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Capítulo 18. Encuentro

Actualizado: 6 may 2023

Cuando todo vuelve a la normalidad, Geki se presenta vistiendo la Kamui de Tauro, una armadura reluciente, que emite pequeños destellos y cuya sola presencia desprende un cosmos completamente diferente al que el propio Geki poseía.


Éste, sin pronunciar palabra alguna, comienza a caminar, portando sobre sus brazos el cuerpo de Heracles, hasta que, finalmente llega junto a Sigmund, el cual, al tener frente a si al santo de oro, no puede evitar recordar como en el primer enfrentamiento que mantuvo con Aioria, este también transformó su armadura de oro de Leo en una Kamui.


- Es… Es increíble… Es la misma sensación de aquella vez… Un aura tan intensa y pura… y a la vez, siento como la presión del aire se ha intensificado… ¡Magnifico! - comenta mentalmente Sigmund.


- ¡Oh! ¡¿Pero y esta armadura?! - exclama sorprendido Rolo que no termina de comprender lo que ha sucedido.


- Lo que tienes ante ti es una Kamui de oro, la armadura mas poderosa que un caballero puede vestir. - le responde Sigmund.


- ¿Una Kamui dices…? ¿La armadura mas poderosa…? - murmura Rolo que observa detenidamente con sumo interés.


- Sigmund, ocúpate de él por favor. - interviene serio Geki, entregándole a este el cuerpo de su amigo.


- ¿Qué piensas hacer Geki? -


- Acabar con esto de una vez por todas, por supuesto. - responde muy serio Geki.


Sigmund se dispone a responder nuevamente, cuando la determinación y la furia en el interior de los ojos de Geki le hace callar, asintiendo simplemente con la cabeza y apartándose a un lado con el cuerpo de su compañero.


- ¡Geki! ¿Estas listo para un nuevo asalto? Tengo ganas de ver que es capaz de hacer esa reluciente y gran armadura nueva que vistes ahora… ¡Vamos! ¡Muéstrame su poder! ¡Diviérteme un poco más! - expresa con alegría Rolo.


Geki, al oír las palabras de su rival se enfurece mas si cabe, observando en silencio sus propios puños, los cuales aprieta con fuerza.


De pronto, el santo de oro se desvanece por completo y de forma súbita, reapareciendo milésimas después frente a Rolo, cuyos ojos quedan completamente abiertos, sorprendido por la velocidad de Geki, quien sitúa su puño derecho cerrado frente a su estómago.



¡¡¡CORNADA SALVAJE!!!



Un intenso y fugaz destello dorado da paso a una brutal explosión, saliendo Rolo despedido a toda velocidad como consecuencia, el cual es arrastrado decenas de metros por el violento golpe.


Rolo, sin dejar de toser repetidamente, escupe sangre por su boca, mientras se incorpora nuevamente, sorprendido ante el aumento de la velocidad y fuerza de Geki. Pero antes de que este pueda reaccionar, el caballero de Tauro, sin mostrar en su rostro la más mínima expresión, aparece nuevamente detrás de Rolo, golpeándole un fuerte golpe con el codo en las costillas, incrustándole de cabeza contra el suelo.


Con la intención de sorprender a Geki, Rolo trata de contra atacar desde el propio suelo, lanzando un potente patada, pero esta es bloqueada sin mucha dificultad por el caballero de Tauro, desconcertando aun mas a Rolo, que es agarrado ahora por la pierna.


- ¡Maldito bastar…! - exclama Rolo.


Antes de que Rolo sea capaz de completar la frase, Geki agarra y retuerce con fuerza su pierna, lanzándolo nuevamente por el aire, haciéndole girar sobre si mismo de forma violenta, para acabar estrellándose con fuerza contra el suelo.


Sin dar tregua alguna, Geki continúa con su intenso asedio físico contra Rolo, abalanzándose nuevamente contra este, lanzando un potente golpe con su musculoso brazo derecho, que, para sorpresa del caballero de tauro, Rolo logra bloquear y detener con ambas manos, a pesar de ser arrastrado hacia atrás por la fuerza del santo dorado.


- ¡Te pillé! ¡TOMA ESTO! - exclama Rolo.


Rolo responde golpeando a Geki con un fuerte puñetazo, lanzándolo por el aire hasta caer de espaldas sobre el suelo a varios cientos de metros, desprendiéndose el casco de oro de la cabeza de Geki, quedando tirado sobre la nieve y regresando la armadura de oro a su estado normal.


- Aunque tu velocidad y tu fuerza se han visto aumentadas, no te temo lo más mínimo, simplemente tengo que observarte luchar para equilibrar mis fuerzas a las tuyas. ¡No tienes nada que hacer frente a mi caballero! - exclama sonriente Rolo mientras empuña nuevamente su martillo.


Geki se incorpora sin dificultad, limpiándose con el puño la sangre que brota levemente de su labio manteniendo su serio rostro en silencio.


- Te crees invencible e invulnerable, y te regocijas en el poder que ese martillo te otorga, una herramienta que puede usarse para construir y proteger a otros, pero que tu has decidido emplearla para destruir y dañar a cuantos se interponen en tu camino… ¡Eso es algo que no estoy dispuesto a tolerar ni un minuto más! - responde con furia el toro dorado.


- ¡Jajaja! ¿A no? ¿Y qué piensas hacer al respecto? ¿Dime? ¡Me muero de ganas por saberlo! -


- ¡Voy a destruir tu precioso martillo! ¡Aunque para ello tenga que quemar hasta el último átomo de cosmos de mi cuerpo! ¡AAAHHH! - responde Geki.


El caballero de Tauro cierra con fuerza sus puños, a la vez que flexiona sus brazos y piernas, todo su cuerpo parece contraerse sobre si mismo mientras un gran cosmos crece y se intensifica cada vez mas en su interior.


- ¡AAAHHH! - exclama Geki haciendo estallar todo su cosmos.




A muchos kilómetros de allí, en el otro extremo del valle


Jabu yace inconsciente sobre la nieve con un brazo fracturado, cuando los pasos de alguien aproximándose hace que reaccione nuevamente, entre abriendo los ojos, encontrándose frente a él a Ígalo de Perseo, que lo agarra y lo levanta.


- Jabu, ¿Te encuentras bien? - pregunta el santo de plata.


Tan pronto Jabu recupera la orientación y se asienta sobre sus piernas, sin mediar palabra alguna, golpea con rabia un fuerte puñetazo a Ígalo en la cara derrivandole contra el suelo.


- ¿¡Pero que demonios haces?! - exclama contrariado Ígalo.


- ¡¿Dónde narices estabas?! ¡Tus ordenes eran venir a Asgard junto a Galo, Sigmund y yo! ¡Y en cambio desapareciste por completo! ¡Seguro que fuiste a Brasil en busca de Vada! ¡¿Acaso me equivoco?! - estalla el santo del Unicornio con rabia y con los ojos vidriosos.


Ígalo se percata del fino hilo tembloroso en la voz de Jabu, que éste trata de ocultar, mientras sus ojos reflejan la pena y la tristeza. Comprendiendo entonces su error.


- Es cierto, desobedecí una orden directa del Patriarca, y en vez acompañaros, decidí ir por mi cuenta hasta Brasil en busca de respuestas. -


Jabu, que alzaba su puño para golpear de nuevo a Ígalo, se detiene, cuando éste se arrodilla frente a él para su sorpresa.


- Actué de manera egoísta, y eso es algo que hasta la propia Vada desaprobaría… por favor… Jabu… ¡Perdóname! ¡He faltado a mi deber como caballero por primera y ultima vez! - responde avergonzado Ígalo.


Jabu, al ver que las palabras de Ígalo son sinceras de corazón, baja su puño, extendiéndole por el contrario su mano para ayudarle a levantarse junto a él.


- Dime al menos, ¿Obtuviste la información que andabas buscando? ¿Encontraste a Vada? - pregunta en tono más calmado Jabu.


- No… Para mi desesperación… no encontré rastro alguno de Vada ni pistas que seguir por ningún lado, llegué hasta el lugar del combate, según como nos contaron Shakkiri, Emma y el nuevo, Joao. -


- ¿Y? -


- Realmente… No tengo palabras para describir la imagen que encontré… jamás había visto semejantes estragos causados por un combate… Por lo que vi, cualquiera afirmaría que Vada esta muerta, pero algo en mi corazón me dice que no es así. Además, fui recibido por la actual regente de la tribu Bora, Anári, la cual me atendió amablemente, pero ella tampoco pudo darme las respuestas que buscaba… - responde entristecido Ígalo.


Jabu, coloca su brazo sano sobre el hombro de Ígalo, haciendo que este alce la mirada, encontrándose con una afable sonrisa por parte del santo del unicornio.


- Si tu corazón te dice que Vada sigue viva, es que lo está. Antes o después os encontrareis, ¡Ya lo verás! -


Ígalo sonríe levemente agradeciendo las palabras de animo de Jabu, y rápidamente se percata de que uno de sus brazos esta fracturado, además de mostrar su armadura claros y evidentes signos de una dura lucha.


- Dime Jabu, ¿qué ha pasado aquí? ¿Dónde están Galo y Sigmund? -


El rostro de Jabu se torna serio, mientras baja la mirada tristemente.


- Nos vimos inmersos en una escaramuza con duros rivales, a los cuales se les unieron otros posteriormente, Galo y yo combatimos contra dos de ellos, un guerrero divino superviviente de la anterior generación apareció por sorpresa, y mantuvo un duelo singular con otro de nuestros enemigos, y finalmente, Sigmund y su compañero Heracles mantuvieron un tercer duelo frente a otro duro rival… -


- ¿Y que ha sido de ellos? -


- Galo se sacrificó… llevándose consigo a su rival y salvándome la vida… - murmura entre lágrimas Jabu.


- ¡¿Qué?! - exclama Ígalo.


- Poco después, el cosmos de Bud de Alcor también desapareció junto al de su rival, y, por último, están Sigmund y Heracles cuyo final desconozco al encontrarme inconsciente. - finaliza Jabu.


- Entiendo… Hace poco, mientras llegaba hasta aquí, percibí como un intenso cosmos, aunque desconocido, se desvanecía por completo, pero poco después, otro enorme y poderoso cosmos se desataba en el mismo lugar. Aunque no tiene sentido alguno, estoy convencido de que se trataba del cosmos de un caballero de oro. -


- ¡¿Qué?! ¿¡Estas seguro de eso?! - exclama sorprendido Jabu.


Ígalo aguarda en silencio durante unos instantes.


- Totalmente, después de ver a Vada en acción en la cascadas de Rozan, estoy convencido de que, sin duda, se trataba del cosmos de un caballero dorado. - zanja Ígalo.


- ¡¿Y a que esperamos para ir hasta allí?! - exclama Jabu ansioso de respuestas.


- ¡EH VOSOTROS! - interrumpe una voz.


Jabu e Ígalo, observan como dos siluetas caminan en la distancia, dirigiéndose hacia su encuentro.


- ¡Deben de ser mas enemigos! - exclama Jabu.


- ¡Jabu déjamelos a mí! ¡Tu ya has hecho bastante y además no estas en condiciones de luchar! - exclama Ígalo que se posiciona delante de su compañero y cuyo cosmos comienza a elevar.


- ¡TRANQUILOS CHICOS! - exclama una voz femenina oculta bajo la segunda túnica.


- ¡Debe ser una trampa! ¡Pero no caeré tan fácilmente! ¡AAAHHH! - exclama Ígalo lanzándose al ataque.



¡¡¡CABEZA DEMONIACA DE LA GORGONA!!!



El ataque sale directo contra ambos sujetos, los cuales, sin elevar su cosmos, ni hacer ningún tipo de movimiento, simplemente se limitan a esquivar el ataque de Ígalo separándose el uno del otro.


- ¡¿En serio?! ¡¿Pero de que van estos tíos?! - exclama la voz masculina, molesta por el ataque de Ígalo.


- ¡Cálmate hermano! Sorrento nos ordeno buscar supervivientes y llevarlos al templo marino y eso haremos. - responde la voz de mujer.


- ¿¡Sorrento?! ¡Espera Ígalo! ¡Detente por favor! - exclama Jabu, deteniendo un segundo ataque de Ígalo al escuchar ese nombre.


- ¿Has dicho Sorrento? ¿Te refieres al general marino Sorrento de Sirena? - pregunta directamente Jabu.


- ¡Así es! ¡Por fin habéis entrado en razón! - exclama la voz masculina.


Ambos sujetos se unen nuevamente, situándose a escasos metros de ambos santos.


- Vosotros sois caballeros del Santuario, ¿No es así? - pregunta la mujer.


- ¡Así es! ¡Yo soy Ígalo, santo de plata de Perseo, y el es Jabu, santo de bronce del Unicornio! ¿¡Quienes sois vosotros?! -


- ¡Esta bien! ¡Si os calmáis de una vez nos presentaremos formalmente! - exclama la voz masculina.


Tras unos instantes, ambos sujetos finalmente se descubren.


Un hombre de piel oscura, ojos negros y cuyo cabello cuelga de su espalda en forma de trenza, porta una armadura de tonos azulados adornada con ribetes dorados que le cubre completamente desde el cuello hasta los pies, portando un semi casco en forma de mascara adornada por dos medias lunas que salen de su zona frontal, acompañado de una enorme lanza en forma de tridente que porta a su espalda.


La mujer, también de piel oscura, y cuyos ojos negros son idénticos a los de él, viste también una armadura de tonos azulados y detalles dorados, con formas y representaciones de diversos animales, reposando en su espalda unas alas similares a las de un murciélago, y cuya mascara representa la cabeza de éste, adornada por dos coletas de color caoba que cuelgan por cada lado de su rostro.


- Esas armaduras… ¡Sois generales marinos! - exclama sorprendido Jabu.


- ¡Correcto! Soy Masara de Escila, general del Pacifico Sur, y este de aquí es mi hermano mellizo, Merer de Crisaor, general del Océano Indico. -


- Antes has dicho que Sorrento os ha enviado aquí. - responde Ígalo.


- ¡Ah si! Se me olvidada. Hemos venido hasta aquí por orden de Sorrento de Sirena, en busca de información y supervivientes si los había, dado que en el Templo Marino estaban al tanto de la misión que os trajo hasta aquí. Decidme, ¿Sois vosotros los únicos que quedáis? - pregunta Masara.


- Había más guerreros… Pero es difícil saberlo a estas alturas… - murmura Jabu cabizbajo.


Merer observa las heridas que Jabu tiene en su brazo, y se aproxima a él.


- Déjame echarte un vistazo, en tus condiciones el viaje hasta nuestro destino te será duro. - interviene el general marino.


- ¡¿Oye pero que haces?! - exclama Jabu al ver como Merer le agarra el brazo y comienza a observarlo detenidamente.


- ¡Relájate! Aunque nuestro experto médico es el maestro Aráis, mi hermano posee también ciertas habilidades curativas, serán suficientes por ahora. Mas que quejarte deberías estar agradecido. - responde Masara.


Tras aplicarle ciertos tratamientos, Jabu comienza a mover nuevamente su brazo asombrado.


- Gracias general. - responde amablemente.


- ¡No hay de que! ¡Es hora de ponerse en marcha! - responde Merer.


Los cuatro se agrupan, y cuando se disponen a ponerse en marcha cuando una colosal fuerza estalla, alertando rápidamente a Jabu que reconoce de inmediato el cosmos.


- ¡Otra vez ese enorme cosmos! - exclama Merer.


- Ese cosmos es de… ¡GEKI! - exclama Jabu dirigiendo la mirada hacia el punto de origen de la explosión.


- ¡¿Pero a dónde vas!? - exclama Masara.


La general marina observa con sorpresa como Jabu reacciona al sentir el enorme cosmos de Geki y sin pensárselo dos veces, sale rápidamente corriendo a su encuentro, instantes después, Ígalo decide hacer lo mismo, siguiendo los pasos de su compañero.


- ¡Estos caballeros del Santuario están locos! - exclama nuevamente Masara que no logra alcanzar a comprender lo que implica esta situación para Jabu.


- ¡Hermana! ¡Vayamos tras ellos! No hay duda de que todavía se está librando un combate en estas tierras, y, además, tengo curiosidad por saber a quien pertenece un cosmos como ese. - responde Merer.


- ¡Está bien…! Al menos recopilaremos algo más de información. - responde resignada.


- ¡Pero no pienso entrar en combate de ningún modo! ¡No he venido para eso! - zanja definitivamente la joven, saliendo a la carrera junto a su hermano tras los pasos de los dos caballeros de Atenea.


Jabu mas que correr, galopa desesperadamente tratando de llegar lo antes posible hasta donde se encuentra su amigo, a medida que se aproxima, siente como el suelo tiembla y vibra con mas intensidad debido a los golpes y colisiones que se suceden en la batalla que mantiene el caballero de Tauro.


- ¿¡Pero ¡¿qué diablos estará pasando?! Tengo la certeza de que se trata sin duda del cosmos de Geki… pero… ¡¿este nivel?! ¡Jamás lo imaginé! ¡¿A quién se debe de estar enfrentando para que se desarrolle semejante batalla?! - se repite en la cabeza de Jabu una y otra vez.


Jabu muestra una leve sonrisa al encontrarse próximo a alcanzar su destino cuando de pronto…



¡¡¡GRAN CUERNO!!!


¡¡¡AVALANCHA ARROLLADORA!!!



¡¡¡BOOOM!!!

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