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Capítulo 14. Orgullo herido

Santuario


Tras los sucesos acontecidos en el valle de los muertos, y la desaparición repentina de los cosmos de Seiya, Isis, Ikki y Kanon, el Santuario ha quedado en absoluto silencio, el viento silva entre sus montañas, edificios y columnas. Una duda ensombrece por completo todo el Santuario.


Sala del Patriarca


- Seiya… Isis… Kanon… Ikki…- susurra Atenea con ojos cristalinos.


- Atenea, si me dais permiso, partiré de inmediato en busca de respuestas.- se dirige Sigmund arrodillado ante Atenea.


Atenea baja la mirada hacia el Guerrero Divino y sonríe levemente.


- Eres muy gentil Sigmund, pero te pido por favor que no vayas.- responde la diosa ante la sorpresa del Guerrero Divino.


- No reprochare vuestros deseos, Diosa Atenea, pero puedo preguntaros porque no deseáis que vaya en busca de información sobre Seiya y los demás.- pregunta muy cortes Sigmund, a lo que Hilda sonríe a modo de agradecimiento.


- Sigmund.- interviene Shiryu.


- ¡Patriarca!- responde.


- Antes de nada, por favor levántate, aunque seas un guerrero de Asgard, ahora todos somos del mismo bando. Atenea es consciente de lo que sucede, pero también cree en Seiya, y sabe que él no se rendirá fácilmente. Además insistió en que pasara lo que pasara, no enviásemos a nadie más tras él...-


- ...Si Seiya ha caído, siendo el más fuerte de todos, enviar más caballeros solo significaría enviarlos a una muerte segura y prematura. Debemos aguardar, estoy seguro que antes o después recibiremos algún tipo de noticia.- responde amablemente Shiryu.


Sigmund se incorpora ante Atenea y el Patriarca, sonriendo y asintiendo con la cabeza las palabras que Shiryu le ha dedicado. Cuando entra en la Sala Mirari de Piscis.


- Mirari, ¿Qué deseas? ¿Por qué has abandonado tu casa?- pregunta Shiryu sorprendido ante la aparición de la Santa de Piscis.


Mirari se aproxima, se inclina ante los presentes a modo de respeto y se incorpora.


- Patriarca, vengo a informaros de que la Santa del Loto y yo hemos desplegado un anillo de rosas alrededor del Santuario, si algo se aproxima y es capaz de sobrevivir al veneno de mis rosas, lo sabré inmediatamente. También he desplegado a varios soldados y caballeros para que patrullen continuamente el perímetro y los accesos al Santuario.-


- ¿Por qué has hecho tal cosa? No te dado ninguna orden en tal sentido.- responde sorprendido Shiryu.


- Os pido disculpas por actuar por mi cuenta, pero tras los sucesos que hemos presenciado, haber sentido la determinación de los caballeros para hacer lo necesario, me ha hecho ver que yo también debo hacer todo lo que este en mi mano por proteger a Atenea y al Santuario. Si decidís castigarme, lo aceptaré con gusto.- responde Mirari arrodillándose nuevamente.


Shiryu comprende las palabras y motivos de la Santa de Piscis, pero antes de que llegue a decir nada, Atenea se levanta y se aproxima a Mirari, arrodillándose junto a ésta.


- ¡Atenea! ¡Por favor! ¡Vos no tenéis porque arrodillaros!- exclama Mirari sonrojada al ver de rodillas y frente a frente el gentil rostro de Atenea.


- Mirari, portas sobre ti una gran losa de culpabilidad que no mereces ni te corresponde.- responde con tono suave Atenea.


- A…Atenea… yo…- susurra entre lágrimas Mirari, invadida por el cálido y gentil cosmos de Atenea que ahora tiene frente a ella.


- Los motivos por los que decidiste ser Santa ahora no importan… Mirari debes dejar el pasado atrás y mirar hacia adelante, debes buscar tu propio camino como Santa, no tienes por qué preocuparte por lo demás.- insiste Atenea que sostiene el rostro lleno de lágrimas de Mirari entre sus manos.


- Así es Mirari.- interviene Shiryu.


- Patriarca… yo… os juro que daré mi vida si es necesario.- responde con firmeza Mirari.


- Esperemos no llegar a ese extremo… Dime, tengo entendido que tuviste un encontronazo con Ikki de Leo, ¿no es así?- pregunta Shiryu.


- Me habló de mi hermano, entre otras cosas, y yo como una tonta no valoré como merecía las palabras que un Caballero Legendario me dedicó… ¡Me siento tan avergonzada…!-


Shiryu se aproxima hacia Mirari e insta a que se incorpore nuevamente.


- Conociendo a Ikki, si quieres honrar sus palabras, solo debes hacer lo que el haría…- le susurra Shiryu.


- ¿Y de que se trata?- pregunta intrigada Mirari.


- Ikki te diría exactamente estas mismas palabras… “Sin importar la fuerza del rival, avanza siempre hasta destruir por completo a tu enemigo”.- termina Shiryu.


Mirari abre sus hermosos ojos con asombro y entiende el cometido.


- Así lo hare…- responde con firmeza.


Una extraña sensación interrumpe súbitamente la cálida conversación, lo que hace que Mirari se ponga en alerta, rosa en mano.


- ¡Algo o alguien se aproxima! ¡Y viene directamente hacia la casa de Géminis!- exclama Mirari.


- ¡Esperad! ¡Debo ir a la casa de Géminis de inmediato!- interrumpe Atenea sorprendiendo a los presentes.


- ¡Atenea! ¡No sabemos de qué se trata! Percibo dos cosmos hostiles e intimidatorios.- insiste Mirari.


- No te preocupes, no es una amenaza, un viejo amigo regresa a casa.- responde sonriente Atenea.


- No me separaré de vos, Atenea.- responde seriamente Mirari.


- Yo también os escoltare.- interviene Sigmund.


- Iremos todos, de modo que se trata de él…- zanja la conversación Shiryu.


Los cinco presentes en la sala toman la salida y comienzan a descender por las 12 casas, estos comienzan a cruzar las vacías casas de Piscis, Acuario, Capricornio y Sagitario, hasta llegar a la de Escorpio, donde encuentran a Shaina que se une al grupo a petición de Atenea.


El grupo reanuda el descenso pasando ahora por las también desiertas casas de Libra, donde permanece la armadura de Shiryu, la de Virgo y la de Leo.


Finalmente llegan a la casa de Géminis donde se encuentran con Geki de Tauro y Kiki de Aries, allí presentes también, alertados por los cosmos que se aproximan.


- ¡Geki! ¡Kiki! ¿Qué hacéis vosotros aquí? Deberías estar protegiendo la entrada a la primera casa.- responde molesto Shiryu.


- Mi Muro de Cristal protege el acceso a la casa de Aries, y por si fuera insuficiente, todo el interior de mi casa esta enredado por mis redes de Cristal. Los Santos de Bronce de la Hidra, el Lobo y el León Menor se han quedado también en la entrada al Santuario ante la posibilidad de que esto fuera una distracción.- responde Kiki inclinando la cabeza a modo de respeto.


- Entiendo, habéis venido por el mismo motivo que nosotros, ¿No es así?-


- Así es Shiryu, estando tan cerca no podíamos quedarnos en nuestras casas como si nada.- responde Geki.


- Está bien, Kiki, permanece alerta, no sabemos que se aproxima, ante la mínima duda, despliega tu Muro y protege a Atenea.- responde seriamente Shiryu.


- ¡Así lo hare!- responde Kiki que se posiciona junto a Atenea.


La tensión en el ambiente y en los presentes aumenta ante la aproximación misteriosa, cuando ante estos comienza a abrirse un portal, Geki percibe hostilidad y no duda.


- ¡DESTRUIRE TODO LO QUE CRUCE ESE PORTAL!- exclama Geki elevando su cosmos.


- ¡NO GEKI! ¡ESPERA!- exclama Kiki tratando de detener inútilmente al caballero de Tauro.


¡¡¡GRAN CUERNO!!!


La violenta reacción del Santo de Tauro obliga a todos a retroceder unos metros, Geki lanza su Gran Cuerno pero cuando este va a impactar de lleno contra el vórtice, un cosmos extrañamente familiar emerge alrededor del vórtice cubriéndolo y protegiéndolo del ataque del Toro Dorado.


- ¿¡PERO QUE!?- exclama sorprendido Geki, que se posiciona nuevamente para lanzar su Gran Cuerno otra vez.


- ¡ALTO! ¡DETENTE!- una voz irrumpe y resuena por toda la casa de Géminis.


Geki que se disponía a lanzarse de nuevo, cual toro desbocado, se detiene en seco, al escuchar esa voz resonar y reconocerla de inmediatamente. Los demás caballeros también reconocen enseguida la voz que ha intercedido y bloqueado el ataque de Geki.


El caballero de Tauro disminuye su cosmos y el aura que protegía el vórtice desaparece.


- ¡Esa voz…!- susurra Geki.


- ¡SHUN!- Atenea/Shiryu/Shaina/Kiki/Geki.


La presencia del caballero de Virgo desaparece, antes de que nadie pueda gesticular nada el vórtice se ensancha, de él aparece Ikki que porta a Isis en sus brazos inconsciente, y tras él aparece Kanon, que también porta sobre si a un Seiya inconsciente y agotado por la batalla.


Todos los presentes reaccionan inmediatamente con rostros de alivio, pero a su vez Shaina y Shiryu mantienen la seriedad en sus rostros, al observar el estado en el que milagrosamente, han regresado los cuatro vivos.


Los cuatro caballeros de oro muestran claras evidencias de mucho desgaste, sus cuerpos y armaduras presentan multitud de signos de una lucha que ha sido durísima, Ikki y Kanon apenas pestañean o muestran signos de alegría al ver a todos en su regreso, en sus ojos se puede apreciar claramente que han sido superados y derrotados por sus enemigos. Algo a lo que precisamente Ikki y Kanon no acostumbran a sentir.


Nada más cruzar el vórtice y dar penas unos pocos ambos tanto Ikki como Kanon caen de rodillas, dejando caer tanto a Isis como a Seiya contra el suelo, evidenciando claramente el estado de agotamiento que los santos traen consigo.


Los presentes enseguida acuden en su ayuda, Geki recoge en sus brazos a la joven Isis, muy magullada tras la dura batalla, Sigmund acoge rápidamente el cuerpo de Seiya, que permanece totalmente inconsciente, Mirari se arrodilla rápidamente junto a Ikki al cual sujeta agarrándolo de los hombros, mientras Shiryu, se agacha junto a Kanon, que todavía jadea exhausto tras realizar la Otra Dimensión para regresar al Santuario.


- Hola Kanon, ha pasado mucho tiempo.- le saluda Shiryu al Santo de Géminis.


- ¿Shir… Shiryu? ¿Eres tú? ¿El Caballero del Dragón?- pregunta un agotado Kanon.


- Deberías dirigirte a él como Patriarca.- le responde una voz femenina de entre un grupo de personas que entran en la casa de Géminis.


Kanon alza la vista levemente y observa como ante él se detiene Marin del Águila, que se arrodilla junto a él y le susurra algo al oído.


- Me alegra ver que sigues vivo…-


- ¿Pa… Patriarca dices?- pregunta un Kanon que ya no da más de sí.


- ¡Maestro!- exclama Edén que viene sonriente acompañado de Jabu del Unicornio y de Safiya de Altar.


- Te…Te dije que no te preocuparas por mi…- le responde con dificultad Ikki.


Marin se incorpora tras hablar con Kanon y se acerca junto a Geki, que porta en brazos a Isis, la cual comienza a abrir los ojos levemente.


- Lo has hecho muy bien, Isis.- le susurra marina al oído.


- ¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy en brazos de este grandullón?- pregunta desorientada Isis.


- No te preocupes, estas a salvo en el Santuario.- le responde la Santa de Plata.


- Ge… Genial… pero que a este tío no se le ocurra meterme mano…- responde con cierto alivio antes de perder el conocimiento de nuevo.


- ¡Oye! ¡¿Pero de qué vas!?- grita un sonrojado Geki.


Todos sonríen y no pueden evitar reír levemente ante la última ocurrencia de la santa de Cáncer. Todos menos Shiryu que muestra un rostro serio.


- Shiryu…Debo decirte…- interviene Kanon cortando las risas.


- Kanon, no te preocupes, tenemos mucho de qué hablar, pero ahora necesitáis descansar.-

Shiryu se planta ante todo el grupo.


- Hasta que no recuperen las fuerzas no podremos obtener la información de lo que ha sucedido, llevad a los 4 a la enfermería, y que siempre haya alguien con ellos vigilándolos. El perímetro por ahora está protegido gracias a Mirari y a Catrina, pero quiero a todos en sus puestos y atentos. Kiki tu casa es la primera de todas, ante cualquier cosa extraña, no dudes en actuar.-


- De acuerdo, pero quiero que Geki me acompañe.- responde Kiki.


- ¿Yo?- responde sorprendido Geki.


- ¿En qué estás pensando?- pregunta Shiryu.


- La intervención astral de antes de Shun… ha evitado que Geki cometiera un error fatal. Quiero contactar con él, a ver hasta donde sabe. Me llevara cierto tiempo y un gasto elevado de cosmos, mientras yo este concentrado, Geki protegerá la casa de Aries si algo pasa.-


- No hay problema, ¡cuenta conmigo! Si alguien se acerca a la entrada de la Casa de Aries sufrirá el asta del toro.- responde Geki.


- De los ocho caballeros que hay en el Santuario, cuatro están fuera de combate, yo me quedaré en la casa de Tauro, en retaguardia y Mirari permanecerá junto a Atenea hasta nueva orden.- interviene Shaina.


- De acuerdo Shaina.- responde Shiryu.


- Seiya y los demás vienen de un combate muy duro, y ahora apenas contamos con cuatro caballeros de oro en el Santuario, si hubiera un ataque ahora… debemos hacer volver a los demás.- interviene Marin.


- No te preocupes Marin, ya he dado órdenes en tal sentido para que el Caballero de Capricornio regrese de los Cinco Picos, y en cuanto a Hyoga y Shun, Safiya se encontró con ellos y están al tanto de todo.-


- Dime Marin, ¿Qué te preocupa en realidad? Dudo mucho de que te preocupe únicamente la ausencia de caballeros de oro.-


- Hasta ahora, nunca se había presentado un enemigo con semejante poder, y viendo el estado en el que han regresado los considerados más fuertes, me preocupa la situación. Además también he oído que has enviado varias partidas de Santos de Plata a distintas misiones. ¿Crees acertado enviar fuera a mas Santos?- insiste Marin.


- Veras, es cierto que este enemigo posee un poder nunca visto antes, pero por la información de que dispongo, todavía no se ha organizado, y tras el combate que Seiya y los demás vienen de librar, no creo que se lancen sin pensar sobre el Santuario. El objetivo de enviar a los Santos de plata fuera, es precisamente por y para la batalla que esta por librar. No es una batalla que libraremos únicamente aquí. Necesitamos información de nuestros enemigos, y la única manera de obtenerla es saliendo a buscarla.- le responde Shiryu.


Marin guarda silencio momentáneamente.


- Entiendo, te pido disculpas Patriarca, no pretendía cuestionar tus palabras.-


- Además, no hay cuatro sino cinco caballeros de oro, o, ¿acaso has olvidado que yo soy el caballero de Libra?- le responde sonriente Shiryu.


Tras la tensa conversación entre ambos, todos se dirigen a sus puestos, mientras tanto…



Cascada de los Cinco Picos


Un joven que porta un dragón a su espalda se muestra jadeando por el cansancio, arrodillado ante unas botas doradas.


- ¿De verdad te consideras digno de ser un caballero? A mí no me lo parece… ¡Ryuho! ¡Levántate y demuéstrame que me equivoco!-


- No pienso rendirme, ¡MAESTRO KAZUI!- exclama el joven levantándose de nuevo.




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