adyacente y varios kilómetros más alrededor, todo es engullido por la luz cegadora y es pulverizado hasta el átomo.


Tras la luz cegadora, se escucha un gigantesco estruendo debido a la explosión y un fuerte temblor sacude todo el Santuario al completo, los caballeros que permanecen en sus casas quedan atónitos ante tal despliegue de fuerza.


Tras unos minutos, la luz cegadora comienza a menguar hasta extinguirse por completo, la enorme cortina de polvo comienza a asentarse lentamente, cuando ésta desaparece por completo, Ban, Joao y Seiya se aproximan nuevamente, observando el intenso brillo dorado del cosmos de Geki. Frente a él, Gulimi se encuentra arrodillado, con los ojos abiertos completamente sin mediar palabra.


- ¿¡QUE?! ¡ES IMPOSIBLE! ¿¡Como ha sido capaz de sobrevivir a semejante ataque?! – vocifera atónito Ban al ver como Gulimi permanece en el mismo sitio.


- No. El combate ha terminado. - zanja Seiya.


Geki observa el cielo, completamente despejado ahora, mientras las lagrimas recorren su rostro. El santo de oro comienza a caminar hacia sus amigos mientras el cuerpo de Gulimi se desintegra hasta el último átomo desapareciendo por completo con la ligera brisa que ahora sopla.


Geki comienza a caminar hacia donde se encuentran Ban y Seiya, sin mediar palabra alguna, tomando los cuerpos de sus dos camaradas caídos, se gira y camina con ellos sobre sus hombros, camino del cementerio del Santuario.


- ¡Espera! Te ayudare a sepultarlos. - Grita Ban a Geki que comienza a alejarse.


- No. Esto es asunto mío, se lo debo a ellos. Recupérate de tus heridas. - responde Geki ya desde la lejanía.



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