Capítulo 01. Nuevos horizontes
- Carlos Moreno
- 26 feb 2022
- 9 Min. de lectura
Ha pasado casi un mes desde que en el Santuario se librara el violento combate en el que Atenea, Seiya y Shun, se enfrentaron a Cronos y sus temibles fuerzas, y en la que, en el último momento y por sorpresa, intervino en favor de Atenea, el mismísimo rey del Olimpo, Zeus.
Aunque por suerte Atenea no tuvo que lamentar la muerte de ninguno de sus caballeros, el Santuario en sí, sufrió las devastadoras secuelas de una batalla de tal magnitud, como resultado, el palacio del Atenea quedo prácticamente en ruinas, y las casas de Piscis, Acuario, Capricornio y Sagitario fueron destruidas por completo.
Durante este tiempo, todos los caballeros han contribuido en las labores de restauración, a la par de seguir entrenando mientras Atenea y el Patriarca ultiman los pasos a seguir en lo que será una cruda batalla.
Coliseo
- ¡Vamos! ¡Más rápido! ¡Estáis acabando con mi paciencia! - grita Mirari de Piscis mientras lanza continuamente sus rosas demoníacas.
- ¡Cálmate un poco! ¡Te lo estás tomando demasiado en serio! - clama un exhausto Nachi mientras trata de esquivar las venenosas rosas.
- ¡Esta mujer está loca! - comenta Ichi con la lengua fuera, jadeando.
- Alguien debería recordarle que solamente es un entrenamiento… ¡No puedo con mi alma! - exclama agotado Ban del León.
- No cambiará jamás… Todo se lo toma demasiado enserio…- susurra Catrina sonriendo.
En las gradas del coliseo, Catrina del Loto observa sentada desde una sombra la cual oculta su presencia como su maestra somete a un entrenamiento que podría considerarse sádico a los tres caballeros de bronce. Cuando alguien se le aproxima por detrás.
- Esta niña cada vez me cae mejor… En el fondo se parece a mí hace unos años, no permitía errores y los fallos los castigaba severamente. - comenta Shaina de Escorpio que se sienta a observar junto a Catrina.
- Bueno… En el caso de mi maestra… Se podría decir que disfruta enormemente humillando a los hombres. - responde Catrina.
- Dime, ¿Cómo os conocisteis tú y Mirari? -
- Desde niña, viajaba junto a mis padres por el mundo, ya que ellos eran fotógrafos profesionales, estando en Brasil, se encontraron con algo que no debieron ver… y ambos pagaron las consecuencias…-
- ¿Asesinaron a tus padres? - pregunta una sorprendida Shaina.
- Así es… los mismos traficantes que mataron a mis padres, fueron tras de mí, yo me adentre en la selva, intentando escapar de ellos, pero resultó inútil. Fue cuando conocí a Mirari. Pertenecía a una importante tribu guerrera del Amazonas, y pese a estar sola frente a todos ellos, acabo con todos en un instante. -
- ¿Ella te salvo? -
- No solo me salvo en aquel momento, ella también había sido huérfana, de modo que me llevo con ella a su tribu, donde me acogió y me crio. Hizo las veces de madre, aunque para mí siempre fue como una hermana mayor. -
- ¿Una amazona dices? Jamás pensé que Afrodita de Piscis tuviera una hermana, y menos que fuera una amazona. - comenta sorprendida Shaina.
- Era considerada como una de las guerreras más fuertes, y pese a haber sido adoptada también de niña por la tribu, todo el mundo le profesaba un profundo respeto. -
- ¿Y cómo acabo vistiendo la misma armadura que su hermano? -
- Eso… es largo de contar… te puedo decir… que ella siempre desprecio a su hermano por lo que fue como guerrero o caballero. Pero un día… nos encontramos con la propia armadura de Piscis en mitad de la jungla… se podría decir que la misma armadura vino en busca de Mirari. -
- ¿Fue en su busca dices? -
- No sé exactamente qué ocurrió, pero aquel día todo cambió, y poco después decidió abandonar la tribu para venir al Santuario, y yo… aunque no entendía del todo lo que pasaba, decidí permanecer junto a ella, tras un tiempo aquí en el Santuario, me convertí en santa tras haber sido entrenada por ella misma…-
Shaina observa con detenimiento la expresión de Catrina al contarle parte de la historia de la misteriosa Mirari, y comprendiendo que existe algo más profundo de lo que pensaba, decide dejar la conversación en este punto, dirigiendo su mirada nuevamente hacia el foso del Coliseo donde, Mirari se aproxima a los tres santos de bronce.
- Responderme a una cosa… Vosotros conocéis al caballero Seiya de Sagitario desde hace mucho tiempo, incluso antes de ser el caballero de Pegaso ¿no es así? - pregunta Mirari, causando cierta sorpresa en los tres de bronce.
- Así es. - responde firmemente Nachi que se pone en pie con gesto serio.
- Y no solo él, Hyoga, Shun, Ikki y el Patriarca Shiryu, todos ellos fueron huérfanos como nosotros, todos fuimos enviados a distintos campos de entrenamiento para ser convertidos en santos de bronce. - responde Ban.
- Incluso después de ser caballeros, todavía recuerdo como Hyoga me venció congelando por completo mi armadura. ¡Me humillo por televisión! - comenta Ichi.
- Mirari, ¿porque nos preguntas esto ahora? - pregunta Nachi.
- Guardad silencio y escuchad con atención. - responde la santa dorada.
Todos guardan absoluto silencio, y tras unos breves instantes, comienzan a escucharse en la lejanía, intensos golpes de lucha de alguien de fuera del Coliseo.
- ¿A quién pertenecen esos golpes? ¿Quién está luchando cerca del Coliseo? - pregunta Ban.
- Esos golpes, provienen de lo alto de las montañas, se trata de Seiya y de su discípulo Koga. - responde Mirari.
- ¿Seiya y Koga? Estando tan lejos y se pueden percibir sus cosmos… increíble. - susurra Ban.
- ¿Qué pretendes decirnos con todo esto, Mirari? - pregunta abiertamente Nachi.
- Es muy simple, conocéis a Seiya y a los demás desde que erais niños, Seiya jamás se rindió ante ningún obstáculo, no puso excusas por estar cansado o por estar herido, continuo siempre hacia adelante sin dudar, y ahora, hace eso mismo con el nuevo Pegaso. Si no sois capaces de avanzar, reconocedlo abiertamente, pero dejad de poner excusas tontas. -
Un silencio reflexivo invade a los tres veteranos santos de bronce, entendiendo por fin, porque Mirari les infringe tal entrenamiento extremo.
- Tienes razón, si queremos ser dignos compañeros de Seiya y los demás, no podemos parar aquí, debemos superar nuestros limites, cueste lo que cueste, aun a riesgo de nuestra vida. - afirma Nachi.
- ¡ES VERDAD! ¡No descansare hasta ser igual de fuerte que Hyoga! ¡La próxima vez yo le venceré a él! - exclama Ichi.
- ¡Mirari! ¡PREPARATE! Esta vez no contengas tus ataques. - exclama Ban.
- No es mi estilo contenerme…- murmura con una sonrisa Mirari.
- ¡HABER SI PUEDES CONTENER LA FUERZA DE TRES VETERANOS! - exclama Nachi.
¡¡¡AULLIDO DEL LOBO!!!
¡¡¡GARRAS DEL LEON!!!
¡¡¡CATA DE LA COBRA!!!
¡¡¡ROSAS DEMONIACAS!!!
Shaina sonríe, contenta, al observar la nueva determinación, con la cual los santos de bronce deciden continuar desde este instante.
Doce casas
Kiki de Aries abandona su casa tomando las largas escaleras que conducen hacia el corazón del Santuario, tras cruzar la casa de Tauro, llega a la entrada de la tercera, la de Géminis, donde cobijado a la sombra, permanece Kanon apoyado sobre una columna, con los ojos cerrados.
Al escuchar los pasos de aproximación de alguien hacia su casa, abre éstos rápidamente, encontrándose ante él al Santo de Aries.
- ¡Kiki! ¿Qué trae hasta mi casa? -
- ¡Hola Kanon! Me dirijo hacia la novena casa, para supervisar la reconstrucción. -
- Entiendo… El enemigo reuniendo tropas y haciéndose más fuerte cada día que pasa y nosotros aquí jugando a las casitas…- exclama Kanon pulverizando de un puñetazo la columna en la que se encontraba apoyado.
- Dime Kanon, ¿En qué piensas? -
- ¿Porqué el Patriarca y Atenea tardan tanto en decidir qué hacer? ¿Por qué no nos ordenan de una vez lanzar un ataque contra nuestros enemigos? ¿Acaso tú no te has hecho las mismas preguntas? - pregunta molesto el caballero de Géminis.
- Es cierto que se están tomando su tiempo, pero estoy seguro de que todo tiene un motivo y llegado el momento lo comprenderemos. Recuerda las palabras de Seiya, antes de que actuemos tanto el cómo Shun nos darían todos los detalles acerca de las Kamuis. - responde el caballero de Aries.
- En eso tienes razón…- responde pensativo Kanon.
- Además, tengo entendido que el Patriarca te encomendó otra tarea. ¿Cómo te va lo de ser maestro? -
- ¿Isis? Lo cuestiona todo, no hace caso a nada, no respeta ninguna jerarquía ni muestra respeto ante nadie, por no hablar de esa lengua suya por la que suelta todo lo que se le pasa por la cabeza. ¡Es exasperante! - exclama Kanon.
-Entonces te cae bien, ¿No? -
- Inevitablemente… si, así es. Pero también hay cosas que me inquietan en esa chiquilla…- murmura Kanon.
- ¿Y dónde se encuentra ahora? -
- En la casa de Sagitario, junto a Geki… Será mejor que te apresures antes de que haga otra de las suyas. - responde Kanon, dando por terminada la conversación.
Kiki, sonriente, asiente con la cabeza mientras se despide del caballero de Géminis y prosigue su ascenso por las casas. Tras cruzar la cuarta casa, la de Cáncer, su vista alcanza la quinta, la de Leo, donde observa numerosos daños y desperfectos, no tarda en escuchar un fuerte escándalo, proveniente de Ikki y Edén, los cuales entrenan sin armadura a la entrada de la casa de Leo.
Ante la llegada del caballero de Aries, tanto Ikki como Edén hacen caso omiso a su presencia, permaneciendo concentrados el uno en el otro, tras observar brevemente su entrenamiento, Kiki los deja atrás continuando su camino, atravesando las casas de Virgo y Libra, donde siempre imponente permanece la armadura de Libra en su interior.
Tras cruzar la octava, Kiki toma las escaleras que le conducen hacia la casa de Sagitario, donde poco tarda en escuchar voces discutiendo airadamente.
- ¡Esto es un rollo! ¡Me aburro mucho! ¿Por qué no nos vamos al Coliseo un rato y entrenamos de verdad? - exclama una voz femenina.
- Pero ¡¿quién te has creído que eres?! ¡Maldita mocosa! ¡Harás lo que se te ordene y punto! - se oye la voz de Geki gritar.
-La tarea de reconstruir los templos es cosa de todos, incluidos los santos de oro como tú. - replica una tercera voz.
- ¡Me parece muy bien todo lo que digáis! Pero poner piedra sobre piedra ya me tiene harta. Tal vez debería ir en busca de mi maestro a ver si tiene ganas de un combate…-
En mitad de la discusión, Kiki llega hasta ellos.
- ¡Kiki de Aries! ¿A que tú sí que lucharas conmigo a modo de entrenamiento? -
- ¡ISIS! ¡Maestro Kiki para ti! ¡Que modales son esos! - vocifera Geki dándole un fuerte capón en la cabeza a Isis.
- ¡Ay! ¡Pero que bruto eres Geki! - exclama Isis rascándose en la cabeza donde Geki le ha golpeado.
- ¡Kiki! ¿Qué te trae hasta aquí? - pregunta el caballero de Tauro.
- Hola Geki, vengo a ver como lleváis la reconstrucción del templo de Sagitario. -
- ¡Muy aburridamente! - salta nuevamente Isis lo que molesta enormemente a Geki y provoca la risa en Kiki.
- Casi hemos terminado. - responde Geki.
- Perfecto. - responde Kiki.
- Dime, si tanto tú como yo estamos aquí, ¿Quién protege las dos primeras casas? - pregunta el toro dorado.
- Safiya se encuentra junto a Niobe en la casa de Aries terminando de reparar las armaduras de la Lira y del Unicornio. – responde sonriente el santo dorado.
Casa de Aries
- ¡Va Safiya! ¡Termina ya! ¡Estas tardando mucho! - se queja Niobe.
- ¡Voy lo más rápido que puedo! Y sino, ¡No haber roto tu arpa! - le responde Safiya.
- ¡Eso ha sido un golpe bajo! - le reprende nuevamente Niobe.
Safiya se levanta y se gira, dirigiendo seria su mirada hacia Niobe, que también hace lo mismo con Safiya. Tras unos minutos, ambas estallan a carcajada limpia, mostrando el buen humor que mantienen entre sí. Mientras Jabu apoyado en una columna, duerme como si nada.
De pronto, una repentina y misteriosa presencia a las puertas de la casa de Aries rompe el buen ambiente.
- Alguien se acerca a la entrada de esta casa. Y no logro reconocer de quién se trata. - dice Safiya muy seria.
- ¿Cómo dices? No he sentido ningún cosmos próximo a nosotras, y menos alguien extraño. - pregunta sorprendida Niobe.
- Es algo muy extraño…- murmura muy seria Safiya.
- ¡Safiya espera! - exclama la santa de la Lira.
De manera abrupta, Safiya suelta las herramientas que sujetaba en sus manos y sale a toda velocidad dirigiéndose hacia la entrada del templo, dejando atrás y estupefacta a la propia Niobe y Jabu que se despierta de manera brusca.
Cuando los rayos del sol alcanzan en el exterior a Safiya, comprueba como efectivamente, una persona cubierta de arriba abajo por una especie de toga se encuentra de pie, ante la entrada de la casa de Aries.
- ¡Alto! ¿Quién eres y que haces aquí? - se apresura Safiya interrogando al extraño.
Tras las palabras de Safiya, solo el sonido del viento que corre entre ambos se escucha.
- ¡Te he hecho una pregunta! - insiste la santa de Altar.
Tras una leve y tenue risa oculta bajo los extraños harapos que porta el extraño…
- Dime… ¿Dónde se encuentra el guardián de esta casa…? ¿Dónde se encuentra el poderoso caballero de oro de Aries? - pregunta el extraño visitante.
Sorprendida ante las preguntas del extraño, a la impulsiva santa de plata se le agota rápidamente la paciencia, y ante la negativa del extraño para identificarse decide pasar a la acción.
- Lamentaras haber venido hasta aquí… ¡PREPARATE! - estalla furiosa Safiya que se prepara para el combate.
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