Capítulo 24. Preludio de batalla
- Carlos Moreno
- 16 abr 2022
- 11 Min. de lectura
Grecia
Han pasado 5 días desde que Shakkiri, Emma y el joven Joao salieron en barco desde Brasil de regreso hacia Grecia y el Santuario, tratando de pasar inadvertidos ocultos en un barco carguero tratando así de llamar la atención y de evitar encontrarse con algún servidor del titán Cronos, lo que les podría retrasar más en su misión por llevar el agua de Lázaro a Trémino, el santo de plata cuyo sino desconocen.
- ¡Por fin llegamos! ¡Démonos prisa! ¡No podemos perder ni un solo segundo! - exclama Shakkiri que baja del barco de un salto.
- Joao, ahora nos dirigiremos hacia el Santuario, no te detengas por nada, las explicaciones vendrán después. - responde Emma.
- ¡Muy bien! ¡Adelante! - responde Joao animado algo mas al llegar finalmente a Grecia.
Los tres santos salen a toda prisa, cruzando y dejando atrás la inmensa y densa ciudad de Atenas en poco tiempo.
- Dime Emma, ¿Dónde se encuentra el Santuario? – pregunta curioso Joao sin detener la marcha.
- El Santuario se encuentra varios kilómetros mas hacia el interior, situado entre varias montañas, y protegido por una barrera, invisible a la vista de los humanos normales. Solo unos pocos pequeños pueblos a su alrededor que sirven al Santuario y que se encuentran bajo la protección de éste conocen su ubicación y su existencia. – responde Shakkiri que prosigue la marcha en cabeza portando el recipiente que le entrego Anári.
Los tres santos siguen la marcha apresuradamente, y finalmente, tras varios kilómetros de carrera sin descanso, divisan un enorme y antiguo arco de piedra, sujetado por dos gruesas y grandes columnas de piedra.
Santuario
- Joao, el arco de piedra que acabamos de atravesar marca el comienzo del territorio del Santuario. – le explica Emma con una sonrisa mientras Joao asiente siguiendo su estela.
Tras caminar unos kilómetros más entre pasadizos estrechos de roca, Joao alza la mirada, asombrado al divisar las primeras construcciones, y donde al fondo del todo, divisa una larga senda de escaleras en la montaña, la cual, posee doce templos de piedra en el camino de ésta.
Tras la última de estas casas, el joven observa como el camino conduce hacia un enorme palacio, y situado a un lado tras éste, una enorme estatua de piedra corona todo el valle desde lo más alto.
Mientras Shakkiri continúa a paso firme la marcha, Emma se sitúa junto a Joao, el cual, inevitablemente reduce sin querer la marcha al observar el Santuario por primera vez.
- Aquello que ves, son las doce casas de los caballeros de oro, las cuales custodian el acceso hasta el palacio del Patriarca. Y la estatua que tanto miras es la de la propia Atenea. -
- ¿Doce casas dices? – pregunta Joao.
- Así es, es la zona mas profunda y de difícil acceso incluso para los propios caballeros, ya que es donde Atenea reside. Ahora atravesaremos el cementerio, donde reposan los caballeros desde la era mitológica. Tras éste, diversas zonas y campos de entrenamiento, hasta llegar finalmente al Coliseo, el cual, se encuentra poco antes de llegar a la primera de las doce casas. – termina por explicar Emma.
- ¡ALTO! ¡DETENEROS DE INMEDIATO! - les asalta una voz femenina.
La figura de una mujer descendiendo de los riscos hasta interponerse en el camino de los tres hace que éstos se detengan. Cuando ésta se aproxima, Shakkiri la reconoce inmediatamente.
- ¡Safiya! – exclama Shakkiri.
- ¿Shakkiri? ¡¿Pero qué te ha pasado?! – pregunta ésta observando el deplorable estado en el que se encuentra la armadura del Pavo Real.
- Es una larga historia para contártela ahora, venimos de Brasil con la cura para Trémino. -
- ¿Quién es ese que viene con vosotras? – pregunta nuevamente refiriéndose a Joao, el cual se sonroja al ver la belleza de la joven Safiya.
- ¡Las explicaciones para después Safiya! ¡No podemos perder ni un segundo! –
- El maestro Hyoga nos puso al tanto de la situación… salvo de, lo que le ha pasado a tu armadura. –
- Safiya de verdad, luego te lo cuento todo. – insiste Shakkiri.
- No te preocupes, he venido a vuestro encuentro a petición de mi maestro Kiki, el cual os esta esperando a las puertas de su templo. ¡Deprisa, agarraros todos a mí! –
- ¡Joao! ¡Vamos! ¡Agárrate a mi de inmediato! – exclama Emma.
Una vez todos están unidos físicamente a Safiya, ésta se teletransporta hasta la entrada de la casa de Aries, donde Kiki de Aries y Geki de Tauro les aguardan. Conforme aparecen ante ellos, Joao, que es la primera vez que experimenta la teletransportación, cae de culo contra el suelo, lo que provoca la risa de Geki.
- Maestro Kiki, regresamos con un remedio para Trémino, ¿Dónde se encuentra? –
- Esperábamos vuestro regreso desde hace días, Trémino se encuentra en la casa de Piscis bajo los cuidados de Catrina, Safiya, llévala de inmediato hasta allí. - responde Kiki.
- ¡De inmediato! ¡Agárrate peque! – le responde Safiya a Shakkiri.
En un abrir y cerrar de ojos, Safiya y Shakkiri se desvanecen en el viento, ante la mirada de asombro de Joao, el cual no entiende ni asimila todo lo que está ocurriendo.
Kiki se aproxima hasta el joven, y tendiéndole la mano, ayuda a éste a incorporarse.
- Me llamo Kiki de Aries, dime, ¿Tu quien eres? – le pregunta.
- Me… me… me llamo Joao, caballero de bronce el Tucán… ¿Eres un caballero de oro como Vada? - le pregunta observando la reluciente armadura de Aries.
- ¡Así es! Y yo soy Geki, el caballero de oro de Tauro. - interviene éste presentándose.
- Mu… mucho gusto…- responde algo intimidado Joao.
Kiki, que no ha pasado por alto el estado lamentable en el que se encontraba la armadura de Shakkiri, observa como también la de Joao, muestra numerosos daños, mientras que la de Emma, permanece inmaculada.
- Emma, ¿qué ha ocurrido? ¿Dónde están Merino, Mirari y Vada? – le pregunta a la joven pupila de Hyoga.
- Pues… sinceramente, han pasado muchas cosas…- murmura Emma mirando hacia el suelo con gesto de vergüenza.
Antes de que Emma pueda siquiera comenzar a explicar lo sucedido, un enorme cosmos que deja inmóvil al propio y novato Joao emerge.
- Kiki, lleva de inmediato a la joven Emma y al nuevo santo de bronce hasta Atenea, el Patriarca y los demás les están esperando. - interviene la voz de Shun en el interior de Kiki.
- De acuerdo maestro. – responde Kiki de forma telepática mientras dirige su mirada hacia la casa de Virgo.
- Geki, quédate aquí hasta que regrese. - espeta Kiki mientras agarra a Emma y a Joao y desaparecen.
- ¿Porque todos dais todo por sentado? Ni un por favor… Ni un gracias… ¡Vaya modales tienes Kiki! – airea Geki mientras se apoya en una columna con los brazos cruzados y hablando solo.
Sala del Patriarca
Kiki, Emma y Joao se teletransportan nuevamente hasta la sala del Patriarca, en donde Emma tiende la mano a Joao antes de que este se caiga de culo ante la propia diosa Atenea. Joao sonríe a modo de agradecimiento a Emma, cuando tras ésta, divisa dos nuevas siluetas doradas, las cuales custodian entre ellas a Shiryu, Patriarca del Santuario, y a Atenea, que se encuentra sentada en su sillón. Se trata de los caballeros de oro de Sagitario y de Acuario, los cuales serios, observan como Kiki y el resto se acercan.
- Bienvenidos a casa. – responde con una cálida y gentil voz Atenea.
Kiki y Emma inclinan la cabeza a modo de reverencia, y acto seguido Joao hace lo mismo.
- Bien, ahora que habéis regresado con el antídoto para el santo de plata, infórmanos de lo sucedido Emma. – interviene Shiryu.
- Disculpad mi intervención Patriarca, pero antes de eso, quisiera saber dónde están las santas de Libra y Piscis, y porque no han regresado con vosotros. – interviene Kiki respetuosamente.
- Umm… Tienes razón… está bien Emma, cuéntanos lo que ha ocurrido y donde se encuentran los demás caballeros que fueron a Brasil. – responde Shiryu.
Emma, con cierto tono de tristeza en los ojos, toma aire, y con calma y todo detalle, narra lo sucedido en el Amazonas, la perdida de la joven Vada, el sacrificio de Merino del Lagarto y como a petición de la propia Mirari, dejaron a ésta atrás, luchando ella sola.
Tras unos minutos de silencio, asimilando todo lo que Emma iba contando, Kiki interviene nuevamente.
- Por lo que nos has contando, habéis librado una batalla muy dura frente a unos rivales claramente superiores a vosotros… entonces… dime… ¿Cómo es que la armadura de Shakkiri está hecha añicos completamente, la de este chico también muestra severos daños y en cambio la tuya, la que antaño perteneció a tu maestro, la armadura del Cisne, no muestra ni un solo arañazo? –
- Francamente… no se exactamente… como explicarlo… - susurra dudosa Emma.
- ¡FUE GRACIAS AL SEPTIMO SENTIDO! – interviene Shakkiri que se aproxima desde la entrada.
Las palabras de Shakkiri causan sorpresa en los rostros de Seiya, Shiryu, Kiki e incluso en el frio rostro de Hyoga.
- ¿El séptimo sentido dices? – pregunta Seiya sorprendido.
- ¡Así es! - responde nuevamente Shakkiri que ya se sitúa junto a los demás.
- ¿Puedes explicarte mejor? - pregunta intrigado Shiryu.
- Emma, Merino y yo le hacíamos frente con todo a esa tal Alexia, la cual, poseía un poder igual al de un caballero dorado. En un ultimo intento los tres atacamos con todo, pero Alexia era muy superior a nosotros, y con una de sus técnicas mas destructivas, nos venció a los tres, destruyendo casi por completo nuestras tres armaduras, fue entonces… -
- ¡¿Entonces qué?! - pregunta insistente Seiya.
- Alexia iba a matarnos uno por uno, empezando por Emma, ya que ella era la discípula del caballero que acabo con su hermana pequeña, Ahísa. Cuando se disponía a lanzar su ataque, Merino se interpuso en medio, sacrificando su vida a cambio de la de Emma… -
- ¿Alexia mató a Merino en vez de a Emma? – interviene por primera vez Hyoga.
- Si, yo estaba lejos, pero lo pude ver todo… pude ver como Merino moría salvando a Emma delante de ella, y después de esto… ocurrió algo que jamás imaginé. -
- ¿A qué te refieres? - pregunta Kiki.
- El cosmos de Emma, ya casi agotado y extinto por las heridas y la dura batalla, comenzó a emerger de manera distinta, su cosmos se mostraba mas puro e intenso que nunca, aunque resultaba imposible, ella empezó a moverse nuevamente, y a cada paso, su cosmos se acrecentaba más y más, y éste ante mi sorpresa, comenzó a cambiar. -
- ¿Qué quieres decir con cambiar? - pregunta Hyoga interesado.
- Pues, el cosmos frio y blanco de Emma, empezó a volverse mas gélido y frio que nunca, y su aura comenzó a cambiar, tornándose poco a poco en un aura dorada, por un momento llegue a pensar que se trataba de la intervención de un santo dorado. Su armadura, hecha trizas comenzó a regenerarse progresivamente, a medida que su cosmos seguía elevándose, pero ésta, era de color dorado, idéntica a las armaduras de oro. -
- ¿¡Que?!- exclama Hyoga.
- Con un cosmos fuera de lo común, y fuera de sí, Emma fue capaz ella sola de golpear y derribar por primera vez a Alexia, utilizando la Ejecución de la Aurora del maestro Hyoga de Acuario. - termina por explicar Shakkiri.
- ¿¡Que has dicho?!- exclama sorprendido Hyoga.
- ¿Pretendes decir que Emma realizó la técnica suprema del caballero de Acuario? - pregunta Seiya.
- Así fue, tras el ataque, Emma se desplomó inconsciente debido al sobre esfuerzo realizado, pero no me cabe duda que si logró tal cosa, aunque fuera por unos breves minutos, fue gracias a que despertó el séptimo sentido. –
Tras las palabras de Shakkiri, un frío silencio ocupa la sala.
- Con vuestro permiso, Patriarca, desearía partir de inmediato hacia Brasil en busca de Vada o de más información acerca de lo que le ha sucedido. - interviene súbitamente Ígalo, haciendo acto de presencia en la sala.
- Ígalo, sé que te une una estrecha amistad a Vada, pero… tras ver como quedó la zona de la batalla… El último ataque de Vada arrasó completamente con todo en varios kilómetros a la redonda… y no pudimos encontrar nada de ella… ni de sus adversarios… lo siento… - le responde en voz baja Emma.
- ¡Me niego a creer que Vada haya caído a las primeras de cambio! ¡Es mas dura de lo que os imagináis! Patriarca, os lo suplico, permitirme marchar de inmediato. -
- Me temo que no puedo permitir tal cosa… - murmura pensativo y serio Shiryu.
- ¿¡Como?! ¡¿Acaso valoráis tan poco la vida de aquella a la que no hace tanto le cedisteis vuestra propia armadura?!- exclama Ígalo exaltado.
Antes de que Shiryu pueda responderle nuevamente, Ígalo es derribado súbitamente por un golpe en su estómago, procedente del puño de Seiya, el cual, ni siquiera se ha movido de su sitio para ello.
- ¡¿Cómo te atreves ha dirigirte así al Patriarca?!- exclama malhumorado Seiya.
- Seiya, tranquilo, no es necesario eso. - responde tranquilo Shiryu bajando el puño de Seiya.
Ígalo se reincorpora con cierta dificultad, tosiendo repetidamente tras el fugaz golpe que el caballero de Sagitario le ha asestado.
- Ígalo, escúchame, entiendo cómo te sientes, pero como caballero debes comprender que en una guerra hay bajas, aunque estas nos pesen enormemente en el corazón. Y aunque Vada siguiera con vida, no sabemos dónde se encuentra, y por encima de todo, estamos en una guerra que perderemos si nos dejamos llevar por las emociones. -
- Aun así… yo… - murmura nuevamente Ígalo que no termina de aceptar la decisión del Patriarca.
- ¡Mira que eres terco! - exclama nuevamente Seiya que lanza nuevamente un golpe contra el santo de plata.
Ígalo observa esta vez como un destello dorado se concentra en el puño de Seiya y este sale lanzado contra él, pero cuando este va a alcanzarlo, un aura dorada bloquea el golpe, protegiendo al propio Ígalo para sorpresa de Seiya.
Seiya se enoja más y se dispone a repetir el ataque a más intensidad, cuando…
- ¿Por qué discutís como niños por asuntos tan triviales? Un caballero de oro como tú, Seiya, debería dar más ejemplo, y un santo de plata no debería rebatir las órdenes del Patriarca. -
- ¡Maldita sea Shun! ¡Sigue con tu meditación y no te metas en esto! - exclama furioso.
- Seiya, cálmate y escúchame. -
Tras esta breve intervención y conversación, converge la proyección astral de Shun de Virgo, que permanece en su casa.
- ¡Shun! ¿A qué se debe tu intervención? - pregunta Shiryu.
- Escuchadme todos, todavía puedo percibir el espíritu de Vada de Libra en este mundo, pero ahora se encuentra en una senda cuyo recorrido debe hacer por sí misma. Al igual que la santa de Piscis, la cual está librando una batalla de los mil días, y en la cual también está luchando contra sí misma. Hay caminos que todos debemos recorrer solos. -
- ¿Vada sigue viva? - pregunta Ígalo.
- Vada vive, pero ahora debe decidir si desea vivir o desea morir. No puedes hacer nada por ella. Tu camino en cambio debe dirigirte al norte, a Asgard, allí encontraras tu propio camino. -
- ¿Asgard? ¿Qué has visto Shun? - pregunta Atenea preocupada, interviniendo por primera vez.
- Ese es el problema, no logro ver más allá de sus fronteras. -
- De acuerdo, enviaremos un escuadrón de inmediato. Shakkiri y Joao, permaneceréis aquí en el Santuario mientras Kiki repara vuestras armaduras. -
Shun asiente con la cabeza y se despide desvaneciéndose nuevamente su imagen astral.
Shakkiri y Emma se dirigen juntas hacia la casa de Piscis para seguir de cerca la evolución de Trémino.
Joao se gira dirigiéndose hacia Kiki, con gesto serio y melancólico.
- ¿Qué te ocurre? - le pregunta el santo de Aries.
- En Brasil, Vada me dijo que si venía con ella al Santuario me entrenaría y me formaría para ser un verdadero caballero… pero ahora que ella no está… ¿Qué será de mí? -
Kiki le observa, dedicándole una sonrisa.
- No te preocupes, ven conmigo. -
Mientras Kiki se lleva a Joao con él de vuelta a la casa de Aries. Únicamente se quedan en la sala Seiya, Shiryu, Hyoga y Atenea, los cuales debaten acerca de las palabras de Shun.
Casa de Aries
Geki, que se encuentra recostado sobre una columna roncando, se sobre salta cuando reaparecen nuevamente ante él Kiki y Joao.
- ¿Así es como proteges mi casa? - le pregunta con ironía Kiki.
- ¡Solo estaba descansando la vista un momento! - exclama Geki.
- Ya que siempre te quejas de que tienes tiempo libre, te harás cargo del joven Joao. -
- ¿¡Que?! ¡Otra vez dais las cosas por sentadas sin ni siquiera preguntarme! ¡Que falta de respeto hacia un caballero de oro como yo! - exclama mientras Kiki se ríe.
- Vada le prometió entrenarlo cuando regresaran aquí… - le susurra poniéndose serio.
- De acuerdo, yo me haré cargo del chico. Joao, acompáñame, empezaremos ahora mismo. - responde serio Geki mientras cruza la casa de Aries dirección a la de Tauro.
Templo de Cronos
Cronos, que reposaba desde el enfrentamiento con Atenea y Zeus, despierta nuevamente.
- Siento como mi fuerza crece día a día. Muy pronto estaré listo, y el Olimpo y la Tierra se someterán ante mí. -
- Mi señor Cronos, se presenta vuestro siervo Gulimi como solicitasteis. -
- Tengo un encargo para ti. Quiero que te infiltres en el Santuario y elimines a todos los caballeros posibles, sean del rango que sean… Recuérdales quienes somos y que su tiempo se acaba… -
- Con sumo gusto mi señor… iré de caza al Santuario... –
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