Capítulo 05. Escaramuza en los Cinco Picos
- Carlos Moreno
- 6 mar 2022
- 10 Min. de lectura
Rozan, Cascada de los Cinco Picos
Se observa a un joven de pelo largo y moreno entrenando solo frente a la gran cascada, luchando contra la corriente de agua, saltando hacia ella, golpeándola con sus puños y piernas, tratando de invertir el flujo del agua sin conseguirlo, tras múltiples intentos y el cansancio acumulado, decide intentarlo una vez más.
- Esta vez lo conseguiré, estoy seguro, y el maestro Kazui no tendrá más remedio que pasar al siguiente nivel de mi entrenamiento. -
El joven se coloca en posición, cerrando los ojos y concentrando todo su cosmos.
- ¡Aaahhh! -
El joven, abre los ojos y con todo su cosmos concentrado se lanza decididamente contra la gran corriente de agua, pero a pesar de poner todo su corazón y empeño, no lo logra, siendo golpeado violentamente por la corriente de agua y saliendo despedido contra la misma roca desde la que se impulsó, cayendo de espaldas contra ella.
- ¡No lo entiendo! He seguido todas las indicaciones del maestro al pie de la letra, y todavía no lo he logrado, debo hacer lo imposible por conseguirlo antes de que regrese. - se lamenta.
- ¿A dónde habrá ido el maestro? Hace días que se fue, desde que percibimos toda esa energía malévola que surgió de la nada en la Tierra, empezó a comportarse de forma extraña. - comenta pensativo el joven mirando a lo alto de la cascada.
Al poco tiempo, percibe en la distancia, la presencia de un grupo numeroso dirigiéndose hacia él, haciendo que se ponga en guardia.
- Siento como un grupo numeroso viene hacia a mí, sus cosmos son idénticos al cosmos que percibimos hace días, a diferencia de dos, que son completamente distintos, uno parece que trata de ocultarse y el otro despide una sensación de arrogancia… ¡ya vienen! -
Desde el otro extremo de la montaña, emerge una multitud, vestidos con extrañas armaduras, a excepción de dos, que van cubiertos con largas túnicas oscuras, cubriéndoles completamente de la cabeza a los pies, y del que apenas su rostro se puede ver.
- Hemos llegado, es aquí, como os dije. - responde uno de los que van vestidos con túnicas al resto del grupo.
- Bien, me alegra ver que no mentías, nos has ahorrado mucho tiempo tratando de llegar aquí a través de las montañas. - le responde uno de los que visten armaduras.
- Nos ha traído hasta aquí, pero no percibo la presencia de a quien buscamos ¿no estarás tratando de engañarnos? - responde un segundo.
- Os dije desde un principio que os llevaría hasta aquí por la ruta más corta y directa, según mi información, aquel a quien buscáis lleva tiempo en este lugar, pero nunca os dije que lo encontraríamos rápidamente. - responde el hombre de la túnica.
- No puede andar muy lejos. - responde una voz femenina bajo la segunda túnica.
- ¿Cómo estas tan segura de lo que dices? - pregunta el desconfiado.
- ¿No es obvio? Ese crío de ahí debe ser su discípulo. - responde nuevamente la voz femenina con firmeza.
- ¡¿Quiénes sois vosotros?! - pregunta el joven muy seriamente.
- Tú debes ser Ryuho, ¿No es así? - responde la voz femenina.
- ¡¿Qué?! ¿Cómo sabes mi nombre? - responde el joven muy sorprendido.
- Definitivamente estamos en el lugar correcto, me alegra ver que hablabais en serio cuando vinisteis a nosotros. Seréis soldados de mi señor Cronos como pedisteis, y el quedará muy complacido de contar con dos Santos de Atenea en sus filas. - responde el primero.
- ¿¡Cómo?! ¿Has dicho Cronos? ¡Sois Alcalianos! Y ¡¿Santos de Atenea?! Esos dos que se ocultan, ¿¡son Santos de Atenea que os ayudan?! - responde escandalizado Ryuho.
- ¡Jajajaja! ¡Así es! Pero digamos más bien, que eran Santos de Atenea, ahora son Alcalianos que han jurado lealtad de mi señor Cronos, pero, antes de nada, permíteme que me presente… Me llamo Kerobi, ¡Alcaliano de Tercer Grado! -
¡¡¡RUGIDO OCEANICO!!!
Kerobi lanza su ataque, tomando el agua de la gran cascada, creando un enorme torbellino de agua, el cual absorbe y atrapa a Ryuho, que no es capaz de reaccionar a tiempo, el torbellino le hace girar sin parar, golpeándolo contra la pared de rocas en cada giro del tornado.
Kerobi disuelve su torbellino y Ryuho sale volando por los aires, hasta chocar contra las rocas, cayendo de boca contra el suelo.
- ¿Qué… que ha sido eso? No he sido capaz ni de reaccionar…-
- Kerobi, no te excedas, no quisiera que lo mataras antes de obtener la información que buscamos. - responde la voz femenina bajo la túnica.
- ¡Tienes razón! Le sacaremos la información por las buenas o por las malas, y después tu misma lo matarás. - responde Kerobi.
La encapuchada guarda silencio.
- ¿Tienes algún problema en acabar con él? - pregunta el segundo.
- Akane, no tengo ningún problema en acabar con cuantos se crucen en mis intereses, pero matar a un niño que ni siquiera ha conseguido obtener una armadura de bronce no me motiva especialmente. - responde la misteriosa mujer.
Ryuho se incorpora tras recibir el ataque de Kerobi con cierta dificultad.
- Y vosotros dos, sois ¡Santos de Atenea! ¡¿Cómo habéis podido romper vuestro juramento y traicionar a Atenea!?- exclama enfurecido Ryuho dirigiéndose a los dos encapuchados.
- Nosotros servimos a nuestros intereses. Los motivos que tengamos para hacer lo que hacemos no son asunto tuyo. - le responde el hombre encapuchado.
- Buscamos a tu maestro, Kazui de Capricornio. Solo nos interesa encontrar al Santo dorado. Dinos donde se encuentra y te dejaremos vivir, hijo de Shiryu. - responde la encapuchada.
Ryuho queda muy sorprendido ante el conocimiento que la misteriosa mujer muestra.
- ¡¿Quiénes sois?! ¡Traidores! - les grita Ryuho.
- ¡Silencio! Aquí las preguntas las hacemos nosotros. Pero ya que tienes tanto interés, me presentare. - le responde con contundencia el hombre encapuchado.
El misterioso caballero da varios pasos, adelantándose al resto de grupo, y se rasga la túnica que le ocultaba, mostrando su identidad para sorpresa de Ryuho.
- ¡Un Santo de Plata! - exclama Ryuho.
- Me llamo Ígalo de Perseo, caballero de plata, Jajajaja, estoy seguro de que tu padre te habrá contado la historia que tiene esta armadura con tu padre, y ahora contigo. ¡TOMA ESTO! -
Ígalo se lanza súbitamente contra Ryuho.
¡¡¡DEMONIO DE LA GORGONA!!!
El poder del Santo de Plata, es muy superior al joven aspirante a caballero, y con su mayor velocidad, descarga toda la furia de su ataque contra el cuerpo desprotegido de Ryuho, impactando cada uno de los golpes, Ígalo agarra por el cuello a Ryuho y lo lanza levemente hacia arriba, aprovechando para golpearlo nueva y repetidamente con una multitud de golpes cual saco de boxeo.
El joven hijo de Shiryu no puede hacer nada ante tal brutalidad, y cae malherido contra el suelo.
- ¡BASTA! - clama la mujer misteriosa.
Ígalo detiene sus golpes, pero antes de dejarlo completamente, descarga una fuerte patada contra el costado de Ryuho, éste sale despedido contra las rocas, quedando incrustado en ellas.
- ¿Dónde se encuentra Kazui de Capricornio? Dínoslo y te ahorraremos mucho dolor y sufrimiento. - responde Akane.
- No sé dónde se encuentra mi maestro, y aunque lo supiera ¡jamás os lo diría! -
Ryuho se lanza sin pensar contra el grupo elevando todo su cosmos dispuesto a contraatacar.
¡¡¡LA COLERA DEL DRAGON!!!
La mujer misteriosa interviene, bloqueando con una sola mano y con mucha facilidad, el ataque del joven, éste queda sorprendido. La mujer, que se desplaza a una velocidad increíble, le propina un fuerte golpe en el estómago, respondiendo así al ataque de Ryuho, volviendo a chocar de espaldas contra las rocas.
- ¡Imposible…! Esa velocidad… Se asemeja mucho a la de mi maestro, ¡¿Cómo es posible?! ¡¿Quién diablos eres tú?! - responde un Ryuho cada vez más agotado.
La mujer, ignorando las palabras de Ryuho, se gira dándole la espalda al joven, dirigiéndose al resto del grupo.
- No sacaremos nada de este pobre desgraciado, y aunque supiera donde se encuentra Kazui, estoy segura de que tampoco nos lo diría. - zanja la mujer.
- ¿Y qué propones entonces? - pregunta Kerobi.
- Matemos a este crio y esperemos a que regrese su maestro. - responde Akane.
- No tenemos nada que nos haga pensar que regresará, lo mejor sería seguir su rastro y dar con él. - responde la mujer.
- Mata al chico y sigamos adelante. - le responde Akane.
- Ya te dicho que mataría a todo aquel que se cruzara en mis intereses, pero no voy a matar a un pobre niño indefenso. - responde con voz seria la mujer.
- ¡¿Te niegas a matarlo?! ¡¿Esa es la lealtad que muestras?! - le grita Akane.
- Mátalo tú, si tanto lo deseas. - responde la mujer, retirándose del lugar.
- ¡Maldita sea! ¡Te dado una orden! -
- No acato ordenes de alguien como tú. - le responde desde la distancia.
- Ígalo, hazlo tú entonces. - le ordena Akane.
Ígalo asiente con la cabeza y comienza a caminar hacia donde se encuentra Ryuho, se agacha frente a él, sonriéndole, le agarra por el cuello y se vuelve acercar al grupo.
- ¡Hagámoslo divertido! - exclama Ígalo.
- ¡¿A qué te refieres?! - pregunta Kerobi.
- Acercaros todos a mí, cerrare los ojos y me daré la vuelta, lanzaré al chico al aire, y quién antes llegue le dará el golpe de gracia. - responde Ígalo.
- ¡Suena divertido! ¡Esta bien! ¡Hagámoslo! - clama animado Akane.
- Sois todos como niños pequeños. - susurra la mujer.
Kerobi, Akane, y el grupo de soldados rasos que los acompañan se aproximan y rodean a Ígalo.
- De acuerdo, atentos, que haya voy. -
Ígalo que posee una larga melena la cual cubre su espalda, cierra los ojos, y se dispone a girar, cuando este comienza, mueve ligeramente su cabeza, haciendo que su largo pelo se mueva y muestre la espalda del santo de plata, al hacerlo y para sorpresa de todos, observan un extraño rostro en la espalda de su armadura, se trata de la imagen de la Medusa, cuyos ojos comienzan a brillar.
Al ver tal imagen oculta en su espalda, Kerobi y Akane quedan desconcertados.
- Oye, ¿Qué es ese rostro que hay en tu espald…? - pregunta Kerobi que no alcanza a terminar la frase convirtiéndose en piedra.
- ¡Maldito traidor! Sabía que no eras de fiar…- responde Akane volviéndose en roca acto seguido.
Ryuho cae suavemente de culo contra el suelo, completamente desconcertado ante lo que acaba de presenciar, el Santo de Plata ha convertido a todo el grupo en estatuas de piedra, en un segundo y para sorpresa suya.
- ¿Te encuentras bien? Espero no haberme sobrepasado antes. - le dice Ígalo con una sonrisa y tendiéndole la mano a Ryuho.
La mujer que se ocultaba bajo la túnica y que se había alejado, regresa hasta llegar junto con Ígalo y Ryuho, el cual, todavía no termina de comprender la situación.
- Primero me atacáis, ahora traicionáis a los Alcalianos, ¡¿de qué lado estáis en realidad?! - pregunta enojado Ryuho.
- Somos Santos leales a Atenea, y eso jamás cambiará, pero teníamos que fingir traicionarla para introducirnos en sus filas y obtener la mayor información posible. - responde la mujer.
- Para lo que nos ha servido… Estos idiotas no nos han aportado nada útil, son simples peones, y además ha resultado muy fácil acabar con ellos. - responde Ígalo con actitud sonriente de superioridad.
- Ryuho, ¿Dónde se encuentra tu maestro Kazui de Capricornio? - pregunta la mujer.
- Antes de seguir hablando contigo, dime quién eres, y cómo te llamas. - responde.
La mujer asiente positivamente con la cabeza y se descubre la cabeza, tras la túnica se ocultaba una hermosa joven, de pelo largo castaño y unos ojos negros como el carbón. Al descubrirse, Ryuho observa que la mujer no porta ninguna armadura.
- Me llamo Vada. -
- ¡Pero si no vistes ninguna armadura! Y, sin embargo, antes bloqueaste perfectamente mi ataque, me atrevería a decir que lo conoces a la perfección, y tu velocidad es igual que la de mi maestro que es un Santo de Oro. ¡¿Cómo es eso posible?! - pregunta Ryuho.
- Veo que no se te escapa nada. - responde sonriente Vada.
- Vada, aunque ahora no porte armadura, está destinada a vestir una, y dado que su maestro fue…- habla Ígalo siendo interrumpido por Vada.
- ¡BASTA! No tienes por qué hablar más de la cuenta. - zanja Vada.
- Ryuho, es cierto, mi velocidad en combate se asemeja a la de tu maestro puesto que, en el pasado, fui entrenada por uno Santo de Oro, pero eso ahora no es relevante, lo importante es que estamos del mismo bando, y necesitamos encontrar a tu maestro, cuando sea el momento, te contaré todos los detalles acerca de mí, pero ahora te pido que confíes en mí. - habla con gesto serio Vada.
- Está bien, confiaré en ti, pero no te puedo decir dónde está mi maestro, se fue hace unos días cuando empezamos a percibir todo ese enorme cosmos que brotó del centro de la Tierra y no he vuelto a saber más de él. - responde Ryuho cabizbajo.
- Ya tengo la información que venía a buscar, gracias, me habéis sido de gran utilidad. - una voz seca irrumpe desde detrás de la cascada.
Ryuho, Vada e Ígalo se sobresaltan ante esta inesperada intromisión.
- ¡¿Quién es ese?! ¿Venía con vosotros? - pregunta Ryuho.
- No, Ígalo ha acabado con todo el grupo que venía con nosotros. - responde.
- ¡Mierda! Nos han seguido Vada. - se lamenta Ígalo.
- ¡¿Quién eres?! ¡Muéstrate! - grita Ryuho.
- ¡JAJAJAJA! Será un placer…-
La fuerte corriente de la cascada se parte en dos, como si hubiera una afilada espada cortara simple papel, y desde atrás, una figura salta hasta donde se encuentra el grupo.
- Mi nombre es Ajax El Conquistador, Alcaliano de 2º Grado, y he venido hasta aquí con la misión de acabar con el Santo de Oro que se oculta aquí. Y de paso, verificar si verdaderamente habíais traicionado a Atenea… Dado que ya me habéis proporcionado la información que necesitaba, y que el tal Kazui parece ser un cobarde que se oculta en las montañas, os mataré a los tres por las molestias causadas. -
Ígalo da un paso al frente del grupo y se posiciona.
- Vada, Ryuho, dejadme esto a mí. -
- ¡Ni hablar! - responde Ryuho.
- Ryuho, tu madre, Sunrei, se encuentra en tu casa un poco más abajo, ¿verdad? -
- Si…- responde Ryuho.
- Pues ve hasta a ella, y llévala hasta un lugar seguro, esto se puede poner feo. - responde Vada.
- ¡Luchare con vosotros! -
- Ni hablar, además este tío es más fuerte que los que te golpearon antes, ¿Cómo piensas luchar contra alguien así si ni siquiera vistes todavía la armadura del Dragón? -
- ¿Cómo sabes tanto acerca de mí? Además, tú tampoco vistes ninguna armadura que te proteja. -
- ¡HAZ LO QUE TE DIGO! Y después, si estás dispuesto a luchar con todo, regresa. - zanja Vada.
- Esta… ¡Está bien! - responde resignado Ryuho.
- ¡DE AQUÍ NO SE IRA NADIE! - Grita Ajax.
¡¡¡SABLAZO SISMICO!!!
- ¡CORRE, AHORA! - grita Vada.
¡¡¡LA COLERA DEL DRAGON DE ROZAN!!!
Ryuho queda en shock ante la fuerza que la joven chica que acaba de conocer despliega, pero sobre todo por la técnica que acaba de utilizar.
Con mil preguntas por responder, no le queda otra que acatar la orden de la misteriosa Vada, y aprovecha la oportunidad que le acaba de brindar para ir en busca de su madre Sunrei, para ponerla a salvo, de lo que Vada predice, que está por llegar.
Comentarios