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Capítulo 15. Viejas heridas

Santuario


Han pasado tres días desde que los santos de oro regresaron a la casa de Géminis, Isis y Seiya permanecen todavía inconscientes, mientras Geki, Shaina y Sigmund que también se ofreció, se alternan para vigilar y cuidar de ellos.


En todo el Santuario reina una calma aparentemente, pero la tensión es perceptible. En la sala del Patriarca, Atenea observa todo el Santuario desde un balcón, con una mirada tensa y pensativa, cuando Kanon, cubierto de vendas por diversas partes de su cuerpo, se aproxima a ella.


- Atenea…-


- ¡Kanon! Me alegra verte en pie de nuevo.- exclama la diosa alegremente.


- Mis heridas no son nada…-


- Seiya e Isis…-


- Todavía no han recuperado el conocimiento.-


- Ya han pasado tres días…- susurra con tono de preocupación Atenea.


- No debes preocuparte, Seiya es duro de pelar, pero hizo lo imposible en batalla por no caer, se recuperará… en cuanto a Isis, sobrepasó su propio limite y es joven, no está acostumbrada a batallas de ese calibre, pero se recuperará.-


- Tengo entendido, que te pidió que la entrenaras…-


- Así es, esas cosas nunca han ido conmigo, y no tenía intención de aceptar, pero al ver la determinación que mostro, no me quedó otra que aceptar, será una gran santa.-


- Es tranquilizador tenerte de vuelta, Kanon.-


- En cuanto a eso… Atenea…-


- ¿Qué ocurre?-


- ¿Por qué arriesgaste tu vida estando prisionera en los Campos Elíseos por alguien como yo? No soy digno de esa atención por tu parte.-


- Kanon… ¿Acaso ya lo has olvidado?-


- ¿Olvidar? ¿A qué te refieres?- pregunta sorprendido Kanon.


- Te presentaste ante mí, pidiendo mi perdón, y decidiste vestir la armadura de oro de tu hermano Saga para combatir el mal a modo de expiación por tus pecados pasados.-


- Claro que lo recuerdo… precisamente por eso, fui un miserable que acabo pidiendo tu perdón.-

- Dime, Kanon, cuando Milo te puso aprueba infligiendo en tu cuerpo sus Agujas Escarlatas, ¿en qué pensabas?-


Kanon abre completamente sus ojos de asombro antes las palabras tan directas de Atenea.


- En ese momento… estaba decidido a no dejarme pisotear por nada ni nadie. Nada ni nadie se interpondría en mi misión de luchar por ti, no me dejaría matar sin antes expiar todos mis pecados y delitos de sangre. No después de haber sido perdonado por tí.-


- Precisamente por eso Kanon, aun estando prisionera, pude percibir en tí ese mismo sentimiento, incluso sabiendo que sin la armadura de Géminis morirías sin remedio. No podía permitir que un caballero como tú, muriera así. Asique hice lo único que podía hacer, preservar tu espíritu en la armadura, esperando tu regreso cuando el Santuario se viera amenazado de nuevo.- concluye Atenea.


Kanon cae arrodillado ante Atenea, derramando intensas lágrimas de emoción ante la confesión que la diosa le ha confiado.


- A…A…Atenea… yo…yo…- Kanon es incapaz de articular frase alguna.


Atenea se arrodilla frente a Kanon, secando sus lágrimas.


- Tu expiación terminó en el inframundo, eres el caballero de Géminis, el UNICO caballero de Géminis. ¿Serás mi protector una vez más?- le pregunta dulcemente.


Kanon agarra las manos de Atenea y ambos se incorporan.


- Atenea, yo Kanon de Géminis, seré tu guardián y protector, tuyo y del Santuario, y mientras una sola gota de sangre queden en mi cuerpo, no descansaré ni me rendiré.- responde Kanon con una mirada firme y templada.


- Y yo como Patriarca, te encomiendo la misión de entrenar a Isis tan pronto este recuperada, eres un caballero excepcional, y serás un maestro igual.- interviene Shiryu.


Kanon se gira al ver la llegada de Shiryu y este se acerca y se arrodilla ante él.


- Patriarca, con vuestro permiso, ahora me retirare hasta mi casa, he de preparar a una Santa y yo he de prepararme para mi próxima batalla.-


- De acuerdo, cuento contigo, Kanon.- responde Shiryu tendiéndole la mano al Santo de Géminis.


Kanon se rasga las vendas que le “sobran” y elevando ligeramente su cosmos hace aparecer la armadura de oro de Géminis, la cual viste por completo a Kanon salvo el casco que permanece en sus manos.


- Atenea, con vuestro permiso, me retiro a mi casa.- responde el caballero de Géminis antes de desaparecer en el fondo de la sala.



Casa de Aries


Safiya se encuentra ayudando en las últimas labores de restauración de la armadura divina de Sigmund junto a su maestro Kiki. Cuando alguien se aproxima desde la casa de Tauro.


Safiya se gira al escuchar pasos aproximándose.


- ¡Hola! ¿Cómo te encuentras de tus heridas? Espero que ya estés mejor.- exclama Safiya simpáticamente.


- ¡Hola! Si ya me encuentro recuperado, gracias a vuestros cuidados, os estoy muy agradecido.- responde Sigmund amablemente.


- ¡Sigmund! ¿Vienes por tu armadura divina? Todavía no está reparada completamente, pero ya falta poco.- interviene Kiki.


- ¡Oh! No te preocupes, en realidad, venía a daros las gracias por vuestra labor de repararla. Con todo lo sucedido, no había tenido la ocasión de hacerlo todavía.-


- ¡No te preocupes por eso! ¡Lo hacemos con mucho gusto!- responde Safiya sonriente como siempre es habitual en ella.


- Os lo agradezco de veras…- comenta Sigmund.


- Sigmund, ante lo que está por venir, cuantos más guerreros seamos, mejor. La guerra que esta por librarse nos afecta a todos por igual. Además en estos años de paz no hemos tenido mucho trabajo reparando armaduras, y es una buena oportunidad para que Safiya practique sus habilidades.- responde Kiki mientras sigue usando su martillo y su cincel sobre la armadura divina.


- Tú también haces guardia en la enfermería, ¿no es así?- pregunta Safiya.


- Así es, mientras no pueda combatir, quiero ser de utilidad para los Santos de Atenea en todo lo que pueda.- responde con ligera sonrisa Sigmund.


Kiki deja de golpear la armadura de Sigmund, se incorpora y se gira dirigiéndose a Sigmund con rostro serio.


- Hay algo que tengo que preguntarte.- interviene Kiki cambiando la conversación.


Sigmund observa como la postura y el gesto apacible de Kiki se torna serio.


- ¿Qué deseas preguntarme a mí?- responde dudoso el guerrero divino.


- Cuando llegaste a las puertas de mi casa, murmuraste a Mu de Aries, dime, ¿de qué conocías tu a mi maestro?- pregunta Kiki.


- ¿Mu de Aries? ¿Fue tu maestro y predecesor? Eso explica tus técnicas y tu modo de luchar.- responde Sigmund.


- No me has respondido.- insiste Kiki, dando un paso adelante y situándose frente a Sigmund.


- Verás, no puedo decir que lo conociera mucho, pero hace 20 años, mientras los caballeros de Atenea libraban la Guerra Santa contra Hades, en Asgard, despertó el falso Dios Loki, los guerreros divinos fuimos engañados y embaucados por él, en los que vergonzosamente me incluyo…- responde Sigmund agachando la mirada avergonzado.


- Por favor, continua.- insiste nuevamente Kiki.


- Loki aprovechando la enfermedad y debilidad de la Dama Hilda, poseyó el cuerpo del médico de palacio, Andreas Rize, el cual trajo de nuevo el árbol de Igdrasil a Asgard. La única que fue consciente del engaño desde el principio fue una de las doncellas de palacio, Lyfia, la cual, Odín escogió como recipiente, y a través de ésta, revivió a los doce caballeros de oro en Asgard para luchar por la Tierra una vez más.- responde Sigmund.


Kiki y Safiya muestran un gran gesto de asombro en sus rostros.


- ¿Dices que Odín revivió a los doce caballeros de nuevo? ¿Cuándo ocurrió eso?- pregunta Kiki.


- Durante el Gran Eclipse.- responde seriamente Sigmund.


- ¿¡Que?!- exclama un sorprendido Kiki que retrocede un par de pasos ante la información recibida.


Safiya observa como el rostro de su maestro muestra distintos gestos y se aproxima a él.


- Maestro, ¿Qué ocurre?- pregunta intrigada.


- Hace veinte años, siendo un niño todavía, mientras los caballeros que quedaban en el Santuario y yo protegíamos a la hermana de Seiya de los ataques del Dios Thanatos, por un tiempo, tenía la certeza de percibir el cosmos de mi maestro Mu, aunque sabía que era imposible dado que él, junto al resto de caballeros de oro, dieron su vida en el Muro de las Lamentaciones.-


- ¿Entonces…?- pregunta Safiya dejando la pregunta en el aire.


- Realmente era mi maestro, que una vez más lucho y dio su vida por defender la Tierra, aun siendo inconscientes de ello…- responde un Kiki arrodillado y con lágrimas en los ojos, emocionado.


- Los caballeros de oro se enfrentaron a nosotros, mostrando una determinación y un poder más allá de lo conocido, incluso estando en desventaja en combate por el muro que Igdrasil generaba…- interviene Sigmund muy respetuosamente.


- De aquella batalla, solo tres guerreros divinos sobrevivimos, y los cuales estaremos en deuda eternamente con ellos, por eso, cuando Asgard fue atacado, le sugerí a la Dama Hilda acudir en ayuda de Atenea y sus poderosos caballeros.- termina Sigmund la explicación.


Kiki despeja su rostro de lágrimas y su rostro se vuelve de nuevo amable y serio a la vez, incorporándose y dirigiéndose de nuevo frente a Sigmund.


- Sigmund, yo Kiki de Aries, considero un honor luchar junto a ti en las batallas que están por venir.- responde Kiki extendiéndole la mano a Sigmund.


- Yo, Sigmund de Grane, considero un verdadero honor poder luchar al lado de los legendarios caballeros de Atenea.- responde Sigmund estrechando la mano al Santo de Aries.


Santuario, enfermería.


Marin entra en la sala donde permanecen inconscientes todavía los Santos Isis y Seiya, los cuales están custodiados por Geki de Tauro.


- ¡Marin! ¿Qué te trae por aquí?- pregunta el Santo de oro.


- Hola Geki, venía a ver qué tal estaban Isis y Seiya.-


- Todavía no han despertado, pero yo no me preocuparía mucho por tu antiguo discípulo, es sabido por todos que es el más terco de todos, y también el único capaz de alcanzar un sueño tan profundo.- bromea Geki con ánimo de aliviar tensiones.


- Seiya no me preocupa, en realidad vine por Isis…- responde Marin.


- ¿Isis? ¿Qué interés en particular tienes en ella?- pregunta contrariado Geki.


- Es por algo que vi en ella… cuando lucho contra Perseo… el cosmos que mostro aquella vez…- susurra Marin.


- ¿A qué te refieres Marin?- pregunta Shaina irrumpiendo en la sala.


- Tú también te has percatado de eso, ¿verdad? Por eso la vigilas de cerca.-


- Tan observadora como siempre…- responde la Santa de Escorpio.


- ¿Se puede saber que veis de especial en esta niña?- interviene contrariado Geki.


- Yo solo tengo suposiciones, pero Marin puede respondernos mejor.- responde Shaina.


- Así es, veréis, cuando se enfrentó al Alto Alcaliano, y estando ya exhausta, el Guerrero Divino Froddi se sacrificó ante ella salvándole la vida, fue en ese entonces, cuando el cosmos de Isis estalló súbitamente de manera extraña, desprendiendo un aura muy diferente a su habitual, y fué esto lo que abrió el vórtice, el cual trajo hasta nosotros la armadura de Géminis.- responde con muchas preguntas en su cabeza Marin.


- De modo que eso es lo que ocurrió…- susurra Shaina.


En ese instante, Isis comienza abrir ligeramente los ojos, completamente aturdida, desubicada y todavía con claros signos de cansancio.


- ¿Do… dónde estoy?-


- ¡Vaya! ¡La bella durmiente por fin ha despertado!- exclama Geki riéndose.


- ¡¿Otra vez tú?! ¡¿Y mi ropa?! ¡¿Qué has hecho con mi ropa pervertido?!-


- ¡¿Ya estamos otra vez con lo mismo?!- le grita Geki.


- ¡BASTA! Isis eres una Santa de oro, compórtate como tal.- interviene Shaina.


Marin se aproxima a Isis, revisando sus heridas y ajustando los vendajes, antes de darle algunas ropas.


- Isis, ¿Recuerdas lo sucedido?- le pregunta Marin.


- Más o menos, recuerdo ir al valle de los muertos junto a Seiya, al cual pude ver pelear a plena potencia, pero su rival era tremendamente poderoso, recuerdo que acabamos interviniendo Ikki, Kanon y yo… y después de eso no recuerdo nada más…-


- ¿Estas en condiciones de caminar ya?- le pregunta Shaina.


- Eh… si claro.-


- ¡Pues en marcha! Atenea quería verte tan pronto despertaras.- replica Shaina.


- Yo me quedaré junto al dormilón de Seiya.- responde Geki chistoso.



Sala del Patriarca


Marin y Shaina escoltan a Isis ante Atenea y el Patriarca, la cual sonríe abiertamente al ver que Isis se ha recuperado.


- ¡Isis! Cuanto me alegra ver que te encuentras mejor.-


- Atenea, gracias por preocuparos por mí… es un honor recibir tal atención por parte de vos hacia mí que soy de las últimas Santas en incorporarse.-


- ¡No digas tonterías! Para mi todos mis caballeros son igual de importantes y apreciados.-


La charla discurre alegremente entre los presentes, haciendo desvanecerse por un leve tiempo los sucesos acontecidos y la tensión que en el Santuario reina últimamente, cuando una sádica y despiadada cosmo energía emerge en el mundo.


La tierra comienza a temblar abruptamente, los volcanes estallan por todo el globo violentamente. Unos cosmos como nunca se había conocido hasta ahora comienza a desprender vibraciones muy intensas, cargadas de rabia, ira y un profundo desprecio hacia todo.


- ¡Oh no! ¡Finalmente ha sucedido! ¡CRONOS HA DESPERTADO!- exclama Atenea.

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