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Capítulo 04. El concilio dorado

Los santos siguen los pasos del Patriarca, hacia una sala contigua, donde para sorpresa de todos, encuentran una pequeña mesa circular de piedra, y doce asientos de la misma, donde en cada uno, hay uno de los doce signos, representando así a las doce casas.


Los caballeros sorprendidos ante el desconocimiento de dicha sala, toman sus respectivos asientos, todos ellos, supeditados por uno un poco más arriba, donde Atenea toma asiento junto a Sorrento que la escolta.


- Jamás escuche nada de la existencia de esta sala. - murmura Kanon mientras toma su asiento.


- Decidí construirla tras el ataque de Cronos. - responde con cierta sonrisa Shiryu.


- ¡Pues ya podíais haber puesto asientos más cómodos! ¡O algún cojín o algo! ¡Se me va a quedar el culo plano! - exclama Isis.


- ¡Isis! ¡Maldita sea tu lengua! - exclama Geki furioso.


- ¡Ya basta los dos! ¡Parecéis críos pequeños! - les corta Shaina.


- Si esta mesa nos representa a los doce caballeros dorados, ¿porqué no están presentes Hyoga de Acuario y Kazui de Capricornio? Por no hablar de que al ser Shiryu el Patriarca, la armadura de Libra está ausente. - interviene seria Mirari.


- Deberías mostrar más respeto hacia Shiryu, como Patriarca y como caballero de Libra que es. - le responde con tono desafiante un Ikki que se encuentra sentado de brazos cruzados.


- Hermano, creo que se refiere al hecho de que en esta reunión faltan dos caballeros de oro, y que al ser el propio Shiryu el Patriarca, no puede desempeñar su labor como caballero de Libra a la vez. - responde Shun que hasta ahora permanecía en silencio.


- Eso es lo que quería decir, no pretendía faltarte al respeto Shiryu. - responde nuevamente Mirari.


- ¡Basta de gilipoyeces! ¡Vayamos al grano de una vez! - exclama Kanon dando un golpe sobre la mesa.


- Tienes razón Kanon, os he reunido para tratar el tema de las Kamuis, de modo que cedo la palabra a Seiya. -


- ¡Ya era hora Seiya! ¡Explícanos de una vez como has logrado tal cosa! Y como es que Shun también lo ha logrado. - responde Ikki.


- Veréis… a decir verdad, no fui yo el primero, fue Shun. - responde poniéndose serio Seiya.


- ¿¿Cómo dices?!- exclama sorprendido Ikki.


- Cerrad toda la boca de una vez, y dejad que Seiya y Shun hablen de una vez. - replica Kanon.


Shun se pone en pie, generando absoluto silencio y la atención de todos.


- Todo empezó… hace 18 años… tras derrotar a Hades y su ejército, fui ascendido a santo de oro, y tras dos años de paz, decidí regresar a la Isla de Andrómeda. Allí comencé a deliberar y meditar como podría ayudar mejor al mundo ahora que éste había encontrado la paz. Fueron años de meditación y pensamiento, pero por más que trataba de encontrar una respuesta, no la encontraba, hasta que un día, entre en una meditación que duró noventa días y noventa noches, con el fin de entrar en sintonía con mi propio espíritu, mi cosmos se intensificaba más y más, y éste se concentraba en mi interior. Cuando de pronto una presencia a mi alrededor interrumpió mi meditación. Por más que buscara en la isla, no había nadie más que yo, fue entonces cuando escuche por primera vez la voz de Shakka en mi interior…-


- Shakka…- murmura en voz baja Kanon, atento a cada palabra de Shun.


- La voz de Shakka venia del interior de la armadura de Virgo, fue el quien me guio en los años siguientes, al principio me resultaba difícil alcanzar ese nivel para comunicarme con él, fue él quien me explico el secreto de las armaduras de oro. -


- ¿Secreto? ¿Qué secreto? - pregunta Kiki.


- El secreto para despertar una Kamui sin la necesidad de la sangre de Atenea. - responde Seiya.


- ¿¡Y cómo es eso posible?!- pregunta Geki.


- Un caballero puede elevar su cosmos progresivamente y a lo largo de los combates en su vida, como nosotros mismos hemos venido haciendo desde que éramos caballeros de bronce, pero…- responde seiya.


- Se debe alcanzar el máximo nivel tanto de cosmos como en espíritu, para así entrar en comunión con la esencia de la armadura. - continua Shun.


- ¿La esencia de la armadura? ¿A qué te refieres con eso? - pregunta Shaina.


- Para alcanzar el nivel de una Kamui, se requiere de un poder fuera del alcance de cualquier caballero, de ahí la necesidad de la sangre de un dios, salvo que…-


- ¿Salvo que, Shun? - pregunta Ikki.


- Salvo que cuentes con la ayuda del predecesor de dicha armadura. - responde Seiya.


- ¿Acaso quieres decir que…? - murmura Kanon.


- Estas en lo correcto Kanon, al alcanzar mi máximo en cosmos y espíritu, pude entrar en total comunión y armonía con la armadura de Virgo, fue entonces cuando la esencia de Shakka despertó, y es gracias a él que puedo alcanzar el nivel de una Kamui. -


- Entonces, el cosmos que me pareció sentir en el valle de los muertos, era en realidad el de…- comenta Kanon.


- El de Aioros, es correcto, su cosmos y su espíritu están en sintonía con el mío y gracias a eso puedo amplificar mi fuerza por varias veces y vestir la Kamui de Sagitario. - resuelve Seiya.


- Kanon e Ikki, vosotros dos, disteis el primer paso hacia eso en el valle de los muertos cuando combatisteis juntos. Es un primer paso, hacia algo mayor. - responde Shun.


- ¿Algo mayor dices? ¿Acaso hay algo superior a vosotros dos? - pregunta extrañado Kiki dirigiéndose a Shun y Seiya.


- Alcanzar y dominar esto es fundamental para despertar el noveno sentido. - responde interviniendo Sorrento.


- ¡¿El noveno sentido?! – Kiki/Geki/Shaina/Kanon/Ikki/Mirari/Isis.


- El noveno sentido, el de la perfección, aquel que une y fusiona a todos los demás en uno solo, dicho así, la propia perfección. Aquel que solo los dioses conocen. - responde nuevamente Sorrento.


- Ahora ya lo sabéis todo… no será fácil, y tal vez sea algo imposible de alcanzar, pero para poder plantar cara en batalla deberemos desafiar nuestros propios límites… como humanos mortales…- zanja Shun.


- Por eso, todos, incluidos los caballeros dorados debemos someternos a nuevos entrenamientos que nos hagan ir más allá lo impensable. - aclara Shiryu.


- Shaina ira al templo de Poseidón, Ikki, Isis y Kanon la isla donde Ikki obtuvo la armadura del Fénix, los demás, por ahora, permaneceréis aquí con Seiya y conmigo y os guiaremos en los primeros pasos, después será cosa vuestra. -


- ¿Y qué hay de los caballeros dorados ausentes? - pregunta Kiki.


- Hyoga y Kazui tienen misiones que cumplir, no obstante, ya he enviado a alguien que vaya a su encuentro y los ponga al día, al igual que pronto conoceréis al nuevo santo de Libra. -


- ¡¿Nuevo caballero de libra?! ¿Acaso no eres tú ese? La armadura que heredaste de tu maestro, el gran Dokho de Libra. - pregunta Geki.


- Son tiempos de guerra, y como Patriarca, debo estar al frente de todo, y dejar que la siguiente generación tome el relevo. Por ahora esto es todo. Concluir vuestros asuntos y dirigíos cada uno a donde se os ha sido enviado. Ojalá podamos encontrarnos todos de nuevo… Pero quien sabe, tal vez esta sea la última ocasión que estemos todos reunidos…- zanja Shiryu.


Los caballeros dorados se saludan y despiden unos de otros, a sabiendas de que puede pasar mucho tiempo hasta volver a encontrarse, si se da la ocasión…


A la salida, Seiya se aproxima hacia Marin y Koga que le esperan a la salida del palacio del Patriarca.


- Marin, de ahora en adelante te encomiendo el adiestramiento de Koga, es terco como yo lo era, pero también posee un noble corazón en su interior. Estoy seguro de que, con tus enseñanzas, un día será capaz de superarme. -


- Sera un honor para mí, Seiya. Cuenta conmigo. -


- Koga, ahora comenzaras otra etapa de tu entrenamiento, bajo la supervisión de Marin, aquella que fue mi maestra durante muchos años aquí en el Santuario, gracias a sus enseñanzas, soy quien soy ahora. Haz que me sienta orgulloso de ti. -


- ¡Puedes contar conmigo maestro! ¡Seguiré entrenándome sin descanso hasta que sea tan fuerte como tú! -


- Has progresado mucho en estos años, cuento con ello. A fin de cuentas, mi misión como caballero es legar mi voluntad de proteger a la Tierra y a Atenea, como yo heredé la voluntad de Aioros de Sagitario. -


- ¡Vámonos Koga! ¡Tu verdadero entrenamiento esta por empezar! - exclama Marin despidiéndose de Seiya.


Shun se aproxima a su hermano con su gentil sonrisa y le estrecha la mano a modo de despedida.


- Hasta pronto hermano. -


- Nos volveremos a encontrar Shun, ahora ya no tengo porque preocuparme, te has convertido en uno de los caballeros más fuertes de entre todos… Estoy orgulloso de ser tu hermano. -


Con alguna que otra lagrima en sus ojos, Shun asiente con una sonrisa despidiéndose nuevamente de su hermano. Mientras tanto, Sigmund, que aguardaba la salida de los santos de oro, se aproxima con rostro serio hacia Kanon, que lo mira desconcertado.


- Estoy desconcertado… Creí que, tras la batalla contra Loki, los doce caballeros dorados habíais desaparecido, regresando nuevamente al descanso eterno… y, sin embargo, te encuentro nuevamente aquí y ahora… con la misma apariencia con la que te conocí hace veinte años… ¿Cómo es eso posible Saga? -


- ¿Conociste a mi hermano Saga? - responde Kanon.


- ¡¿Tu hermano?!- pregunta sorprendido Sigmund.


- Mi nombre es Kanon, soy el hermano gemelo de Saga, y al igual que él, visto la armadura de oro de Géminis. - responde presentándose.


- Entiendo… Aun así… puedo percibir su espíritu en ti. -


- Exactamente… ¿De qué conocías a mi hermano? - pregunta con curiosidad.


- Me enfrenté a él. - responde serio Sigmund.


- ¿¡Como?!- reacciona sorprendido Kanon.


- Hace veinte años… durante el gran eclipse… los caballeros de Atenea librabais una dura batalla frente a Hades y sus espectros… Aprovechando esto… El falso dios Loki despertó nuevamente en Asgard, aprovechando la debilidad de Hilda por enfermedad y de que Atenea estaba inmersa en la lucha contra Hades, se apoderó del cuerpo de Andreas Rize, el médico de palacio e hizo resurgir una nueva orden de guerreros divinos. -


- ¿Y dices que luchaste entonces contra mi hermano? - pregunta desconcertado y no terminando de creer las palabras de Sigmund.


- Odín, al percibir la amenaza y el peligro que corría la Tierra, despertó también, tomando a Lyfia como nuevo recipiente, y a través de ella, resucitó a los doce caballeros de oro caídos en la Guerra Santa. -


- ¿Mi hermano y el resto de caballeros revivieron nuevamente? -


- Así es, Lyfia se empeñó en hacernos ver a todos que Andreas/Loki no tramaba nada bueno, pero nadie en Asgard quiso creerla, solo Aioria de Leo y el resto de caballeros que le siguieron estuvieron junto a ella. -


- ¿Y después que ocurrió? -


- Los doce caballeros libraron una dura batalla incluso a sabiendas de que en Asgard su poder estaba lastrado por la protección del árbol Ygdrasil. Yo personalmente combatí contra tu hermano Saga, cegado por el rencor y el odio que sentía hacia los caballeros de Atenea, por la muerte de mi hermano frente a los propios santos en la anterior batalla. Sediento de venganza me enfrente a Saga, hasta que Loki manipulo mi cuerpo directamente, haciéndome ver que verdaderamente estaba equivocado. - resume cabizbajo Sigmund.


- Hay algo que no acabo de entender… ¿Te enfrentaste a mi hermano Saga y aun así salvaste tu vida? -


- Además de ser un caballero excepcional, me mostro misericordia incluso cuando yo mismo le supliqué que acabara conmigo. Pero él se negó rotundamente, sabedor de lo que era ser poseído por el mal, me derrotó en combate, liberando mi cuerpo y mi espíritu, haciéndome ver la verdad. Siempre le estaré agradecido por lo que hizo por mí y por Asgard. -


Tras unos instantes en silencio de reflexión.


- Debes saber, que yo, personalmente, también sé que es estar dominado por el odio y por la ira. Yo mismo levanté mi puño contra la mismísima Atenea, y fui yo quien manipuló a Poseidón para acabar con ella. Poseidón a su vez manipuló a Hilda de Polaris en su beneficio, originando así la batalla que tu hermano libró contra el Santuario. - confiesa Kanon que mira desde un balcón todo el Santuario.


Sigmund muestra en su rostro gran sorpresa ante las reveladoras palabras de Kanon, mostrándose como el principal culpable que originó todo aquello. Sin poder evitarlo, la ira se apodera por momentos de él, apretando con rabia los dientes, cerrando su puño con fuerza y dirigiendo una furiosa mirada hacia el santo de Géminis que se encuentra de espaldas.


- Y aun así… A pesar de todos mis crímenes, de toda la sangre derramada y de la destrucción que provoqué… Atenea me salvó la vida por dos veces, perdonándome y purgando mi espíritu de toda maldad como mi hermano Saga hizo contigo. - responde Kanon que se gira nuevamente hacia Sigmund.


Las últimas palabras del santo de Géminis aplacan la ira de Sigmund, el cual ve en los ojos de Kanon como todavía carga con la culpa y el remordimiento por aquello.


- No puedo devolverte a tu hermano, y aunque me disculpo por lo de tu hermano, entenderé perfectamente que no las aceptes. Atenea me perdonó, y como expiación por todos mis pecados, me convertí en el caballero de Géminis para luchar por la justicia y la paz en la Tierra hasta dar mi vida. Ahora que he regresado de nuevo, puedo prometerte que al igual que mi hermano Saga, lucharé y protegeré a la Tierra y a Asgard, aunque eso me cueste la vida. -


Sigmund se percata como en lo profundo de los ojos de Kanon, su determinación y su voluntad son implacables, y recordando las palabras de Saga en su enfrentamiento, éste se aproxima hasta situarse frente a Kanon, al cual le estrecha la mano amistosamente.


- Fue un privilegio luchar contra un caballero como tu hermano Saga… Será un honor librar esta batalla y luchar codo con codo con su hermano. - zanja con una firme sonrisa.


Kanon sonríe ligeramente e inmediatamente estrecha con fuerza la mano con Sigmund.


- Volveremos a vernos, te lo prometo. Hasta entonces… Sigue haciéndote más fuerte. - le responde.


Kanon, se da la vuelta, y, portando su casco en la mano, comienza a alejarse.


- ¡Es hora de irse Ikki! ¡No permitiré que ningún otro caballero sea más fuerte que yo! ¡Isis en marcha! – exclama Kanon.


- ¡Vale jefe! ¡Entendido! – responde Isis a modo de burla.


Kanon abre un vórtice y a través de él, Kanon, Isis, Ikki y Edén desaparecen, abandonando nuevamente el Santuario.



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