Capítulo 11. La furia de la ballena blanca
- Carlos Moreno
- 26 mar 2022
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Bastián se sitúa frente a frente con Ashabi, dispuesto a darlo todo definitivamente.
- ¡Perfecto! ¡Esta vez no te levantaras de nuevo! ¡Aaahhh! - responde sonriente Ashabi mientras su cosmos estalla nuevamente.
¡¡¡PROYECTILES DE ARENA!!!
- ¡No te servirá el mismo truco esta vez! ¡Aaahhh! -
¡¡¡COLETAZO LACERANTE!!!
El cosmos de Bastián vuelve a estallar de manera abrupta frente a sus compañeros, que se quedan impresionados ante el despliegue de fuerza que el santo de la Ballena muestra.
Los proyectiles lanzados por Ashabi son neutralizados por la gigantesca ola de arena generada por el impacto del puño de Bastián sobre el suelo. Entre la polvareda, aparece el Santo de Plata que se lanza fugaz contra Ashabi, al que agarra entre sus brazos y saltan hacia el cielo, volteándose en el aire y cayendo en picado invertidos.
Bastián descarga el cuerpo de Ashabi como un misil contra el suelo, generando un fuerte estruendo y una nueva ola de polvo que impide a sus amigos seguir el combate.
Ashabi emerge entre las arenas, lanzando sus brazos de arena, inmovilizando el enorme cuerpo de Bastián, y comienza a infligir una batería de golpes continuados, pero el santo de la ballena no se da por vencido, haciendo detonar su cosmos con rabia, consigue destruir las ataduras de su adversario.
Éste agarra por un pie al alcaliano y responde con la misma brutalidad, golpeándolo una y otra vez contra el suelo, sin soltarlo en ningún momento, tras un último golpe que lo incrusta en el suelo, vuelve a agarrarlo por el pie, lanzándolo esta vez hacia el cielo, saltando tras él. siguiendo su mismo camino.
El cosmos del caballero se muestra en su estado más salvaje, absorbiendo el agua del subsuelo, genera una gran esfera de agua donde Ashabi entra y Bastián le sigue.
¡¡¡ESTAMPIDA DE LA ORCA SALVAJE!!!
La velocidad de Bastián se incrementa dentro del agua, demostrando ser este su elemento, y comienza a embestir una y otra vez a Ashabi que no hace más que encajar golpe tras golpe, la potencia de los golpes del caballero de plata son cada vez más potentes, causando un daño considerable en su oponente.
Finalmente, Bastián le propina un terrible golpe en la cabeza con su pie, haciendo que el casco protector del alcaliano se parta en pedazos y éste sea expulsado de la burbuja acuática, impactando de manera violenta contra el suelo.
Bastián baja la guardia pensando haber acabado con su rival cuando es sorprendido por Ashabi nuevamente que, aprovechando el agua extraída por el santo, crea un puño gigantesco de arena, éste reaparece de debajo de la arena y comienza a golpear furiosamente el cuerpo del santo de plata.
Tal es la rabia de los golpes que Ashabi profesa, que él mismo destruye uno de los brazos de arena, dejando a la vista uno de los brazos de su presa, pero antes siquiera de que el caballero pueda aprovechar esta oportunidad, Ashabi aparece junto a él, y le golpea, partiéndole el brazo y siendo catapultado contra unas rocas.
Apenas se reincorpora del suelo, malherido y con un intenso dolor en su brazo, Ashabi se presenta de nuevo ante él, descargando otra nueva batería de golpes, ahora más contundentes e intensos, debido a la imposibilidad de poder utilizar su brazo.
- ¡ESTAS ACABADO! –
¡¡¡PROYECTILES DE ARENA!!!
Bastián recibe a quema ropa el ataque por completo, sin posibilidad de repelerlo, y es lanzado de nuevo por los aires mientras sigue recibiendo golpes de la técnica de Ashabi.
- ¡BASTIAN! - exclama angustiada Shakkiri.
- ¡Esta vez no escaparas de la muerte! - exclama Ashabi eufórico que se lanza de nuevo contra Bastián.
¡¡¡PROYECTILES DE ARENA!!!
¡¡¡MURO DE VIENTO!!!
Merino se interpone entre Ashabi y Bastián, repeliendo el ataque del alcaliano, y siendo devuelto contra él, logrando derribarlo y hacerlo caer contra el suelo.
- ¡Maldito seas! ¡¿No tuviste bastante antes?! ¡No importa lo que hagas! ¡acabaré con los dos de un solo golpe! -
El cosmos de Ashabi vuelve a impregnarse de una inmensa cólera.
¡¡¡HURACAN DE ARENA!!!
Una devastadora tormenta cae de los cielos esta vez, cogiendo por sorpresa a los dos Santos de Plata, que son engullidos por uno de los múltiples tornados que se han generado. Éstos son expulsados de su interior siendo lanzados violentamente hacia distintos sitios contra el suelo.
- ¡Bastián! - exclama Shakkiri.
¡¡¡KUNAI DE PLUMAS SALVAJES!!!
Shakkiri no se lo piensa dos veces y decide intervenir nuevamente en el combate, empleando una técnica la cual lanza multitud de plumas afiladas como cuchillos contra su oponente.
- ¡Deja de molestar niña! –
¡¡¡TORMENTA DE ARENA!!!
- ¡Aaahhh!!- exclama Shakkiri.
El tornado de Ashabi repele los kunais de Shakkiri, y los devuelve contra ella, siendo herida por sus propios golpes, y engullida por el remolino, que la hace volar nuevamente, aterrizando contra el suelo a cierta distancia.
- ¡Os dije que me dejarais esto a mí! ¡Un brazo roto no me detendrá! -
Bastián cierra los ojos, concentrando al máximo todo su cosmos, con la energía que irradia, sus compañeros pueden percibir la determinación y la voluntad del Santo plateado, decidido a llegar hasta el final, sea de la manera que sea.
Bastián abre los ojos y todo su cosmos concentrado estalla, generando una onda sísmica que recorre el suelo.
- Estas dispuesto a ir con todo, admiro eso en un adversario, de modo que yo haré lo mismo. -
Ambos cosmos empiezan a elevarse hasta sus máximos, y dado su cercanía, estos provocan que la tierra tiemble. El ataque definitivo está por llegar.
¡¡¡HURACAN DE ARENA!!!
¡¡¡FURIA DE LA BALLENA BLANCA!!!
Ambos adversarios desatan su mayor técnica a su máximo poder, el choque de ambos ataques genera una onda expansiva que lanza inevitablemente al resto hacia atrás.
El huracán de arena cae completamente sobre Bastián, que aguanta el violento impacto estoicamente, sin ni siquiera un pequeño cambio en su rostro, el cosmos del Santo de Plata sigue ardiendo intensamente, de pronto, aparece tras él una enorme ballena de arena, que se lanza contra Ashabi, completamente atónito ante esto.
- Pero... ¡¿qué diablos?! ¡Aaahhh! - exclama Ashabi siendo engullido por el monstruo de arena, y desapareciendo por completo.
Cuando el polvo comienza a asentarse nuevamente, los tres Santos comienzan a aproximarse nuevamente, quedando asombrados ante el despliegue de fuerza mostrado por su compañero. Ashabi vuelve a emerger de debajo de una de las dunas de arena, esta vez, notablemente afectado y herido tras el último choque de fuerzas.
Con rostro serio, Bastián se aproxima hasta llegar ante Ashabi que apenas puede levantarse, levantando su único brazo intacto para asestar el golpe definitivo al guerrero alcaliano.
¡¡¡COLETAZO…!!!
¡¡¡DARDO PONZOÑOSO!!!
Un ataque por sorpresa y por la espalda, impacta a Bastián, interfiriendo y evitando la ejecución de Ashabi.
- ¡¿De dónde ha venido eso?! - exclama Trémino.
Los tres santos observan alarmados como de repente, Bastián cae de rodillas al suelo, casi sin fuerzas.
- ¡¿Qué diablos me pasa?! Apenas he sentido un pequeño pinchazo. - exclama contrariado Bastián, observando como las fuerzas abandonan su cuerpo poco a poco.
- Es comprensible que no entiendas que ocurre, verás, tu cuerpo se encuentra ahora bajo los primeros efectos de mi veneno, que, por cierto, es mortal. - responde una voz femenina aproximándose.
- ¿Ha dicho veneno? - pregunta Shakkiri.
- Eso ha dicho, pero a mí me preocupa más que haya sido capaz de lanzar semejante ataque certero desde esa distancia. Su precisión y velocidad son increíbles. - responde Trémino.
- Debe de tratarse de la otra Alcaliana de la que nos hablaste, Ahísa, ¿No es así? No te quedabas corto cuando describiste su poder. - responde Merino.
- Así es… de modo que ha decidido mostrase al fin… Escuchad, el poder de esta mujer no tiene nada que ver con el de Ashabi, no la subestiméis. - expone Trémino a sus otros dos compañeros.
La misteriosa mujer, llega al fin junto a Bastián que permanece arrodillado e inmóvil y a Ashabi que recupera el aliento, y muestra sorpresa al ver la llegada de ésta.
- ¿Ahísa? ¡¿Qué demonios haces tú aquí?! - pregunta el malherido guerrero.
- ¿Qué qué hago aquí? He venido a terminar con esto de una vez por todas, ya que tú no has sido capaz de hacerlo, además deberías agradecerme que te haya salvado la vida. - responde Ahísa.
- Estos santos no son nada, a éste le he roto un brazo, y aquellos tres han recibido ya demasiados golpes. No esperaba semejante técnica por parte del Santo de la Ballena, eso es todo. ¡Puedo acabar yo mismo lo que empecé! - le espeta Ashabi.
- Está claro que no puedes, asique me ocuparé yo, empezando por este gigantón que te ha vencido. - responde en tono despectivo.
Ahísa se sitúa junto a Bastián, alzando el brazo para acabar con él.
- ¡Adiós Santo de Plata! -
- ¡NO TE LO PERMITIRE! - exclama Trémino, que, aun estando herido en el pie, logra situarse sobre Ahísa de un gran salto.
¡¡¡LLUVIA DE FLECHAS NEGRAS!!!
Trémino lanza con furia su ataque sobre Ahísa, que apenas se sorprende ante él, ésta se desplaza lateralmente a una velocidad muy superior, y colocándose junto a Trémino, quien queda estupefacto ante esto.
¡¡¡DARDO PONZOÑOSO!!!
Trémino recibe el ataque de Ahísa, apenas visible dada su velocidad, y recibe el mismo picotazo venenoso que anteriormente recibió Bastián. Nada más caer al suelo, comienza a notar los primeros efectos del veneno.
- Parece ser que tenías prisa por morir. - le responde Ahísa con desprecio.
- ¡Trémino! - Shakkiri/Merino.
Los dos Santos de Plata reaccionan inmediatamente tras ver lo sucedido con Trémino, pero Ahísa es mucho más veloz, interceptando a los dos Santos, que apenas si pueden verla cuando esta clava simultáneamente sus puños en sus torsos, siendo lanzados contra el suelo súbitamente.
Trémino, ya bastante debilitado, empieza a ser consciente de la diferencia de poder entre ellos y Ahísa. Mientras ésta, tranquilamente, camina hacia Shakkiri y Merino.
- Vosotros también tenéis prisa por morir, no hay problema, os enviaré al más allá inmediatamente, me repugna perder el tiempo con enemigos que no están a mi altura. - se jacta Ahísa, que comienza a elevar su cosmos, en dirección a los únicos santos que permanecen en pie.
¡¡¡LANZAS DE ARENA!!!
La técnica de Ahísa empieza a generar múltiples lanzas afiladas desde el propio suelo, que van emergiendo hacia donde los santos se encuentran, Shakkiri observa, casi sin poder racionar como una hilera de éstas se dirige hacia ella sin apenas poder reaccionar.
Cuando están próximas de alcanzar a ésta, Bastián, en un alarde de valentía, y con sus últimas fuerzas, aparece por sorpresa delante de sus dos compañeros, haciendo de escudo humano, impactando sobre su cuerpo las lanzas de arena, y trágicamente, recibiendo un ataque mortal.
El cuerpo de Bastián queda suspendido en el aire, sujetado por las mismas lanzas que ahora atraviesan varios puntos de su cuerpo, y de los cuales, sangra abundantemente.
Sus dos amigos, quedan impactados y enmudecidos ante lo que acaban de ver.
- ¡BASTIAN! - gritan ambos corriendo hacia donde yace su amigo.
Las lanzas de arena se desintegran y el cuerpo de Bastián cae al suelo, Shakkiri y Merino llegan en su auxilio.
- ¡¿Por qué has hecho eso?! - exclama Shakkiri.
- ¡Siempre haciendo estupideces! - exclama Merino que no puede evitar que broten lágrimas de sus ojos.
Bastián con los ojos entre cerrados, sonríe al escuchar la voz de sus compañeros. Al alzar la vista, se ve rodeado por sus dos amigos.
- Amigos míos… - susurra con voz tenue.
- ¡Aguanta! ¡No puedes rendirte ahora! - exclama con lágrimas Shakkiri.
- Mi viaje termina aquí, a vuestro lado, como siempre desee... -
- ¡Déjate de películas! - clama Merino.
- Nunca… nunca os agradecí lo suficiente vuestro apoyo y confianza, Merino, de ti aprendí que hay algo más que repartir tortas, aunque no resulte tan divertido… (Sonríe). Shakkiri... gracias a ti, un terco y bruto hombre llego a convertirse en Santo de Plata, de no haber sido por tu apoyo constante nunca lo habría logrado. -
Ambos Santos rompen a llorar mientras mantienen el cuerpo de Bastián entre sus brazos, Trémino, ya débil, no puede evitar derramar lágrimas ante el sacrificio que ha hecho el Santo de la Ballena, y toma una decisión.
Mira al cielo, y observa como extrañamente, comienzan a caer copos de nieve en un lugar tan árido y cálido como ese. Baja la mirada, observando fijamente a Ahísa, y saca un arco negro como su armadura, que porta a la espalda.
Ahísa, muestra una ligera sorpresa ante esto.
Trémino comienza a elevar su cosmos al máximo de lo que le es posible, apunta hacia Ahísa, y en último momento, apunta muy por encima de ella, lanzando con fuerza una flecha negra hacia el cielo. Ahísa queda desconcertada ante esto.
- Has desaprovechado una ocasión única. - le reprende.
Trémino baja la mirada y sonríe a Ahísa, que queda contrariada.
- Mi objetivo era otro... - responde sonriendo justo antes de caer desmayado.
Ahísa no hace mucho caso a sus palabras, y se gira mirando a Shakkiri y Merino, que permanecen de rodillas junto a su amigo caído, mientras se dirige hacia éstos, observa como la nieve que antes era extraña y ligera, empieza a ser copiosa e intensa.
Ashabi que ya se ha incorporado, se sitúa al lado de Ahísa.
- ¿Os habéis despedido ya de vuestro amigo? ¡Pronto os reuniréis con el de nuevo! - exclama sonriente Ashabi.
La nieve ahora densa, comienza a cubrir la arena, la temperatura comienza a descender drásticamente, lo que desconcierta a los Alcalianos.
- ¡REUNIROS CON VUESTRO AMIGO EN EL INFIERNO! - exclama Ashabi dispuesto a lanzar su ataque.
¡¡¡LANZAS DE ARE…!!!
Súbitamente y para sorpresa de los dos santos de plata, Ashabi detiene su ataque en el último momento. Shakkiri y Merino, se ponen en pie, contrariados ante la repentina detención de Ashabi, observando como los rostros de Ashabi y Ahísa han cambiado radicalmente.
- ¿Qué es esta sensación que recorre mi cuerpo? - susurra Ashabi desconcertado.
- ¿De dónde viene esta sensación tan gélida que siento hasta en mis huesos? - se pregunta Ahísa.
- ¡Mira! ¡Allí! Alguien o algo se acerca, pero sea lo que sea, desprende una sensación gélida como el más puro hielo. - clama Ashabi señalando un punto en la lejanía.
Los santos de plata se percatan de una presencia que se les aproxima, Merino no acaba de comprender nada, pero Shakkiri, comienza a sospechar de quien puede tratarse.
- ¡Tiene que ser él! No puede tratase de otra persona más que de él. - exclama Shakkiri.
- ¿De quién hablas? - le pregunta Merino.
- Si mis sospechas son ciertas, enseguida lo descubrirás. - zanja Shakkiri mostrando ahora con cierta confianza en sus ojos.
Merino permanece observando fijamente, cuando empieza a distinguir dos figuras, dos personas que se aproximan, efectivamente, mientras que una emite una energía mucho menor y tranquila, la otra desprende una sensación profundamente gélida.
Comienzan a escucharse los pasos de dos personas caminando ahora, por la nieve que cubre toda la arena y ha sumido la zona en un terreno gélido.
- Nos ha costado encontraros. - responde una voz masculina.
Las dos personas, cubiertas por amplias túnicas propias del desierto se aproximan junto al caballero caído y los dos santos que permanecen en pie, que guardan silencio.
El caminar de éstos, revela como una de las personas porta unas botas que corresponden a una armadura, blancas y brillantes como la nieve, mientras que las otras, son sin duda alguna, unas botas doradas.
- Emma, comprueba el estado del caballero de plata. - ordena una de las misteriosas personas recién llegadas a la otra.
- ¡Si maestro! - responde la otra con voz femenina.
La segunda persona se acerca hasta donde yace Bastián, ignorando por ahora a los otros dos santos de plata, al agacharse, se observa un mechón de pelo rubio salir de debajo de la capucha que oculta su cabeza y su rostro.
Tras observar detenidamente al santo de la ballena, ésta se levanta nuevamente y se acerca al primero.
- Maestro… Me temo que hemos llegado demasiado tarde. - responde con voz triste.
- Entiendo…- susurra el primero.
Shakkiri y Merino siguen sin entender nada, cuando el extraño se dirige a ellos.
- Escuchad, ahora nos ocuparemos nosotros de esto. - expresa el misterioso caballero a los santos de plata.
Tales palabras cogen por sorpresa tanto a los santos plateados como a los dos Alcalianos presentes.
- ¿Dices que vosotros os ocupareis de esto? ¡Hablas demasiado sin saber a quién tienes frente a ti caballero! - expresa Ashabi, mientras Ahísa guarda silencio.
- Se de sobra quién eres… una miserable rata del desierto que está a punto de sufrir una muerte horrible. - responde para sorpresa el misterioso.
- ¿¡Cómo te atreves?! ¡TOMA ESTO! - exclama furioso Ashabi.
¡¡¡LANZAS DE ARENA!!!
Ashabi lanza furioso sus mortales lanzas de arena contra el grupo, pero el extraño sin apenas inmutarse se sitúa al frente del grupo, alzando el brazo, muestra la palma de su mano la cual está cubierta por otra pieza de armadura dorada, y sin apenas hacer nada, congela en el aire las lanzas que el alcaliano les lanza.
Las lanzas de arena se convierten en lanzas de hielo, y éstas caen a plomo contra la nieve que cubre la arena, rompiéndose todas y cada una de ellas en mil pedazos como si de cristal se tratase.
Ashabi se queda perplejo ante este suceso, mientras Ahísa, precavida sigue guardando absoluto silencio, aguardando nuevos acontecimientos que aporten nueva información.
- ¡Es… es Imposible! ¡Ha congelado mis lanzas de arena como si nada! ¡¿Cómo has hecho tal cosa si apenas he percibo tu cosmos?!- vocifera airadamente un incrédulo Ashabi.
- Maestro… tú…- susurra la segunda extraña llamada Emma.
- No te preocupes… Emma…- susurra la primera y extraña voz.
- ¡Esos Alcalianos son tremendamente fuertes! No podrás tu solo con ellos. - afirma Merino.
- ¿Eso crees en serio? Bien, en ese caso será mejor que me presente formalmente…- le responde el extraño.
Éste comienza a caminar hacia adelante, dejando al grupo atrás, su cosmos comienza a emerger de su cuerpo, se trata de un intenso, gélido y dorado cosmos, conforme camina, la túnica que lo cubre comienza a cristalizarse y congelarse, el propio andar del caballero hace que esta se fragmente y caiga pedazo a pedazo, mostrando una reluciente armadura dorada bajo de ella.
- ¡Estaba segura de que se trataba de él! - responde Shakkiri reconociendo la armadura de Acuario.
El fragmento que cubre el rostro se desprende, apareciendo bajo de éste, el casco de la armadura de oro de Acuario, el cual está adornado por unos largos cabellos rubios.
- Querías saber quién era, bien… me presentare formalmente. Me llamo Hyoga, ¡HYOGA DE ACUARIO! -
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