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Capítulo 01. Convicciones

Tras los últimos acontecimientos, el guerrero divino Sigmund ha partido de regreso a Asgard junto el santo de bronce Jabu de Unicornio y el santo de plata Galo de la Cruz del Sur, en busca de nueva información acerca de la desaparecida Lyfia y el estado del pueblo de Asgard. Tras el envío de diversos caballeros a diferentes lugares para proseguir con sus entrenamientos con el fin de estar preparados para lo que será una cruel y dura batalla, en el Santuario permanecen unos pocos caballeros, entrenándose a la par que protegen el propio Santuario ante cualquier posible ataque.



Casa de Aries


- Eso es Safiya, continua así, ya casi está, solo necesitas un poco más de polvo de estrellas y la armadura del Pavo Real volverá a estar en perfectas condiciones. Aprendes muy deprisa. -


- Gracias maestro, tú eres quien me ha enseñado a reparar las armaduras. Todo te lo debo a ti. -


Shakkiri observa con detalle como el santo de Aries y su pupila reparan su maltrecha armadura, mientras que Emma, entra en el templo.


- ¡Hola Emma! ¿Cómo te encuentras? -


- Hola Shakkiri, veo que tu armadura pronto volverá a ser la que era. -


- Si… gracias al maestro Kiki, de no ser por el… mi papel en esta guerra se habría terminado. Dime, ¿A dónde te diriges ahora? -


- Regreso a la undécima casa, mi maestro me espera para proseguir con nuevos entrenamientos. Para ser él… diría que hasta parece emocionado por tales entrenamientos…- murmura Emma.


- Seguimos sin noticias de Mirari, ¿No es cierto? -


- Ni una, es extraño, a estas alturas ya pensaba que habría regresado, o en todo caso habríamos sabido algo de ella. - responde con cierto pesar Emma.


En esto, Kiki que permanece agachado escuchando toda la conversación mientras trabaja en la reparación de la armadura se incorpora, dirigiéndose a las jóvenes santas.


- No debéis preocuparos por Mirari, antes o después regresará. Además, no debéis olvidar nunca que cada caballero tiene su propio sino. - interfiere Kiki.


Ambas santas responden al unísono sonriendo y asintiendo con la cabeza, mientras el santo de oro y la santa de plata observan como la joven santa de bronce se marcha atravesando el templo de Aries.



Templo de Tauro


Subiendo las escaleras que dan acceso a la entrada de la segunda casa Emma se encuentra con el joven Joao, el cual ha sido acogido por Geki de Tauro como su discípulo ante la desaparición de Vada, la cual le prometió entrenarlo para convertirlo en un auténtico caballero.


- ¡Que agradable sorpresa! ¡Pero si es la joven Emma del Cisne! ¡La discípula de Hyoga! ¡La misma que alcanzó el séptimo sentido por su propia cuenta! ¿Qué te trae hasta mi casa joven santa? - exclama con grácil alegría ante la llegada de la joven.


- ¿Séptimo sentido? ¿Qué es eso maestro? - pregunta un agotado Joao por el duro entrenamiento.


- Verás Joao… En las capacidades de los seres humanos normales se encuentran los cinco sentidos, vista, oído, gusto, olfato y tacto, pero además existe un sexto sentido conocido como “intuición” o “sentido común”. Normalmente, se dice que las personas cuyo sexto sentido esta más desarrollado poseen “percepción extrasensorial” o incluso ciertos poderes telepáticos, como es el caso de los habitantes de Jamir, como lo son Kiki de Aries o la propia Safiya. -


- ¿Entonces el séptimo es…? -


- El séptimo sentido confiere a los caballeros la capacidad de moverse a la velocidad de la luz, hacer un uso ilimitado de sus otros sentidos pese a haberlos perdido y hacer arder su cosmos de forma infinita. Los caballeros de oro son los únicos que poseen y dominan el séptimo sentido a la perfección. No obstante caballeros de plata o bronce pueden llegar a despertarlo o incluso a dominarlo llegado el momento, otorgándoles así un poder similar o igual al de un caballero de oro. -


Joao observa a la joven Emma impresionado tras las explicaciones de Geki.


- Entonces… ¿Emma posee un poder similar al vuestro maestro? -


Geki se hecha reír ante el desconcierto del joven discípulo.


- Emma por lo que me han contado, logró despertar el séptimo sentido, lo que le permitió por unos instantes alcanzar un poder suficiente como para ejecutar la técnica suprema de su maestro. No obstante, despertarlo y dominarlo son dos cosas muy distintas, y no significa que un caballero acabe por dominarlo. Aun así, me resulta impresionante que una niña tan joven haya alcanzado tal punto. Tu maestro debe estar impresionado. - zanja Geki dirigiendo una cálida sonrisa a Emma.


- Todavía me queda mucho por aprender…- murmura cabizbajo Joao.


- ¡Jajaja! ¡Para eso estas aquí! ¡Concéntrate! ¡Esfuérzate! Y tal vez algún día llegues a ser capaz de tal gesta. - le anima Geki situando su mano en la cabeza y despeinándolo de forma alegre.


- Joao, el camino de un caballero es largo y requiere de trabajo y esfuerzo. ¡Cuento contigo para la próxima batalla! - le expresa Emma a modo de ánimo.


- Me haré fuerte… ¡Me haré mucho más fuerte! ¡Por Vada! - exclama con decisión Joao ante la sorpresa de Emma y Geki.


- Joao, cierra los ojos y concéntrate por un momento. - responde seriamente Geki.


Joao hace caso inmediato y cerrando los ojos comienza a concentrarse profundamente.


- ¿Puedes percibirlos? Mas allá de la casa de Aries, en el Coliseo, donde el propio Seiya obtuvo la armadura de Pegaso, se encuentran mis amigos, Ban, Nachi e Ichi. Los santos de bronce. -


- ¡Si maestro! ¡Puedo percibirlos! - asiente entusiasmado.


- Ellos pese a ser caballeros de bronce, como yo lo fui en su día, siguen entrenándose duramente, tratando de mejorar como caballeros y superar sus propios límites. Lo que quiero que entiendas es que no importa ni tu edad ni tu armadura. Lo cuenta es tu determinación y la fuerza de voluntad de tu corazón. -


Joao vuelve a mirar con determinación a su maestro y comprendiendo sus palabras se sitúa nuevamente en posición de lucha, reanudando así su intenso entrenamiento. Emma ya en la distancia, observa como el joven santo del Tucán entrena con esfuerzo y lucha con determinación.



Coliseo


Nachi, Ban e Ichi se encuentran entrenando y luchando sin descanso entre ellos.


- ¡Vamos! ¡Venid a por mí! - exclama Ban.


Los tres veteranos santos de bronce, en rotación, se enfrentan en dos contra uno a fin de perfeccionar y mejorar sus habilidades. Tras un intenso y contante entrenamiento, los tres se detienen ante la petición de uno de ellos.


- ¡Cinco minutos de descanso! ¡Ya no puedo más! - exclama Ichi jadeando.


- ¡Vamos Ichi! ¡Así nunca avanzaremos! - le increpa Nachi.


- Tomémonos cinco minutos… ¡Pero ni uno más! A mí también me vendría bien echar un traguito de agua. - le responde Ban.


- ¿¡Tú también!?- insiste Nachi.


- Sigues siendo un pequeño lobito… ¡no te me vengas arriba! - le responde Ichi.


- ¡Jajaja! - ríe abiertamente Ban ante las palabras a modo de burla de Ichi.


Los tres finalmente rompen a reír entre ellos, mostrando la camaderia que durante tantos años y desde que vivían en la Fundación Kido mantienen.


- ¡Oh! Esperaba encontrarme con adversarios dignos de mí, y sin embargo solo me encuentro con tres simples soldados a mi llegada al Santuario. ¡Que decepción! - exclama una voz desde lo alto del Coliseo.


Los tres santos se giran súbitamente dejando de lado las risas y mostrando una actitud completamente seria dirigen sus miradas hacia la zona alta de las gradas del Coliseo donde una silueta se erige.


- ¡¿Cómo?! ¿¡De donde ha salido este tío?!- exclama Nachi.


- ¿¡Como es que no nos hemos percatado de su presencia?!- se pregunta Ban.


- ¡Oye payaso! ¿¡Quién diablos eres tú?!- grita Ichi.


El extraño reacciona a las palabras de Ichi de un gran salto desciende hasta el foso, situándose frente a los tres santos a escasos metros de éstos, a los cuales observa y de los cuales, en voz baja se ríe.


- ¡Te has equivocado por completo con nosotros! - exclama Nachi.


- ¡Así es! ¡No somos simples soldados! ¡Somos caballeros de bronce! - brama Ichi.


- ¡Oh! ¡Tres caballeros de bronce! ¡Que error por mi parte! ¡Jajajaja! - exclama el extraño mofándose nuevamente de ellos.


- ¡Hare que te tragues esa risa maldito bastardo! - exclama furioso Ban.


- ¡VEN A MI ARMADURA DE HIDRA! -


- ¡VEN A MI ARMADURA DEL LEON! -


- ¡ARMADURA DEL LOBO VEN A MI! -


- ¡AAAHHH- Ban / Nachi / Ichi.


Elevando sus cosmos ante el desconocido, tres cajas aparecen en el cielo sobre el Coliseo, cuando éstas se abren, aparecen de su interior las armaduras de bronce. Los tres dan un gran salto en el aire, y las armaduras reaccionan inmediatamente, desmontándose y vistiendo a cada uno de ellos.


Los tres santos se sitúan nuevamente en el suelo vistiendo cada uno de ellos su reluciente armadura de bronce. El extraño, por el contrario, que se muestra indiferente y nada intimidado por éstas, sigue riéndose a modo de burla de éstos.


- ¡DEJA DE REIRTE MALDITO! -



¡¡¡AULLIDO DEL LOBO!!!



Nachi se abalanza sobre el extraño, que, sin esfuerzo alguno, esquiva perfectamente cada uno de los golpes del santo del Lobo, situándose espalda con espalda con él, al cual le murmura.


- Eres demasiado lento… -


El extraño se voltea y de una potente patada lanza a Nachi contra las paredes de roca donde queda sepultado bajo los escombros.


- ¡NACHI! - exclaman al unisonó Ban e Ichi que se lanzan sin pensarlo.



¡¡¡GARRAS DEL LEON!!!


¡¡¡ CATA DE LA COBRA!!!



El ataque combinado de Ban e Ichi no surte el menor efecto, y el extraño esquiva ambos ataques simultáneos con la misma facilidad con la que había esquivado el anterior de Nachi, golpeando a Ban con su puño en el torso, lanzándolo contra el otro extremo del Coliseo, y agarrando a Ichi por la cara, propinándole un fuerte rodillazo en el estómago y un segundo golpe a modo de coz con su pierna izquierda, con el cual, sale despedido hacia otro extremo del Coliseo.


Tras este ataque, el extraño se queda situado en el centro del mismo, mientras que los tres santos se encuentran bajo escombros en tres puntos distintos.


- ¡Que ilusos! Pretender tres simples y miseros caballeros de bronce hacerme frente a mi…- murmura con superioridad.


Cuando éste está a punto de marcharse del lugar, tres explosiones simultáneas se suceden, destruyendo los escombros que sepultaban a los caballeros, y reapareciendo estos furiosos y elevando sus cosmos sin cesar.


En el templo de Tauro, Geki detiene en seco el entrenamiento de Joao, y dirige con rostro serio su mirada hacia el Coliseo, presintiendo que algo no marcha bien el sentir como los cosmos de sus tres compañeros han comenzado a elevarse de forma abrupta y desproporcionada.


- Maestro, ¿Qué ocurre? - pregunta Joao.


- No estoy seguro del todo… Hay algo que me inquieta… Algo que no termino de poder ver…- le responde Geki.


- Geki, Geki, ¿Puedes oírme? -


- ¿Kiki eres tú? -


- Si, soy yo. -


- ¿Qué quieres ahora? Percibo una extraña presencia en el Coliseo. -


- Así es, por eso me dirijo a ti. Yo también la he percibido. -


- ¿Y qué es lo que quieres entonces? -


- Los caballeros de oro tenemos la orden de no movernos de nuestras casas. -


- ¡¿Bromeas?! Si de verdad hay un enemigo en el Santuario ¿no deberíamos ocuparnos los caballeros de oro? -


- ¡NO! Es cosa de los santos de bronce. Permanece en tu puesto hasta nuevo aviso. - zanja Kiki cerrando la “conexión”.


- Que me quede en mi casa dice… Maldito Kiki… ¿Quién se habrá creído que es dándome órdenes a mí? Ban, Nachi, Ichi… no hagáis ninguna estupidez…- murmura pensativo.


En el Coliseo, tras las detonaciones de cosmos, los tres santos de bronce convergen, uniéndose nuevamente frente al agresor.


- ¡¿Quién diablos eres tú?! ¡¿Y qué haces aquí?!- exclama furioso Ban.


- ¡Oh... que sorpresa…! Os daba por muertos… Ya que todavía seguís vivos, permitidme que me presente…-


El extraño se descubre finalmente, apareciendo un joven de unos veinticinco años, con un largo cabello plateado que le llega hasta los hombros, portando una armadura de tonos púrpuras adornada con rubíes en cada una de las articulaciones, y donde una máscara cubre su rostro en el cual resaltan unos intensos ojos verdes esmeralda.


- ¡Mi nombre es Gulimi! ¡Gulimi del Rubí! ¡Alcaliano de segundo grado! -


- ¡Un alcaliano! - murmura sorprendido Ichi.


- No os sorprendáis tanto… Era cuestión de tiempo que atacasen nuevamente el Santuario. - le responde Ban.


- ¡No debiste venir hasta aquí! ¡Acabaremos contigo! - exclama Nachi.


- ¡Jajaja! ¡No me hagáis reír! Ya he podido comprobar de lo que sois capaces, y siento deciros que no estáis a mi altura… ¡Yo que poseo un poder superior al de los caballeros de oro os aplastaré como a gusanos! - exclama el alcaliano.


- ¿Un poder superior al de los caballeros de oro? Presuntuoso…- responde Ban riéndose.


Las palabras del santo de bronce ofenden profundamente al alcaliano, el cual se cree superior a todos los caballeros, incluidos los dorados, y éste se enfurece rápidamente.


- ¡Grrr! ¿Te atreves a burlarte de mí? ¡Lo pagarás con tu vida insolente! - exclama Gulimi que se lanza contra los tres.


- ¡Cuidado! ¡Ahí viene! - exclama Nachi.


Gulimi que posee una gran velocidad, se lanza de cabeza contra los tres santos, que apenas logran ver los movimientos de su rival. Éste, en un abrir y cerrar de ojos, se les aparece tras ellos, golpeándolos casi de forma simultánea, y lanzándolos nuevamente hacia distintos lugares.


Sin embargo, Gulimi no se detiene ahí, y antes de que ninguno de ellos alcance nuevamente los límites del Coliseo, los golpea uno por uno incrustándolos contra el suelo de un solo golpe.


Tras esto, Gulimi se posa nuevamente en el centro del Coliseo, mostrando una clara sonrisa de superioridad, mientras que una columna de polvo se eleva hacia el cielo en cada uno de los puntos donde los santos de bronce han sido sepultados bajo tierra nuevamente.

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