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Capítulo 02. Más que amigos, hermanos

- En fin… esta vez sí ha terminado… a fin de cuentas… tampoco podía esperar mucho de unos simples y débiles caballeros de bronce…-


- ¡TU PRIMER ERROR HA SIDO DARNOS POR MUERTOS TAN PRONTO! - exclama Ban, cuya voz resuena por todo el Coliseo.


La tierra comienza a temblar, y el suelo comienza a agrietarse desde el lugar donde cayó el santo del León, abriéndose paso las grietas hacia donde se encuentra Gulimi, a medida que el suelo se va desgarrando, de éste comienza a emanar más y más cosmos, cosa no pasa inadvertida para el propio alcaliano al cual esto sorprende.



¡¡¡BOMBARDEO DEL LEON MENOR!!!



Ban resurge desde el suelo rugiendo como un león enfurecido a escasos centímetros de a Gulimi, que es lanzado por los aires gracias a la técnica del santo de bronce, el cual, lanza, asesta y bombardea con un incesante número de golpes a su oponente mientras se encuentra en el aire.


Con el frenesí del combate y con su cosmos ardiendo como nunca hasta ahora, Ban asesta un último y potente golpe que acaba con una sonora explosión, la cual resuena y se escucha por todo el Santuario.


Ban se posa nuevamente sobre el suelo, recuperando el aliento tras semejante esfuerzo, mientras la enorme cantidad de tierra y polvo que se ha levantado se asienta de nuevo, pero cuando éste comienza a disiparse, observa para su sorpresa como la silueta de Gulimi aparece entre el polvo, en el mismo lugar donde se encontraba, sin mostrar el mínimo daño en sí.


- ¡Maldita sea! - exclama jadeante Ban.


- Las cucarachas sois tercas como mulas… ¿Realmente pensabas que podrías siquiera hacerme el más mínimo rasguño? La diferencia entre nosotros es la misma que la de un elefante frente a una pulga. ¡NI EN CIEN AÑOS LOGRARIAS ALCANZARME UNA SOLA VEZ! -


- Je… Tal vez tengas razón… Pero ellos igual si pueden…- le responde sonriendo Ban.


A Gulimi le sorprende tal confesión, pero antes de que pueda pronunciar frase alguna aparece desde el suelo y por la espalda Ichi, que le agarra fuertemente.


- ¿En serio? Déjame adivinar… tú me sujetas por la espalda y tu otro compañero aprovecha para atacarme… ¿Estoy en lo cierto? - responde pasivamente Gulimi.


- Bueno… no es exactamente como dices…- le murmura al oído Ichi.



¡¡¡DULCE VENENO!!!



Al igual que en el combate del torneo galáctico frente a Hyoga, de la armadura de Ichi brotan diversos juegos de garras que se clavan en los brazos y en el pecho de Gulimi, lo cual si le pilla desprevenido.


- Ya no tienes nada que hacer… ¡jejeje! ¡El veneno de la Hidra ya debe estar paralizando tu cuerpo por completo! - exclama Ichi orgulloso de su técnica.


Gulimi se queda en silencio e inmóvil por un instante, pero para sorpresa de todos, en vez de mostrarse sorprendido, su rostro comienza a mostrarse serio y sus ojos esmeraldas se llenan de cólera.


- ¡Santo de bronce! ¡¿Cómo te has atrevido a poner tus sucias garras sobre mi hermosa armadura?!- estalla furioso.


Ichi, que permanece agarrando por detrás a Gulimi, comienza a sentir como el cosmos de éste empieza a elevarse por primera vez, sintiendo como un fuego abrasador empieza a penetrar en su pecho y sus brazos.


- ¿¡Pero ¡¿qué es esto?! ¡Ay! ¡Me quemo! ¡Nachi a que esperas! - exclama Ichi que se abrasa con el calor que desprende el cosmos de Gulimi.



¡¡¡COLMILLOS DEL LOBO!!!



Finalmente, Nachi aparece para atacar a Gulimi que todavía es sujetado por Ichi, pero en cuanto el santo del lobo está muy próximo a estos dos, el cosmos del alcaliano se propaga y eleva como una llama abrasadora en el bosque. El cosmos de Gulimi estalla con violencia y ambos santos son engullidos por las llamas ardientes de éste.


- ¡NADIE TOCA MI ARMADURA! ¡AAHH! - estalla furioso Gulimi.



¡¡¡CUSTODIO DEL AVERNO!!!



Las llamas comienzan a girar y a crecer con violencia hacia el cielo formando una inmensa espiral llameante por la cual Ichi y Nachi son catapultados hacia las alturas mientras reciben cientos de golpes abrasadores. Tal es la fuerza del ataque, que son enviados contra las gradas superiores.


A pesar del potente ataque, Nachi e Ichi no tardan en reincorporarse, mostrando diversas magulladuras, alguna que otra herida, y diversas fisuras y grietas en sus armaduras para sorpresa mayor de éstos.


- ¡ICHI! ¡NACHI! ¿¡ESTAIS BIEN?!- exclama Ban.


- ¡Preocúpate mejor por ti mismo caballero! - grita Gulimi lanzándose hacia Ban.



¡¡¡CUSTODIO DEL AVERNO!!!


¡¡¡BOMBARDEO DEL LEON MENOR!!!



Las dos técnicas chocan entre sí en medio de ambos, provocando que el Coliseo tiemble y que alguna zona comience a derrumbarse. Pese al noble y enorme esfuerzo de Ban, no es capaz de igualar en fuerza a Gulimi, y recibe el ataque de éste, acrecentado gracias al propio ataque de Ban.


Un torbellino llameante y salvaje alcanza a Ban, que es lanzado hacia una pared de las gradas girando sin parar. El santo del león acaba incrustado en la gruesa pared de roca, donde inmóvil recibe un impacto de lleno, potenciado por un impulso del cosmos de Gulimi.


- ¡JAJAJA! ¡ESTAS ACABADO CABALLERO! ¡MUERE! ¡AAAHH! -


Gulimi intensifica todavía más su cosmos, lanzando un nuevo, intenso y más potente golpe canalizado a través de su propio torbellino. Ban observa como una enorme bola de energía se abalanza sobre el sin poder hacer nada.


La bola alcanza e impacta a Ban, provocando una fuerte explosión, desapareciendo de vista el caballero de bronce, sepultado bajo toneladas de gruesas rocas. Nachi e Ichi tras presenciar lo sucedido corren a toda prisa hasta donde se encuentra su amigo.


- ¡BAN! - exclama preocupado Nachi.


- ¡Olvidaros de vuestro amigo! ¡Él ya es historia! ¡Es vuestro turno! -


- ¡Maldita sea! Ichi, debemos ocuparnos de este tío, antes de nada. Después sacaremos a Ban de los escombros. -


- ¡Tienes razón! ¡Ataquemos con todo y a la vez! -


- ¿Pero de verdad pensáis que vais atacándome juntos conseguiréis algo frente a mí? ¡Es ridículo! ¡No sois rivales para mí! -


- Somos tercos como mulas… que se le va a hacer… y, además, ¡SOMOS CABALLEROS DE ATENEA! - incide Ichi.


- Ichi, no disponemos de mucho tiempo, francamente es mucho más fuerte que nosotros, de modo que tenemos que ir con todo… pase lo que pase… ¿Estás conmigo? -


- Por supuesto que si Nachi, desde niños hemos permanecido juntos siempre, y juntos como amigo y compañero, iré contigo… hasta el final…- responde Ichi.


- Como amigos no… ¡COMO HERMANOS! - grita el santo del lobo.


- ¡VAMOS! - exclama Ichi.


- ¡AAHH! - Nachi / Ichi.


- ¡QUE EL VENENO DE LA HIDRA DE LOS PANTANOS PENETRE EN TU CUERPO! -


- ¡QUE LOS COLMILLOS DEL LOBO TE DESGARREN POR COMPLETO! -



¡¡¡COLMILLOS DEL LOBO!!!


¡¡¡DANZA DE LA HIDRA!!!



- ¡Sois unos ilusos! ¡MORID BAJO MI TECNICA SUPREMA! -



¡¡¡RESPLANDOR DE RUBI!!!



Una gran luz cegadora emerge desde el interior del Coliseo acompañada por una fuerte sacudida. Dos fuertes explosiones se suceden una tras otra, el intenso brillo comienza finalmente a desvanecerse. Cuando está a punto de extinguirse por completamente, los cosmos de Ichi y Nachi se desvanecen por completo, desapareciendo junto a los últimos reflejos de luz.



Templo de Tauro


- ¡No! - Exclama Geki con gesto de sorpresa y tristeza a la vez, consciente de lo que acaba de ocurrir.


- ¡Aaahhrrgg! - lágrimas de dolor y tristeza empiezan a brotar de los ojos de Geki.


- ¡No pienso quedarme aquí sin hacer nada! - grita enrabietado Geki.


Geki desciende a toda velocidad las escaleras que unen su templo con el de Aries, al llegar al primer templo, Kiki se interpone en medio, impidiéndole el paso con los brazos extendidos.


- ¡Para Geki! Tienes órdenes estrictas, no debes moverte de tu templo, pase lo que pase. - le espeta Kiki.


Mientras tanto, Joao llega también hasta la casa de Aries donde se encuentra a Kiki y a Geki discutiendo, junto a Safiya que observa la situación sin intervenir.


- ¡Apártate Kiki! ¡No me pienso quedar de brazos cruzados mientras mis amigos mueren! -


- Yo también he percibido como los cosmos de Nachi e Ichi se han desvanecido, pero al igual que yo, tienes ordenes de permanecer en tu templo, cada caballero debe librar sus batallas. - le responde Kiki tratando de calmar el ímpetu de Geki.


Geki cierra el puño y lanza un fuerte puñetazo contra el torso de Kiki, que cae de rodillas.


- ¡Me dan igual las órdenes! Mis amigos están más allá luchando y yo aquí sin hacer nada, es algo que no voy a permitir, no entrené duramente hasta convertirme en Santo de Tauro para ahora quedarme de brazos cruzados. -


- No me dejas otra opción. - responde Kiki.



¡¡¡MURO DE CRISTAL!!!



- No podrás salir de mi templo, aunque tenga que usar la fuerza. - responde Kiki levantándose del suelo.


Geki se acerca hasta el Muro de Cristal que Kiki acaba de levantar.


- Eres un gran caballero Kiki, el reparador de armaduras del Santuario, pero incluso tu maestro Mu, no se quedaba de brazos cruzados cuando un compañero necesitaba ayuda. -


Kiki queda sorprendido ante la afirmación del caballero de Tauro, Geki cierra el puño y concentra su cosmos en él.



¡¡¡CORNADA SALVAJE!!!



Geki destruye el Muro de Cristal de un solo golpe.


- Si te vuelves a cruzar en mi camino, la cornada te la llevaras tú. -


Sin mirar atrás, y dejando a Kiki, Safiya y al propio Joao clavados en la casa de Aries, prosigue su camino hacia el Coliseo como una centella dorada. Cuando finalmente divisa el enorme recinto redondo, asciende hasta la zona más alta de las gradas con un gran salto, donde se encuentra la desoladora situación, desgarrándose una parte del corazón en el interior del enorme toro dorado.


Ichi yace muerto boca arriba en el suelo, con su armadura completamente destruida, y el cuerpo lleno de múltiples heridas. Por el contrario, Nachi se encuentra en el suelo, boca abajo, siendo pisoteada ésta por la bota del alcaliano mientras sujeta con fuerza a Ban por el cuello, el cual todavía mantiene un hálito de vida.


Tal es el dolor y la tristeza del corazón de Geki, que Kiki la siente en su interior como si fuera propia, al igual que Atenea y Shun, que derraman amargas lagrimas por los caballeros caídos.


Gulimi, que todavía no se ha percatado de la presencia de Geki, sigue disfrutando de la tortura y el dolor al que somete a los caballeros de bronce.


- ¡ES TU TURNO! ¡REUNETE CON TUS COMPAÑEROS EN EL INFIERNO! – exclama el alcaliano lanzando a Ban por los aires para darle el golpe final.



¡¡¡CUSTODIO DEL AVERNO!!!



Geki reacciona de forma inmediata, y moviéndose como una estrella fugaz interviene en el ultimo momento agarrando a Ban y evitando que éste sea golpeado por el ataque de Gulimi, el cual se queda estupefacto ante la repentina aparición del santo dorado.


- ¡¿Quién demonios se atreve a interrumpir mi diversión?! – vocifera Gulimi.


Geki ignorando por completo las airadas palabras del alcaliano, se posa sobre las gradas portando en sus brazos a su amigo Ban, al cual deja con cuidado en éstas.


- Descansa… amigo mío… yo me ocupo de esto. - murmura en voz baja y seria Geki.


Ban, comienza a reaccionar al escuchar la voz de su amigo, y entreabre los ojos con cierta dificultad.


- Ge… ¿Geki? - murmura aturdido el santo de bronce.


Geki arrodillado frente a él, apoya sus enormes y musculosos brazos sobre sus hombros mientras le profesa una ligera sonrisa.


- ¡OYE! ¡¿QUIEN RAYOS ERES TU?! ¡¿Y COMO TE ATREVES A ENTROMETERTE MIENTRAS JUEGO?!- exclama Gulimi.


- ¿Juego…? ¿Mientras juegas dices…? - murmura Geki que comienza a enrabietarse.


- ¡Oh! Pero si tu eres… ¡Un caballero dorado! ¿Me equivoco? - pregunta sonriente el alcaliano.


Geki se incorpora nuevamente y arrancando la capa que cubre su espalda, se gira dirigiendo una profunda e intensa mirada intimidatoria hacia Gulimi.


- Espero que tu muerte me dé más satisfacción que la de esos dos… Aunque de todos modos… ¡SOY MAS FUERTE QUE UN CABALLERO DORADO! ¡vamos! ¡Estoy ansioso por jugar contigo! ¡jajaja! -


- Yo no pienso jugar contigo… lo que si voy a hacer es… ¡HACERTE PEDAZOS! ¡PREPARATE PARA ENFRENTARTE A UN CABALLERO DORADO! - exclama Geki que salta al foso situándose a escasos metros de su adversario.


- ¡Oh! ¡Tu si me divertirás! - exclama Gulimi.


- ¡QUE EL ASTA DEL TORO TE FULMINE! ¡AAAHHH! -





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