Capítulo 03. ¿Amigo o enemigo?
- Carlos Moreno
- 26 feb 2022
- 11 Min. de lectura
La aparición de legendario caballero Seiya sorprende a los santos más jóvenes, los cuales, apenas han tenido la oportunidad de estar frente a él, mientras tanto, las santas de Escorpio y Piscis, así como los cuatro caballeros de bronce más veteranos, profesan un profundo respeto y admiración ante la repentina aparición del santo dorado de Sagitario.
- ¡Vaya! ¿Qué te pasa chaval? ¿acaso te ha mordido la lengua un gato? ¿Qué se siente al estar en presencia del legendario Seiya de Sagitario? ¡jajaja! ¡ahora sí que no tienes nada que hacer muchacho! - exclama riéndose Ichi de Hidra.
El joven marino se encuentra impactado ante la intensidad que proyecta el cosmos de Seiya con su simple presencia, e instintivamente, retrocede varios pasos mientras un sudor frio le recorre el cuello.
- La escama marina que portas, aunque es distinta en algunos detalles a la que recuerdo, corresponde a la del Hipocampo, guardián del Pilar del Pacifico Norte, ¿No es así? - pregunta Seiya en tono serio pero amistoso.
- Así es. Estas en lo cierto, me llamo Miguel del Hipocampo, y efectivamente soy el guardián de dicho pilar en el Templo de Poseidón. ¿Cómo sabes tanto acerca de los generales? ¡Responde! - responde con pocos modales el joven Miguel.
- ¡¿cómo te atreves a dirigirte así a Seiya cuando podía haberte matado de un golpe?! ¡Te enseñare modales maldito mocoso! - exclama Shaina enfurecida.
¡¡¡AGUJA ESCARLATA!!!
Del dedo de Shaina salen cuatro puntos rojo carmesí, disparados a la velocidad de la luz golpeando por sorpresa a Miguel, alcanzándolo en el muslo derecho, rodilla izquierda, torso y hombro derecho.
El simple impacto de éstos derriba bruscamente al joven general marino, que tras unos minutos y con cierta dificultad, logra reincorporarse, padeciendo inmediatamente un tortuoso e intenso dolor provocado por las agujas.
- ¡QUE TE SIRVA DE LECCION! - exclama Shaina.
- ¡Shaina detente! - ordena Seiya, impidiendo que la santa de escorpio prosiga con su ataque.
- ¿Pero que ha sido eso? Apenas he visto un destello rojo en la punta de su dedo y al instante he sentido cuatro punzadas en mi cuerpo. Su velocidad es increíble. ¡Ahh! ¿Qué me pasa? ¡Mi cuerpo se está entumeciendo! ¡Apenas puedo caminar! - piensa para sí mismo un impresionado Miguel.
- Tu cuerpo ya empieza a notar los efectos del veneno del escorpión, a medida que avance perderás movilidad y tus cinco sentidos… ¡Debiste pensarlo mejor antes de venir hasta aquí! - exclama nuevamente Shaina.
Shaina enciende su cosmos impresionando e intimidando a un medio inmóvil Miguel que observa como el escorpión se dispone a picar nuevamente.
¡¡¡AGUJA ESCARLATA!!!
Tres nuevas punzadas alcanzan nuevamente el cuerpo de miguel, esta vez en la rodilla derecha, el muslo izquierdo y el hombro izquierdo, haciendo que éste caiga abatido de rodillas frente a Shaina.
- ¡BUAHH! - exclama retorciéndose de autentico dolor ante Shaina, a la cual se le oye reír tras la máscara.
- ¡Acaba con el Shaina! - le incita Mirari.
Shaina toma de nuevo posición de ataque justamente delante del joven que no es capaz de moverse.
- ¡Tres agujas más serán suficientes para acabar contigo! ¡JAJAJA! –
¡¡¡AGUJA …!!!
- ¡HE DICHO BASTA! - estalla enfadado Seiya que detiene el ataque de Shaina agarrando a ésta por la muñeca y retorciéndosela con fuerza.
- ¡¿Pero ¡¡¿qué haces Seiya?! - le reprende Shaina.
- ¡SE ME ACABA LA PACIENCIA! - responde furioso Seiya que apretando y retorciendo la muñeca de Shaina con más fuerza hace que ésta hinque la rodilla.
Los santos que jaleaban a Shaina a continuar se quedan mudos ante la reiteración de Seiya por parar el combate, y éste, haciendo un giro brusco con su brazo, lanza a Shaina contra un pilar, quedando incrustada ésta en él.
- ¿Por qué le perdonas la vida Seiya? ¡Él ha atacado primero! - pregunta desde el respeto Jabu.
- Mejor que eso… ¿Por qué has venido hasta aquí? ¿No deberías estar junto a Atenea? - le reprende Shaina nuevamente mientras se levanta y se sacude el polvo.
- Imagino que me esperaba a mí. - interviene una voz que se aproxima al grupo.
Todos se sorprenden ante la llegada de otra persona, la cual, Miguel identifica inmediatamente.
- Te agradezco que te hayas tomado la molestia de venir a recibirme Seiya, en mejores circunstancias que la última vez, debo añadir. -
- ¿Y ahora de quien se trata? - pregunta en voz alta Ichi con cierto sarcasmo.
El desconocido se acerca al grupo, situándose junto a Miguel y dirigiendo su vista hacia él, el cual continua de rodillas sufriendo la tortura del dolor de las agujas de la santa de Escorpio.
- Te lo tienes merecido… ya me ocupare de ti más tarde…- le susurra.
El recién llegado retira el ropaje que le ocultaba, apareciendo y presentándose ante todos Sorrento de Sirena, general marino y guardián del pilar del océano Atlántico Sur. Todos quedan sorprendidos ante la llegada inesperada de Sorrento, pero lo que más causa sorpresa en todos los santos, sobre todo en aquellos que lucharon contra Poseidón hace ya años, es el hecho de que Sorrento porte una escama marina en los mismos tonos azulados que Miguel.
Seiya tampoco pasa esto por alto, aproximándose a él y estrechándole amistosamente la mano.
- En efecto, esperaba tu llegada, pero lo que más me llama la atención es tu escama, ya no es dorada como cuando visité el Templo de Poseidón, ¿a qué se debe este cambio? - pregunta intrigado Seiya.
- Jeje, imaginaba que sería lo primero que me preguntarías, en efecto, esta escama es distinta a la que recuerdas, ésta es, por así decirlo la escama original que los generales vestíamos en la era mitológica, y que, gracias a nuestro señor Poseidón y a que contamos con un reparador de armaduras también, hemos podido recuperarlas. - responde.
- ¡¿un reparador de armaduras?! - salta Safiya sorprendida.
- En efecto, así es, joven santa de plata, de hecho, sino me equivoco tú también lo eres, ¿No es así? Eres Safiya, la discípula de Kiki de Aries. -
El extenso conocimiento por parte de Sorrento genera sorpresa y desconfianza a partes iguales, cosa que el propio Sorrento percibe.
- No debéis sorprenderos, las cosas ahora son muy distintas, y si debemos luchar juntos es importante conocer con quien luchas codo con codo. - aclara Sorrento tratando de suavizar la tensión.
- Sorrento tiene razón, además, la propia Atenea expondrá todos los hechos, esperábamos la llegada del emisario de Poseidón. Ahora acompañarnos todos hasta el templo del Patriarca. - añade Seiya que comienza a caminar junto a Sorrento.
Sorrento con gesto tranquilo y sonriente se detiene momentáneamente frente a Shaina.
- Noble santa de Escorpio, ¿tendrías la amabilidad de liberar a Miguel de tu técnica? El tiempo apremia y debemos hacer diversos preparativos. Te prometo que Miguel aprenderá modales. - le pide inclinándose frente a ésta a modo de respeto.
Shaina, incrédula e incómoda, accede a la petición de Sorrento, incrustando su aguijón directamente en el pecho de Miguel, liberándole de la tortura y la agonía que padecía.
- He restaurado tus sentidos y el veneno del escorpión dejará de recorrer tu sistema sanguíneo, quédate ahí quieto un rato hasta que el efecto remita por completo, y… no hagas que me arrepienta. - zanja amenazante Shaina mirando fijamente tras la máscara a Miguel.
Safiya se interpone en el camino de Seiya.
- Maestro Seiya… como alumna de mi maestro, mi deber es custodiar su casa en su ausencia, te ruego que me disculpes ante Atenea. -
Seiya la mira sonriendo, desconcertando a la joven santa.
- ¡Déjate de formalidades! Y no será necesario excusarte, Atenea nos ha citado a todos, lo que si te voy a pedir es que uses tu tele transportación con nuestro joven amigo Miguel, y nos esperéis en la entrada al palacio del Patriarca. Mirari, te ocupas tu del resto ¿no? -
- ¡Por supuesto que sí! - responde sonriente Mirari, que se queda la última del grupo.
Safiya asiente con la cabeza, y se sitúa junto a Miguel, que sigue mirándola con cierto rencor, ésta coloca su mano sobre su hombro.
- Si vomitas sobre mi armadura te mataré… - susurra Safiya al oído de Miguel antes de que ambos se desvanezcan.
El grupo toma el camino de ascenso a través de las doce casas, cerrando el grupo Mirari de Piscis, que va cubriendo cada uno de los pasos con sus hermosas y venenosas rosas rojas.
Templo del Patriarca
Miguel y Safiya que aguardan a Seiya y los demás, por fin divisan la llegada de éstos tras cruzar la duodécima casa.
- Maestro Seiya, mi maestro Kiki y el resto de caballeros que se encuentran en el Santuario están ya reunidos en el interior junto a Atenea y el Patriarca que nos esperan. -
- Perfecto Safiya, muchas gracias. -
Seiya abre los portones del palacio y todos se adentran en su interior, tras cruzar el hall de la entrada, atraviesan finalmente la puerta que da acceso a la sala principal, en ella varias filas de caballeros aguardan la llegada de éstos, donde en el fondo de la sala, Atenea se encuentra sentada en su trono, junto a Hilda de Polaris y el Patriarca Shiryu.
A medida que el grupo de Seiya avanza hasta la propia Atenea, los demás se van situando en filas tras ellos. Muchos años han pasado desde que una crisis hiciera reunirse a tanto caballero a la vez.
En esta ocasión los presentes son:
Kiki de Aries, Geki de Tauro, Kanon de Géminis, Isis de Cáncer, Ikki de Leo, Shun de Virgo, Shaina de Escorpio, Seiya de Sagitario, Mirari de Piscis, Safiya de Altar, Catrina del Loto, Edén de Orión, Marin del Águila, Galo de la Cruz del Sur, Niobe de la Lira, Siso de Cefeo, Dimitros del Centauro, Koga de Pegaso, Nachi del Lobo, Ban del León, Yuni de Andrómeda, Ichi de Hidra, Jabu de Unicornio.
Junto a Sigmund de Granne por parte de Asgard, y finalmente los últimos en llegar a la reunión en representación de Poseidón, Sorrento de Sirena y Miguel del Hipocampo.
- Diosa Atenea, como representante de mi señor Poseidón, es un placer saludaros como a una amiga, dejando atrás el pasado. - interfiere Sorrento inclinándose frente a Atenea.
- Es un honor recibiros a ti y a tu señor. Antes de comenzar, me gustaría hablar con el joven que te acompaña, aquel que se ha presentado sin invitación. - responde grácilmente Atenea.
Tal petición genera sorpresa en la sala, sobre todo al propio Sorrento.
- Atenea por favor, os pido perdón por dicha intromisión, en mi nombre y en el de Poseidón, y os aseguro que nuestra intención y convicciones permanecen intactas, no pensamos romper la alianza que ahora nos une en un frente común. - responde muy nervioso y angustiado Sorrento.
- No debes preocuparte por eso. - responde calmada y sonriente Atenea.
Sorrento preocupado por lo que pudiera pasar, mira con nerviosismo a Miguel, el cual se siente intimidado por la presencia de la propia Atenea.
- Adelante, acércate por favor. - insiste nuevamente Atenea poniéndose en pie.
Miguel, nervioso y consciente de que un movimiento en falso acabaría con su vida estando rodeado por todos los caballeros se aproxima hasta el pie de los tres escalones que le separan de Atenea.
Ésta, para mayor sorpresa de todos, desciende hasta situarse frente al joven marino, que impresionado por la belleza de Atenea y por la calidez que su cosmos desprende, no es capaz de articular palabra.
- ¿Te llamas Miguel? ¿No es así? - pregunta con una voz dulce y calmada Atenea.
- S… Si… as… así es… diosa Atenea… Mi… Miguel del Hipocampo. - responde tartamudeando el joven.
- No confías en mi ni en mis caballeros ¿verdad? - pregunta directamente y sin rodeos.
Miguel comienza a sudar abundantemente muy nervioso y sin saber que responder.
- No te preocupes, es perfectamente natural… durante siglos los caballeros de Atenea y los generales marinos han mantenido duros enfrentamientos, provocando un continuo derramamiento de sangre… no te pido que confíes en mi… pero te prometo que haré todo lo que esté en mi mano por protegerte a ti, y a todos los demás. -
Miguel se queda paralizado, con los ojos abiertos completamente, atónito ante las dulces palabras que la diosa Atenea ha tenido el detalle de dirigirle en persona. La calidez del cosmos de Atenea, presente en todo el Santuario es, sin duda, difícil de explicar cuando se la tiene frente a sí.
Miguel queda embaucado y admirado por éste, la mirada de desprecio que Miguel poseía al llegar a la casa de Aries se desvanece por completo.
Shiryu decide dar por zanjado tal asunto y poniéndose en pie, comienza a exponer la situación.
- Bien, como todos sabéis, una amenaza se cierne no sobre el Santuario, sino sobre el mundo entero, una amenaza que el Santuario, Asgard o Poseidón no son capaces de librar por si solos. Ni siquiera el propio Olimpo es capaz de hacerlo solo…-
Kanon se adelanta colocándose ante Shiryu.
- Muy bien, dadme la orden y me dirigiré al combate, sea quien sea mi enemigo. -
- No tan deprisa. - interviene Seiya.
- Entonces explícame como eres capaz de alcanzar por sí solo el nivel de la Kamui. - responde tosco Kanon.
- Kanon, déjame continuar, ese tema lo debatiremos después. - responde Shiryu.
- Esta bien, disculpadme, Patriarca. Os escucho. -
- Como hemos podido comprobar por nosotros mismos, el poder de Cronos y de sus guerreros sobrepasa todo lo conocido hasta ahora, no obstante, el propio Cronos es consciente de que su poder no ha sido restablecido todavía, pero atacará sin dudar al Santuario, el Templo Marino y hasta al propio Olimpo en cuanto haya recuperado todo su poder.
Sus tropas por desgracia, poseen un poder tan monstruoso como el suyo, que ni siquiera Seiya y Shun han sido capaces de igualar hasta ahora. - explica reflexivo Shiryu.
Atenea que se ha situado junto al Patriarca, pone su mano sobre su hombro, y con una cálida sonrisa, le insta a continuar hablando, mientras la sala al completo en silencio aguarda.
- De manera oficial, Asgard, el Santuario y el Templo Marino forman una alianza, las viejas rencillas son cosa del pasado. Solo podremos sobrevivir si nos unimos y aprendemos unos de otros. -
- ¿Aprender unos de otros? - pregunta extrañado Ikki.
- Así es, se ha pactado que el Santuario sea el cuartel principal de las operaciones, mientras Cronos recupera su poder, nosotros no nos quedaremos de brazos cruzados. Debemos alcanzar nuevos niveles para poder estar a la altura de lo se avecina. Por eso… a partir de ahora guerreros divinos, marinos y caballeros de Atenea entrenaran y perfeccionaran sus habilidades juntos. -
Las palabras del Patriarca causan rumores entre los caballeros.
- Escuchad, para alcanzar nuevas cotas, se requiere esfuerzo, sacrificio y un constante aprendizaje, de ahí la oportunidad que se nos brinda para aprender y mejorar unos de otros. -
Las diversas opiniones generan un rumor constante más intenso entre los diversos caballeros presentes.
- ¡SILENCIO! ¡¿Sois caballeros o muñecas de porcelana?! Yo he combatido contra nuestros enemigos, y os aseguro que, si ahora vinieran aquí, estaríais muertos en dos segundos. Por favor Patriarca, continuad. - interviene Kanon molesto por tanto rumor a su alrededor.
- Como iba diciendo, os enviaremos a muchos a distintos campos de entrenamiento, y desde el Santuario, coordinaremos misiones de reconocimiento o de intervención. No puedo prometer que no sufriremos bajas, ni de que habrá compañeros que llegaran en auxilio de otros… no siempre… Esta guerra dictará el sino del mundo y sus habitantes. Depende todo de nosotros…- concluye Shiryu.
- ¿Has dicho campos de entrenamiento? - pregunta Shaina.
- En efecto. - responde Atenea.
- Varios de vosotros seréis enviados en grupo o en solitario a diversos lugares, a la vez que otros saldréis en misión a otros lugares. - interviene por primera vez Hilda.
- Koga de Pegaso, Niobe de Lira, Shaina de Escorpio y Marin del Águila, vosotros iréis al Templo de Poseidón, allí aprenderéis a enfrentaros a nuevos y más fuertes rivales. Seréis por ahora, los representantes del Santuario allí. -
La sorpresa es generalizada, sobre todo ante los escogidos para dicha tarea. Pero antes de que ninguno pueda intervenir el Patriarca prosigue.
- Kanon de Géminis, Isis de Cáncer, Ikki de Leo y Edén de Orión… vosotros iréis a…-
- ¿A dónde Shiryu? - pregunta intrigado Ikki.
- Vosotros iréis a la isla de la Reina Muerte. -
- ¡¿Qué!? ¡Eso es imposible! ¡La isla fue destruida y devorada por el mar hace años! - salta incrédulo Ikki.
- No es imposible… Mi señor Poseidón la ha devuelto recientemente a la superficie a petición de la propia Atenea. - responde interviniendo Sorrento.
Ikki escucha con incredulidad las palabras del marino mientras observa en silencio a la propia Atenea.
- Los demás caballeros, permaneceréis en el Santuario por ahora, desde donde como he dicho, saldrán diversas misiones en breve. Para acabar, os pido a todos que salgáis de la sala, a excepción de los santos dorados aquí presentes. - zanja Shiryu.
Los santos rompen filas algo desconcertados ante los grandes cambios, Koga, se aproxima desconcertado a Seiya.
- Maestro, ¿acaso esto significa que dejo de ser su alumno? - pregunta el joven santo de bronce.
- ¡En absoluto! Pero para avanzar también se debe evolucionar. Ahora, por favor ve junto a Marin y el resto a fuera. - le responde un sonriente Seiya.
Los distintos caballeros comienzan a despejar la sala, incluida la propia Hilda, que se retira junto a Sigmund, quedando únicamente los nueve caballeros dorados presentes, el Patriarca, Atenea y Sorrento que permanece presente a petición de Seiya y Atenea.
Shiryu toma dirección hacia la parte trasera donde Atenea se encontraba sentada, tras correr unas grandes y gruesas cortinas, se divisa una puerta oculta, la cual abre y cruza.
- Por favor, acompañadme. - insiste el Patriarca invitando a los presentes a seguirle.
Comentarios