Capítulo 15. Secretos del Amazonas
- Carlos Moreno
- 26 mar 2022
- 10 Min. de lectura
Han pasado dos días desde que los jóvenes santos Emma del Cisne, Shakkiri del Pavo Real y Merino del Lagarto abandonaran el árido desierto del norte de África y se dirigieron en busca de una cura milagrosa para el caballero Trémino de Flecha, agonizando, y al a espera, en el Santuario, donde sus médicos dirigidos por la talentosa Catrina del Loto hacen lo posible por evitar el nefasto final para el santo de plata.
Por otra parte, Mirari, y para sorpresa de todos, decidió ir tras ellos, sabiendo que se trataba de una trampa desde el principio, Vada, a petición de Kiki, salió tras la santa de Piscis siguiendo sus pasos en la distancia.
Selva del Amazonas, Brasil
- ¡Uff! ¿No se supone que aquí haría menos calor? - exclama un Merino empapado en sudor.
- ¡Deja de quejarte tanto! ¿O es que acaso ahora quieres emular a Bastián? - le reprende Shakkiri.
Un silencio incomodo se abre entre ambos santos, al escuchar nuevamente el nombre de su amigo caído, lo que provoca que el grupo se detenga momentáneamente en un pequeño claro en la selva.
- Merino… perdóname… no pretendía… - susurra Shakkiri, siendo consciente del efecto de sus palabras en su compañero.
- No te preocupes, Shakkiri. Tienes toda la razón, venimos por un motivo muy importante, quejarse por necedades no viene al caso. Sigamos con nuestra misión. - responde el santo del Lagarto.
- Chicos, no desanimaros, creo que estamos cerca de la frontera entre Brasil, Colombia y Perú, Ahísa dijo que esta tribu se encontraba en la frontera entre Colombia y Perú, en una zona de alta montaña. No tardaremos en llegar a la zona. - interviene Emma queriendo dar ánimos a sus acompañantes.
- Emma, tú siempre tan gentil… me sorprendes mucho. - responde Shakkiri.
- ¿Y eso? ¿Por qué? -
- Pues veras… habiendo sido entrenada por el mismísimo Hyoga de Acuario en un lugar tan inhóspito como Siberia, no esperaba que fueras tan amable y cálida con los demás. - le responde.
- Sigo sin comprenderte. -
- ¿Tan difícil es de entender? Tu maestro es de los caballeros más poderosos de entre los doce dorados. Pero también su carácter y temperamento es frio y hostil como el de ningún otro caballero. A mí también me sorprende que alguien como tú haya sido capaz de ser entrenada bajo esas condiciones. - responde abiertamente Merino.
- ¡Ah! Ya os comprendo. - responde Emma riendo ligeramente, para desconcierto de los otros dos.
- ¿He dicho algo gracioso? - pregunta molesto Merino.
- No. No es eso, entiendo que os parezca extraño, pero en realidad, mi maestro no es tan frio como parece. Más bien todo lo contrario. - responde Emma.
- ¿Todo lo contrario…? - murmura Shakkiri.
- Veréis, mi maestro desde un principio, siempre me explico que las emociones, los sentimientos hacia otros, nos hacen sacar fuerza y coraje de donde sea, pero a la vez, cuando estas en combate, debes mantener esas mismas emociones a raya, para así siempre controlar la situación en un combate. - aclara Emma.
- Lo que dices tiene sentido… Pero viniendo del maestro Hyoga, cuesta creerlo. - responde Merino.
- Mi maestro… aprendió esa lección… de la peor forma posible… - murmura en voz baja acontecida.
- ¿Decías algo? - pregunta Shakkiri.
- ¡NO! ¡En absoluto! ¡Continuemos con nuestra misión! - exclama Emma.
- ¡SI! - responden al unísono los dos santos de plata.
- ¡Ahh! ¡Qué momento mi terno! - interviene una voz procedente de las copas de los árboles.
Los tres santos se sobresaltan, posicionándose en triangulo, colocando espalda con espalda entre todos.
- ¡Mierda! ¡Alguien nos ha estado siguiendo! - grita Merino.
- ¡No debimos parar! - exclama molesta Shakkiri dirigiendo su mirada hacia los altos árboles.
El extraño comienza a desplazarse circularmente entre las altas y frondosas copas de los árboles, impidiendo su localización.
- Por extraño que parezca… no percibo hostilidad en esta presencia que nos rodea. - murmura Emma.
- ¡No me importa! ¡No he llegado tan lejos para que nadie me aparte ahora de mi misión! ¡APARTAOS! - exclama Shakkiri, la cual enciende su cosmos de forma brusca y por sorpresa.
- ¡Shakkiri! - exclama Emma contrariada.
- ¡Déjala! Cuando se pone de este modo, ¡es mejor apartarse! - exclama Merino, agarrando a Emma del brazo y apartándola del lado de Shakkiri.
¡¡¡ALETEO DEL PAVO REAL!!!
Shakkiri hace explotar su cosmos, generando un enorme vendaval, el cual agita y hace bailar a los grandes y robustos árboles, haciendo que el polvo del suelo se mezcle con los miles de hojas que el viento arranca de los árboles.
- Doce e impresionante, mas, nao vía adelantar nada frente mí. - responde la extraña voz desde las alturas.
- ¿Eso crees…? - murmura sonriente la santa de plata.
-´¡¡¡AAAAHHHH!!!- exclama Shakkiri que detona todo su cosmos concentrado.
- ¡Eh! ¡¿Mas o que é eso?!-
Al detonar toda la energía que Shakkiri concentraba, el vendaval se convierte en un huracán, situándose ella en el epicentro, con el aumento de la velocidad del viento, los árboles comienzan a agitarse violentamente, arrancando de estas múltiples ramas, despejando el claro.
¡¡¡KUMAI DE PLUMAS!!!
Con el huracán en su máxima expresión, Shakkiri desata desde el interior del vórtice otra de sus técnicas, lanzando decenas, cientos de plumas de pavo real, afiladas como cuchillos, éstas, potenciadas ferozmente por la violencia y potencia del viento, comienzan a destruir todo a su paso, arrasando con troncos, ramas y todo lo que entra en contacto con la fusión de sus dos técnicas.
A medida que el embudo el huracán destruye a su alrededor, éste crece, ensanchando la zona de destrucción, que cada vez es mayor. El extraño se desplaza rápida y hábil mente entre las copas de los árboles, pero la fuerza de succión del huracán y la intensa destrucción que las kunas provocan, acaban dejándolo sin opciones, quedando finalmente al descubierto.
El extraño es absorbido por el remolino, y en su interior, recibe múltiples y violentos impactos de las kunas, viéndose superado claramente. Shakkiri, antes de que sus golpes sean letales para el extraño, decide detener sus técnicas, cayendo contra el suelo con fuerza, y quedando a los pies de ésta, a la que nuevamente se unen Emma y Merino.
Cuando los tres comienzan a observar con detalle al extraño y su vestimenta, reciben una sonora sorpresa.
- Un momento… - murmura Emma.
- ¿Qué pasa ahora Emma? - pregunta Merino.
- Merino, acaso no te has dado cuenta de que lo que este chico porta es…- responde Shakkiri.
- ¡UNA ARMADURA DE BRONCE! - exclaman al unísono Emma y Shakkiri.
El joven, tras unos minutos aturdido comienza a moverse nuevamente.
- ¡Uff! ¡Qué golpe! - exclama el joven.
Emma se aproxima al joven santo, arrodillándose junto a él, ayudándole a incorporarse.
- Nao sabíamos que doce era un santo, disculpe-nos. ¿Que é doce, cabalero de bronce? - habla Emma al joven en su mismo idioma.
- ¡¿Hablas su lengua?!- exclama Merino sorprendido.
- Emma, ¿Cómo es que hablas tan bien portugués? - pregunta Shakkiri.
Emma los mira con su típica sonrisa, mientras termina de ayudar al desconocido santo de bronce.
- Pues… porque soy portuguesa… me quede huérfana de niña, un santo de plata me encontró, y me llevo al Santuario con él. Allí, empecé a ser entrenada como santa por él, hasta que conocí a mi maestro Hyoga, el cual, se hizo cargo de mí, llevándome con él a Siberia. - aclara la joven.
- No tenía ni idea… - susurra sorprendida Shakkiri.
- Pero que bestias sois… - responde el desconocido santo de bronce.
- ¡Hablas nuestro idioma! - grita sorprendido Merino.
- Así es, os encontré hace un día, y al no saber quiénes erais, ni porque estabais en un lugar como este, os seguí, hasta que finalmente opté por interceptaros y descubrir quienes erais. - responde el joven.
- Yo soy Emma del Cisne, ella Shakkiri el Pavo Real, y él, Merino del Lagarto. ¿Quién eres tú? -
- Una santa de bronce y dos santos de plata, en mitad del Amazonas, extraño equipo para un lugar como éste. Mi nombre es Joao del Tucán, caballero de bronce. - se presenta finalmente.
- Estamos aquí por una misión de búsqueda, pero, ¿y tú? ¿Qué haces tan lejos del Santuario? - pregunta Shakkiri.
- ¿El Santuario dices? Nunca he estado en ese lugar, he vivido aquí desde siempre. - responde Joao sorprendiendo a todos.
- ¡¿QUE?!- exclaman al unísono los dos santos de plata.
- Sino has estado nunca en el Santuario ¿Cómo conseguiste esa armadura de bronce? ¿Quién te entreno como caballero? - insiste Merino que no da crédito a la situación.
- ¿Armadura? ¿Te refieres a estas protecciones que llevo? - pregunta Joao.
- ¡Pues claro que me refiero a eso! Y no son protecciones como tú las llamas, eso es una armadura de bronce, perteneciente a la orden de los caballeros de Atenea. ¿De verdad no sabes nada de todo esto? ¡¿Qué tipo de maestro pudiste tener para no conocer todas estas cosas?!- exclama desesperado Merino.
- Nunca he tenido eso que llamas maestro, siempre he vivido aquí, en la selva, y un día, viéndome acorralado por una manada de jaguares, justo cuando se lanzaban sobre mí, apareció esta extraña armadura, como vosotros la llamáis, se unió a mi cuerpo, me protegió y me dio una fuerza sobre humana que desconocía. Desde entonces, siempre me ha acompañado. - responde Joao.
- No puedo creerlo… Me va a dar un patatús… - exclama Merino, que se sienta apoyándose sobre un árbol.
- Todo eso ahora no importa… - murmura pensativa.
- ¿En qué piensas Shakkiri? - pregunta Emma observándola.
- Joao, dices que has vivido aquí desde siempre, ¿podrías ayudarnos? - pregunta Shakkiri.
- ¿Ayudaros? -
- Un amigo fue herido en combate con un veneno letal, vinimos aquí en busca de una cura. -
- ¿Una cura? -
- Sí, nuestra enemiga, con su último aliento, nos confesó que existe una tribu no muy lejos de aquí llamada Bora, la cual posee algún tipo de antídoto. Necesitamos encontrar esa tribu cuanto antes, a nuestro amigo no le queda mucho tiempo. - aclara Emma.
- ¡¿Los Bora?!- exclama sorprendido Joao.
- ¿Los conoces? ¿Podrías ayudarnos? - pregunta Merino incorporándose nuevamente.
- Todas las tribus de la selva evitan acercarse a los Bora, todo aquel que ha osado entrar en su territorio jamás ha regresado. Estáis locos. Solo encontrareis la muerte si seguís vuestro camino. Daros la vuelta y marcharos. - responde Joao.
- ¡No podemos hacer eso! ¡La vida de nuestro amigo depende de que consigamos ese antídoto! - le reprende Merino furioso.
- No me enfrentare a los Bora, no estoy tan loco. Hacedme caso. - insiste Joao.
La tensión en Shakkiri y Merino comienza a elevarse con la reiterada negativa de Julius a querer participar junto a ellos, increpándole éstos repetidas veces acerca del deber de un caballero y todo lo demás, a lo cual, Julius no muestra reacción alguna, cuando Emma decide intervenir probando otra cosa.
- Joao, comprendo que todo lo que mis compañeros te dicen para ti no signifique nada, y no te voy a pedir que luches con nosotros, yo quiero pedirte otro favor diferente. - interviene Emma finalmente, haciendo que los santos de plata guarden silencio.
- ¿Otro favor diferente? ¿Qué quieres? -
- Simplemente te pido que nos lleves hasta el territorio de los Bora, guíanos a través de la selva, ayudándonos a ganar todo el tiempo posible. Solo te pido eso. - responde Emma seriamente.
Los santos de plata quedan sorprendidos ante la proposición de la santa del Cisne, Julius sorprendido ante dicha petición, se queda pensativo unos minutos mientras observa las copas de los árboles. Finalmente vuelve nuevamente la mirada hacia Emma.
- Está bien, os ayudare en eso, pero nada más. Os guiare por el camino más rápido hasta ellos, pero una vez allí, será cosa vuestra. - zanja Joao.
- Gracias, de verdad, gracias. - responde con una sonrisa Emma.
Los tres santos son guiados por este nuevo y extraño caballero al que han conocido de manera tan inesperada.
Selva del Amazonas, triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil
Tras varias horas caminando en silencio, Joao se detiene en un claro, observando un rio frente a él.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes? - pregunta Merino, que sigue sin aceptar la forma de proceder del santo del Tucán.
- En cuanto crucéis este rio, estaréis en el territorio de los Bora, continuad vuestro camino por esa senda de ahí delante, tras unos kilómetros, el camino se dividirá, tomad el camino de la derecha y comenzareis a ascender por la montaña. No os garantizo que podáis llegar a la zona alta. Nadie sabe que os encontrareis, porque nadie ha regresado nunca. Suerte. - termina Joao su explicación, despidiéndose.
Antes de que puedan decir nada, Joao se pierde entre las altas copas de los árboles, quedándose solos nuevamente. Tras mirarse entre ellos seriamente, los tres asienten con la cabeza, y cruzan el rio, continuando la marcha según las indicaciones que Joao les ha dado.
En silencio, toman la senda que les conduce a la zona alta de la montaña, cuando al poco tiempo, un lirio lanzado desde las alturas, como si de un cuchillo se tratara, interrumpe su marcha.
- Todo aquel que entra en nuestro territorio, lo paga con la muerte. - interviene una voz femenina oculta en los árboles.
- No hemos venido para luchar. Venimos en busca de un antídoto. - responde Merino.
- ¡Jajaja! ¿Y qué os ha hecho pensar que os ayudaríamos? - interviene un segundo individuo apareciendo frente a ellos.
Antes si quiera de poder reaccionar, dos sujetos más aparecen flanqueando a los santos desde tres posiciones diferentes.
- Aquí terminan vuestras vidas… - susurra el primero.
Los tres sujetos se lanzan rápidamente contra los caballeros.
- ¡AHISA NOS ENVIO AQUÍ! - grita Shakkiri.
- ¡ESPERAD! - interviene la voz femenina, deteniendo en seco el ataque de los otros tres.
- ¿Habéis dicho Ahísa? - repite la voz oculta.
- Así es, ella nos dijo que aquí podríamos encontrar el antídoto para su veneno. - responde nuevamente Shakkiri.
Tras unos minutos donde todos guardan absoluto silencio, una joven desciende desde los altos árboles, situándose junto al primer individuo que apareció.
- ¿Por qué os envió aquí? Reconozco vuestras armaduras, sois santos de Atenea. Decidme. ¿Dónde está Ahísa? - pregunta molesta la mujer.
- Luchamos contra Ahísa en el desierto, en la batalla, abatió a uno de nuestros compañeros, y a otro lo hirió con su veneno. Desafiando a un caballero de oro, prometió decirnos como salvar a nuestro amigo si era vencida en combate. Finalmente, fue vencida por el santo de oro, y cumpliendo su palabra, nos indicó como llegar hasta aquí, en busca de ese antídoto que posee una tal Alexia. - responde Shakkiri.
Las palabras de Shakkiri causan diversas reacciones en los cuatro extraños, generando inquietud en dos de ellos, mientras que la mujer y el hombre que se encuentran juntos se miran entre ellos.
- Habéis venido en busca de Alexia… muy bien… os conduciré hasta ella, no sufriréis daño alguno hasta entonces. Después vuestro futuro se decidirá. - responde la extraña, ocultando una malévola sonrisa.
El trio de santos es escoltado y flanqueado en silencio a través de los caminos montañosos, atravesando varias murallas defensivas que rodean distintas alturas alrededor de la montaña, tras cruzar lo que parece ser su poblado principal, se encaminan por unas escaleras talladas en la piedra hasta la zona más alta de la montaña.
Una vez allí, la extraña se aproxima hasta un gran trono de piedra, cubierto de tallados detalles. Tras informarle de todo al oído, la mujer que se asentaba en el trono, abre los ojos de par en par, mostrando una mirada intimidatoria y cargada de rabia y furia. Ésta desciende de su trono y se dirige hacia los santos.
- Soy Alexia… Reina de los Bora… Decidme… Malditos miserables… ¿¡QUIEN MATO A MI HERMANA PEQUEÑA AHISA?!-
- Mierda… - susurra Emma, comenzando a ser consciente de la verdadera situación.
- ¡¿Hermana pequeña…?! - murmura sorprendido Merino.
- Creo que esto no va a salir como pensábamos…- comenta Shakkiri cerrando sus puños con fuerza.
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