Capítulo 09. Hijos de Odín.
- Carlos Moreno
- 8 ago 2022
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A varios kilómetros de distancia, en lo profundo de un valle rocoso, el combate que enfrenta a Rolo contra Sigmund y Heracles se detiene tras las sucesivas y potentes explosiones acontecidas en los otros dos combates.
Rolo deposita su enorme y poderoso martillo sobre la nieve, y sonríe abiertamente, sin poder ocultar una siniestra risa. Heracles, exhausto y cansado tras la dura lucha a pesar de sus heridas y no estar en las mejores condiciones, comienza a molestarse por la sonrisa de este y del placido gesto que muestra su rostro.
- ¡¿Se puede saber que te hace tanta gracia, payaso?! - le increpa Heracles.
- Heracles, cálmate, no pierdas los estribos. - le responde Sigmund.
Las palabras de Heracles divierten todavía más a Rolo y este rompe a reír abiertamente.
- ¡Jajaja! ¿Por qué te enfadas guerrero divino? Simplemente me rio de la situación. - agrega el gigante.
- ¿Situación? ¡¿Qué situación?! - insiste molesto nuevamente Heracles.
- ¡Jajaja! Es muy sencillo de entender… Pues veras… Tras esa segunda detonación de cosmos en los picos más altos de las montañas, diría que os habéis quedado solos. Vuestros amigos ya son historia. ¡jajaja! -
- ¡Grrr! ¡¿Qué estás diciendo?! - gruñe muy molesto Heracles.
- ¡Oh vamos! ¡No te hagas el tonto conmigo! Muestra un poco de respeto de rival a rival, además, ¿No es obvio? La primera explosión fue cosa de los gemelos, sin duda, esos dos caballeros de Atenea están muertos, y después lo mismo entre Torsteim y ese Bud, aunque he de reconocer que jamás había visto a Torsteim pelear a ese nivel, sin duda ese guerrero divino era un hueso duro, pero al igual que los otros, ya no hay rastro de sus cosmos ni de sus propias presencias. - responde Rolo.
- Sin duda, lo que dices es cierto, no parece haber signos de la presencia de los santos de Atenea ni de Bud, pero al parecer has pasado un pequeño detalle por alto… - le responde Sigmund.
- ¡¿Cómo?! - responde sorprendido Rolo.
- Es algo que resulta también muy obvio, ¿no crees? Tampoco percibo presencia alguna ni de esos gemelos ni del otro… ese tal Torsteim, sin duda ese tipo os generaba mucho respeto y, sin embargo, sus cosmos también han desaparecido por completo. Me atrevería a decir que tú también te has quedado solo. - responde Sigmund.
Las palabras de Sigmund borran instantáneamente y por unos instantes la placida sonrisa en el rostro de Rolo, pero tras unos minutos, éste vuelve a sonreír tranquilamente.
- Es cierto… Y aunque estuvieras en lo cierto… ¡¿Qué más me da?! -
- ¿Acaso no te importan tus compañeros? - responde sorprendido Sigmund ante la indiferencia de este.
- ¿Importarme? ¡Para nada! Somos miembros de un mismo escuadrón, pero eso no los convierte en mis compañeros, además, ¡yo lucho por mí mismo! ¡Yo rijo mi destino a través de mi absoluta fuerza! ¡Jajaja! -
- Ya veo… simplemente sois mercenarios a los pies de Cronos… - murmura Sigmund.
- ¡Así es! Si esos idiotas verdaderamente han caído a manos de esa chusma es que no son dignos de servir a Cronos, ¡al contrario que yo! ¡jamás he perdido un combate! - responde nuevamente envalentonado Rolo.
- Eres patético… - responde fríamente Heracles.
- ¿Patético? ¡¿PATETICO YO?! ¡GRRR! - responde furioso Rolo sintiéndose insultado y menos preciado.
Rolo agarra nuevamente con fuerza su gran martillo, empuñándolo y señalando con el hacia los dos guerreros.
- ¡AHORA COMPROBAREIS LO PATETICOS QUE SOIS PRETENDIENDO ENFRENTAROS A MI! ¡GRRR! -
El cosmos de Rolo estalla de manera agresiva y violenta, desplazando las grandes cantidades de nieve que se encontraban bajo sus pies. Heracles y Sigmund se miran mutuamente, entendiendo que el tiempo de “descanso” se ha terminado y preparándose para sufrir la auténtica furia y fuerza bruta de su oponente.
- ¡Increíble! Nunca hubiera imaginado que este tipo guardaba todo este cosmos todavía dentro de él… Su propio cosmos emite por sí solo una total brutalidad… - murmura Heracles sorprendido ante el despliegue de fuerza de su oponente.
- Heracles… Escúchame bien… Este tío posee una fuerza devastadora, si uno solo de sus golpes nos alcanza, podría acabar con nosotros… Debemos actuar con cuidado, y en equipo para… -
- ¡TU FUERZA NO ME INTIMIDA! ¡AAAHHH! - grita furioso Heracles.
Sigmund no acaba de terminar la frase cuando su compañero, ignorándolo por completo, responde al desafío desatando también toda la fuerza y la intensidad de su cosmos.
- ¡Tú serás el primero en morir! ¡TOMA ESTO! - exclama Rolo.
¡¡¡AVALANCHA ARROLLADORA!!!
- ¡No me vas a intimidar así por que sí! ¡AHH! - responde nuevamente Heracles.
¡¡¡GUADAÑA GIRATORIA!!!
A pesar del noble esfuerzo por parte de Heracles, la superioridad de Rolo es evidente, los grandes y poderosos escudos que éste porta sobre sus hombros son lanzados con su técnica, girando estos a alta velocidad, convirtiéndose en dos cuchillas giratorias que son capaces de atravesar cualquier cosa.
Rolo carga toda su fuerza en su brazo derecho extendiéndose ésta hacia su martillo, con el cual, batea de un potente y único golpe los dos escudos giratorios, desintegrando el ataque del gran guerrero divino y siendo estos devueltos a mayor velocidad contra el propio Heracles, el cual sufre de lleno el impacto de sus propios escudos en su ya maltrecho cuerpo.
Heracles trata de contener con sus propias manos semi desnudas el empuje y avance de estos, pero cuanta más resistencia opone, más daño causan estos en el cuerpo de éste, hasta que finalmente estos superan la dura defensa del guerrero, y el gran cuerpo de Heracles acaba siendo acribillado a base de golpes, cortes y laceraciones.
Finalmente, Heracles sale despedido por los aires, cayendo a plomo a varios metros de distancia, comenzando a teñir la nieve de rojo debido a sus múltiples heridas y profundos cortes.
- ¡Fuiste un iluso al querer compararte conmigo! ¡Jajaja! ¡Te concederé el gran honor de morir a mis manos! ¡Jajaja! ¡MUERE GUERRERO DIVINO! -
¡¡¡AVALANCHA ARROLLADORA!!!
Rolo desencadena nuevamente su devastadora técnica dejando a su martillo abalanzarse a placer sobre Heracles, cuando la espada de Sigmund se interfiere en su camino, bloqueando el golpe, no sin esfuerzo.
- ¿Acaso crees que te permitiría matar a mi amigo sin más? - responde Sigmund.
Sigmund desbloquea su espada, separándose esta del martillo de Rolo, haciéndose girar sobre sí mismo, mientras libera y prepara todo su cosmos para el contra ataque.
¡¡¡HURACAN DE PERLAS!!!
El repetitivo giro de Sigmund y su espada a altísima velocidad provocan el nacimiento de un huracán, siendo el guerrero divino su motor y su epicentro. Rolo al encontrarse tan próximo es alcanzado inevitablemente por este, siendo elevado en el aire, y que, tras bailar a merced del propio huracán en su vórtice, sale despedido por los aires.
A pesar del esfuerzo por parte de Sigmund, Rolo vuelve a tierra cayendo de pie y sin apuro alguno.
- Es admirable, lo reconozco, el querer salvar y proteger a tu amigo, pero, aun así, inútil, ambos moriréis irremediablemente. - responde Rolo.
- ¡El combate no ha hecho más que comenzar! - responde jadeando Sigmund.
Mientras tanto, Heracles, que ha aprovechado la oportuna intervención de su compañero para recuperar el aliento, poniéndose nuevamente en pie, a pesar de las múltiples heridas que bañan su gran cuerpo con su propia sangre, incorporándose junto a su amigo nuevamente.
- ¡Eres imbécil! Te dije que actuáramos en equipo y no actuases a tu aire. ¡Mírate! Estas hecho una mierda, ahora estamos con mayor desventaja que antes. - le recrimina Sigmund.
Heracles mira a su compañero y sonríe ligeramente.
- No hace falta que te pongas así… Además, estoy bien, esto no son más que rasguños. - le responde con tono calmado.
- Haber si te entra esto en tu dura cabezota, somos los dos únicos guerreros de Asgard que quedan con vida para proteger esta tierra. La primera vez fuimos manipulados y engañados como estúpidos y fueron los santos de oro los que tuvieron que proteger a Asgard… ¿O ya no te acuerdas? ¡Odín nos ha dado otra oportunidad y no podemos fallar! -
El gesto en la cara de Heracles cambia radicalmente tornándose serio completamente.
- Claro que lo recuerdo… Jamás olvidaré a aquel caballero de oro que me venció por dos veces… - responde Heracles.
- ¡Pues entonces deja de hacer el tonto y concéntrate! - le recrimina nuevamente Sigmund.
- Pero al parecer tú también has olvidado algo muy importante. - le responde Heracles.
- ¿Olvidar? ¿El que? -
- Fuimos escogidos por Odín para ser los protectores de Asgard, ¡SOMOS LOS HIJOS DE ODIN! -
Sigmund muestra una mueca de sonrisa en su rostro, asintiendo y entendiendo las palabras de su amigo.
- Es cierto, somos los elegidos para velar por Asgard… -
La conversación se interrumpe con el sonido del martillo de Rolo golpeando con fuerza el gélido suelo.
- ¿Habéis terminado ya de decir tonterías? ¡Este mundo se rige por una única ley! ¡LA LEY DEL MAS FUERTE! ¡VAMOS! ¡Acabemos con esto de una vez! - exclama Rolo.
El cosmos de Rolo vuelve a desatarse nuevamente, amplificando su magnitud e intensidad nuevamente, mostrando no tener limite aparente ante los ojos de Sigmund y Heracles.
- Heracles… ¿Estas listo? -
- ¡Por su puesto hermano! Esta vez lo haremos juntos. -
- ¡ARDE COSMOS! - Sigmund/Heracles.
Los dos guerreros hacen estallar su cosmos, quemando hasta el último átomo de energía en sus cuerpos, forzando a estos a sobrepasar su propio limite. Rolo se dispone a golpear nuevamente, y ambos se preparan de igual modo.
¡¡¡FURIA DE BERSEKER!!!
¡¡¡HURACAN DE PERLAS!!!
¡¡¡TORNADO GIRATORIO!!!
Rolo golpea con violencia el suelo con su enorme martillo, y este abre una enorme brecha en él, liberando una potente corriente de energía teledirigida contra Sigmund y Heracles, mientras estos, a la par, ejecutan sus ataques a la vez, consiguiendo que estos su unan en uno solo, amplificando así su ratio de alcance y su poder destructivo.
La energía que desata la combinación de los guerreros divinos choca bruscamente con la onda energética de Rolo, manteniendo en principio un equilibrio de fuerzas, provocando que el suelo se agriete y se desmorone, Sigmund y Heracles, decididos a no dejarse vencer, realizan un esfuerzo más, forzando sus cuerpos a un límite extremo, sometiendo como consecuencia a estos a una presión extraordinaria, hecho que en el cuerpo de Heracles provoca la apertura nuevamente de todas sus heridas.
Rolo que muestra una actitud moderada y confiada con respecto a su fuerza, comienza a sentir como la fusión de los ataques y su extralimitación le empiezan a empujar hacia atrás, haciéndole retroceder poco a poco.
- ¡¿De verdad creéis que podéis conmigo!? ¡OBSERVAD MI AUTENTICA Y TOTAL FUERZA! -
El cosmos de Rolo pasa a agitarse de manera violenta, y el aura anaranjada que rodeaba su cuerpo comienza a intensificar su color, pasando gradualmente a un aura rojiza intensa.
Rolo se distancia unos pasos hacia atrás, empuñando por primera vez su martillo a dos manos.
¡¡¡COLISION DE HIERRO!!!
Valiéndose de su poderoso martillo, Rolo se encara contra la fuerza combinada de sus rivales, golpeándola con este, provocando una violenta explosión que desintegra por completo los ataques de Sigmund y Heracles.
La onda expansiva arrasa todo a su paso en varios kilómetros, arrancando árboles, rocas y todo aquello que la propia onda no pulveriza en el mismo instante. Los guerreros divinos salen despedidos por separado aterrizando contra el suelo, ahora rocoso y despejado de nieve, la cual ha sido evaporada por el calor generado.
- ¿¡Pero ¡¿qué diablos ha sido eso?! - exclama atónito Heracles tras ver lo sucedido.
Al fondo se divisa el enorme cuerpo de Rolo avanzando hacia Heracles, decidido a concluir esta batalla de una vez por todas, pero una vez más, Sigmund se interpone en su camino empuñando su espada con ambas manos.
- ¡No avanzaras más! - exclama con firmeza Sigmund.
Rolo ignora las palabras de éste y sin siquiera detenerse prosigue su avance, cuando Sigmund se abalanza sobre él.
¡¡¡HURACAN DE PERLAS!!!
- Este juego se ha terminado guerrero divino… - responde Rolo.
¡¡¡COLISION DE HIERRO!!!
De un solo mazazo, la espada de Sigmund es destruida por completo, tal es la presión ejercida en el golpe, que los huesos del brazo del guerrero divino no son capaces de soportar, rompiéndole el brazo por múltiples lugares.
Sigmund es lanzado por el suelo varios metros, y ahora Rolo se dirige tras él.
Cuando se sitúa nuevamente a su alcance, eleva su fuerte brazo, abalanzando su martillo hacia la cabeza de Sigmund. Heracles interviene ahora, posicionando uno de sus escudos delante de su compañero, salvándole la vida in extremis, y sacrificando el propio escudo, el cual queda destruido tras el impacto.
- ¡Ahora tú! ¡Estoy harto de vuestras continuas interrupciones! -
Rolo furioso y molesto por las continuas interrupciones de uno y otro salvándose la vida mutuamente repetidamente, golpea un fuerte rodillazo en la cara de Heracles, acabando por destruir su casco.
No satisfecho con esto, golpea con su martillo el pecho de Heracles, que sale despedido arrastrado por el suelo mientras su armadura se desintegra en pedazos tras el golpe, finalmente queda detenido al quedar encajado bajo una gran roca.
- Bueno, tú ya no te moverás más… Tienes el brazo hecho trizas… espérame aquí, en cuanto acabe con tu amigo me ocupare de ti. - expresa Rolo dirigiendo su mirada hacia Sigmund.
Heracles observa con la mirada borrosa como la figura de Rolo se dirige hacia él, aproximándose poco a poco, consciente de que, en su estado, ya no es capaz de moverse, y de que carece de protección tras la destrucción de su armadura, viendo su inminente e inevitable final.
Rolo se sitúa ya a escasos metros de Heracles y con su martillo le señala.
- ¿Tus últimas palabras… Guerrero Divino? -
Heracles, a punto de responder una burrada típica suya, comienza a percibir desde atrás un cálido e intenso cosmos que no hace sino abrumarlo.
- ¿De dónde viene ese cosmos? - se pregunta en voz alta.
- ¡Adiós guerrero divino! -
Rolo alza su martillo nuevamente y lo abalanza sobre Heracles con fuerza, cuando el extraño cosmos que Heracles percibía se intensifica y acrecenta de manera increíble. Un aura de brillo dorado comienza a ser visible, envolviendo por completo al guerrero divino y extendiéndose alrededor de éste varios metros.
Cuando el martillo está a escasos centímetros de alcanzar su objetivo, el berrido ensordecedor de un toro irrumpe con fuerza, la imagen de un gran toro dorado se hace visible a pocos metros sobre Heracles, un fugaz destello dorado, impacta contra el martillo, soltándose este de la propia mano de Rolo y quedando tendido sobre el suelo.
El aura dorada comienza a desvanecerse, y tras ésta, unos pasos terminan situándose sobre la misma roca donde Heracles se encuentra. Este levanta rápidamente la mirada, mostrando la incredulidad que sus ojos reflejan cuando estos alcanzan a ver una armadura dorada ante él, una armadura que ya había visto antes.
- Es… es… imposible… esa… esa armadura… es… ¡LA ARMADURA DE ORO DE TAURO! -
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