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Capítulo 10. Tormenta de arena

Tras ser engullido por el torbellino de Shakkiri, se produce una fuerte explosión, provocando que gran cantidad de arena se disperse en el viento, impidiendo la visibilidad total de todos.


La técnica que Ashabi finalmente desaparece, permitiendo a Merino liberar sus pies, permitiéndole así acercarse a su compañera, Trémino finalmente y con algo más de dificultad por la arena, logra reincorporarse junto a sus compañeros, los tres rodean el sarcófago de arena donde Bastián ha sido confinado.


Los tres golpean repetida y fuerte mente el ataúd de arena, pero éste al contrario que las arenas movedizas, no se ha disuelto, permaneciendo intacto e inalterable, para frustración y desesperación de los tres santos de plata.


- ¡Maldita sea! ¿¡Pero qué diablos?!- exclama molesto Trémino que no deja de golpear el ataúd.


-No lo entiendo, debería haber perdido sus facultades a la vez que las arenas que nos retenían por los pies. - comenta Merino.


-Shakkiri, ¿Acabaste definitivamente con ese tipo? - pregunta Merino.


- ¿Cómo voy a saberlo? Tras mi ataque se levantó una gran polvareda y no pude ver nada más. - responde Shakkiri.


- Veréis… a diferencia de las arenas movedizas que es una técnica temporal para atrapar a mis enemigos, el ataúd de arena es todo lo contrario. Jamás se disolverá ni se agrietará por más golpes que reciba. Vuestro amigo está muerto y enterrado para siempre. - responde Ashabi en la lejanía.


- ¡Sigue vivo! ¡Maldita sea! - exclama Trémino.


- ¡Esta vez acabaremos contigo por completo y de manera definitiva! - estalla Merino furioso mientras observa la sepultura de su amigo.


Ashabi se aproxima, sacudiéndose la arena que le cubre, y que hasta hace un momento pertenecía a su inquebrantable muro, con gesto serio y encolerizado.


- ¡Malditos Santos de Plata! ¡Jamás nadie me habría derribado! ¡Lo pagareis con vuestras vidas! - exclama el alcaliano, elevando y mostrando su siniestro cosmos, lleno de rabia y cólera.


Un nuevo y numeroso grupo de soldados sale del acceso a la base, que no es sino, similar a la entrada de una cueva.


- ¡Mi señor! Hemos venido como refuerzo, por orden de la señora Ahísa. - le dice un soldado dirigiéndose a Ashabi.


Ashabi se encoleriza más aun al escuchar estas palabras, y de la tierra brota un brazo de arena en forma de afilada lanza, alcanzando y atravesando el pecho del soldado, al cual mata en el acto.


Los tres santos se quedan perplejos ante la repentina crueldad que Ashabi muestra hacia uno de sus propios hombres. Mientras que el resto de soldados, atemorizados ante el destino que ha sufrido uno de sus compañeros, retroceden rápidamente.


- ¡No necesito la ayuda de nadie! Y quien se atreva a intervenir, ¡Sufrirá las mismas consecuencias! ¡¿Os ha quedado claro?!- estalla lleno de rabia Ashabi dirigiéndose al resto de soldados.


El cosmos de Ashabi estalla súbita y violentamente, debido a la molesta interrupción y por quien los envía.


Alimentado ahora por una rabia y cólera enorme, se lanza contra Merino, el santo de plata lanza un fuerte derechazo como respuesta inmediata, pero un brazo de arena brota del suelo, agarrándole e impidiendo que se mueva, el alcaliano sonríe abiertamente cuando éste se coloca frente a santo del Lagarto.


Rodeándole con total impunidad, golpea con violencia en el estómago a Merino, haciendo que se le corte la respiración por unos instantes, la reacción inmediata de Shakkiri es acudir en ayuda de su amigo, pero para cuando quiere moverse sus pies son sujetados por nuevos brazos de tierra salidos del suelo.


Ashabi golpea con mucha rabia un fuerte rodillazo en la barbilla a Shakkiri, saltando el casco de ésta de su cabeza, y permaneciendo boca arriba en el aire, sujeta por los brazos, acto seguido y demostrando no tener escrúpulo alguno de pelear con semejantes tretas, le sacude un potente puñetazo sobre el estómago, haciendo que los propios brazos que la sujetaban se rompan y hundiendo en la arena a la santa del pavo real.



¡¡¡LLUVIA DE FLECHAS NEGRAS!!!



Trémino decide atacar antes de verse en la misma situación que sus dos compañeros, y descarga una intensa batería de flechas, pero Ashabi, hace brotar del suelo obstáculos con arena, bloqueando todas y cada una de las flechas que le son lanzadas.

- ¡Mierda! - grita impotente el santo de Flecha.



¡¡¡PROYECTILES DE ARENA!!!



Nada más bloquear la última flecha lanzada por Trémino, Ashabi le responde con la misma técnica que anteriormente, Trémino aprovechando su gran agilidad y rapidez, despega del suelo con un gran salto, situándose sobre Ashabi.



¡¡¡MISIL BALISTICO!!!



Trémino insiste en no dejarse abatir por su enemigo, y vuelve a contra atacar lanzando un cañón ultra concentrado con su cosmos, Ashabi, que no ha dejado de observarlo fijamente, levanta un nuevo muro alzando sus brazos, Trémino se concentra al máximo tratando de reventar al igual que hizo antes Shakkiri el grueso escudo, pero esta vez Ashabi ha aprendido la lección, y lanza una pequeña daga creada con arena contra su adversario.


Trémino al estar tan centrado en su ataque, no se percata de esto, y la daga logra alcanzar su tobillo izquierdo, consiguiendo con esto que su concentración se rompa por completo, dejando vía libre a las intenciones de Ashabi.



¡¡¡TORMENTA DE ARENA!!!



Un potente huracán formado por arena emerge súbitamente desde los pies de Ashabi, siendo este fuerte y violento, alimentado por la rabia que emana del cosmos del alcaliano. Trémino es engullido por el embudo del huracán, siendo golpeado dentro de este contra las duras paredes de arena y roca que forman el huracán, de manera repetida y bruscamente.


Cuando Ashabi decide parar el santo de Flecha sale despedido por los aires, inconsciente, con diversas grietas en su negra y esmaltada armadura y con múltiples heridas en brazos, piernas y rostro. Finalmente, Trémino cae contra el suelo, siendo arrastrado por la arena, creando un profundo surco en ella, y quedando parcialmente sepultado bajo ella.


Ashabi comienza a descender su cosmos y su aura se vuelve más calmada, se gira y camina en dirección a los soldados.


- Decidle a la señora Ahísa, que como acabáis de comprobar, no necesito la ayuda de nadie para acabar con cuatro miserables santos de plata. -


- ¡Mi señor! ¡Detrás de vos! - exclama un soldado.


Ashabi se gira, extrañado, y observa como en la sepultura del caballero de la Ballena, comienza a brotar incesantemente una masa de cosmos cargada de intensa furia. Ashabi sorprendido, comienza a aproximarse hacia ella.


Situándose a escasos metros del ataúd de arena, se desata un intenso temblor, acompañado éste por el bramido de una ballena encolerizada. El cosmos que brotaba del propio ataúd toma la forma de una enorme ballena blanca sobre éste, la ballena emite nuevamente un bramido mucho más fuerte.


Acto seguido, la ballena golpea con un violento coletazo al propio ataúd, siendo destruido totalmente.


La destrucción del ataúd genera una explosión que resuena por todo el ancho y largo desierto, levantando una enorme polvareda, cuando ésta se asienta nuevamente, reaparece un furioso Bastián, desprendiendo en sí, la misma furia que la ballena lo ha liberado


- ¡Imposible! - exclama atónito Ashabi.


- ¡No permitiré que mates a mis amigos! - exclama un furioso Bastián rebosante de energía.



¡¡¡COLETAZO LACERANTE!!!



Bastián lanza contra el suelo un poderoso golpe con sus puños, generando un enorme estruendo, haciendo que toneladas de arena comiencen a agitarse y convertirse una marea inmensa, igual que un mar revuelto, una ola de arena gigantesca aparece, directa hacia Ashabi y los soldados, que poco pueden hacer ante el violento oleaje de arena, siendo engullidos y arrastrados por la inmensa ola.


Con el vaivén generado por Bastián, que ha convertido la arena en su propio océano, reaparecen en la superficie los cuerpos de Shakkiri, Trémino y Merino, siendo rescatados por la ballena y siendo depositados en el suelo con delicadeza cuando la arena se calma y torna a su estado natural.


Shakkiri comienza a abrir los ojos, encontrando el rostro sonriente de su compañero mirándola, Merino también empieza a despertar, observando frente a él, los pies del gigante plateado.


- ¡BASTIAN! - exclaman al unísono ambos caballeros.


- ¡Estas vivo! - recalca Shakkiri.


- ¡¿Acaso lo dudabais?! ¿O definitivamente me dabais por muerto? ¡Qué poca consideración por parte de mis compañeros! - exclama haciéndose el ofendido mientras ríe.


-Ese truquito con la arena ha estado bien, pero, ¡Este es mi terreno! ¡No podrás vencerme en él! - interrumpe Ashabi el feliz reencuentro.


- ¡¿Otra vez?! ¡Qué tipo más persistente! - se desespera Merino al ver reaparecer nuevamente al alcaliano.


- ¡Dejadme esto a mí! Por ahora, descansad y recuperad fuerzas. - comenta en tono serio Bastián dirigiéndose al resto.


- Este tío… no duda en utilizar cualquier truco sucio… no lo subestiméis tan a la ligera…-interrumpe Trémino que despierta finalmente mal herido.


- Te agradezco el consejo, dime, ¿cómo te encuentras? -


- Su último ataque fue devastador, pero sobreviviré. -


- Lucharemos contigo. - responde Shakkiri reafirmándose.


- Yo también, no me quedare atrás. - interviene Merino.


- Ni hablar. - zanja Bastián.


- ¡¿Qué?!- preguntan al unísono con sorpresa.


- Escuchad, lleváis ya cierto tiempo combatiendo, y estáis exhaustos, necesitáis tiempo para recuperar el aliento, por el contrario, yo estoy perfectamente para combatir. -


- ¿Acaso te has quedado sin oxígeno en el cerebro mientras estabas ahí abajo? - pregunta Merino muy serio.


- ¡¿Cómo?! - pregunta contrariado Bastián.


- Hemos luchado los tres contra él, y ha podido con nosotros. ¿Cómo esperas salir vivo si te enfrentas tu solo a él? - pregunta Shakkiri.


Bastián se gira mirando seriamente a ambos.


- Trémino está herido en el pie, y vosotros apenas podéis moveros aun, mucho menos luchar. De esto me ocupo yo. ¡No hay más que hablar! - responde seriamente Bastián.


- Observad bien, estoy seguro de que guarda más trucos. - zanja Bastián.


-Ten cuidado. - le reprende Shakkiri.


-Shakkiri, aunque agradezco tu preocupación, somos Santos de Plata, y debemos actuar en consecuencia. ¡Ashabi! ¡El combate continúa! –

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