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Capítulo 20. El fin de una era

- Pa… ¡PADRE!-


Las palabras de Atenea enmudecen al Santuario súbitamente, nadie da crédito ni es capaz de asimilar la imprevista aparición del rey del Olimpo en mitad del combate. Los alcalianos por primera vez muestran un gesto serio, de preocupación más bien, pues toda su diversión acaba de ser interrumpida por el más grande de todos los dioses existentes.


La barrera que rodeaba Star Hill se desvanece, y rápidamente todos los caballeros acuden al encuentro de Atenea, Shun y Seiya, que observan con absoluto asombro la intervención que Zeus acaba de realizar. Ningún mortal había visto con sus propios ojos al sumo rey del Olimpo desde la era mitológica.


- ¡Maestro! ¡Qué alegría ver que estas bien!- exclama un ilusionado Koga.


El Santo de Bronce corre apresuradamente hacia Seiya con sendos gestos de alegría cuando es frenado en seco por Marin, que le agarra del hombro.


- Koga, guarda silencio, no es momento para eso.- le dice con tono serio observando seriamente la espalda de Zeus.


Ikki, Edén, Kanon, y otros rodean a Shun con gesto desconcierto debido a todo lo ocurrido, pero ninguno gesticula palabra alguna, mientras Kiki, Shiryu y Mirari que agarra desde atrás por los hombros a Atenea.


- Atenea, ¿Te encuentras bien?- pregunta la Santa de Piscis.


- Sí, muchas gracias Mirari.-


- Atenea, ¿Por qué has decidido entrar en combate de esa manera sin decirme nada? Has hecho algo muy temerario.- incide Shiryu.


- Es mi responsabilidad como diosa, cuidar y proteger a todos mis caballeros…- responde Atenea.


Antes de que Shiryu pueda pronunciar otra pregunta una voz atronadora resuena en el Santuario causando un profundo estupor.


- ¡CRONOS! ¡¿Cómo te has atrevido a alzar la mano contra mi propia hija?!- estalla Zeus.


- ¡Tú me has obligado maldito cobarde! Era la única manera de hacer que te mostraras ante tu padre, ¡bastardo traidor!- le responde airadamente Cronos.


- No deberías estar aquí, ¡¿Por qué has vuelto a la vida?! ¡Este no es tu sitio!-


- ¿¡Que no es mi sitio!? ¿¡Cómo te atreves?! He venido a recuperar lo que me pertenece por derecho, ¡lo que hace más de dos mil años los traidores de tus hermanos y tú me arrebatasteis! ¡He venido para tomar la Tierra de nuevo!-


- El Santuario ahora está bajo mi protección.-


- ¿Tu protección dices? Jajajaja. ¡No me hagas reír! No he venido hasta aquí para tomar el Santuario, cuya tierra ya me pertenece, si he venido hasta aquí para hacerte salir de tu escondite, ¡maldita rata traidora!-


- ¿Estarías dispuesto a desatar una nueva guerra como en la era Mitológica para tomar el control de la Tierra?- pregunta Zeus.


Cronos sonríe alegremente ante tal pregunta proveniente de Zeus.


- Eso ya llegara… en verdad he regresado… ¡PARA DESTRUIR EL OLIMPO!- exclama un Cronos desatado.


Zeus ante tal respuesta proveniente de Cronos, no duda ni por un instante, y en una fracción de segundo el relámpago pequeño y tenue que sostenía sobre su mano derecha se convierte en una lanza relampagueante la cual lanza contra Cronos, pero éste bloquea dicho ataque con un simple movimiento de su enorme guadaña.


- ¡¿Qué ha sido eso?! Ni siquiera he sido capaz de ver su movimiento.- exclama Shaina atónita ante la híper velocidad de Zeus.


- Eres tan débil como te recordaba… Jajaja.- responde desafiante Cronos tras bloquear sin problema el lanzamiento de Zeus.


Zeus monta en cólera ante las burlas de Cronos, cerrando su puño derecho con fuerza del cual comienza a emerger un nuevo relámpago, éste lanza nuevamente una lanza relampagueante más potente contra el titán, generando un grotesco trueno al impactar éste contra Cronos, consiguiendo esta vez, empujarlo levemente hacia atrás.


Los santos de bronce, plata y oro quedan empequeñecidos ante la fuerza que el todo poderoso Zeus muestra. Por el contrario el rostro de Cronos se torna más serio tras el último envite de Zeus, y tomando una posición neutra se dirige al rey del Olimpo.


- Escúchame bien, hijo mío, durante los últimos dos mil años los mortales te han venerado falsamente como el sumo Dios supremo que rige el Olimpo, pero no eres más que un traidor al igual que tus hermanos Hades y Poseidón. Unos traidores que decidieron traicionar a su padre para así gobernar ellos la Tierra. Ni las mejores armas ni armaduras que Hefestos sea capaz de crear con su martillo serán capaces de detener mi venganza. Reduciré a escombros y cenizas el Olimpo al completo, pero a ti te matare el último, para que puedas ver como todo aquello que amas se consume en el fuego de mi venganza. Prepara a tus huestes, con el próximo solsticio el Olimpo pasará a ser un recuerdo.-


- Si quieres una guerra, la tendrás. Ya te derrote una vez, y volveré hacerlo.- responde Zeus.


- Jajajaja… disfruta del tiempo que se te presta… Rey del Olimpo… Jajajaja.-


Cronos sonríe y ríe abiertamente a carcajada limpia mientras él y sus cuatro seguidores se desvanecen a través de un vórtice. Zeus relaja ligeramente su postura al ver como Cronos decide abandonar por fin el Santuario. Tras unos minutos en absoluto silencio…


- ¡Atenea! Preséntate ante mí.-


Atenea se aproxima hacia Zeus haciendo un gesto claro de que nadie se mueva al respecto, la diosa se sitúa frente a Zeus inclinándose ante éste.


- Hija mía, ¿Ves ahora las consecuencias de tus actos? ¡¿Cómo pudiste hacer tal cosa por salvar a un simple mortal?!-


Atenea asiente con la cabeza sin alzar la mirada del suelo.


- Ningún mortal es digno ni siquiera de estar en mi presencia, pero deseo dirigirme a esos dos que te acompañaban en el combate. ¡Los demás deben desaparecer de mi presencia de inmediato!-


Dicha orden se oye perfectamente en todo el Santuario, un simple gesto con la cabeza de Shiryu inicia la orden de retirarse de inmediato, a lo que todos obedecen, salvo Shun y Seiya, que permanecen quietos, cuando todos se han marchado, Atenea les indica que se aproximen hasta ella, estos de manera seria y algo dubitativa, obedecen situándose nuevamente a ambos lados de Atenea que sigue arrodillada, pero los Santos no realizan tal acción.


Shun y Seiya miran fijamente a Zeus a la cara con rostro serio, causando gran estupor y sorpresa en éste ante la falta de educación que éstos muestran ante él.


- ¿Cómo os atrevéis a mostraros ante mí sin arrodillaros ante mí?-


- Soy un Santo de Atenea, y solo me inclino ante Atenea.- responde tajante y desafiante Seiya ante la cara de sorpresa de Shun.


- ¡¿Cómo dices?! Yo soy el padre todo poderoso de tu diosa, ¡arrodíllate ante mí!- insiste Zeus.


- No. Serás el rey del Olimpo, pero la única diosa que ha velado por la tierra y sus habitantes es Atenea, a la que jure lealtad. No te debo nada a ti ni al Olimpo.- responde Seiya nuevamente.


Zeus enfurece tras las descaradas respuestas del Santo de Sagitario, cargando unos cuantos rayos en su mano derecha.


- ¿Y si ejecuto a mi hija por tu insolencia contra mí?-


- Entonces lucharemos contra ti.- interviene esta vez Shun con tono muy serio.


Zeus queda perplejo ante la insistencia de los Santos, y de la lealtad que profesan hacia Atenea.


- Tu eres aquel que mato a Hades… ¡debería destruirte de inmediato! Y tú, fuiste escogido como su recipiente en esta era.-


- Así es, yo fui quien derroto al dios del Inframundo, y aunque el Olimpo me condene eternamente, seguiré haciendo frente a cualquier peligro o mal que amenace la Tierra.- responde Seiya, que toma posición de ataque ante como pueda reaccionar Zeus.


Zeus, se mantiene en silencio, pensativo por unos minutos.


- Atenea, levántate hija mía. Verdaderamente tus guerreros están dispuestos a cualquier cosa por ti… algo que no veía desde la era mitológica…-


La conversación prosigue durante unos minutos más, mientras, en las ruinas de la entrada al palacio del Patriarca, todos aguardan impacientes.


- ¿Qué estarán hablando? ¿Por qué tardan tanto?- se pregunta Isis desesperada.


- Ningún mortal ha visto a Zeus en persona desde la era mitológica, si ha venido hasta aquí sus motivos tendrá. Aguardaremos el tiempo que sea necesario.- responde Shiryu.


- ¿Pero y por qué solo Seiya y Shun se han podido quedar? ¡Aaarrg! ¡Que rabia me da ser siempre la última en enterarse de las cosas!- sigue quejándose.


- ¡Silencio! ¡No seas tan insolente! Aunque seas una Santa de oro, ¡te hare callar por la fuerza sino cambias de actitud!- salta muy molesto Marin del Águila.


Shiryu observa la escena e inevitablemente empieza involuntaria mente a reír, primero levemente y después a carcajada limpia, todos se quedan asombrados ante esta e inesperada reacción por parte del Patriarca.


- ¡Shiryu! ¿Se puede saber que te hace tanta gracia en todo este asunto?- le increpa Marin.


- ¿Acaso no ves el parecido? Me recuerda mucho a un alumno que tuviste ya hace unos cuantos años…- continúa riéndose Shiryu tratando de evitarlo.


Marin muestra una mueca de asombro en su rostro, y posteriormente relaja su gesto sonriendo levemente, recordando por un momento cuando acogió a un joven y niño Seiya en el Santuario para entrenarlo como caballero.


Tras diversas y mundanas conversaciones entre unos y otros, varios de los santos ya se encuentran sentados sobre diversas rocas que hasta hace no mucho pertenecían al palacio del Patriarca. Tras una larga espera, todos observan en el cielo como un haz de luz blanca se eleva hacia el cielo, desapareciendo en las alturas.


A los pocos minutos, todos ven aparecer nuevamente a Atenea escoltada por Shun y Seiya los cuales vuelven a vestir las armaduras de oro normales. Rápidamente todos se apresuran y se aproximan a ellos, siendo rodeados por la multitud reunida rápidamente.


- ¡Atenea! ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está Zeus?- interroga rápidamente Shaina.


- Maestro, ¿porque nunca me dijiste que tenías semejante poder? ¿Acaso no confiabas en mi lo suficiente?- pregunta Koga.


- Seiya, ¡verdaderamente eres un tipo muy fuerte! Nunca imagine que albergaras tal fuerza, ¿Por qué la has mantenido oculta a todos todo este tiempo?- pregunta Geki.


- ¡Shun!- exclama Ikki con gesto serio.


- Hola hermano, me alegro de volver a verte, hacía mucho tiempo que no nos veíamos.- responde Shun con su típica sonrisa gentil.


- Ahórrate las cortesías, tienes muchas cosas que contarnos.- insiste Ikki.


- ¡SILENCIO!- interviene con gesto serio Atenea.


- Atenea, ¿Qué ocurre de verdad? ¿Vas contarnos todo lo que sabes?- pregunta Kanon entrando en la conversación.


- Escuchad, ha sido un día muy duro, la mayoría estáis agotados, o no os habéis recuperado de vuestras anteriores heridas, os prometo que os contaremos todo, pero no ahora, hay cosas más importantes que hacer ahora, por debo hablar en privado con el Patriarca, Seiya y Shun, cuando hayamos tomado una decisión del camino a seguir se os informara de todo, mientras tanto os pido que descanséis, os repongáis y los que podáis, empezad de inmediato con la reconstrucción del Santuario, las casas de Piscis, Acuario, Capricornio y Sagitario han sido destruidas, al igual que el palacio del Patriarca, hemos sufrido un ataque sin precedentes y ahora debemos recomponernos.- responde Atenea.


Un silencio absoluto se apodera de todo el grupo.


- Por ahora, estamos a salvo de recibir ataques por parte del enemigo, comenzad con lo que os pido, y cuando llegue el momento se os convocara e informara a todos.- prosigue Atenea.


Los gestos contradichos de los rostros en los Santos es muy evidente, nadie comprende del todo las palabras que Atenea les dirige sin realizarse preguntas y más preguntas.


- Por favor, confiad en mí…- termina Atenea con una amable sonrisa.


La sonrisa en el rostro y los ojos de Atenea, causa un efecto de bálsamo, y el ambiente comienza a rebajar la tensión. Cuando Kanon toma la primera iniciativa situándose frente a Atenea y arrodillándose ante ella.


- Atenea, vos sois nuestra diosa, y habéis demostrado ser también nuestra protectora, de inmediato me pondré en la tarea de reconstruir el Santuario hasta que me encomendéis una nueva misión.-


- El León Dorado siempre estará a vuestro servicio, Atenea.- interviene Ikki que también se arrodilla ante Atenea.


Esto causa un efecto dominó y uno tras otro muestran su respeto y conformidad arrodillándose ante la diosa.


- Kiki, te encomiendo la labor de organizar a los distintos caballeros que hay en el Santuario tanto para las tareas de reconstrucción como para reforzar nuestras fronteras, cuanto contigo.- interviene Shiryu.


- Me pondré de inmediato con ello, Patriarca.- responde Kiki levantándose nuevamente.


- ¡Escuchad! Yo me dirigiré a la Casa de Aries por ahora, mientras decido la mejor manera de proceder, cuatro parejas de caballeros patrullaran alternamente nuestras fronteras, Mirari, tú y Catrina, cread nuevamente un anillo alrededor del Santuario con vuestras letales rosas. Me iré comunicando con el resto telepáticamente y os iré encomendando vuestras tareas, mientras tanto, curad todos vuestras heridas.- concluye Kiki tomando ya el camino a su casa acompañada de Safiya.


Todos los Santos asienten rápidamente con la cabeza y se dispersan, mientras Shiryu, Seiya, Shun y Atenea se introducen en lo poco que queda en pie del Palacio del Patriarca.



Olimpo


Una majestuosa águila real surca los cielos, aproximándose poco a poco al reino de los dioses, nada más sobrevolar y cruzar las puertas del Olimpo, observa desde los cielos los doce templos que custodian el paso a la zona más alta del Olimpo, en honor a los doce grandes o sumos dioses.


El águila observa con detenimiento cada uno de ellos, mientras continua su ascenso, tras la duodécimo templo, una larga escalinata de mármol y granito blanco brillante guía el camino hasta llegar a una enorme templo que gobierna a los otros doce, el águila cruza la entrada de éste, y nada más atravesarlo, la noble ave se transforma, apareciendo el gran Zeus que se dirige hacia el salón principal, donde un trono tras una escalinata y el resto de dioses olímpicos, aguardan su llegada.


Zeus cruza el pasillo central, bajo la atenta mirada del resto de Olímpicos, que aguardan respetuosos a que el sumo dios tome asiento en su trono nuevamente, Zeus llega y sube la escalinata, deteniéndose brevemente ante el trono esculpido en cuarzo y marfil, pensativo, tras unos breves instantes, se sienta nuevamente en el trono, desprendiendo en silencio una profunda respiración. Inmediatamente, el resto de deidades, se aproximan bajo el trono, aguardando las palabras del dios del rayo.


Una de ellas toma la iniciativa dirigiéndose directamente hacia Zeus.


- ¿Por qué el sumo dios del Olimpo ha bajado a la Tierra? ¿Qué puede ser tan importante para que…?- pregunta Hera, Reina de los dioses, la cual es interrumpida por el propio Zeus.


- Lo que muchos de vosotros habéis augurado y sospechado, finalmente se ha hecho realidad. Nuevamente una oscura y siniestra sombra amenaza al Olimpo.-


- ¡Todo esto es culpa de tu hija! ¡De tu hija y tuya por permitirle hacer lo que hizo veinte años atrás!- interrumpe Artemisa, Diosa de la Caza.


- ¡Artemisa! ¡¿Cómo te atreves?! ¡Muestra más respeto!- interviene Hermes, Dios mensajero.


- Deberían llamarte Hermes, Dios de los Perros Falderos… ¡Jajaja!- exclama Apolo, Dios del Sol, que se entromete entre Hermes y Artemisa.


- ¡Apolo! ¿¡Tú también?! ¡Ambos pagareis vuestra insolencia!- interrumpe Dionisio, Dios de la Vida.


Los dioses comienzan a situarse de un lado y otro, empezando una acalorada discusión, mientras Zeus, que permanece pensativo y en silencio con los ojos cerrados, abre éstos súbitamente.


-¡SILENCIO!- exclama con una voz cual trueno, resonando a lo largo y ancho de todo el Olimpo, haciendo que todos los dioses cesen de discutir y entregando su total atención a Zeus.


- Lo que hizo mi hija Atenea por ese Seiya hace veinte años podría o no conducirnos a esto, de igual modo, esto es algo que inevitablemente sabíamos que llegaría. ¡PUES EL MOMENTO HA LLEGADO! El Olimpo tomara las armas como ya hicimos en la era mitológica, pero esta vez, ¡acabaremos para siempre con esta amenaza! ¿Alguien no está de acuerdo con ir a la guerra para acabar de una vez por todas con Cronos?-


- En absoluto, siempre hemos permanecido a tu lado y todos unidos, no pretendía hacerte creer lo contrario.- responde Artemisa disculpándose mientras se arrodilla.


- ¡Por supuesto que luchare! Siempre estaré a tu lado, mi señor Zeus.- responde Apolo.


- Mi señor… estoy de acuerdo en que debemos acabar para siempre con ese Titán loco, pero Hades ya no está, y pasaran siglos hasta que su alma reaparezca y posea nuevamente un recipiente mortal. No disponemos del poder Trinitario…- interviene Afrodita.


- Eso no será un problema, créeme.- responde confiado Zeus.


- ¿Y vuestra hija…? ¿Luchara junto a nosotros?- pregunta Hera.


- Poseidón y Atenea se encargaran de librar la guerra en la Tierra, diezmando el ejercito de mi padre, mientras nosotros libraremos nuestra guerra en los cielos.- responde Zeus alzándose del trono cargando un enorme rayo en su puño.


Los dioses sonríen, confiando en las palabras de Zeus, y estos a su vez, rasgan y se desvisten de sus abultadas togas y vestimentas, mostrando bajo de si, unas inmaculadas, perladas y nacaradas Kamuis, que emiten un cosmos que no se puede comparar con nada.


- ¡CONVOCAD A TODOS LOS ANGELES DEL OLIMPO! ¡Ares! ¿Dónde estás?-


- ¡siempre a vuestro servicio majestad!- responde Ares que aparece entre las columnas.


- ¡Convoca de inmediato a tu ejercito de Berserkers! Tendrán la guerra que tantos milenios ansían librar una vez más… ¡HEFESTOS!-


- Mi señor…-


- Enciende nuevamente tu forja en lo alto del monte Olimpo, prepara todas las armas y herramientas para la guerra que seas capaz de imaginar.-


- A la orden, mi señor Zeus.-


- Cronos ya ha habrá olvidado la furia y la crueldad que el Olimpo puede llegar a mostrar en batalla… Se lo recordaremos por última vez…-




Continuara…

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