Capítulo 23. Doble promesa
- Carlos Moreno
- 16 abr 2022
- 10 Min. de lectura
Desde la distancia, Joao, Emma y Shakkiri presencian como el dragón dorado de Vada arrasa con todo a su paso, desatando la mayor destrucción y devastación que sus ojos han presenciado nunca.
Tras las explosiones, y una vez la tierra vuelve a la calma y deja de temblar, regresan apresuradamente hasta el lugar del combate, conscientes y sabedores de que tanto el cosmos de Vada como el de Caésar y Estirios se han desvanecido y desaparecido por completo.
Cuando finalmente, los tres llegan, sus ojos quedan abiertos y atónitos, en los cuales, lágrimas de tristeza no son capaces de contenerse, cuando observan como a sus pies todo a desaparecido por completo.
Un profundo y gigantesco cráter habita ahora a los pies de la montaña, un cráter el cual, comienza a inundarse de agua procedente de un rio cercano, creando así un nuevo lago en mitad de la selva.
Joao se muestra desolado ante la desaparición de la que iba a ser su guía y maestra en el Santuario, Shakkiri se aproxima a él, apoyando su mano sobre su hombro como muestra de duelo ante su pérdida. Emma se queda atrás, pensativa, con la mirada fija en la cristalina agua que ahora tiene frente a ella.
La aparente armonía no tarda en verse nuevamente alterada, cuando vuelven a sentir nuevamente los cosmos de Alexia y Mirari elevarse nuevamente, y la agitación en el agua que el choque de éstos provoca. Shakkiri inmediatamente mira hacia las alturas.
- Deberíamos ir a ayudarla. - murmura Shakkiri.
Las palabras de la santa de plata causan sorpresa en Joao.
- ¡¿Estas bromeando?! Apenas has salido con vida de allí y, ¿ahora quieres ir de nuevo? - le replica Joao.
- Tienes razón, apenas si hemos salido con vida, pero gracias al agua de Lázaro hemos recuperado todas nuestras fuerzas. Es un combate en el que dudo que una santa de oro sea capaz de superar sola. - responde Shakkiri.
- ¿¡Acaso el sacrificio de dos caballeros para salvarte la vida te parece poco?! ¿Es esta la inteligencia que se puede esperar de los caballeros que se supone, deben proteger la Tierra? - le reprende Anári apareciendo nuevamente por sorpresa.
- ¡Tu otra vez! - exclama sorprendida Shakkiri al encontrarse a Anári tras ellos.
Un incómodo vacío se hace entre ambas mujeres, donde únicamente el sonido de los golpes producidos por el combate en la cumbre interviene.
- Dime, ¿¡Acaso pretendes evitar que volvamos para enfrentar a tu hermana?!- le recrimina con actitud agresiva Shakkiri.
Anári observa fija y fríamente a Shakkiri, sin mediar palabra alguna, y sin que su rostro muestre pista alguna de lo que pasa por su cabeza, cuando Emma interviene.
- Partiremos los tres de inmediato hacia el Santuario. - zanja con actitud seria la joven santa del Cisne.
Esta vez, el rostro de Anári si muestra expresión ante las palabras de Emma, mostrando ahora una actitud más relajada.
- ¿¡Estas de broma Emma?!- le replica Shakkiri.
- Me caes bien, Shakkiri, pero estas siendo muy estúpida dejándote llevar de esa manera por tus emociones. - responde fríamente Emma.
- ¡¿Por mis emociones dices?! - pregunta sorprendida la santa del pavo real.
- Primero, hemos salido con vida de allí gracias precisamente a la intervención de Mirari, no sé qué te hace pensar que ella necesite de nuestra ayuda, y más cuando tu armadura está hecha añicos. Segundo, si estamos en pie, es gracias a que Anári nos entregó el agua de Lázaro, aquella por la que venimos en su busca para ayudar a Trémino. Y tercero, perdimos a Bastián, Merino se sacrificó por salvarme, y ahora parece ser que hemos perdido también a la santa de oro de Libra… Aquí no tenemos nada que hacer, nuestra misión consiste en regresar al Santuario cuanto antes. - responde con contundencia Emma.
Shakkiri queda perpleja ante lo certera y fría que Emma se muestra.
- No hay duda de que eres discípula del caballero de Acuario, eres igual de fría que el… - le espeta.
- No se trata de ser fría, se trata de entender en cada momento cual nuestro papel y nuestra misión, aquí hemos terminado. Mirari se ocupará del resto, de un modo u otro… debemos confiar en ella. - zanja Emma nuevamente.
Anári, en silencio, muestra asombro ante el aplomo y la madurez que la joven niña portadora de una armadura de bronce muestra mientras se aproxima hacia ella y hacia Joao.
- No te conozco, ni entiendo porque nos ayudaste, ni tampoco voy a pedirte explicación alguna, simplemente te doy las gracias. Joao, Vada te prometió llevarte al Santuario ¿No es así? Ven conmigo, yo te llevaré. –
Las palabras de Emma enmudecen al grupo, mientras ésta comienza a caminar alejándose de allí, Joao poco después reacciona, y se apresura a unirse junto a ella, alejándose.
Finalmente, Shakkiri resignada y tocada profundamente por las palabras de Emma, toma la misma senda, dejando sola a Anári, que observa como los tres santos de Atenea se marchan como si nada.
Cumbre de la montaña
El violento combate entre Alexia, reina de los Bora, y la que fue en el pasado su mejor amiga, Mirari de Piscis, continúa sin descanso, volviéndose más violento e intenso con el paso del tiempo.
Dado el conocimiento mutuo entre las contrincantes, y su similar estilo de combate, la lucha se mantiene constantemente en un toma y daca, en la que ninguna consigue tomar ventaja sobre la otra, lo que provoca un constante desgaste por ambas partes sin que se pueda vislumbrar un posible desenlace.
Tras varias idas y venidas, y de constantes golpes mutuos, ambas se separan temporalmente, recuperando ligeramente el aliento, observándose, estudiándose milimétricamente en busca de cualquier detalle que pueda darle la ventaja a una frente a la otra.
- Hay algo que no entiendo… ¿Cómo es que, la que fue apodada la princesa de la muerte ahora se dedique a salvar y proteger a débiles como esos tres críos? Has caído muy bajo Mirari… -
- El deber de una santa va más allá de los intereses propios… Tú, como reina de la tribu deberías saberlo mejor que nadie, Alexia. -
- Aquel que no es fuerte para servir a sus iguales no merece pertenecer al grupo… No merece vivir… -
- Estas muy equivocada Alexia, tu precisamente deberías entenderlo mejor que nadie, tu deber y obligación como reina de la tribu debe ser velar por todos y cada uno de los que forman la tribu. ¿Acaso has olvidado lo que tu padre nos enseñó siendo niñas? -
- ¡Mi padre era un necio y un débil! ¡La fuerza lo es todo! -
- Alexia… tu sola te has perdido en tu ceguera causada por el odio. Jamás pensé que tu acabarías de esta forma… Es triste… -
- ¿¡PRETENDES DECIRME QUE TE DOY PENA!? ¡AHORA COMPROBARAS TU EQUIVOCACION AL DEJAR LA TRIBU! ¡SOY MAS PODEROSA QUE LOS CABALLEROS DE ORO! ¡SOY MAS FUERTE QUE TU! ¡AAAHHH! - exclama Alexia enfurecida por las palabras de Mirari.
El cosmos de Alexia entra en un éxtasis fuera de lo común, siendo perceptible más allá de la profundidad de la selva. Incrementándose a cada segundo, alimentado por la rabia que recorre cada célula de su cuerpo.
- ¡MUERE MIRARI! -
¡¡¡ORQUIDEAS PERFORANTES!!!
Gracias a la cólera y la rabia que alimenta su cosmos, el ataque de Alexia cobra un poder mucho mayor, y una velocidad superior, esto coge por sorpresa a Mirari que recibe el impacto completo de las orquídeas antes de que sea capaz de reaccionar.
Mirari es catapultada por los aires, mientras los golpes de Alexia golpean y perforan el cuerpo y la armadura de esta, cayendo derribada a varios metros de distancia, Alexia sonríe reconfortada ante el derribo de su antigua amiga.
Poco después, Mirari comienza a reaccionar moviéndose nuevamente en el suelo, esto causa sorpresa en Alexia, que daba el combate por terminado, molesta, se aproxima apresuradamente hacia Mirari con la intención de darle la estocada final, pero cuando se encuentra frente a ésta, el cosmos de la santa de Piscis estalla, apareciendo tras ella una enorme rosa negra que comienza a abrirse poco a poco.
Mirari se pone en pie de un salto y contra ataca con fiereza.
- ¡Prueba tu propia medicina! -
¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!
Un abanico de rosas negras comienza a surgir en las manos de Mirari, que las lanza contra Alexia como si fueran cuchillos, las rosas negras, de igual modo, golpean y perforan el cuerpo y la armadura protectora de Alexia, que sale volando por los aires. Cuando esta cae de boca contra el suelo, su casco protector se desprende, acabando frente a los pies de la propia Mirari, la cual coloca un pie sobre él a modo de apoyo mientras observa a Alexia tendida en el suelo.
- Se perfectamente que no he logrado alcanzarte en ningún punto vital, igual que tú tampoco lo ha conseguido antes, asique deja de fingir y ponte en pie Alexia. -
Alexia se reincorpora de un salto, sonriente.
- Veo que tú también te has vuelto más fuerte Mirari… pero no te será suficiente… me cueste lo que me cueste… te hare cumplir la promesa que me hiciste… ¡¿o ya la has olvidado?! -
- En absoluto… la última vez que nos vimos… te prometí que, si volvíamos a enfrentarnos, solo una saldría con vida… Cumpliré mi promesa y acabaré contigo… -
- ¡Ja…! Lo intentarás… pero morirás… Mas vale que te prepares en serio Mirari… ¡el próximo ataque será el definitivo! -
- ¡Adelante Alexia! ¡No perdamos más tiempo! ¡Comprobemos cuál de las dos es la más fuerte! -
- Todo nuestro poder concentrado… un solo golpe… ¡será divertido ver como desapareces de la Tierra! -
- Si este va a ser nuestro último ataque… ¡tomémonos nuestro tiempo! ¡todo o nada! ¡EMPECEMOS! - exclama Mirari.
Ambas guerreras se disponen a preparar el último ataque, aquel que decidirá quién de las dos es más fuerte, la posición de ambas cambia por completo, ambas se sientan en el suelo, a varios metros de distancia, pero frente a frente.
Con la intención de no conceder segundas oportunidades, optan por el estilo de lucha de los Bora, ambos contrincantes concentraran toda su fuerza y energía durante veinticuatro horas ininterrumpidas, y acto seguido liberarán todo su poder contra su oponente.
Tanto Alexia como Mirari cierran sus ojos, entrando en un estado de “meditación” con el cual comienzan a concentrar e intensificar toda la energía que sus cuerpos sean capaces de soportar.
Al no tener que preocuparse de otra cosa durante esta etapa al duelo, sus energías se elevan y masifican con mayor facilidad, provocando que la presión del aire sobre la zona sea cada vez más densa y pesada.
En la costa, el sol comienza a bajar, despidiendo el día, a punto de salir de regreso hacia el Santuario, los tres santos se detienen por un instante, al percibir la intensa presión de cosmos que se está formando entre Alexia y Mirari.
- Mirari… confió en ti… - murmura en voz baja Emma, mirando por última vez los frondosos árboles que se divisan en la lejanía antes de subir al barco.
Grecia. El Santuario
La noche hace horas que tomó el Santuario, bajo un cielo completamente despejado, donde las estrellas brillan con firmeza, Kiki de Aries abandona la casa que custodia con dudas en su corazón, para dirigirse hacia la sexta, en busca de consejo.
Tras unos breves instantes, en los que observa con incertidumbre las estrellas sobre la casa de Virgo.
- Puedo sentir la duda en tu corazón. Dime, ¿Qué te inquieta para venir a verme a estas horas? - resuena la voz de Shun en la mente de Kiki.
- Maestro Shun, siento molestarte a estas horas… -
- ¿Molestarme? ¡En absoluto! Entra por favor. -
Kiki cruza la puerta de entrada al templo de Virgo, tras avanzar unos metros, observa como una fila de columnas de piedra talladas con la forma de Buda custodian ambos lados del templo. Tras dejar éstas atrás, Kiki se aproxima a la sala principal, donde encuentra a Shun en levitación, con los ojos cerrados, las piernas cruzadas entre sí como si se encontrara sentado y sus manos unidas formando un triángulo.
Ante la llegada del caballero de Aries, Shun abre nuevamente los ojos, extendiendo sus piernas y situándose nuevamente en pie, mostrando su característico rostro apacible y angelical.
- Dime Kiki, ¿Qué te tiene tan preocupado? -
- Desde ya unas 20 horas largas, he podido percibir como dos inmensos cosmos se alinean y se intensifican el uno frente al otro. Uno, indudablemente pertenece a Mirari de Piscis, pero el otro, pese a no pertenecer a otro caballero de oro, es igualmente poderoso. Me niego a creer que no has percibido tal cosa. -
Shun sonríe tiernamente mientras mira a Kiki, el cuál muestra un rostro serio y de preocupación.
- Claro que lo he percibido, Llevo siguiendo desde el primer momento el desarrollo de este acontecimiento… No falta mucho para que éstos cosmos se lancen el uno contra el otro con la intención de aniquilarse. -
- Si esto sigue así… se librará entre ellas una guerra de los mil días, igual que si de dos caballeros dorados se enfrentaran entre sí... -
- Efectivamente, es tal y como va a suceder. - responde calmado Shun.
- ¡¿Y no te preocupa tal cosa?! ¿Crees que la santa de Piscis sobrevivirá a lo que está por desatar? - insiste Kiki.
Shun se aproxima a Kiki, colocando ambas manos sobre sus hombros, ante el desconcierto de Kiki, Shun le profesa una amplia, cálida y serena sonrisa, justo antes de regresar a un asiento de piedra con forma de loto.
Shun se sitúa nuevamente en el interior del loto, y con una mirada más seria se dirige a Kiki.
- El futuro, imposible de predecir és, un camino solo se descubre cuando se camina a través de él. El futuro de Mirari depende de la propia Mirari, y de las decisiones que tome… Cada uno debe recorrer su propio camino para perderse y para encontrarse. Lo único de lo que estoy seguro es de que algo importante ocurrirá, pero al igual que lo demás, depende de la persona en sí. -
- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo entonces Shun? -
- Entiendo que te inquietes, pero ese camino no es el mío, y tampoco el tuyo. Te agradezco la visita, pero ahora debes regresar a tu casa, pronto se requerirá de ti. - responde cerrando la conversación Shun, que nuevamente comienza a levitar tomando la posición que originalmente tenía.
Kiki, sin nada más que decir, regresa nuevamente hacia su casa, a la espera de los sucesos que están por acontecer.
Brasil
El sol amanece nuevamente sobre la montaña en la cual Alexia y Mirari llevan casi veinticuatro horas preparándose para el enfrentamiento final. Cuando los primeros rayos alcanzan a éstas, ambas detienen su concentración.
Abriendo los ojos casi a la par, ambas se miran fijamente, como si mantuvieran una profunda conversación a través de sus ojos. Desde la distancia, Anári que ha vuelto a ascender se encuentra con sorpresa la situación, observando cómo tanto Mirari como su hermana Alexia, se ponen finalmente en pie.
- Ha a esto han llegado las dos… jamás lo hubiera imaginado… - murmura en voz baja la propia Anári, sabedora de lo que está por suceder.
- ¡LLEGO EL MOMENTO! ¡AAHH! - exclama a pleno pulmón Alexia.
- ¡ASI ES! ¡AAHH! - responde Mirari con suma firmeza.
Los cosmos de ambas estallan simultanea y violentamente al unísono, provocando un poderoso terremoto en las inmediaciones, la propia montaña en sí no es capaz de soportar la presión de ambas fuerzas liberándose, y ésta comienza a desmoronarse.
Rocas y piedras ruedan ladera abajo, provocando que la montaña pierda volumen sucesivamente. Las auras de ambas comienzan a crecer, intensificándose más aún, lo que pulveriza instantáneamente todo aquello que se desprende de la montaña y entra en contacto directo con ellas.
- ¡SUMERGETE EN LA DULCE FRAGANCIA QUE TE LLEVARA HASTA LA MUERTE! -
¡¡¡SENTENCIA FLORAL!!!
- ¡ABRETE PASO HASTA ALCANZAR EL CORAZON DE MI ENEMIGO! –
¡¡¡ROSA SANGRIENTA!!!
El impacto de ambos ataques provoca un choque devastador, la onda de choque, arrasa con todo, derribando y destruyendo todo en varios kilómetros a la redonda. Las fuerzas de ambas están equilibradas perfectamente.
Un enorme cúmulo de energía procedente de las dos se concentra en el aire entre ambas.
- Por fin demostraré que soy más fuerte que tú… - murmura Alexia.
- ¡Comprobemos de que eres capaz! - exclama Mirari.
- ¡¡¡AAAHHH!!!- Alexia/Mirari.
Comentarios