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Capítulo 13. El cero absoluto

Tras la enorme explosión de energía generada por Emma y su trueno del alba, se divisa a la joven cisne jadeando, exhausta por el cansancio y el esfuerzo realizado. Emma tras unos minutos inmóvil, finalmente baja sus brazos, cae de rodillas, y en última instancia, se desploma inconsciente boca abajo sobre la nieve.


- ¡Emma! - grita Shakkiri que rápidamente acude en su ayuda.


- No os preocupéis por ella, tan solo se ha desmayado por el cansancio y el esfuerzo realizado. - interviene Hyoga deteniendo el avance de la santa plateada.


- Pero maestro Hyoga… - murmura Shakkiri.


- ¿Acaso has olvidado que estamos en un combate? - le pregunta seriamente Hyoga.


- Shakkiri, el maestro Hyoga tiene razón, todavía no hemos derrotado a nuestros amigos, y la vida de Trémino corre peligro. - añade Merino, que entiende perfectamente las palabras del santo de Acuario.


- Maestro, discúlpame, estamos preparados para continuar la batalla. - responde Shakkiri seriamente mientras mira los fríos ojos de Hyoga.


Shakkiri y Merino se alinean junto a Hyoga, dejando a Trémino atrás, junto al cuerpo de Bastián, quedando delante de los tres Emma inconsciente, agotada por el esfuerzo del combate, los tres fijan la mirada hacia adelante, donde observan lo que acontece.


El cuerpo de Ashabi y su armadura han quedado completamente congelados, quebrándose la misma como simple cristal, Ashabi con sus últimos alientos, trata de acercarse a su compañera, sus pies, ultra congelados por el hielo, se rompen al intentar caminar en busca de ayuda.


- A… Ahísa… por… por fa… por favor… ay… ¡ayúdame! - le suplica desesperadamente a su superior.


Ahísa comienza a caminar hacia Ashabi con suma tranquilidad, cuando se sitúa frente a éste, se agacha, quedándose a su misma altura, con una ligera sonrisa, Ahísa hace lo impensable.


El brazo de Ahísa atraviesa el pecho congelado de Ashabi como si de una lanza se tratase, tiñendo de rojo la nieve bajo sus pies.


Ashabi, con los ojos completamente abiertos y el rostro desencajado por la proximidad de su muerte, apenas logra articular palabra.


Los santos de plata quedan impactados ante la ejecución de Ashabi a manos de su compañera, mientras Hyoga, permanece impasible.


- ¿Por… por… por qué? - logra articular con dificultad Ashabi.


- Te dije… que, si salías derrotado, yo misma te mataría… además, un inútil como tú que ha sido derrotado por una niña con armadura de bronce no es digno de servir a Cronos... –


- ...Eres una rata miserable, muere como tal. - zanja Ahísa extrayendo su brazo del pecho de Ashabi provocando la muerte instantánea de éste.


El cuerpo sin vida de Ashabi sin vida se abalanza sobre ella, que se aparta, evitando que éste y su sangre mancillen su impoluta armadura. Ahísa, mostrando un absoluto desdén por su compañero, se pone en pie, dirigiendo su mirada hacia los tres santos.


- Hyoga de Acuario… tú si serás un digno rival para mí… - murmura sonriente Ahísa.


- Dime una cosa, ese ataque ponzoñoso tuyo… tiene su base en una planta, ¿Me equivoco? Por lo tanto, debe tener un antídoto. - pregunta Hyoga.


- Nunca imaginé que un caballero que acostumbra a vivir en el hielo tuviera tal conocimiento sobre venenos. - responde maravillada Ahísa.


- Te he hecho una pregunta. Responde. - insiste Hyoga serio.


- Jajaja, ¿Y por qué debería decírtelo? -


- Porque de ello depende tu vida. - zanja amenazante Hyoga.


- Das muchas cosas por sentadas, caballero de acuario, pero estás en lo cierto, mi ponzoña tiene su base en una planta, y como bien has intuido, tiene su contra antídoto. ¿Pero qué te hace pensar que te diré cual es y donde obtenerlo? -


- ¡Dinos cual es! - interviene gritando Merino.


- ¡Silencio gusanos! ¡Vosotros no sois dignos ni siquiera de dirigirme la palabra! - responde la Alcaliano.


- ¡NOS LO DIRAS A LAS BUENAS O A LAS MALAS! - estalla Shakkiri que despierta su cosmos y se lanza contra Ahísa.


¡¡¡ALETEO DEL PAVO REAL!!!


- ¡SHAKKIRI! - exclama Merino, sorprendido por la reacción de su amiga, uniéndose a ésta en el ataque.



¡¡¡AGUJERO NEGRO!!!



Los ataques de ambos santos se unen entre sí, formando un ataque completamente diferente, amplificado por las virtudes de cada uno de ellos.


Hyoga, por el contrario, permanece observante sin moverse.


- ¡Malditas cucarachas de plata! - estalla furiosa Ahísa, ofendida por el atrevimiento de los santos.


Ahísa, por primera vez, se dispone a mostrar su fuerza, haciendo explotar su cosmos de manera muy violenta. El cosmos de ésta, muestra un aura púrpura, mucho mayor al que Ashabi mostraba cuando entraba en cólera, extendiendo brazos y piernas, comienza a realizar diversos movimientos con sus brazos, cuando ésta concluye los movimientos, muestra unos ojos en los cuales sus pupilas e iris han desaparecido, y de los cuales brota el mismo cosmos púrpura.


- ¡AAAAHHHH! - grita Ahísa terminando de hacer explotar.


¡¡¡HURACAN DE ARENA!!!


Una virulenta corriente de aire empieza azotar el valle, levantando grandes pedazos de nieve, que es desecha al entrar en contacto con el aura de Ahísa, mostrando nuevamente la arena bajo de ella, la cual también es levantada.


La corriente que proviene del espacio entre sus brazos comienza a absorber e impregnarse con su aura, tornándose en un ciclón de aire que arrastra y absorbe todo a su alrededor.


Cuando éste alcanza su punto álgido, se desata ampliando su vórtice en varias decenas de metros, situándose ella en el epicentro.


Las técnicas de Shakkiri y Merino alcanzan y golpean con fuerza contra el huracán que rodea a Ahísa, pero tras unos minutos, los ataques desaparecen, siendo engullidos por la devastadora técnica de Ahísa, que se vuelve a ensanchar al absorber el cosmos de los santos de plata.


Tal es la fuerza de absorción del huracán que Shakkiri y Merino comienzan a ser arrastrados hacia él, pero antes de que éstos decidan actuar, Ahísa lanza el gigantesco huracán contra estos.


- ¡Esto no se parece en nada a la tormenta de Ashabi! - grita sorprendida Shakkiri.


- ¡Mierda! ¡El huracán nos absorbe! - airea sorprendido Merino.


- ¡AAAAHHHH! - Shakkiri/Merino.


Los dos santos de plata finalmente son absorbidos por el gigantesco embudo, dentro de éste, son golpeados por rocas y todo tipo de objetos que el propio huracán ha engullido, girando ambos en el mismo sentido, hasta que, para sorpresa de todos, incluido Hyoga, Ahísa alza sus brazos, generando y manipulando distintas corrientes de aire dentro del huracán.


Los santos empiezan a girar en sentidos contrarios, provocando que colisionen uno contra el otro continuamente, con cada giro en el interior del huracán, su intensidad y violencia es mayor, las armaduras de plata alcanzan su límite de resistencia debido a la presión del viento y a los reiterados golpes, comenzando a mostrar grietas por diversas y distintas zonas.


- ¡MORID! - grita Ahísa, que hace explotar su técnica desde el interior.


La potente explosión, hace que choquen por última vez entre sí, saliendo despedidos por los aires. Merino cae de cara contra el suelo, quedando semi sepultado, mientras Shakkiri corre peor suerte, cayendo en una zona rocosa, por la cual es arrastrada y lacerada por las rocas durante varios metros.


Tras la violenta batalla en la que los dos santos de plata son definitivamente derrotados, Ahísa vuelve a su estado normal, quedando ya únicamente en pie como rival el propio Hyoga el cual continua sin expresar emoción ni palabra alguna.


- Bueno, ya me desecho definitivamente de esos malditos plateados, dime, ahora que ya no queda nadie más, ¿Te enfrentarás a mí? ¿O saldrás huyendo? ¡Jajaja! –


Hyoga observa fijamente a Ahísa sin moverse ni pronunciar palabra.


- Es normal que no sepas que decir, seguro que ahora te estas arrepintiendo de haber venido hasta aquí, ¡no esperabas tener ante ti a una rival como yo! ¡Mi fuerza y mi poder superan a los caballeros dorados! ¡Jajaja! - alardea constantemente Ahísa.


Hyoga desvía su mirada hacia el santo de la Flecha, comprobando que todavía sigue con un hilo de vida, retornando la mirada al frente se dirige a su rival.


- Dime, si me enfrento a ti, ¿Me dirás donde obtener el antídoto para tu veneno? -


- ¿Para qué quieres saber dónde obtener el antídoto si ya estarás muerto? -


- Entonces, ¿Por qué te preocupa revelarme su ubicación? - insiste Hyoga.


Tras un ligero suspiro por parte de la alcaliana...


- Está bien, te diré como y donde conseguirlo si me vences. ¿Aceptas? -


- ¿Así de fácil…? De acuerdo. -


- ¡¿ASI DE FACIL?! ¡Los caballeros de oro sois muy arrogantes! ¡AAAHHH! -


El cosmos de Ahísa vuelve a despertar, furiosa y ofendida por las palabras de Hyoga, la intensa aura púrpura vuelve a brotar alrededor de ella, envolviendo y ensanchándose cada vez más. Hyoga por fin reacciona, haciendo emerger también el frio e intenso cosmos dorado que le acompaña.


- Vamos. - responde Hyoga.


- ¡AAAHHH MALDITO SEAS ACUARIO! - grita a pleno pulmón Ahísa, el cual su cosmos se agiganta conforme su ira crece.


¡¡¡HURACAN DE ARENA!!!


Esta vez concentra la fuerza de su huracán en un punto concéntrico, siendo lanzado directamente contra el caballero de acuario, el cual, finalmente decide pasar a la acción.


¡¡¡POLVO DE DIAMANTES!!!


El choque de técnicas, similar al que tuvieron anteriormente Emma y Ashabi, pero a una escala muy diferente, hace temblar el desértico lugar. Mientras Ahísa muestra una actitud desatada y efusiva, Hyoga muestra una actitud fría y calmada, al igual que su cosmos.


Tras varios minutos de equilibrio, Hyoga decide incrementar su cosmos, lo que genera que el polvo de diamantes que emerge de su mano sea cada vez más frio.


La temperatura vuelve a descender drásticamente debido al cosmos de Hyoga, y el torbellino de arena y viento que Ahísa descarga con furia sobre el caballero dorado, que comienza a ralentizar su velocidad, sorprendiendo a ésta, que observa como el aire ártico y el hielo de Hyoga comienzan a ganar terreno, congelando la técnica de Ahísa.


- ¿¡COMO ES POSIBLE?! ¡Jamás había visto congelarse el viento! - exclama espantada Ahísa.


- ¡AAHH! - exclama Hyoga.


Con un último impulso de cosmos, una esfera de energía sale de Hyoga, pulverizando desde el interior el enorme torbellino congelado, ésta llega hasta Ahísa, la cual sufre la congelación de sus manos y acto seguido se sucede una sonora explosión haciendo desaparecer temporalmente a la alcaliana.


Cuando la nieve y la arena en el ambiente se vuelven a asentar, Hyoga vislumbra como Shakkiri, apoyada en Merino, ambos con múltiples heridas y ciertos daños en sus armaduras se aproximan.


- Todavía seguís vivos… - murmura Hyoga ante la llegada de ambos.


- Ha faltado poco… - comenta avergonzado por la derrota Merino.


- Perdisteis la batalla incluso antes de comenzarla. - responde fríamente Hyoga.


- No esperábamos que Ahísa tuviera semejante fuerza. - le responde excusándose Shakkiri.


- Mi maestro no se refiere a eso. - interviene desde atrás la voz de Emma, que está por fin despierta nuevamente.


- ¿A qué te refieres entonces? - pregunta Merino.


- Os dejasteis llevar por vuestras emociones, sin pensar, eso hizo que no estuvierais concentrados ni fuerais capaces de canalizar todo vuestro cosmos. En la batalla uno debe dejar de lado toda emoción y mantenerse frio en todo momento. Ahísa es igual que vosotros, fuisteis vencidos únicamente por su superior fuerza bruta. - zanja Hyoga.


- ¡¿Cómo te atreves a compararme con esas ratas de plata?!- interviene reapareciendo mal herida Ahísa.


- Desiste, el combate ya ha terminado. Ya he visto suficiente. No tienes nada que hacer. Ahora cumple tu promesa y dime dónde puedo conseguir el antídoto. - responde Hyoga.


- ¡¿Terminado dices?! ¡TERMINADO! ¿Derrotada yo? ¡No digas bobadas! Mientras siga en pie, no me abrás derrotado. - responde furiosa Ahísa.


- No hay necesidad de continuar, aprovecha la oportunidad que te ofrezco de seguir viviendo, pero antes dime lo que quiero saber. - insiste Hyoga.


- ¡JAMAS! ¡EL COMBATE CONTINUA! ¡PREPARATE! ¡AAAHHH! -


- Está bien… respetaré tu decisión… esto terminará ahora… - responde Hyoga dando por perdida a Ahísa.


El cosmos de Ahísa vuelve a estallar más agresivo y violento que anteriormente. Su aura desprende claramente una rabia y furia que se propaga conforme su cosmos se despliega.


Hyoga dispuesto a concluir con la batalla, le responde de igual modo, mostrando un cosmos mucho mayor e intenso, tal es, que el propio cosmos del caballero de acuario es suficiente para congelar la arena que pisa.


- ¡MUERE CABALLERO! –




¡¡¡LANZAS DE ARENA!!!


- ¡TÚ LO HAS QUERIDO! -


¡¡¡POLVO DE DIAMANTES!!!


Una mayor cantidad de lanzas a una mayor velocidad salen proyectadas contra Hyoga, que con su polvo de diamantes congela de inmediato, pero tal es la brutalidad que Ahísa impone en el combate, que las lanzas, incluso congeladas, prosiguen su camino hasta su objetivo.


Hyoga al observar esto, se ve obligado a moverse esquivando a estas, pero dos logran rozarle, provocándole sendos cortes en el rostro y muslo, asumiendo que Ahísa no va a detenerse de ningún modo, toma una decisión.


- Eres una digna adversaria, admiro tu determinación, pero como te dicho… se terminó… -


Hyoga desplazándose a una velocidad vertiginosa, se presenta frente a Ahísa, a la cual golpea en la barbilla con su puño, acto seguido, se arrodilla ante ésta, recordando las enseñanzas de niño por parte del maestro Cristal, la agarra por los tobillos e intensificando su cosmos sobre éstos, comienza a congelar e inmovilizar a su oponente.


Ahísa advierte lo que Hyoga pretende, y aprovecha la oportunidad.


- ¡GRAN ERROR! -


¡¡¡DARDO PONZOÑOSO!!!


Ahísa clava su dardo ponzoñoso en el hombro de Hyoga, pero este no cesa en su objetivo y continúa congelando las piernas de la alcaliana, que aprovecha nuevamente para infligir hasta en tres ocasiones más su dardo ponzoñoso.


Finalmente, Hyoga golpea con un cabezazo la barbilla de Ahísa de nuevo, deteniendo los golpes de ésta, y dando un salto hacia atrás, tomando distancia respecto a ella.


- ¡Oh no! - exclama aterrorizada Shakkiri.


- ¡¿Por qué se expuso de esa forma al ataque de Ahísa?! ¡¿Qué sentido tiene?! - se pregunta angustiado Merino.


Hyoga, tras recibir un total de cuatro impactos con veneno, comienza a sentir casi de inmediato los estragos y efectos del mismo, haciendo que se tambalee ligeramente.


- ¡Jajaja! ¡Has cometido un error mortal caballero! Aunque has logrado inmovilizarme por completo, de poco te va a servir ahora que mi veneno recorre en cantidad tu cuerpo. Apenas te quedan minutos. ¡Jajaja! -


- Te guías por la emoción del momento, sin analizar la situación ni a tu oponente… - murmura Hyoga.


- ¡¿Cómo dices?! Sin duda el veneno ya te ha hecho perder la cabeza. Jajaja. -


- ¿Acaso crees que no era consciente de tu veneno de ante mano? -


- ¡¿Cómo?! ¡¿Acaso pretendes decirme que te has dejado golpear por mi dardo intencionadamente?! ¿Con que fin? - pregunta ahora sorprendida Ahísa.


- Simple… lograr inmovilizarte por completo… - responde Hyoga a la vez que saca algo que guardaba bajo su armadura.


Hyoga saca una especie de capsula alargada de hielo, portando algo en su interior que no se alcanza a distinguir. Con su puño aprieta la capsula hasta destruir el hielo, quedándose en su mano el objeto que permanecía en su interior.


Ahísa queda sorprendida al reconocer lo que es.


- ¡Eso… eso es! - balbucea Ahísa siendo incapaz de terminar la frase.


- En efecto, se trata de una rosa blanca del desierto. - responde Hyoga.


Los tres santos que acompañan a Hyoga quedan extrañados y contrariados, mientras que a Ahísa se le desencaja el rostro, comprendiendo la estrategia del caballero dorado.


Hyoga agarra la rosa con fuerza y sin vacilar se la clava en el torso, lo que deja a todos desconcertados.


- ¡Maestro Hyoga! ¿Qué es eso? - pregunta Shakkiri.


- Una rosa blanca del desierto… una rosa con la cualidad de sanar venenos e infecciones. - responde Hyoga.


- Lo tenías todo planeado… - murmura Ahísa, con gesto de derrota.


Los síntomas de envenenamiento que se apreciaban en Hyoga pronto comienzan a desaparecer, recuperando este su estado normal. Una vez restablecida la salud del santo de acuario por completo, este toma el camino hacia su rival.


El cosmos de Hyoga comienza a emerger…


- Te di la posibilidad, pero desististe. No me das más opción. Te mostrare el verdadero poder de los caballeros de oro… ¡el verdadero poder del caballero de Acuario! ¡EL CERO ABSOLUTO! - exclama Hyoga desplegando su autentico poder.


El cosmos de Hyoga se incrementa de una manera inédita incluso para su discípula, que observa con detenimiento el verdadero poder de su maestro.


- ¡AAAHHH! -


El cosmos de Hyoga alcanza niveles difíciles de asumir, separando sus piernas, alza sus brazos por encima de su cabeza, unidos por sus manos entrelazadas. La constelación de acuario aparece detrás de Hyoga.


- ¡LA TECNICA SUPREMA DE ACUARIO! ¡LA TECNICA SUPREMA DE MI MAESTRO CAMUS! ¡EL CERO ABSOLUTO! -


¡¡¡EJECUCION DE LA AURORA!!!


Hyoga baja sus brazos hacia adelante, lanzando su técnica más devastadora, un potentísimo cañón de aire ultra congelado concentrado impacta contra Ahísa, que inmovilizada, no puede hacer nada.


La armadura que porta se congela y se deshace en polvo cristalino, su cuerpo, blanquecino ahora, queda congelado, tal es la potencia, que es arrancada de las ataduras de sus pies congelados.


Ahísa cae fulminada a varios metros de Hyoga.


- Mirari… maldita seas… - balbucea casi sin aliento.


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