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Capítulo 25. Lazos de sangre

Brasil


Han pasado catorce días desde que Emma, Shakkiri y el joven Joao abandonaron tierras brasileñas, catorce días desde que los cosmos de Estirios, Cáesar y Vada desaparecieran por completo.


En la cima de la montaña, Alexia y Mirari mantienen una lucha de poder que se prolonga ya por catorce días y catorce noches, en la cual, ninguna de las dos se sobrepone a la otra, concentradas completamente la una en la otra, ninguna se doblega ante su rival.


En la distancia, Anári, tras haber evacuado a los supervivientes de la tribu a una zona más segura, observa con detalle y detenimiento los acontecimientos.


- Verdaderamente… tu poder es asombroso Alexia. Nunca imaginé que alcanzarías semejante nivel… - murmura Mirari, rompiendo el silencio que ya duraba desde el comienzo del duelo decisivo.


- ¡Tus elogios no te servirán para nada! ¡Acabaré contigo Mirari y así demostraré al mundo entero que los Bora somos más fuertes que los caballeros de Atenea! - le reprende Alexia.


- Por mucho que hables… ninguna de las dos consigue sobrepasar a la otra. ¿Cuánto crees que puedes resistir? - le pregunta Mirari.


- ¿Eso crees…? Bueno… dicho sea todo… si todo lo demás no funciona… bastara con aguardar hasta los mil días… ¡jajaja! -


- ¿¡Que?! ¿Acaso tu intención es…? -


- ¡Mi intención es acabar contigo y con todos los caballeros! - le interrumpe Alexia.


- ¿Y para ello estas dispuesta a librar una batalla de mil días conmigo? - murmura Mirari confirmando las intenciones de Alexia.


- ¡Así es! ¡Mil días! ¡Ni uno más y ni uno menos! -


- ¿Acaso no sabes, que, si dos contendientes desatan una batalla de mil días y ninguno supera al otro, ambos serán destruidos por igual cuando se cumplan los mil días? - pregunta Mirari.


- ¡Claro que lo se! Pero dime, ¿Te ves capaz de aguantar? - pregunta irónica Alexia.


- ¡Soy Mirari de Piscis! ¡Resistiré lo que sea necesario para salir victoriosa! - exclama ésta.


Alexia sonríe malévolamente al oír las palabras de Mirari, y en un intento de intimidarla, intensifica masivamente su energía, obligando a la santa de oro hacer lo mismo para mantener nuevamente el equilibrio de fuerzas.


- Veras… me encantaría ver como desapareces tras los mil días… pero no tengo tanto tiempo para perder contigo… de modo que… - murmura Alexia.


De la armadura que porta Alexia, brotan cuatro lianas de su espalda como si de tentáculos se trataran. Dos de ellos se lanzan hacia los lados, agarrándose fuertemente a los pocos árboles que todavía permanecen en pie. Los otros dos, se incrustan en la tierra.


Esto pilla por sorpresa a Mirari, que aun reconociendo de que se trata, no esperaba tal cosa.


- ¡Maldita seas Alexia! - exclama.


- ¡JAJAJA! ¡Este es tu fin Mirari! -


Anári que sigue atenta a todo, tampoco deja pasar por alto lo sucedido, y en poco tiempo, los árboles a los que ahora está sujeta, comienzan a perder su color, apagándose paulatinamente.


A medida que los árboles se marchitan, el aura y la fuerza de Alexia se elevan, comenzando a mostrarse superior al cosmos de Mirari, a la cual, comienza a resultarle bastante difícil mantener la batalla igualada.


- Así que este era tu plan, ¿No es así? - responde Mirari, que comienza a verse superada por la fuerza incrementada de Alexia.


La respuesta de Alexia no se hace esperar, pero esta, en vez de con palabras, le responde con actos, los dos “tentáculos” que se habían clavado en lo profundo de la tierra comienzan a hacer lo mismo, convirtiendo el fértil suelo poco a poco en un terreno arenoso y sin vida, aumentando todavía más la fuerza de Alexia.


- ¡JAJAJA! ¡Mi poder es superior al tuyo! ¡Ves despidiéndote de este mundo para siempre! ¡JAJAJA! -


Mirari, a la cual le recorren largas gotas de sudor el rostro, hace lo imposible para seguir en la lucha, apretando con rabia sus dientes e intensificando su cosmos hasta el máximo. Durante unos minutos, su fuerza se iguala nuevamente con la de Alexia, pero ésta, usando nuevamente su sucio truco, extiende sus tentáculos mas lejos, absorbiendo toda la energía vital de la tierra, árboles y vegetación que encuentra, sedienta y embriagada de poder.


Toda la cumbre montañosa verde, fértil, llena de riqueza y vida, en poco tiempo se convierte en un páramo gris y amarillento, donde todo queda seco y muerto. El aura de Alexia estalla, viéndose ahora incrementado varias veces debido a toda la energía vital que arrebata.


- ¡Maldita sea! - grita enrabietada una Mirari que comienza a mostrar los primeros signos de fatiga.


El cosmos de Alexia continúa creciendo sin descanso, y éste comienza a desplazar hacia Mirari la inestable esfera de energía concentrada entre ambas. Tal es la presión de sus cosmos, que Mirari comienza a ser empujada hacia atrás de forma inevitable, arrastrando sus pies, que abren profundos surcos en el ahora seco y muerto suelo.


Anári muestra preocupación por cómo se están desarrollando los acontecimientos, observando como el empuje de cosmos arrastra de espaldas de manera inevitable a Mirari hacia en borde de la montaña, del cual, cada vez se encuentra más cerca.


- ¡Levanta la cabeza Mirari! Quiero verte la cara antes de morir. ¡JAJAJA! - se jacta Alexia, dándose por vencedora.


- ¡Grrr! ¡Maldita sea! ¡No estoy dispuesta a caer aquí y ahora! ¡NO PIENSO RENDIRME! -


El ímpetu de Mirari hace que su cosmos se incremente, superando su propio limite, logrando detener momentáneamente ser arrastrada hacia el borde de la montaña.


- Seré piadosa contigo… aunque no lo merezcas… desiste de seguir combatiendo, reconoce mi superioridad y te mataré rápidamente y sin dolor. Renunciaré a verte sufrir un poco mas si reconoces que soy superior a ti Mirari… jajaja… -


Las palabras de Alexia, cargadas de burla y de desprecio hacia los caballeros de oro provocan la ira de Mirari llevando a ésta a otro nivel.


- ¡ESO JAMAS! ¡NO PIENSO CAER ANTE TI Y MENOS RENDIRME A TUS PIES! ¡ARDE COSMOS! ¡ARDE! ¡AAAHHH! -


El cosmos de Mirari empieza a incrementarse de forma desmedida y sin control, frenando completamente su avance hacia el borde del barranco, Alexia mira atónita como su cosmos es frenado en seco por el de Mirari, que, encolerizada como una fiera, muestra resistencia nuevamente en combate.


- Asique todavía te quedaba algo dentro… lástima que no sea suficiente pa… -


La frase de Alexia se ve interrumpida en el momento que observa como la armadura de Piscis comienza a intensificar su brillo, comenzando ésta a parpadear intermitentemente sin descanso.




Santuario. Casa de Virgo


Kiki, que se encontraba sentado, meditando frente a Shun, se levanta de improvisto dirigiendo su mirada inmediatamente hacia Shun.


- ¡Maestro! - exclama Kiki.


- Finalmente… lo ha logrado... - murmura Shun abriendo los ojos momentáneamente.



Brasil


Alexia sigue mirando fijamente y de manera hipnótica como la armadura de Piscis parpadea incesantemente, mientras que Mirari, que jadea abiertamente ante el increíble sobre esfuerzo realizado mira fijamente a los ojos de Alexia.


- Estas al limite de tus fuerzas… ¿Qué esperas conseguir en tu estado? -


- ¿Que qué quiero…? No… Lo has… expresado mal… di… mas bien… lo… que… ¡LO QUE VOY HACER ES VENCERTE! ¡AAAHHH! -


Al borde de desmayarse y forzando su cuerpo a su máximo limite, un cosmos extraño pero familiar a su vez comienza a florecer en su interior, logrando reaccionar nuevamente y evitando así perder el conocimiento.


- Muchas rosas son condenadas a una vida de soledad a causa de sus espinas…-


- ¡¿Quién ha dicho eso?! - exclama sorprendida Mirari.


- Yo, pese a no habernos siquiera conocido… Me convertí en una espina en tu camino…Y por ello te pido perdón… -


- ¿Acaso tu…? -


- Así es Mirari… Soy aquel que debió cuidar de ti… Soy aquel por el que decidiste convertirte en santa… Soy aquel del que te avergüenzas y por el que te castigas a ti misma… Soy tu hermano. -


- A… A… ¡Afrodita! - exclama acongojada Mirari.


- Has llegado hasta aquí tú sola demostrando que eres digna de vestir la armadura de oro… Por ello… debes dejar a un lado todo lo demás… todo aquello por lo que te castigas a ti misma sin motivo ni razón…-


- Perdóname tu también… Afrodita… No conocí toda tu historia hasta que conocí al caballero de Leo… te juzgué sin saberlo todo de ti… -


- Escúchame, Mirari, hasta ahora hemos estado siempre separados, pero de ahora en adelante, permaneceremos juntos, como los peces de Piscis… ¡como hermanos! -


Las palabras de Afrodita calan en lo más profundo del corazón de Mirari, que siente ahora el espíritu de su hermano en su interior, y en su propia armadura. Mirari cierra momentáneamente los ojos, saboreando este dulce momento mientras una larga lágrima recorre su mejilla hasta caer sobre la armadura de oro, causando como reacción inmediata el incremento del cosmos de Mirari.


La santa de Piscis se aproxima a la inestable y potente masa de energía, y de manera inesperada la golpea con su puño izquierdo con toda su fuerza, lo que provoca una cegadora y devastadora explosión que lanza hacia atrás y con violencia a Alexia, que acaba sepultada bajo una multitud de rocas.


La explosión es de tal magnitud que incluso Anári, quien observa todo desde bastante distancia se ve afectada por dicha explosión. Tras unos minutos donde todo se queda en silencio y calma, resurge Alexia de entre los escombros enfurecida mirando fijamente a una Mirari que de forma extraña lo observa todo a su alrededor.


- ¡MIRARI! ¡Grrr! ¡Maldita zorra! ¡Ya me cansado de juegos! - exclama Alexia que se abalanza de forma violenta sobre ella.


Alexia se sitúa muy rápidamente sobre Mirari a la cual va a golpear desde arriba con su puño, mientras que la santa de oro, con un rostro de lo más pasivo la observa.


Justo cuando Alexia va a alcanzar a la santa dorada, es golpeada por una potente y violenta onda de choque procedente del interior de Mirari, que la vuelve a lanzar por los aires antes de acabar siendo arrastrada por el suelo.


Alexia se reincorpora nuevamente cubierta de tierra y más furiosa que nunca observando como Mirari camina hacia ella con suma calma.


- ¡¿A que estas jugando Mirari?!-


- Se acabaron los juegos… Ya no tienes forma de vencerme… Esto se acabó. -


- ¡Esto se acabará cuando yo lo diga! - vocifera Alexia.


- Mi espíritu y el de mi hermano están en absoluta comunión… No puedes hacerme frente… ya no… -


- ¿Qué no puedo hacerte frente? ¡No digas bobadas! -


- Esta bien… te lo mostraré… - responde Mirari, que cierra los ojos concentrando su cosmos.


Tras unos breves instantes, Mirari abre sus ojos a la par que su cosmos se libera, desprendiéndose de su armadura en el proceso, la cual, se sitúa en su forma objeto entre las dos.


Alexia queda desencajada al ver como Mirari se desprende de su protección, aprovechando este regalo, Alexia sin pensarlo dos veces se abalanza sobre ella, pero su cuerpo se bloquea y detiene súbitamente cuando comienza a sentir como la armadura de Piscis comienza a emitir un cosmos propio, un cosmos que cada vez se alinea más con el de su portadora, hasta que finalmente ambos cosmos entran en absoluta armonía.


- ¡VEN A MI, PISCIS! -


La armadura reacciona inmediatamente a la llamada de su dueña, que, con un brillo incesante, se transforma en la Kamui de Piscis ante el asombro y la incredulidad de Alexia.


La armadura se desmonta nuevamente y corre a vestir nuevamente a su portadora, la hermosa, majestuosa y reluciente armadura divina de Piscis ahora protege el cuerpo de Mirari, el cosmos de ésta, ahora totalmente distinto, paraliza a Alexia, que se dispone a comprobar el emergente poder de Mirari... ¡EL PODER DE LA KAMUI DE PISCIS!


- Alexia… Este si es el fin… ¡PREPARATE! -


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