Capítulo 19. Envestida
- Carlos Moreno
- 13 may 2023
- 13 Min. de lectura
Dos poderosos cosmos colisionan mutuamente, desatando una violenta explosión y como consecuencia, una gran onda expansiva que alcanza al propio Jabu, lanzándolo hacia atrás contra el suelo.
- ¡¿QUE DEMONIOS HA SIDO ESO?! - exclama histérico Jabu.
- Ese, es el auténtico poder que un caballero de oro posee en su interior. - le responde Ígalo aproximándose desde atrás.
- ¿¡Hablas en serio?! - le responde Jabu.
- Jabu, me desconciertas, para ser uno de los santos mas veteranos del Santuario, me sorprende que no conozcas la capacidad de un caballero de oro. -
- Bueno… Conozco la fuerza de los caballeros de oro, pero ten en cuenta que hemos vivido en paz los últimos veinte años, y si te soy sincero, la fuerza que despliegan caballeros como Seiya, Shun, Ikki, Kanon o el propio Geki no tienen nada que ver con los cosmos de los anteriores caballeros de oro que recuerdo… -
- ¿A qué te refieres? ¿Acaso pretendes decir que …? -
- Exacto. Lo que pretendo decir es que, los actuales caballeros de oro poseen un poder mucho mayor que sus predecesores. - zanja Jabu.
Ígalo tiende la mano a su compañero para que se incorpore, quedando ambos en silencio, mientras los violentos golpes provenientes del combate se siguen sucediendo sin descanso, cuando se unen a ellos Masara y Merer.
- Caballero del Unicornio, dime una cosa, ¿sabes a quien pertenece ese gran cosmos verdad? - pregunta Masara.
- Por supuesto. - responde tajante.
- ¿Y podemos saber los demás a quien pertenece? - pregunta con cierto tono de ironía Merer.
Jabu se coloca frente al grupo, dirigiendo la mirada hacia el lugar que pretende alcanzar.
- Ese cosmos… pertenece a un caballero de oro… Pertenece a Geki de Tauro. - responde finalmente justo antes de reanudar la marcha.
- Que tipo más extraño… - murmuran Masara y Merer entre ellos, ante la extraña actitud de Jabu, cuando Ígalo se aproxima a ellos.
- Antes de juzgar a Jabu, deberíais saber una cosa, poco después de que llegásemos a Asgard, dos cosmos desaparecieron por completo en el Santuario. Esos cosmos pertenecían a dos de sus mejores amigos. - explica el santo de plata.
- ¿Y? Es normal que hayan bajas, estamos en guerra. - responde con muy poco tacto Merer.
Ígalo mira fijamente a Merer, mostrándose claramente ofendido por las palabras del general marino. Masara en cambio, comprende el significado de lo que el santo de plata trata de explicar.
- ¡Merer! ¡Cierra el puto pico! - interviene Masara sacudiéndole un puñetazo a su hermano como gesto de desaprobación.
- ¡¿Masara pero que mosca te ha picado?! - le reprende Merer.
- Eres un general marino, muestra mas respeto. Disculpa a mi hermano caballero, por favor, continua. - responde Masara.
- El caballero que viste ahora la armadura de oro de Tauro fue tiempo atrás un santo de bronce, compañero inseparable de Jabu y los otros. El hecho de que se haya presentado aquí sin permiso lo dice todo... - concluye Ígalo.
Ígalo, Masara y Merer reanudan la marcha siguiendo los pasos de Jabu. Estos comienzan a incrementar el ritmo a medida que sienten como los golpes procedentes del combate aumentan progresivamente de intensidad.
Finalmente, los tres alcanzan a Jabu que se encuentra quieto sobre el saliente de una roca, desde donde al fin, se divisa al santo de oro en lo profundo del valle.
- ¡Geki! - exclama sonriente Jabu.
- ¡Jabu espera! - exclama Ígalo.
El santo de bronce se desliza ladera abajo entre tierra y rocas, ignorando por completo todo a su alrededor, este se dirige directamente al encuentro con el santo de oro, cuando Sigmund aparece, interceptándolo y deteniéndolo en seco.
- ¡Sigmund! ¡Sigues vivo! - expresa con alegría el santo de bronce.
- ¡No des ni un paso más! - le responde serio el guerrero divino.
- ¿¡Pero que dices?! He venido hasta aquí para unirme a la batalla. - le contesta.
- No necesitamos que nadie intervenga, es más, esta batalla pertenece al caballero de oro y solo a él, de modo que no te entrometas. - responde Sigmund con seriedad.
Jabu comienza a observar detenidamente el lamentable estado en que se encuentra la armadura divina que Sigmund viste.
- El caballero de Aries reparó por completo tu armadura divina en el Santuario... - murmura Jabu.
- Así es, y de no ser por él, yo ya estaría muerto. - responde Sigmund.
- Habéis tenido que librar unos combates increíbles para dejar tu armadura en ese estado nuevamente. -
Masara, Ígalo y Merer llegan.
- ¿Tienes intención de luchar? - pregunta Sigmund.
- ¡Claro! ¡Para eso he venido hasta aquí! - responde Jabu sonriente.
Sigmund, sin articular palabra, comienza a apretar con fuerza su puño derecho, hasta que finalmente le sacude un puñetazo al santo de bronce, haciendo que este caiga de culo contra el suelo.
- ¿¡PERO QUE HACES?! - le replica Jabu.
- ¡He dicho que no te entrometas! - le responde molesto Sigmund.
- Jabu cálmate. - interviene Ígalo.
El santo de Perseo, muy observador como siempre, empieza a comprender la situación, mas si cabe, cuando descubre unos metros mas allá, el cuerpo sin vida de otro guerrero divino.
- Lamento lo de tu compañero… -
Sigmund, reacciona ante las palabras del santo de plata.
- Murió en batalla, como siempre deseó, y además le salvó la vida al caballero de oro. - responde Sigmund.
- ¡¿Cómo dices?! - pregunta sorprendido Ígalo.
- Es curioso… gracias al sacrificio de Heracles, Geki logró despertar la Kamui de Tauro... - murmura Sigmund observando el cuerpo sin vida de su amigo.
La batalla entre Rolo y Geki se detiene momentáneamente ante la llegada del grupo.
Jabu, haciendo caso omiso a las advertencias del guerrero divino, se aproxima hacia el santo de oro.
- ¡Geki! - exclama el unicornio con una amplia sonrisa en la cara.
- ¡Oh vaya! ¡Pero si han llegado más ovejas al matadero! ¡jajaja! - exclama con burla Rolo.
Geki, desviando ligeramente la mirada hacia el santo de bronce, atiza a este con un golpe de cosmos lanzado desde la distancia, derribanvolo contra el suelo.
- ¡¿Pero que haces Geki?! ¿¡Que mosca te ha picado?! - espeta el santo de bronce desconcertado.
- ¡Aquí no tienes nada que hacer! Ya que todavía sigues vivo, ¡Lárgate ahora mismo! - le responde el santo de oro.
- ¡Estas loco si piensas que te voy a dejar luchar a ti solo! - le replica nuevamente el unicornio.
- ¡Oh! ¡Ahora lo entiendo! ¡No quieres que tus compañeros presencien tu derrota! ¡Es comprensible! Al fin y al cabo, hasta los caballeros de oro tienen su orgullo… - insiste Rolo con tono de burla.
Geki lanza una desafiante mirada hacia Jabu y el resto del grupo.
- Si os quedáis aquí... no os interpongáis en mi camino... ¡O yo mismo os destruiré! - responde tajantemente el santo de oro.
- ¡Vamos caballero de Tauro! ¡Con o sin publico acabaré con tu vida! - responde desafiante de nuevo Rolo.
Las miradas de Jabu y Geki se cruzan intensamente por un instante, comprendiendo entonces el santo de bronce las palabras e intenciones de su amigo, retrocediendo junto a los demás y despejando asi la zona de combate.
Mientras tanto, Rolo que no ha dejado de observarlo todo, fija su atención sobre las vestimentas de Merer y Masara.
- ¡Oh! ¡Un momento! ¡Esas no son armaduras! ¡Esas son escamas marinas! - exclama Rolo.
- ¡ASI ES! - responde Merer.
- ¡Somos generales marinos leales a nuestro señor Poseidón! - replica Masara.
- ¡Que bonitas escamas… tan brillantes y puras como el agua del mar! ¡Nunca había tenido la oportunidad de destruir una escama marina! - responde encandilado Rolo.
Las palabras del Einherjer ofenden y molestan profundamente a los generales, que muestran una actitud agresiva hacia Rolo cuando Geki se mueve, colocándose en medio de la trayectoria entre unos y otros.
- ¡Tu rival soy yo! ¡¿O acaso ya lo has olvidado?! - responde furioso el santo de Tauro.
- ¡Por su puesto que no! No pretendía ignorarte, pero esas escamas tan brillantes son hipnóticas… tan bellas… tan puras… esperando a ser trituradas por la fuerza de mi martillo… -
- ¡Grrr! ¡Tu martillo ya se ha cobrado la sangre de demasiada gente inocente! ¡Es algo que no pienso permitir! - responde Geki arrancándose la maltrecha capa que ondeaba a su espalda.
- Dime caballero de Tauro, ¿Por que un guerrero como tú, que a pesar de no ser capaz de mantener su armadura en estado Kamui, posee un poder tan grande se dedica a proteger a los demás cuando podría poner el mundo a sus pies? -
- ¡Eso quería yo preguntarte yo a ti! - le responde Geki.
- ¡¿Cómo dices?! -
- Ciertamente tú también eres un guerrero excepcional, pero dime ¿Por qué usas tu poder para dañar a los demás? ¿Cuánta sangre se ha cobrado tu fabuloso martillo?
¿Por qué tienes que arrebatarle la vida a inocentes y débiles que no se defienden o no son capaces de hacerlo?
¡¿Qué autoridad crees poseer para quitarle a la gente el derecho a vivir?! - pregunta Geki.
- Yo soy un caballero de Atenea, un guerrero como tú, y aunque no lo desee, en muchas ocasiones me veo obligado a causarle dolor y sufrimiento a otros, incluso arrebatarles la vida. Y sé, que algún día deberé pagar por mis actos, y si mi muerte es lenta y dolorosa, lo aceptaré con gusto. - continúa hablando Geki mientras su cosmos comienza a arder.
- Pero… ¡¿Por qué TENIAS QUE HACERLES DAÑO A LAS GENTES DE ESTAS TIERRAS QUE VIVIAN PACIFICAMENTE?! ¡¿Acaso el simple hecho de haber nacido aquí era un pecado que debían pagar?! ¿Por qué lucho y protejo a los débiles? ¡Pues precisamente porque el deber de los más fuertes es proteger a los más débiles! ¡AAAHHH! - estalla furioso Geki.
El cosmos de Geki acaba por estallar de manera violenta, provocando que la tierra comience a desquebrajarse formando un anillo a su alrededor que se amplía cada vez mas.
- Para vosotros quizás la vida de los demás no significa nada en absoluto, tal vez consideréis a los demás simples gusanos… ¡PERO HASTA LOS GUSANOS TIENEN DERECHO A VIVIR! ¡AAAHHH! ¡ARDE COSMOS! ¡ARDE! ¡AAAHHH! -
El cosmos de Geki se torna más violento a cada segundo que pasa, emergiendo relámpagos de la propia armadura.
- ¡¿Qué es esto?! ¡El cosmos que sale de él brilla como el oro! ¡Ese, ese es el toro dorado! - exclama Rolo haciendo referencia al cosmos de Geki, que tras él toma la forma de un toro.
- Ese martillo que empuñas, dices que es capaz de destruir cualquier cosa de este mundo… ¡LO DESTRUIRE CON TODO MI COSMOS! -
El enorme toro formado con el cosmos de Geki a su espalda comienza a mugir cada vez con mas fuerza, mientras en el casco, el cuerno cortado por Seiya muchos años atrás se regenera brotando en su lugar una enorme asta.
El cuerpo de Geki comienza a ser rodeado por una intensa y brillante aura dorada que lo envuelve por completo.
Tras varios minutos, el aura desciende la intensidad de su brillo, hasta desaparecer por completo, apareciendo de nuevo la Kamui de Tauro, que brilla con mas vigor que nunca, desplegando ahora, su autentico poder.
Los nuevos y jóvenes generales marinos quedan estupefactos e inmóviles al presenciar la fuerza que un caballero de oro furioso es capaz de desplegar, sintiéndose por un momento, insignificantes a su lado.
Jabu observa asombrando y maravillado el gigantesco toro dorado que se ha formado sobre su amigo, y como este, se dispone a embestir a Rolo con toda su furia, mientras este, empuñando su martillo, se prepara para la lucha elevando tambien todo su gran cosmos.
¡¡¡GRAN CUERNO DIVINO!!!
¡¡¡FURIA DE BERSEKER!!!
Los dos potentes ataques desatados chocan violentamente entre sí, destruyendo inmediatamente todo a su alrededor, el enorme toro dorado impacta con sus cuernos contra el poderoso martillo de Rolo, manteniendo un equilibrado e intenso duelo de fuerzas.
- ¡Jajaja! ¡Ya te dije que nada ni nadie puede dañar mi poderoso martillo! ¡Ahora tu serás el siguiente que morirá ante él! - exclama confiado Rolo.
- ¡Grrr! ¡ARDE COSMOS! ¡AAAHHH! -
El cosmos de Geki, lejos de contenerse o detenerse, continúa elevándose cada vez, cosa que comienza a poner en dificultades a Rolo, que ve como poco a poco, empieza a ser superado y arrastrado por la embestida del toro.
- ¡Es, es imposible! ¡Su fuerza empieza a superar a la mía! - exclama Rolo.
Rolo decide cambiar de posición, empuñando ahora a dos manos su martillo mientras libera todo el cosmos que todavía poseía, consiguiendo equilibrar las fuerzas nuevamente.
- ¡Jajaja! ¡¿Lo ves de una vez?! ¡Mientras empuñe este martillo no tienes nada que hacer! - le insiste una vez más el guerrero Einherjer.
- Aldebarán, es un honor que me reconozcas como digno sucesor de ti… ¡Ahora necesito también tu fuerza hermano! - exclama mentalmente Geki.
- ¿¡Quien es ese?! - exclama Merer desde la distancia.
El espíritu de Aldebarán se manifiesta, apareciendo junto a Geki.
- Nada puede soportar la fuerza de las astas del toro dorado… hermano. - responde Aldebarán.
Geki y Aldebarán se miran mutuamente, dedicándose una pequeña sonrisa el uno al otro, antes de que el espíritu del anterior caballero de Tauro desaparezca.
- ¡AAAHHH! - Geki.
¡¡¡GRAN CUERNO!!!
El toro colisiona nuevamente con sus cuernos contra el martillo de Rolo, siendo alimentado ahora por la fuerza y la voluntad del anterior santo de Tauro.
Rolo a pesar de empezar a verse en dificultades, se resiste, decidido a no ceder ni perder ante Geki, pero la enorme presión que ejercen las astas de Tauro contra el martillo provocan que comiencen a abrirse pequeñas fisuras en este.
- ¡IMPOSIBLE! ¡Nadie jamás ha sido capaz de causarle el más mínimo daño a mi martillo! - estalla incrédulo Rolo.
- Te dije… ¡Te dije que DESTRUIRIA TU MARTILLO CON TODO MI COSMOS! ¡AAAHHH! - responde Geki liberando todavía un poder mayor.
Las puntas de las astas empiezan a penetrar poco a poco en el martillo, haciendo que unos primeros y pequeños pedazos se desprendan, ante la atónita mirada de su portador, que sin saber como reaccionar, observa como el poder del martillo se debilita a medida que las astas se hunden mas y mas en el interior de este.
- ¡IM… IMPOSIBLE! ¡MI… MI MARTILLO ES INDESTRUCTIBLE! - balbucea Rolo mientras observa como las puntas de las astas empiezan a asomar por el otro lado.
- ¡SUFRE LA ENVESTIDA DEL GRAN TORO! - exclama Geki.
Finalmente, las fuertes astas del toro atraviesan completamente el martillo, desquebrajándolo y haciéndolo pedazos.
¡¡¡EL MAS GRAN CUERNO!!!
Sin la protección que el martillo le otorgaba, Rolo recibe de manera brutal y directa toda la fuerza y violencia que el devastador gran cuerno desencadena, recibiendo una innumerable cantidad de golpes que superan la velocidad de la luz.
Antes de acabar siendo lanzado con dureza por los aires, tanto las protecciones de sus antebrazos, así como su casco son pulverizados completamente, convirtiéndose en polvo.
Masara, Merer y Jabu reflejan gran estupefacción en sus rostros tras la batalla presenciada, no así Ígalo, que como siempre se muestra serio, sereno y observador, mientras que, por el contrario, una ligera sonrisa que demuestra alivio brota en el rostro de Sigmund, que ve así, consumada la venganza por su compañero caído.
- ¡Lo consiguió! - exclama Jabu celebrando la victoria de su amigo.
- Hermana… ¿Este es el poder de los caballeros de oro de Atenea? - pregunta Merer balbuceando.
- Al principio, pensé que Sorrento exageraba cuando nos hablaba de la fuerza de los caballeros de oro… pero ahora veo que la que los menospreciaba era yo… - murmura Masara.
Mientras el grupo adopta una postura mas relajada y de celebración, Geki, permanece estático, con los brazos cruzados y observando seriamente el lugar donde impactó Rolo.
Minutos después, la celebración del grupo se ve detenida en seco, ante la irrupción y aparición nuevamente de Rolo, que se alza emergiendo del profundo agujero en el que se encontraba.
- ¡Maldito! ¡¿Cómo te atreves?! ¿¡Como es posible?! - vocifera airadamente Rolo en un estado aparente de locura.
- ¡Imposible! ¡¿Como puede estar todavía vivo!? - exclama Jabu que no da crédito.
Rolo, finalmente se pone en pie, y comienza a caminar erráticamente y cojeando hacia Geki, el cual, se vuelve hacia Sigmund.
- ¡Sigmund! ¿Recuerdas lo que hablamos? ¡Es la hora! -
La primera reacción de Sigmund ante las palabras de Geki muestran sorpresa y temor, pero tras unos segundos, finalmente reacciona, asintiendo con la cabeza la aceptación de la orden que se le encomienda. Este se vuelve hacia los demás, agarrando al santo de bronce del brazo y comienza a caminar tirando de este.
- ¡Nos vamos! ¡Ahora! - expresa seriamente el guerrero divino.
- ¡¿Pero ¡¡¿qué?! - exclama Jabu.
- ¡JABU! ¡Aquí ya no tienes nada que hacer! ¡Márchate y continua tu misión! ¡AHORA! - le ordena Geki gritando airadamente.
Jabu, entre las extrañas ordenes de su amigo Geki, y la reacción del propio Sigmund, se encuentra contrariado, sin entender lo más mínimo lo que ocurre, pero al observar que la furia y la rabia que anidaban en los ojos de Geki no se ha disipado, decide esta vez dejarse llevar, tomando el mismo camino que Sigmund y el resto.
- ¡Cuento contigo! - responde a modo de despedida Jabu, recibiendo una ligera sonrisa por parte de Geki a modo de respuesta.
- ¿¡DONDE VAIS MALDITOS!? ¿¡VENID AQUÍ!? ¡OS MATARE A TODOS! - sigue vociferando Rolo en estado de locura.
Rolo, al ver que el grupo de cinco comienza a alejarse a paso más ligero, termina por perder la cabeza del todo, iniciando la carrera contra Geki.
- ¡TAURO! ¡ME LAS PAGARAS! - continúa gritando Rolo loco de rabia mientras empieza a quemar todo el cosmos que le queda.
Geki observa como Rolo se lanza con el resto hacia él.
- Heracles, hermano, Asgard estará a salvo, tu pueblo no derramará ni una gota mas de sangre… ¡Te lo prometo! - murmura pensativo mientras mira al cielo.
- Jabu… Espero que estés lo suficientemente lejos… ¡porque esto acaba aquí! ¡AAHH! -
El cosmos de Geki se intensifica nuevamente, concentrándose completamente en sus manos esta vez, aguardando el ultimo y definitivo ataque de Rolo, que ya se encuentra próximo a él y a escasos metros.
- ¡MUERE TAURO! -
¡¡¡AVALANCHA ARROLLADORA!!!
Debido al estado mental de Rolo, su ataque, a pesar de ser muy potente, carece de orden siendo muy poco certero.
Geki se desplaza ligeramente hacia un lado esquivándolo sin mucha dificultad, para situarse a continuación justo al lado de Rolo, al que le susurra unas últimas palabras.
- No… El que muere… ¡ERES TU! -
Geki arremete contra el suelo con su mano.
¡¡¡SUPER NOVA TITANICA!!!
Geki desata su mayor y más devastadora técnica suprema.
Tan pronto la mano de Geki golpea el suelo, se desencadena un poder destructivo sin precedentes, siendo todo arrasado en kilómetros a la redonda por una gigantesca bola de fuego que desde el suelo se expande y propaga, siendo su brillo tal, que eclipsa al propio sol.
El grupo, que ya se encontraba alejado se detiene debido al fuerte terremoto que se desata, percibiendo en la distancia como todo el poder y el cosmos de Geki se desata tras emplear dicha técnica.
- ¡Geki! - exclama Jabu.
- ¡Corre idiota o nos alcanzara la onda expansiva! - le reprende Ígalo, agarrándolo por el brazo mientras corre a toda prisa.
La onda expansiva, unida a la fuerza destructora de la super nova, no solo arrasa el valle, sino que pulveriza completamente las montañas aledañas, vertiendo miles de toneladas de escombros y rocas sobre el lugar donde se encontraba Geki.
Casi pasada una hora desde que Geki desatara el infierno en la tierra, el terreno ahora irreconocible, continúa humeante, fundiendo la nieve que nuevamente cae desde el cielo.
En la lejanía, los pasos de Sigmund, Jabu, Ígalo, Masara y Merer, que se dirigen hacia el templo marino de Poseidón, son observados en silencio por la silueta de un hombre, cuyos ropajes son ondeados con fuerza por el todavía intenso viento que recorre la zona.
- Jamás imaginé que Torsteim, los gemelos y hasta el propio Rolo pudieran ser derrotados de esta manera. - comenta un segundo hombre aproximándose.
El primero, dándole la espalda al segundo, sigue observando al grupo alejarse, en silencio.
- A pesar de todo, esos idiotas han cumplido su misión. - responde finalmente.
- De haberme encomendado a mi esta misión, habría acabado con todos. ¡Menudos inútiles! - interviene una mujer que llega acompañada por otro hombre.
- ¡Astrid! - exclama el que le acompaña.
- ¡Es la pura verdad! Pero Ragnar no me quiso hacer caso. - responde nuevamente la mujer.
- Cuida tu lenguaje Astrid, sino quieres morir a manos del propio Ragnar. - le reprende el segundo hombre.
- ¡Sois todos unos gallinas! - responde con burla Astrid.
- ¡SILENCIO! Esos inútiles como tu les llamas, han cumplido su misión. Ahora los supervivientes, correrán apresuradamente hacia el templo de Poseidón, mostrándonos así el camino oculto para poder llegar hasta allí. - interviene una quinta persona con voz autoritaria.
- ¡RAGNAR! - exclaman al unísono los cuatro presentes.
- Aun así… hemos perdido a cuatro miembros. - responde uno de ellos.
- Es cierto, pero también han logrado acabar con un santo de plata, dos guerreros divinos y hasta con un caballero de oro. Además, no olvidéis cual es el verdadero objetivo. -
- Vengareis a vuestros camaradas caídos, regareis la tierra con la sangre de vuestros enemigos, y ofreceréis la cabeza de Poseidón a mi padre como muestra de lealtad. - interviene una sexta persona con una voz y aura muy diferentes.
- ¡Mi señor Perseo! - exclaman arrodillándose los cinco a la vez.
- ¿Estáis todos aquí verdad? - pregunta Perseo.
- En efecto, mi señor. Los cinco guerreros Einherjer más poderosos estamos listos y a su servicio. - responde con sumo respeto Ragnar.
- Bien… ¡Ha llegado el momento! ¡El momento de que Poseidón se arrodille ante mi padre! ¡Atacaremos de inmediato el templo submarino! -
- ¡Por Cronos! - exclaman sonrientes al unísono los cinco bajo las órdenes de Perseo.
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