Capítulo 17. El oso dorado
- Carlos Moreno
- 8 abr 2023
- 11 Min. de lectura
¡Comienza la batalla!
Rolo se abalanza a toda velocidad contra el santo de oro, el cual responde sin titubeos de la misma forma encontrándose de manera violenta a mitad de camino, donde sus puños colisionan unos con otros. Una onda sísmica se genera debido al choque de éstos, sacudiendo y haciendo temblar el suelo y causando que éste se desmorone a medida que el efecto de la onda se amplía, provocando que los pies de ambos oponentes se hundan bajo el suelo.
- ¡Como ansiaba medirme con un rival como tú! ¡Gracias a ti podre probar toda mi fuerza! - exclama Rolo extasiado de alegría.
- Un guerrero tan poderoso y a la vez tan egoísta… ¡No permitiré que hagas daño a nadie más! ¡AAHH! - le responde Geki.
- ¡Eso ya lo veremos! ¡Hasta ahora no has hecho más que hablar! ¡AAHH! - responde Rolo incrementando su cosmos.
Rolo lanza un golpe con su puño izquierdo, el cual Geki bloquea con su mano derecha, respondiendo con un golpe de su puño izquierdo, que, de igual modo, Rolo bloquea con su mano derecha.
Ambos rivales se mantienen agarrados mutuamente, librando un intenso duelo de fuerza, coraje y resistencia, y donde ninguno de los dos está dispuesto a ceder. Con sus grandes y poderosos brazos ejerciendo la máxima fuerza y tensión sobre el otro, la propia presión ambiental alrededor de ellos comienza a intensificarse, provocando que el aire se haga mas denso y pesado, y donde destellos en forma de relámpagos comienzan a producirse.
- Había oído historias… Acerca de que algunos caballeros de oro de esta generación habían sobrepasado sus propias límites, adquiriendo un poder fuera de todo lo conocido… Tal vez sea por su apariencia calmada… Pero sin duda alguna este caballero posee un poder mucho mayor del que pensaba. - habla para sí mismo Sigmund.
- Sigmund… Si este caballero de oro es capaz de desplegar semejante poder… No me cabe duda… están al mismo nivel de los caballeros de oro a los que combatimos tiempo atrás… Odio reconocerlo… Pero esta nueva generación es mucho más poderosa que nosotros, los guerreros divinos de Asgard… - murmura cabizbajo Heracles.
- Heracles, no te engañes a ti mismo… Los Saga, Shura, Milo, Aioros y demás caballeros con los que luchamos hace veinte años tan solo podían desplegar el 10% de su poder real gracias a la barrera que el árbol de Ygdrasil nos proporcionaba… y, aun así, al final fueron capaces de superarnos y vencernos. De no haber sido por la barrera, posiblemente... nos hubieran vencido sin mucho esfuerzo... - le responde Sigmund.
- ¡No hace falta que me recuerdes la humillación que sufrimos al ser derrotados por los santos de Atenea! ¿¡A que viene eso ahora?! - responde malhumorado Heracles.
- Precisamente… lo vengo a decir… porque tras permanecer en el Santuario y ver las batallas que se libraron allí… No me cabe duda alguna de que esta generación superará y mucho a la anterior que nosotros conocimos. - aclara finalmente Sigmund.
- ¡¿Hablas en serio?! - exclama Heracles sobresaltado.
¡¡¡GRAN CUERNO!!!
¡¡¡AVALANCHA ARROLLADORA!!!
La conversación entre los guerreros divinos se ve interrumpida cuando Geki y Rolo finalmente se separan y se lanzan un fuerte contra ataque mutuamente.
El equilibrio de fuerzas tras la colisión de ambas técnicas se mantiene de manera firme entre ambos, los cuales continúan elevando e intensificando su cosmos cada vez más, hasta que finalmente, éstas estallan por sorpresa y de manera violenta, desatando una devastadora explosión que sacude el valle por completo.
Rolo, Geki, Sigmund y Heracles son engullidos por la fuerte onda expansiva, siendo arrastrados con suma violencia cientos de metros hacia atrás y hacia diferentes lugares.
Sin tiempo para tregua alguna, tanto el guerrero Einherjer como el santo de oro se incorporan, lanzándose en picado mutuamente de nuevo, colisionando sus puños derechos entre sí, lo que genera nuevos e intensos temblores bajo sus pies, en un suelo muy debilitado y que ya no es capaz de soportar semejante presión.
Rolo y Geki separan sus puños, golpeándose con ellos una segunda y tercera vez, causando el colapso definitivo del suelo que pisan, hundiéndose en un profundo foso desde el cual ninguno está dispuesto a ceder ante el otro.
- ¡Te felicito caballero de Tauro! ¡Nadie hasta ahora había sido capaz de plantarme cara de tal forma! ¡Te felicito y a la vez te estoy muy agradecido! ¡Jajaja! - exclama Rolo disfrutando ampliamente del combate.
- ¡Grrr! ¡No he venido aquí para complacerte maldito desalmado! ¡Aaahhh! - exclama furioso Geki que intensifica más su cosmos.
¡¡¡CORNADA SALVAJE!!!
Geki aprovecha que Rolo baja la guardia momentáneamente para asestarle un potente golpe en pleno centro de su pecho, lanzando por los aires a un Rolo que desprende un hilo de sangre por su boca.
El caballero de Tauro se lanza en persecución de su adversario mientras este viaja por los aires tratando de asestarle un posible golpe final, pero cuando Geki ya se encuentra próximo a Rolo…
¡¡¡FURIA DE BERSEKER!!!
Rolo contra ataca con furia y rabia, asestándole un golpe brutal al santo de oro que sale despedido en dirección contraria.
Geki y Rolo caen contra el suelo al mismo tiempo, provocando un sonoro estruendo.
El caballero de Tauro se incorpora en apenas unos segundos sin mayor dificultad tras haber esquivado parcialmente el ataque de su adversario, mientras, en el otro extremo, Rolo se incorpora también sin dificultades a pesar de haber encajado el golpe completamente.
- ¡Increíble! ¡Geki ha sido capaz de golpearlo de lleno! - exclama Sigmund.
- ¡No puede ser! ¿¡Como es capaz de levantarse tras encajar semejante golpe a quema ropa!? - exclama atónito Heracles al ver a Rolo incorporarse casi de inmediato.
Rolo se levanta como si nada, escupiendo un poco de sangre, pero sin dejar de mostrar en todo momento una amplia sonrisa de felicidad en su rostro, cosa que molesta a Geki.
- Dime una cosa caballero dorado, ¿Qué te empuja a luchar así? ¿Por qué defiendes a tal nivel estas gélidas tierras y a esos miseros guerreros de Asgard? Según tengo entendido, hace veinte años, estos mismos guerreros lucharon contra los caballeros de oro que os precedieron. Estas tierras solo han visto derramar la sangre de unos y otros. ¿Acaso les debes algo? - pregunta contrariado Rolo.
Geki se cruza de brazos nuevamente, y tras una larga y profunda respiración.
- Ya te lo dije antes. El deber de los caballeros no es solo para con Atenea. El deber de un caballero consiste en proteger la Tierra y a todos sus habitantes, sean del país que sean, frente a cualquier peligro o amenaza que surja. - responde con firmeza Geki.
En ese instante, Heracles revive en su memoria el primer encuentro con Aldebarán de Tauro, y como este, tras ejecutar el propio Heracles un ataque directo contra unos niños que se encontraban en el Coliseo de la ciudad, el santo de oro se interpuso protegiendo a aquellos niños sin dudarlo un instante.
Tras recordar las palabras que Aldebarán pronunció entonces, idénticas a las de Geki, Heracles siente una profunda vergüenza en su interior ante lo equivocado que estaba entonces, siendo capaz de alzar sus puños contra la gente a la que en realidad debía proteger.
- Realmente eres fuerte, te ofrezco la oportunidad de unirte a mí y pelear codo con codo, juntos… ¡seriamos imparables! ¡NO! ¡Seriamos los amos de todo! - responde Rolo.
- ¡Jamás lucharía junto a alguien tan despreciable como tú! ¡Además! ¡Yo no ambiciono el poder ni peleo en favor de mis intereses personales! - le grita Geki.
- Es una lastima caballero… en ese caso, va siendo hora de que acabe este combate y con tu vida… - suspira decepcionado.
Rolo agarra nuevamente con fuerza su martillo, lo que pone en alerta a Sigmund y Heracles.
- ¡Geki! ¡Ándate con mucho cuidado! ¡Ese martillo es capaz de pulverizar cualquier cosa! - exclama Sigmund tratando de poner en aviso al santo de oro.
- ¡Geki de Tauro! ¡Ahora presenciarás mi autentico poder en todo su esplendor! ¡Aaahhh! - exclama Rolo que comienza a elevar su cosmos a máxima potencia.
- ¡¿Crees que un martillo me asusta?! ¡Comprobemos quien es mas fuerte entonces! ¡Aaahhh! - responde el santo de Tauro haciendo estallar también su cosmos.
Los cosmos de ambos se desbocan como violentas tormentas a sus alrededores, tomando en esta ocasión la iniciativa el caballero de Tauro, que, extendiendo sus brazos hacia adelante con las palmas de las manos abiertas, lanza su ataque, desencadenando toda su fuerza.
¡¡¡ASTA DORADA DE TAURO!!!
El asta dorada, mucho mas violenta, potente y rápida que el gran cuerno se abalanza sobre Rolo que, tranquilo y sonriente, esperaba este momento.
¡¡¡COLISION DE HIERRO!!!
En un abrir y cerrar de ojos, Rolo balancea de un lado a otro el enorme y pesado martillo que porta a cuestas como si éste fuera liviano y ligero, golpeando con éste al asta del toro, la cual, es destruida por completo ante la sorpresa mayúscula de Sigmund, Heracles y el propio Geki, que recibe de lleno el impacto del contragolpe de Rolo, siendo lanzado y derribado con contundencia.
- ¡No es posible! - exclama Sigmund alarmado al ver caer por primera vez al caballero de oro.
- ¡Arriba caballero de oro! ¡¿O acaso has sido derrotado con tan poco?! - exclama Rolo con tono de burla.
La zona donde impactó el cuerpo de Geki comienza a temblar intensamente, donde una enorme explosión de cosmos proyecta los escombros en todas direcciones, reapareciendo un Geki enfurecido como un toro salvaje y desbocado.
- ¡Toma esto! - responde Geki furioso y con todo su cosmos.
¡¡¡EL MAS GRAN CUERNO!!!
- ¡Esta vez no saldrás tan bien parado! - responde Rolo.
¡¡¡COLISION DE HIERRO!!!
Rolo balancea de nuevo su portentoso martillo y que de un solo mazazo, pulveriza haciendo añicos el poderoso gran cuerno, siendo Geki golpeado nuevamente por la fuerza de éste.
El santo de oro sale despedido por el aire por segunda vez ante la sorpresa de los presentes, desquebrajando el suelo a medida que su gran cuerpo es arrastrado y alejado durante durante cientos de metros.
La gran polvareda levantada comienza a disiparse, encontrandose al santo de Tauro semi enterrado bajo una montaña de escombros. Pasados unos minutos, Geki comienza a moverse nuevamente, resurgiendo de entre la tierra, sacudiéndose el polvo de encima, mostrando ahora si, algunas magulladuras en su cuerpo.
El rostro siempre serio y sereno de Geki se altera al descubrir con sorpresa como las protecciones de su armadura que protegen sus brazos así como sus puños se encuentran dañadas, mostrando claras y evidentes grietas.
- ¿¡Que te ocurre caballero?! ¿¡Acaso ya no te ves tan superior ante mí?! ¡Jajaja! - exclama Rolo eufórico.
Geki, descentrado momentáneamente, observa el estado en el que ha quedado parte de su armadura tras recibir ese último y directo golpe. Ocasión que aprovecha Rolo esta vez para golpear con su martillo al santo de Tauro en el pecho.
Con más dificultad esta vez, Geki vuelve a incorporarse, claramente afectado tras este ultimo ataque y donde el peto de oro que protege su pecho se encuentra seriamente dañado mostrando el violento golpe recibido.
Sigmund y Heracles observan impotentes como la situación ha dado un giro drástico, volviéndose en contra el santo de oro, que, por momentos, no es capaz de reaccionar. Mientras en la mente de Heracles se recrean los momentos vividos en su segundo combate contra Aldebarán, donde en ultima instancia, el santo de oro eligió salvarle la vida a su rival a costa de la suya propia.
- ¿¡Te ha quedado claro quién es el mas fuerte de los dos!? - exclama Rolo victorioso.
Rolo empuña y alza nuevamente su poderoso martillo mientras su cosmos se intensifica.
- ¡Muere caballero de Tauro! -
¡¡¡COLISION DE HIERRO!!!
Decidido a no concederle opción alguna, Rolo se lanza al ataque, interviniendo por sorpresa Heracles que se interpone entre uno y otro.
¡¡¡GUADAÑA GIRATORIA!!!
- ¡HERACLES! - exclama sorprendido Geki.
- ¡¿Pero que haces idiota?! ¿¡Acaso quieres morir?! - le increpa Sigmund nada más ver la intervención de su amigo.
Heracles, herido, debilitado, y con su armadura en tan malas condiciones, a pesar de sus nobles esfuerzos no es capaz de hacer frente al ataque supremo del Einherjer, empezando a ser arrastrado hacia atrás, hasta que, inevitablemente la fuerza superior de Rolo se impone, y el guerrero divino es golpeado y arrollado.
La multitud de golpes, así como la violencia de estos, lanza a Heracles por el aire mientras lo que queda de su armadura es destruida y reducida a polvo, justo antes de caer con fuerza contra el suelo donde queda tendido inerte.
- ¡HERACLES! - exclaman al unísono Geki y Sigmund.
Geki corre rápidamente hasta el lugar donde yace inmóvil el cuerpo de Heracles, al cual agarra y arropa entre sus brazos, Heracles, respirando con mucha dificultad, sonríe irónicamente.
- Vaya… Creo que esta situación ya la he vivido antes… - murmura con ironía y una voz rota.
- ¡¿Por qué has hecho eso?! ¡No me debes nada! - exclama Geki tratando de contener sus lágrimas.
- No lo he hecho por ti… -
- ¿Entonces…? ¡¿Por qué?! - insiste Geki.
- Tras escucharte y verte luchar… He visto como el mismo espíritu que poseía tu predecesor, lo tienes tu también… Y después de tantos años, al fin he comprendido los actos de Aldebarán… Te pareces mucho a él... -
Unas largas y amargas lagrimas bañan el vasto rostro de Geki, desliándose estas hasta su barbilla desde donde caen con tristeza sobre Heracles. En su interior, una mezcla de rabia, tristeza, impotencia y desolación desencadena la ebullición de su cosmos de una manera totalmente diferente.
El cuerno de oro, el cuerno de oro izquierdo que el propio Seiya cortó con su mano en la casa de Tauro frente a Aldebarán de pronto se regenera, surgiendo un enorme y gran cuerno, mucho mas grande que el derecho.
- ¡¿Qué es esta extraña sensación que recorre mi cuerpo?! Es la misma que aquella vez cuando me enfrenté por primera vez a Aioria… ¡No puede ser! - exclama Sigmund.
- Hace mucho, fui salvado por el caballero de Tauro… Ahora… Yo hago lo mismo por él... - le refiere Heracles con sus últimas palabras a Geki.
- ¡Nooo! ¡Heracles! ¡Aaahhh! - exclama Geki al ver apagarse la vida de este.
El súbito estallido del cosmos de Geki fruto del dolor y de la pérdida que acaba de sufrir provoca la reacción de la propia armadura de oro, la cual, despierta, comenzando a brillar y vibrar a intervalos mientras brota de su interior un cosmos.
- Posees el noble y valiente corazón de un oso en tu interior… - interviene una voz en el interior de Geki.
- Al... Aldebarán... - murmura emocionado Geki al reconocer la voz.
- Pero además, también posees la fuerza y la valentía de un toro bravo… - le responde por segunda vez el espíritu de Aldebarán.
- Yo… no merezco vestir tu armadura… perdóname… no estoy a tu altura… - responde apesadumbrado Geki.
- A un verdadero caballero no se le valora por la fuerza de sus músculos, sino por la valentía de su corazón. Eres el ejemplo de lo que debe ser un verdadero caballero… Eres el heredero de mi voluntad… ¡Eres el caballero de Tauro! - exclama por ultima vez la voz de Aldebarán alentando a Geki.
- ¡Es verdad! ¡Soy la fuerza del oso y la furia del toro! ¡TAUROOOO! - exclama a pleno pulmón Geki haciendo estallar su cosmos mas allá de su limite.
A varios kilómetros de distancia, dos encapuchados que se protegen del frio, llegan a las tierras de Asgard.
- ¡Por fin llegamos a Asgard! ¡Joder que frio hace en este lugar! - exclama uno de ellos con voz femenina.
- Parece que hemos llegado tarde… No percibo indicios de lucha, pero si las consecuencias de las batallas que se han librado… Deberíamos regresar… - responde la segunda voz.
- ¡No hermano! Se nos ordenó venir en busca de supervivientes, y es lo que haremos. - responde la primera.
Ambos quedan en silencio, observando el vasto y gélido lugar, mientras una ligera y fría corriente de aire levanta la zona baja de sus túnicas, mostrando las piernas de ambos, las cuales, son vestidas por similares armaduras de tonos azulados.
De pronto, una súbita e intensa explosión de cosmos en la lejanía estalla violentamente, tal es la potencia de esta, que ha pesar de la distancia, ambos son derribados por la onda que se propaga por todas partes.
- ¿¡Pero que diablos ha sido eso?! - exclama sorprendido la voz masculina.
- Al parecer, todavía queda un combate librándose. - murmura la voz femenina.
- ¿¡Pero que cosmos es ese!? Estando tan lejos de aquí, y puede percibirse de esta manera. - exclama de nuevo el primero.
- ¡Vamos! ¡No hay tiempo que perder! - exclama la mujer que se pone rápidamente en marcha.
Tras la violenta explosión, una intensa y enorme aura de cosmos dorado emana y flota en el aire. Cuando la intensidad de esta finalmente desciende, aparece en pie Geki, portando en sus brazos el cuerpo de Heracles mientras viste la armadura divina de Tauro.
¡La Kamui de Tauro finalmente ha despertado!
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