Capítulo 10. El caballero legendario
- Carlos Moreno
- 20 feb 2022
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 22 feb 2022
Tras la tempestad y devastación desatada por el enfrentamiento, todo queda en absoluto silencio, únicamente se oyen los lamentos de las almas en pena que caminan hacia el pozo. Perseo ya descansado y medio recuperado de su herida, se une a Aquiles que tras alejarse de la zona de explosión, ahora se dirige a su epicentro, en busca de signos de vida de unos y otros.
Tras un detenido tiempo, observando y analizando lo sucedido, no encuentra rastro de nadie por ningún lado.
- Es increíble que dos caballeros dorados hayan sido capaces de llegar a este extremo.- susurra Aquiles.
- ¿Y eso qué importa ya? Ya son historia.- responde despectivamente Perseo.
- Deberías ser más respetuoso con tus adversarios, al fin y al cabo, sino hubiéramos intervenido por ti, Kanon de Géminis habría podido acabar contigo.- le espeta Aquiles.
- ¿Bromeas? ¡Un dorado jamás habría podido acabar conmigo!- responde con cierto tono de alardeo Perseo.
- Tal vez si, tal vez no, pero en cualquier caso, te habría dejado muy debilitado, y no fuiste consciente de que los cuatro todavía tenemos una tarea importantísima que cumplir, y de no haber intervenido, por tu culpa, habríamos tenido que demorar el regreso de nuestro padre. ¡Fuiste un inconsciente!- responde con actitud más severa Aquiles.
Perseo cambia su expresión alegre y orgullosa por una actitud más comedida y seria tras las últimas palabras de Aquiles.
- De todos modos… ya no tienes por qué preocuparte… y de paso hemos acabado con dos caballeros de oro… por cierto… ¿Dónde estarán esos dos idiotas?- responde Perseo, pretendiendo quitar hierro al asunto y cambiando a otro tema.
- Un día acabareis con mi paciencia…- susurra en voz baja Aquiles.
Un ligero ruido de rocas se escucha en el valle, Aquiles y Perseo tornan la vista hacia el lugar de donde proviene, y poco después, una mano cuya armadura muestra diversas grietas, emerge, tras unos instantes, Ulises aparece completamente del suelo, cubierto de polvo y tierra, con diversas heridas y cortes superficiales, y su armadura, que pese haber recibido tal impacto, solo muestra pequeñas grietas y daños superficiales.
Unos pocos metros más atrás, otro montículo de rocas y tierras se mueve, de éste, reaparece Aqueronte, con algunos daños más serios en su armadura, pero, al igual que Ulises, no muestran heridas graves en su cuerpo.
- Bueno… pues esto se ha terminado.- interviene Ulises.
- He de reconocer, que esas dos cucarachas de oro, han presentado más resistencia de lo que esperaba.- comenta Aqueronte sonriente.
- Sois como niños pequeños…- desliza Aquiles.
- Bueno, ¿Y ahora qué? ¿Seguimos tras la pista de la sacerdotisa de Asgard?- pregunta Perseo.
- No. Esa misión era tuya, y no fuiste capaz de completarla. Iremos tras ella en otro momento. Tenemos algo más urgente que atender.- zanja Aquiles, dejando a Perseo con la boca abierta, pretendiendo decir algo que finalmente no se atreve a pronunciar.
Los cuatro se reagrupan tomando el camino de regreso, cuando a cierta distancia ya, Aquiles se detiene, siendo su atención llamada por un leve y tenue destello dorado que brilla en la distancia. Al girarse, observa con gran asombro, los cuerpos inmóviles y boca abajo de Kanon e Ikki, y como sus armaduras, en forma de objeto, permanecen a su lado.
Los otros tres se giran tras Aquiles, y también muestran gran asombro ante lo que observan.
- ¿Cómo es posible? ¿Cómo dos simples humanos han salido con vida tras este combate?- pregunta en voz dubitativa Ulises.
- ¡Malditas cucarachas doradas!- exclama Perseo con gran asombro.
- Ya os dije… que les mostrarais el respeto que se merecían…- reprende Aquiles.
- Si siguen con vida, será por poco tiempo, ¡dejarlos ahí tirados y que mueran lentamente!- espeta Aqueronte.
- ¡De ningún modo! Habéis perdido demasiado tiempo con asuntos muy vulgares. ¡Id allí y terminad esto de una vez por todas!- ordena muy molesto Aquiles.
- ¡Como quieras! Tan solo me llevará un instante, aguardad aquí.- responde Ulises que se encamina hacia los Santos que yacen en el suelo inmóviles.
Al poco de emprender la marcha Ulises, Aquiles empieza a sentir una extraña presencia a su alrededor, una presencia que le incomoda. Una energía comienza a sentirse por toda la zona, algo que ya no pasa desapercibido para ninguno de los cuatro Alcalianos.
De repente, en la trayectoria de Ulises un destello dorado emerge de la nada, el destello toma la forma de una flor de loto cerrada, y dentro de ella, aparece sentado en levitación, Shun de Virgo con los ojos cerrados.
- ¡¿Qué?! ¿Otro maldito caballero de Oro?- exclama Ulises más incomodado por la aparición que sorprendido.
- ¡Ulises! ¡No te confíes!- le grita Aquiles en la distancia.
- ¡Bah! ¿Y de qué tengo que preocuparme exactamente? Es un solo caballero de oro, y además, no parece muy fuerte que digamos, emite un cosmos muy tranquilo y pequeño…- le responde despectivamente Ulises, que se acerca sin miramientos a Shun.
- Haber… Caballerito Dorado… ¿Piensas interponerte en mi camino? ¿Me estas escuchando?- exclama muy confiado Ulises aproximándose al frente de Shun.
- ¿Acaso tienes miedo de hab…?-
¡¡¡KHAN!!!
Un potente golpe de cosmos estalla contra Ulises cuando este se sitúa justo frente a Shun, siendo lanzado contra el suelo para sorpresa de los otros tres Alcalianos. Ulises se incorpora súbitamente entre sorprendido y furioso.
- ¡Imbécil! ¡Te dije que no te confiaras!- exclama Aquiles, mientras Perseo y Aqueronte ríen a carcajada limpia.
- ¿Quieres que vaya a ayudarte?- pregunta con tono de burla Aqueronte.
- ¡Ni pensarlo! ¡Este idiota es todo mío!- responde sonriente Ulises.
Ulises se lanza a toda velocidad contra Shun, cuando apenas se encuentra a unos centímetros de alcanzarlo con su puño, este desaparece, ante la sorpresa de Ulises, reapareciendo Shun en la misma postura justo a su lado.
- ¡ULISES! ¡A TU LADO!- grita un Perseo incrédulo.
Apenas Ulises gira la cabeza, alcanzando a ver a Shun junto a él, un nuevo destello de luz dorada emerge de las manos inmóviles de Shun.
¡¡¡KHAN!!!
Un nuevo golpe a una velocidad apenas perceptible vuelve a impactar de frente contra Ulises, que vuelve a ser lanzado de nuevo contra el suelo, esto hace ponerse en guardia a los otros tres Alcalianos, que dejan de reírse y muestran ahora un tono muy serio.
- ¿Pero qué diablos pasa aquí? ¿Cómo se ha desplazado así, si apenas he percibido que su cosmos se altere?- grita un Ulises contrariado.
- ¡Espera! ¡Iremos a ayudarte!- exclama Perseo.
Pero justo antes de emprender la marcha, los tres son sorprendidos y apresados por una multitud de brazos que gimen como almas en pena y que brotan desde el suelo. Esto causa un impacto de estupor sobre los tres de forma inmediata.
- ¡¿PERO QUE ES TODO ESTO?! ¡¿DE DONDE SALE TODA ESA GENTE?!- grita Perseo invadido por un extraño sentimiento que se asimila al miedo.
- ¡¿QUITADMELOS DE ENCIMA?! ¡CADA VEZ APARECEN MAS!- exclama ahora Aqueronte aquejado del mismo extraño sentimiento.
- ¡CALMAOS UN POCO!- les grita Aquiles, que es el único que se mantiene sereno.
- ¡ULISES! Necesito que compruebes una cosa.- le grita ahora al que está más adelantado.
- ¿Qué diablos quieres ahora?- responde gruñón Ulises.
- No lo ataques físicamente de nuevo, en vez de eso, lánzale un golpe de ken.-
- ¿Pero y a que viene eso ahora?- vuelve a protestar Ulises.
- ¡TU HAZLO!- insiste Aquiles.
Ulises asiente finalmente con la cabeza, y concentrando un pequeño núcleo de cosmos en su puño derecho, lo lanza sin dudar contra Shun, éste queda completamente sorprendido cuando el golpe de ken, traspasa el cuerpo de Shun como si este fuera un fantasma.
- ¡LO SABIA!- exclama Aquiles, comprendiendo la situación, a la par que enciende su cosmos.
¡¡¡TORBELLINO CELESTIAL!!!
La técnica de Aquiles, genera una especie de tormenta de aire que es dirigida hacia un vórtice espacio temporal, logrando detener y hacer desaparecer la ilusión en la que se encontraban inmersos. Los otros tres quedan contrariados ante lo que sucede.
- ¿Qué ha sucedido?- pregunta un extrañado Aqueronte.
- Simplemente estábamos bajo una ilusión.- responde Aquiles.
- ¿Una ilusión dices?- Pregunta Perseo.
- Así es, alguien estaba jugando deliberadamente con nuestros sentidos.- responde.
La imagen de Shun que se encontraba próxima a Ulises desaparece, y este a su vez, observa como otra silueta idéntica brilla en la distancia.
- ¡ASI QUE ESTABAS ALLI TODO EL TIEMPO!- exclama Ulises que se lanza con ansias de devolver los golpes.
- ¡ULISES ESPERA!- le grita Aquiles, pero este ignora sus palabras.
¡¡¡MAREMOTO SATANICO!!!
Ulises lanza violentamente su ataque contra Shun, pero cuando alcanza a éste, tanto la imagen de Shun como el ataque de Ulises se desvanecen por completo, dejando completamente contrariado a Ulises.
- ¡A TU ESPALDA!- grita Aqueronte.
Ulises se da media vuelta, y observa con asombro como Shun se le aparece tras de él, para mayor sorpresa, el ataque que acaba de lanzar, aparece tras de Shun, saliendo despedido por los aires con fuerza, tras recibir por completo su propio ataque
- ¿Pero todo esto que rayos es?- exclama nuevamente Aqueronte.
- ¡Reagrupémonos de nuevo!- exclama Perseo.
Apenas dan cuatro pasos, cuando estos se llevan otra sorprendente sorpresa.
- ¿DONDE ESTAMOS AHORA?- exclama atónito Perseo.
- ¿NOS HAN TRANSPORTADO A OTRO LUGAR? ¿QUE LUGAR EXTRAÑO ES ESTE?- estalla lleno de sorpresa y duda Aqueronte.
Aquiles observa seriamente la nueva situación, cuando tras de sí, ante su sorpresa, aparece Buda en persona.
- ¿EL DIOS BUDA? ¿¡ESTAMOS EN LA PALMA DE BUDA?!- exclama un Perseo que ya no da crédito a lo que está sucediendo.
- ¡MANTENED TODOS LA CALMA!- grita airadamente Aquiles.
- ¿Acaso están jugando con nosotros de nuevo Aquiles?- pregunta más calmado y serio Aqueronte.
- Efectivamente, alguien se está tomando muchas molestias en retenernos aquí deliberadamente, haciéndonos perder el tiempo.- responde Aquiles.
- ¡Pues realiza tu técnica otra vez y sácanos de aquí nuevamente!- le responde Perseo.
- Esta vez no servirá, esta ilusión es mucho más poderosa que la de antes, pero ya sé que hacer…- responde.
- ¡Pues haz lo que tengas que hacer y sácanos de aquí ya!- reprende Aqueronte.
- Esta vez necesito mucha mayor concentración, asique callaos de una vez y dejadme concentrarme… necesito localizar a quien nos está haciendo esto…- responde seriamente Aquiles cerrando los ojos a la par que enciende y concentra su cosmos.
Aquiles comienza a intensificar su cosmos entrando en una especie de proyección astral… su mente empieza a visualizar distintas partes y zonas del mundo, siguiendo el rastro de cosmos, su mente empieza a alejarse de las zonas de tierra firme, dirigiéndose a una zona amplia de mar.
Poco después visualiza la isla de Andrómeda, intensificando más su cosmos, logra alcanzar y encontrar su posición geográfica. De pronto el cosmos que permanecía concentrado estalla a la vez que sus ojos se abren nuevamente, sobre su cabeza se abre un vórtice.
- ¡AL FIN! ¡TE ENCONTRE! ¡DEJA DE MOLESTARNOS!- exclama.
¡¡¡DIAMANTE SANGRIENTO!!!
Aquiles levanta sus brazos, proyectando de ellos una gran y concentrada esfera de energía, esta es lanzada a través del vórtice.
Isla de Andrómeda
Shun permanece sentado en el mismo lugar, donde antes se ubicaba una gran y profunda cueva, ahora ésta está situada al aire libre tras la explosión anterior. Siso y Yuni observan en silencio el despliegue de energía de su maestro cuando observan como un vórtice se abre justo sobre Shun.
- ¡MAESTRO!- gritan alarmados Siso y Yuni.
Shun abre los ojos de golpe extendiendo los brazos en alto.
¡¡¡KHAN!!!
Una explosión enorme sacude la isla entera, provocando que toda ella tiemble.
Tras el violento impacto, se observa como Siso y Yuni, que habían cruzado los brazos sobre si mismos a modo de protegerse, han sido protegidos por Shun y su gran cosmos que les ha rodeado.
Valle de los muertos
Aquiles cierra el vórtice, y su cosmos desciende, tras esto, las ilusiones de buda, y la imagen de Shun desaparecen por completo.
- ¿Has podido acabar con él?- pregunta Perseo.
- No, simplemente le he dado un pequeño susto, obligándole a reaccionar y así la ilusión ha desaparecido.- responde Aquiles.
- Entonces, ¿ya no nos molestara?- pregunta Aqueronte.
- Quien sabe, Ulises, acaba con esos dos de una vez, antes de que tengamos más interrupciones.-
Ulises asiente con la cabeza, y poniéndose en pie, se dirige tranquilamente hacia los dos santos de oro. Regodeándose en placer, saboreando cada instante, únicamente con el pensamiento de acabar con los dos caballeros.
Estando ya próximo a ellos, empieza a elevar y concentrar su cosmos en el filo de su mano, a la par que esta eleva. Cuando se dispone a ejecutar el golpe de gracia, algo llama su atención en el cielo, al levantar la vista, observa como un objeto cae desde el cielo a gran velocidad, a punto de caer sobre él.
El violento impacto contra el suelo le obliga a retroceder unos cuantos metros, a modo de esquivar el golpe directo.
El impacto del objeto causa un potente estruendo y la tierra vibra de nuevo, cuando el polvo está a punto de desaparecer, Aquiles se percata de algo.
Tras la polvareda, aparece Seiya de Sagitario, sujetando en cada brazo a Ikki y a Kanon, a su lado, aparece Isis de Cáncer.
- ¿¡Mas caballeros de oro!?- exclama Ulises que lanza contra ellos un golpe de ken.
Seiya entrega a uno de los dorados a Isis, y de un simple manotazo, despeja el golpe ante el asombro de todos. Aquiles reconoce casi de inmediato la armadura dorada alada y quien es su portador.
- ¡ESPERA! ¡El caballero dorado que tienes frente a ti no es uno cualquiera!- grita airadamente Aquiles.
- ¿Bromeas?- pregunta chulesco Ulises.
- El que tienes ante ti es ¡SEIYA DE SAGITARIO!- exclama.
- ¿¡Que?! ¡¿El caballero legendario!?- exclama con estupor.
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