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Capítulo 26. Éxtasis

Tras unos minutos de bloqueo, Alexia reacciona, centrándose nuevamente en el combate.


- ¡¿Acaso crees que me vas a intimidar porque tu armadura haya cambiado de aspecto?!-


Antes de que Alexia sea capaz de pronunciar dos frases seguidas, Mirari, que ahora se desplaza a una velocidad mucho mayor, se aparece frente a ésta, descargando un violento golpe sobre el estómago de ésta, que queda inmóvil y encorvada, sin respiración, con la boca abierta.


Mirari, de forma impasible y fría, mira fríamente a los ojos de su oponente, la cual trata de exhalar algo de aire tras el brutal golpe de la santa de Piscis, que, con ligero salto, asesta un fuerte rodillazo contra la cara de Alexia, que sigue descomponiéndose en una agónica angustia.


Haciendo gala a su fama, sin miramiento alguno, Mirari se gira sobre si misma, lanzando una severa patada en el pecho de Alexia, que irremediablemente sale disparada contra el suelo, rebotando y desquebrajando el suelo en cada nuevo golpe.


Anári, viendo la nueva situación, decide aproximarse mas al combate, sin ánimo de interferir.


Un frio y siniestro silencio se hace en la cima de la montaña, la cual, cada vez se encuentra mas arrasada por los sucesivos impactos y golpes. Alexia, que esta vez requiere de mas tiempo para recuperarse, se reincorpora sangrando por la boca y con notables signos de agotamiento, mostrando en su armadura las consecuencias de los últimos envites del combate.


- Alexia, te lo repito una vez más, no puedes hacerme frente de ninguna manera. - le insta de manera fría y pasiva Mirari.


- ¡Grrr! ¡Todavía no he dicho mi ultima palabra! ¡Hare lo que sea necesario para vencerte! ¡AHHH! -


El cosmos de Alexia se desata nuevamente de una manera mas grotesca y violenta, provocando que la tierra comience a temblar y a agrietarse, de la espalda de Alexia brotan esta vez seis lianas nuevamente a modo de tentáculos, éstos, se clavan en la tierra a más profundidad, absorbiendo sin control toda la energía vital que la montaña posee, alimentando el cosmos de Alexia que crece de manera descontrolada.


- ¡Alexia detente! ¡Si sigues por ese camino acabarás perdiendo el control sobre ti misma! -


Las palabras de Mirari caen en saco roto, que presencia como la energía y el aura de Alexia se multiplican, a la vez que el rostro y la mirada de ésta cambia, como si la propia energía que acumulase en su interior se apoderase de su cuerpo.



¡¡¡DANZA DEL COLIBRI!!!



Un violento ataque por sorpresa potenciado y alimentado por la energía que roba a la propia tierra sin cesar pilla desprevenida a Mirari, que, aún cruzando sus brazos para bloquear el ataque, es arrastrada y lanzada hacia atrás, aunque logrando caer de pie finalmente.


El cosmos que rodea a Alexia sigue creciendo a la par que se torna más violento e inestable, a medida que el exceso de energía sobrepasa su propia capacidad, éste se apodera del cuerpo de ésta.


Mirari observa como Alexia se coloca en posición de combate nuevamente, y sin dudar lo más mínimo hace lo propio.


- ¡AAAHHH! - Alexia/Mirari.


Un cañón de cosmos concentrado es lanzado por ambas de forma simultánea, provocando un choque entre ambos que hace desquebrajar la inerte tierra que ahora pisan, generándose nuevamente un orbe de cosmos concentrado entre ambas nuevamente.


- ¡Te has equivocado! ¡Esta vez no será igual! - exclama Mirari que cansada de tanto batallar inultamente comienza a enfurecerse.


- ¡Jajaja! ¡Eso te piensas tú! ¡Mientras extraiga energía de la naturaleza mi poder será infinito! - exclama borracha de poder Alexia.


- Te lo advertí… ¡ARDE COSMOS! ¡ARDE! ¡AHH! -


El poder oculto que guarda la Kamui de Piscis finalmente se libera, incrementando el cosmos de Mirari de forma visceral, sobrepasando nuevamente al de Alexia, que se ve superada por ésta, y como Mirari lanza contra ella el orbe de energía que entre ambas había.


Alexia recibe de lleno el impacto del cosmos de ambas concentrado, siendo engullida por una tormenta de energía que se desata al estallar contra ella.


- ¡BUAAAA! - exclama Alexia mientras la explosión la devora alzándola hacia el cielo y cayendo fuertemente abatida contra el suelo.


Anári llega en este instante, presenciando como su hermana mayor es golpeada con una violencia extrema y como ésta cae contra el suelo sin apenas moverse. Ésta dirige su mirada hacia Mirari, la cual le devuelve la mirada sin hacer el menor gesto expresivo.


Mirari desciende su cosmos, y toma camino hacia donde Alexia ha caído derribada, cuando los sonoros pasos sobre el suelo arenoso y roto de Mirari se aproximan a Alexia, ésta salta súbitamente y por sorpresa contra la santa de Piscis, pero su puño es detenido por completo por una rosa negra que Mirari posee en su mano.


- Se acabó… - murmura Mirari que hace estallar todo su cosmos frente a Alexia.



¡¡¡ROSAS PIRAÑA DIVINAS!!!



- ¡AAAHHH! - exclama Alexia sin poder hacer nada.


Un abanico de rosas negras recubiertas por un aura dorada comienza a emerger, golpeando y atravesando la armadura y el cuerpo de Alexia, provocando en ésta numerosas e importantes heridas que sangran de manera abundante.


La ferrea armadura que hasta ahora protegía el cuerpo de Alexia comienza a desmoronarse, desquebrajandose en pedazos que se van desprendiendo de su cuerpo.


Alexia permanece tendida boca arriba sobra el suelo, con los ojos abiertos de par en par, sin ser capaz de moverse ni un centímetro después de que las rosas piraña de Mirari hayan minado su cuerpo de numerosas y profundas heridas.


Mirari se da media vuelta, dando el combate por finalizado, y se dirige su vista hacia Anári.


- Es suficiente. - responde seria Mirari.


Anári, seria, asiente con la cabeza. Mientras Mirari empieza a alejarse.


- ¡MIRARI! - exclama nuevamente Alexia, que se incorpora nuevamente.


Mirari se detiene en seco, sorprendida en parte por la tenacidad y la resistencia que Alexia sigue mostrando, incluso, después de haber sufrido el impacto directo de las rosas piraña.


- ¿¡Acaso no recuerdas la promesa de nuestro ultimo encuentro?!- le insiste nuevamente Alexia, que sangra abundantemente por diversas heridas, y por cuyo rostro corre un hilo de sangre.


- Lo recuerdo perfectamente… - responde Mirari sin darse la vuelta.


- ¡Este combate no acabará hasta que una de las dos muera! ¡Liberaré toda mi energía en el próximo ataque! - exclama Alexia, que se termina de incorporar definitivamente y en cuya mano porta una orquídea como la que mató a Merino.


- Esta bien… una promesa es una promesa... - responde Mirari que se gira mirando de nuevo a Alexia.


Las dos contendientes se miran fijamente, sabedoras que el siguiente ataque será el definitivo.


- ¡AAHHH! - Alexia/Mirari.


Una vez más, ambas liberan toda su fuerza por ultima vez, concentrando y elevando sus cosmos a la máxima potencia, tras unos instantes, ambas se lanzan a la carrera al encuentro de la otra.


- ¡QUE ESTA MONTAÑA SEA TU TUMBA! -



¡¡¡SENTENCIA FLORAL!!!



- ¡QUE MI ROSA PERFORE EL CORAZON DE MI ENEMIGA! -



¡¡¡ROSA SANGRIENTA DIVINA!!!



Tras el cruce de técnicas, ambas quedan de pie y de espaldas la una de la otra, el viento irrumpe en el silencio posterior que se produce, en el cual, el cosmos de ambas se desvanece por completo.


Tras unos instantes, Mirari inca la rodilla contra el suelo, observando como en su pecho hay una orquídea incrustada a escasos centímetros de su corazón, lo que habría significado su muerte.


- Mirari… - susurra Alexia.


Mirari se pone en pie nuevamente, sacando de su pecho la flor clavada la cual observa en su mano, mientras multitud de pétalos de rosa aparecen empujados por el viento.


- Mirari… Jamás entendí por que nos dejaste para convertirte en una santa de Atenea… pero… tras ver tu determinación… creo que empiezo a entenderte un poco más… Ojalá lo hubiera comprendido antes… de verdad… - prosigue Alexia con un tono completamente distinto.


Mirari se percata del cambio en Alexia y rápidamente se gira hacia ella, la cual hace lo mismo, mostrando en el centro de su corazón una rosa blanca que poco a poco va tiñendose de rojo.


Mirari no puede reprimir las lagrimas de tristeza por la que fue su amiga mientras ésta le sonríe.


- No te pongas sentimental ahora… ¿Quieres? De nuevo… vuelves a ser la reina de los Bora por pleno derecho… - le indica con una voz dulce que comienza a apagarse.


Alexia cae de espaldas contra el suelo, pero Mirari intercede agarrandola y abrazandola entre sus brazos.


- No te voy a pedir que te quedes como reina una vez más… puesto que sé que no lo harás… pero quiero pedirte una ultima cosa… - le susurra Alexia.


- ¿Qué es lo que quieres, amiga mía? -


- Cuida de mi hermana por mi… ¿vale? - le indica con una voz tenue mientras dirige su mirada hacia Anári.


- Te lo prometo… cuidaré de ella… siempre… - murmura Mirari mientras observa como los ojos de Alexia se cierran definitivamente.


Tras Anári, comienzan a llegar diversos miembros y guerreros de la tribu hasta donde Mirari y Alexia se encuentran. Siendo Anári la primera en arrodillarse frente a Mirari.


- Mirari… Como dictan las normas de la tribu, y sin que nadie pueda cuestionar tu derecho a ello, eres la nueva reina y líder de nuestra tribu. ¿Cuáles son sus órdenes majestad? - expresa Anári con sumo respeto.


- Mis órdenes… - murmura Mirari observando a Anári.


Mirari se agacha frente a Anári y hace que ésta se ponga en pie frente a ella.


- Mi orden es… Que a partir de ahora tú seas la reina de la tribu. - responde.


Tales palabras causan sorpresa tanto en Anári como en el resto de miembros presentes.


- Mirari… yo no puedo asumir tal cargo… Como guerrera mas fuerte, te corresponde a ti y no a mi gobernar. - insiste Anári.


- Sabes bien que yo no puedo quedarme aquí, y mucho menos ser vuestra líder, además, tú también eres una guerrera excepcional, eres justa y parcial y te preocupas por la tribu. Cualidades que yo no poseo. -


Anári rompe a llorar ante las palabras que Mirari le dedica.


- ¿¡Alguien aquí no esta de acuerdo con mi decisión?!- pregunta en voz alta al resto de la tribu.


Tras una unánime y rotunda respuesta al unisonó, Mirari, sonriente, posa sus manos sobre los hombros de Anári.


- ¡Esta decidido! Confío plenamente en ti. - zanja Mirari.


Entre una multitud de aplausos y vítores, Mirari recoge en sus brazos a Alexia y se marcha con ella.


- No te preocupes por ella, yo me ocuparé de que descanse como merece. - le responde a modo de despedida.


Anári observa como Mirari se aleja poco a poco, y antes de que ésta desaparezca…


- ¡MIRARI! Hazle saber a la diosa Atenea… que la tribu Bora ya no es enemiga del Santuario… ¡Lucharemos a vuestro lado cuando nos necesitéis! - exclama sonriente Anári.


Mirari asiente sonriente con la cabeza mientras desaparece en la espesura de la vegetación.


Mientras tanto, a cientos de kilómetros, en la costa del Pacifico, un extraño que viste una armadura azulada con diversos detalles y acabados dorados camina por la orilla de la playa, donde encuentra a una joven inconsciente y malherida, la cual porta una armadura de oro bastante dañada pero que identifica como la armadura de oro de Libra.


El extraño, se agacha para recoger en brazos a ésta, que agotada y muy desorientada observa en el rostro de su rescatador los dos puntos característicos en la frente del país de Jamir.


- M… Ma… ¿Maestro Kiki? - murmura muy aturdida.


- No te preocupes pequeña, yo cuidaré de ti. - responde amablemente el extraño, que agarrando la en brazos se introduce en el mar.



Templo de Cronos


- Mi señor. Nuestros espías nos acaban de informar que la reina de los Bora y sus guerreros han sido derrotados por los caballeros de Atenea. Y que su nueva reina ha jurado luchar junto al Santuario. -


- ¡¿Es eso cierto?! Bien… ¡Les mostraremos las consecuencias de traicionarme! - exclama Cronos.





Continuará...


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