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Capítulo 13. El despertar de Cronos

Cerca del núcleo terrestre


Tronte conduce a los cuatro a través de una serie de galerías subterráneas, Tronte camina el primero, los cuatro le siguen tras él, tras un largo recorrido, llegan a una gran bóveda de piedra, decorada con columnas a ambos lados con forma de hombres sujetando enormes rocas, y extraños símbolos decoran toda la superficie de la bóveda.


Al llegar al extremo más profundo se observa una grotesca estatua en el centro de un altar, la estatua tiene la forma de un hombre de unos dos metros y medio, posee un largo pelo y una abundante y alargada barba, su rostro refleja gran odio y porta una guadaña en su mano derecha, y a sus pies unos hombres arrodillados ante él.


Flanqueando semejante y grotesca imagen en roca, hay cuatro pilares cortados a modo de pequeños altares que lo rodean.


Al llegar allí, Aqueronte, Aquiles, Perseo y Ulises se colocan encima de cada uno de ellos.


- Tronte, ¿Esta todo dispuesto?- le pregunta Aquiles.


- Así es, mientras ustedes se dedicaban a juguetear y perder el tiempo en el Inframundo con los caballeros de Atenea, yo continúe con mis labores, no obstante, gracias a su actitud infantil, pude completar todo lo necesario sin llamar la atención.-


Aqueronte, Perseo y Ulises observan fijamente a Aquiles que le responde a Tronte.


- No olvides con quien hablas, muestra más respeto.-


- No, no olvidéis vosotros quien soy yo, cual es mi propósito y a quien sirvo por encima de todo.- le espeta en tono serio Tronte.


Tronte se sitúa frente a la grotesca estatua y exclama.


- ¡COMENCEMOS! Aquel que es hijo de Gea y de Urano, descendiente de la primera generación de Titanes divinos, aquel que fue injustamente derrocado y vencido por Zeus, con la muerte de un Dios a manos de un mortal, y con el caminar de nuevo de sus cuatro hijos sobre la Tierra, regresará para ocupar el lugar que le corresponde por derecho en el trono de la Tierra...-


- ...Del sacrificio voluntario de sus hijos para darle un cuerpo al padre, y de la sangre de éstos que volvieron de la muerte, Cronos, ¡te imploro que regreses con nosotros!-


Los cuatro guerreros extienden su brazo derecho, y con el izquierdo, se provocan un corte del que comienzan a sangrar abundantemente, estos lanzan su propia sangre hacia la estatua.


Las heridas de éstos comienzan a cerrarse solas, de los ojos de la estatua comienza a emerger un brillo cada vez más intenso, la sangre que cubría la estatua por completo, empieza a ser absorbida por ésta, que empieza a cambiar de color, lo que antes era fría roca, va tornándose poco a poco en hueso y carne, la mano que agarraba la guadaña comienza a moverse y a agarrar ésta con fuerza.


La estatua comienza a desprender un terrible cosmos lleno de odio, que de pronto, estalla, lanzando al suelo a los cuatro que se encontraban en los altares, tras la explosión, la estatua empieza a desprender una fina capa de rocas, cual serpiente muda su piel.


Comienza a resonar por toda la cueva el sonido de una respiración, un gran grito colérico irrumpe el silencio, recorriendo todo el núcleo interno de la tierra, provocando terremotos y la activación de los volcanes en la superficie. ¡El titán ha renacido!


- ¡HE VUELTO!- grita una atronadora y ensordecedora voz.


Los cuatro guerreros y el sacerdote inmediatamente se alinean frente a él arrodillándose.


Cronos comienza a mirar a su alrededor, y observa a los cinco que se encuentran inclinados ante él, comienza a descender los peldaños hasta situarse a la misma altura que los cinco.


- Aqueronte, Ulises, Perseo, Aquiles…- comenta Cronos mirando hacia abajo.


- ¡PADRE!- exclaman los cuatro al unísono.


- ¡Alzaos ante mí! Dejad que os vea después de tanto tiempo.-


Los cuatro se incorporan y miran a su padre, sonrientes.


- Padre, el ejercito de Atenea…- comienza a hablar Aqueronte.


- ¡Silencio!-


Aqueronte queda sorprendido ante la interrupción de Cronos, y sin mediar reproche alguno baja la mirada contra el suelo.


- ¡Tronte! ¡Viejo amigo! Mi más leal sirviente, levántate.- exclama Cronos sonriente.


Tronte obedece inmediatamente y se incorpora ante su señor.


- Mi señor, ha pasado mucho tiempo, pero al fin estáis de vuelta, de nuevo estáis entre nosotros como corresponde.- responde Tronte con absoluto respeto.


- Así es, se ha cumplido por fin la profecía y uno de mis hijos dioses está muerto, uno de los que me traicionaron y se rebelaron contra su padre. Dime, ¿cuál de mis traidores hijos no tendré el placer de matar con mis manos? y ¿a quién le debo agradecer mi regreso? ¿Acaso no será el propio Zeus el que está muerto?-


- No mi señor, fue Hades el que murió.-


Cronos sonríe abiertamente.


- Continúa.- le espeta Cronos.


- Hace 20 años, tuvo lugar la última Guerra Santa entre el ejército de espectros de vuestro hijo Hades, y el ejército de la diosa Atenea, vuestra nieta. Fue un santo de bronce llamado Seiya de Pegaso, quién logro colarse junto a otros cuatro mortales en los Campos Elíseos, y logró vencer a vuestro hijo, destruyendo su cuerpo original, aquel que vos mismo le otorgasteis cuando lo engendrasteis y que celosamente guardaba en los Campos Elíseos desde la edad mitológica.- responde Tronte.


- ¡¿Qué cinco mortales lograron entrar en los Campos Elíseos y uno de ellos logro matar a Hades dices?! ¡Jajaja!- exclama con asombro.


- Así es, el santo de bronce llamado Seiya de Pegaso, que ahora porta la armadura de oro de Sagitario, fue quien acabo con él. Ahora es la mano derecha de la diosa Atenea y se le considera el guerrero más poderoso de entre todo su ejército.-continua Tronte.


- ¡JAJAJAJA!- Cronos comienza a reír descaradamente.


- ¡Debemos aniquilar a Seiya y al resto de caballeros de Atenea!- interrumpe Ulises.

Las carcajadas de Cronos cesan en seco tras la interrupción de Ulises y su rostro se vuelve serio de pronto. Su violento e intimidante cosmos estalla y lanza a Ulises contra una pared ante la atónita mirada de sus otros tres hermanos.


- ¡SILENCIO! ¿Con quién crees que estás hablando? Yo soy vuestro padre, YO soy el gran titán que gobernó este mundo, y seré yo quien dicte las órdenes a seguir, ¿Te ha quedado claro?- responde Cronos con una mirada desafiante.


- Sí, padre.- asiente Ulises reincorporándose.


- ¿Cuáles son vuestras órdenes? Mi señor.-


Cronos da media vuelta y se dirige hacia el trono de piedra del altar, en el cual, toma asiento con cierto placer, apoyando los brazos en sus laterales, mostrando y gozando de su propia grandeza.


- Antes de eso… ¿Aquiles, que opinión te merecen los Santos de Atenea contra los que os habéis encontrado hasta ahora?- le pregunta Cronos.

Aquiles se sitúa frente al trono de su padre, colocando una de sus manos sobre su mentón en actitud pensativa.


- Sinceramente, padre, hasta ahora hemos conocido algunos santos de bronce y plata, los cuales no me preocupan en absoluto. Por otro lado, los santos de oro, en general tampoco los considero una amenaza contra nuestro poder, pero, si hay tres santos que destacan por encima del resto, dos de ellos, los caballeros de Leo y Géminis, han logrado alcanzar por primera vez y por si solos el grado de Kamui.-


Cronos se sorprende ante esta sincera afirmación.


- ¿El grado de Kamui dices? Has dicho tres caballeros, ¿Qué pasa con el tercero?- pregunta un sorprendido Cronos.


- El tercero se trata de Seiya de Sagitario, quien mato a Hades, y a quien yo me enfrenté, domina la transformación a Kamui, que sepamos es el único capaz, y pese a tener un poder inferior, logro derribarme una vez.- responde pensativo Aquiles.


- ¡Vaya! Debe ser un caballero interesante si fue capaz de hacer tal cosa.-


- Hay algo… en ese caballero… que lo distingue de los demás… aunque no he logrado averiguar de qué se trata.- zanja Aquiles.


- JAJAJA, ¡Aquiles preocupado por el poder de unos simples mortales con armaduras! Cuando nuestra fuerza se sabe perfectamente, es superior.- interviene Perseo, mofándose de Aquiles.


- Si no recuerdo mal, tú, Perseo, fuiste derrotado por el caballero de oro de Géminis, y hasta esa niña que vestía la armadura de oro de Cáncer llego a plantarte cara.- responde Aquiles burlándose.


Perseo cesa las burlas en seco.


- Si a Aquiles le preocupa algo con respecto a los Santos de Atenea, serias un irresponsable sino le escucharas.- zanja Cronos.


Perseo guarda silencio, aceptando la sugerencia de Cronos, que a su vez se levanta de nuevo de su trono.


- Padre, ¿Ordenarás el ataque inmediato sobre el Santuario?- pregunta Ulises.


- En absoluto.- responde Cronos para sorpresa de todos.


- ¿¡Como?! ¡Pero padre!- insiste Ulises.


- Por lo que veo… estos caballeros de Atenea… os han tocado el orgullo… o realmente poseen una fuerza extraordinaria o bien mis hijos se han vuelto unos débiles…- responde Cronos.


- Además, si fue un Santo de Atenea el causó la muerte de Hades y facilitó mi regreso, sería muy descortés por mi parte aniquilarlos los primeros. ¡Jajaja!- responde riéndose Cronos.


- Entonces, padre, ¿los dejarás con vida?- pregunta Perseo uniéndose a la conversación.


- JAJAJA, Ni mucho menos. Solo que los dejaremos para el final.-


- ¿Acaso no deberíamos derrotar a aquellos a los que el propio Aquiles considera amenazantes?-


- Así es, y lo haremos, pero a su debido tiempo, con la caída de Hades, se originó el primer paso para mi regreso, pero mis otros dos hijos Poseidón y Zeus, todavía viven, y aunque la energía que convergía a modo de trinidad entre los tres se rompió con la muerte de Hades, todavía poseen mucha fuerza, y yo no he recuperado la mía, por no hablar de que Zeus tiene de su lado a todo el Olimpo.- responde Cronos, mostrando tener ya sus planes en mente.


- ¿En qué pensáis entonces padre? Cumpliremos fielmente con la tarea que nos encomendéis.- responde Aqueronte.


Cronos regresa a su trono y vuelve a sentarse en él. Se crea un breve silencio, en el cual todos permanecen expectantes.


- Bien, lo que haremos será lo siguiente...- responde Cronos, con los ojos ligeramente cerrados a modo de satisfacción.


Todos permanecen expectantes.


- Destruiremos el Templo de Poseidón, y lo haremos ante la atenta mirada de mi otro “queridísimo” hijo, que sin duda, estará observando desde el Olimpo, donde se cree intocable. Al Santuario me dirigiré a su debido tiempo para presentarme y darle las gracias a ese caballero, por ahora no quiero que ataquéis el Santuario, no obstante podéis dar caza a todo caballero que se encuentre fuera de él… Jejeje.-


- Cuando Poseidón haya caído, y mi poder haya sido restaurado casi por completo, ¡DESTRUIREMOS EL OLIMPO! ¡Reduciré a escombros y cenizas a todo el Olimpo! Y mataré a todo aquel que no me jure lealtad, sean dioses o ángeles.-


Los cuatro guerreros quedan sorprendidos ante tales planes, y sonríen llenos de confianza.


- ¡VENGAREMOS LA TRAICION DE LA ERA MITOLOGICA!- gritan al unísono los cuatro alzando sus puños en señal de victoria.


- Aun así… y disculpad mi atrevimiento, mi señor.- interviene Tronte.


- Tronte, me has sido leal siempre, y has permanecido fiel a junto a mi lado en todo momento, te has ganado de sobra mi respeto y gratitud. Tienes el derecho a hablar ante mí, si lo consideras necesario. ¿Qué quieres decir?- responde Cronos abalando a Tronte.


- Aunque no dudo de vuestra capacidad para la guerra, y de que vuestra fuerza aplastara a vuestros enemigos, no contamos con nuestros guerreros y huestes de las que disponíamos en la guerra mitológica. ¿Acaso pensáis hacer la guerra vos mismo con la ayuda únicamente de vuestros cuatro hijos aquí presentes?- concluye Tronte.


- En absoluto, y doy por hecho de que te hiciste con ese objeto antes de traerme de vuelta, ¿no es así?-


- Por supuesto, mi señor.- responde Tronte.


Los cuatro Altos Alcalianos permanecen en silencio y observan con curiosidad de que objeto se trata. Tronte saca de debajo de uno de los pilares un pequeño objeto cuadrado y se aproxima hacia Cronos.


- ¡Un momento! Eso es…- exclama Aqueronte.


- La Caja de Pandora.- concluye Aquiles.


- Esa maldita caja es la que usaba el propio Hades para guardar su espíritu junto con el de Thanos e Hypnos, ¿No es así?- pregunta Aqueronte.


- Esa caja… me pertenece a mi… ese bastardo traidor de Hades se apropió de ella cuando me traiciono junto a sus hermanos y me desterraron… y aun así, en todos estos milenios el muy imbécil nunca descubrió su auténtica función… Jajaja.-


- Padre, entonces lo que leí en antiguos manuscritos… ¿es cierto?- pregunta Aquiles, ante la sorpresa de sus otros tres hermanos.


- Efectivamente, Aquiles, la caja de pandora es en realidad la caja del tiempo y el destino, mis guerreros nunca serán vencidos definitivamente, porque si su cuerpo actual perece, su espíritu regresara aquí y esperará la aparición de su siguiente cuerpo…- aclara Cronos.


- ¿Y Hades no descubrió esto nunca?- pregunta Aqueronte.


- Ese presuntuoso solo se preocupaba por evitar que su cuerpo original sufriera daño alguno. De haber sido más inteligente y haber descubierto la verdad acerca de la caja, con sus espectros y mis guerreros, habría derrotado a Atenea en la era mitológica.-


- ¿Y ahora qué?- pregunta Ulises.


Cronos se levanta de su trono.


- Ahora liberare las almas de mis guerreros, tras más de dos mil años, y ellos solos sabrán llegar hasta su recipiente actual.-


Cronos toma la caja con ambas manos, y su cosmos repelente empieza a brotar de él, concentrándose en sus manos y en su caja, esta empieza a iluminarse y a mostrar signos de fractura, hasta que ésta estalla en mil pedazos antes el asombro de los presentes.


- ¡GUERREROS ALCALIANOS, HAN PASADO MILENIOS, PERO VUESTRO SEÑOR HA REGRESADO COMO PROMETIO! ¡RECUPERAD VUESTRA FUERZA, EMPUÑAD DE NUEVO LAS ARMAS POR MI! ¡RECUPERAD LA TIERRA PARA VUESTRO SEÑOR!-


De los miles de fragmentos de la caja ahora rota, empiezan a emerger numerosos cosmos y una energía siniestra descomunal, la cual, no pasa desapercibida en la superficie. Una oscura energía ha sido liberada en las entrañas de la tierra, y ahora esta se dispersa por toda la tierra.


El ejercito de Cronos al fin ha sido despertado de nuevo, y una guerra como no se ha vivido en la Tierra desde la era mitológica está a punto de comenzar.


- Por ahora hijos míos, dejad que mis guerreros bañen la tierra nuevamente de sangre, pronto tendré toda mi fuera reunida y atacaremos con fuerza y sin piedad.-


Los cuatro altos alcalianos se sitúan frente a Cronos, sonrientes, conscientes de que su momento ha llegado.


- Visitaremos el Santuario a modo de cortesía…- susurra dentro de una sonrisa malévola.


- ¡El tiempo de los Dioses ha terminado…!- exclama Cronos entre sonoras risotadas.



Santuario


Ante la aparición repentina de numeroso y hostiles cosmos, Atenea, el Patriarca Shiryu, Hilda y otros caballeros que se encontraban en la sala de la diosa, salen rápidamente a las puertas, conscientes del poder que se acaba de desatar sobre la tierra, los rostros de Hilda y Atenea se tornan en seria preocupación.


Templo de Poseidón


Poseidón, que se encuentra en el centro de su templo principal de pie, muestra cara de estupor y seria preocupación. Sorrento le observa con rostro serio y de preocupación.


- Mi señor… ¿Ha sucedido al fin? Lo que más temíais ha ocurrido, ¿Verdad?-


- Así es Sorrento, ya no hay tiempo para más, ve en busca de los generales marinos y convócalos, la guerra está por comenzar…- responde Poseidón.


El Dios de los Mares comienza a elevar su divino cosmos frente a su leal servidor, la hermosa Kamui que vistió frente a Seiya surge del suelo nuevamente. Esta rápidamente se dirige hacia Poseidón para vestirlo nuevamente.


Poseidón extiende firmemente su brazo derecho, en el cual, reaparece el poderoso y hermoso tridente divino.


- Ha llegado el momento, no hay vuelta atrás.-


Olimpo


En la zona más alta del Olimpo, sobre el monte más elevado de todos, se observa un balcón de piedra blanca brillante. En él se observa al dios supremo, Zeus, observando fijamente lo que ocurre en la Tierra.


Su puño izquierdo comienza a cerrarse con fuerza, provocando que todo su brazo se tense, mostrando su gran musculatura, y de su puño derecho, comienzan a brotar rayos centelleantes.


Mira al cielo, observa la vista de todo el Olimpo y vuelve su vista hacia el Santuario de su hija.


- Es inevitable… El Ragnarok ha llegado...-

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