top of page

Capítulo 16. Ecos del pasado

Macapá, Brasil


Mirari de Piscis llega a tierras brasileñas, descendiendo de un carguero cubriendo su armadura y su rostro para no llamar la atención. Rápidamente toma camino hacia las colinas colindantes, donde a sus espaldas, una frondosa vegetación de matorrales y árboles enormes converge.


Poco después desembarca en el mismo puerto de un pequeño y discreto barco propiedad de la fundación Kido, Vada de Libra, siguiendo los pasos de Mirari como el maestro Kiki le ordenó.


Mirari rápidamente se mezcla entre la multitud pasando totalmente desapercibida, con lo que Vada se apresura a seguirla de más cerca para no perderla. La santa de Piscis toma dirección a las zonas más pobres de la ciudad, siendo estas colindantes y el acceso más rápido a la frondosa vegetación donde tomar su camino y desaparecer, Vada que la observa en todo momento, la sigue, doblando por una esquina, pero al entrar en la nueva y pobre barriada, Mirari ha desaparecido por completo.


- ¡Mierda! ¿Pero dónde diablos se ha metido? - se pregunta contrariada Vada.


La santa de Libra, de modo discreto comienza a recorrer la calle, con la esperanza de localizarla nuevamente, dado que las habilidades de percepción sensorial que posee están muy poco desarrolladas y no le son útiles en la búsqueda.


Cuando, caminando lentamente, tratando de encontrar a su compañera del Santuario, es agarrada por sorpresa por el hombro, siendo arrastrada fuertemente hacia atrás, hacia el interior de una casa destartalada. Antes de que sea capaz de reaccionar, Vada se encuentra contra la pared con el afilado tallo de una rosa demoniaca sobre su cuello.


- ¡¿QUIEN ERES TU?! ¡¿Y POR QUE ME SIGUES?!- le interroga una nerviosa Mirari.


- ¡Mirari cálmate! ¡soy yo! ¡Vada de Libra! - exclama asustada Vada, que se descubre ante su atacante.


La expresión corporal de Mirari se relaja parcialmente, al identificar que en realidad es la santa de oro de Libra quien venía tras sus mismos pasos, retirando su rosa del cuello y separándose unos pasos de ella.


- ¡¿Vada?! ¿Pero qué haces tú aquí? - le pregunta sorprendida Mirari.


- Por como has reaccionado, está claro que esperabas a otra persona. El maestro Kiki me envió tras de ti, pensando que podrías necesitar apoyo dado que no nos contaste todo en el Santuario. - responde Vada.


Mirari guarda silencio, cabizbaja, con una mirada inédita en ella, una mirada de preocupación y otros sentimientos. Cosa que no pasa inadvertida para Vada.


- Dime, ¿vas a contarme lo que realmente ocurre aquí? ¿Por qué alguien con tu fama decidió emprender de repente un viaje tan largo a modo de rescate? - insiste la joven Vada.


- Deberías regresar ahora al Santuario, esto no te atañe, y, además, no estas preparada para lo que está por venir. - responde cambiando de tema Mirari.


- ¡Vale! Veo que hablar contigo es imposible. Está bien, no me lo cuentes, pero dado que he venido por orden de Kiki de Aries, esto es una misión oficial del Santuario, te seguiré a donde vayas, te guste o no. De modo que… ¿Qué hacemos ahora? - responde Vada.


Mirari sonríe ligeramente al observar la testarudez de la joven santa de Libra.


- Está bien, te permito acompañarme, pero con una condición. - responde seriamente la santa de Piscis.


- ¿Condición? ¡¿Qué condición?! - pregunta curiosa Vada.


- Voy a serte muy directa, asique escúchame bien, porque no lo repetiré. Todo esto está muy marcado por mi pasado aquí, de modo que, si te ordeno que no intervengas en un combate, no lo harás, si te pido que corras sin mirar atrás en un momento dado lo harás, si te pido que me dejes atrás, debes prometerme que lo harás, deberás hacerlo sin dudar. ¿Has entendido lo que te dicho? -


Vada queda en silencio tras la petición de Mirari, y tras unos minutos de duda.


- De acuerdo. Confiaré en ti esta vez, aunque apenas te conozco y sepa que me ocultas muchas cosas. Así lo hare. Pero, si he de combatir, lo haré como santa de oro que soy, sin mirar quien es mi rival y sin dudar un instante. Acabare con quien se me interponga. ¿De acuerdo? - responde Vada.


Mirari sonríe más abiertamente al escuchar las palabras de Vada.


- En tu interior se oculta el corazón de una autentica guerrera… - murmura Mirari en voz baja.


- ¡¿Eh?! -


- ¡Nada! ¡olvídalo! Pongámonos en marcha, tenemos camino que recorrer y posiblemente no sea una travesía tranquila. ¡adelante! -


- ¡Vamos! - responde Vada sonriente.


Las dos santas forman ahora un equipo y de un gran salto pasan de las calles a las copas de los árboles, en las cuales, ambas se descubren mostrando ya las hermosas armaduras que portan. Ambas santas toman una senda y se encaminan a toda prisa cruzando ésta.



Mientras tanto, en la zona alta de la ciudad de los Bora


Se observa como Emma cae contra el suelo de forma violenta, levantando con el impacto múltiples trozos de rocas y tierra. Merino y Shakkiri, bastante magullados, se colocan con cierta dificultad delante de ella, a modo de proteger a la más joven de los tres.


- ¡Es inútil! ¡No sois rivales para mí! - exclama furiosa Alexia.


- Aun así… - murmura Merino.


- ¡No nos rendiremos! - exclama Shakkiri.


- ¡Ratas miserables! ¡PARAD ESTO! -


- ¡Uff! ¡Ahí viene de nuevo! - exclama Merino.


- Y nosotros también… - responde con determinación Shakkiri.


- Desde luego… ¡Adelante! - responde sonriendo Merino.



¡¡¡DANZA DEL COLIBRI!!!


¡¡¡AGUJERO NEGRO!!!

¡¡¡ALETEO DEL PAVO REAL!!!



El estruendo de una gran explosión sacude toda la zona, desapareciendo todo y todos bajo un enorme destello de cosmos, envuelto en una gran polvareda.



Selva del Amazonas


Mirari y Vada sienten la explosión de cosmos en la distancia y se detienen momentáneamente.


Vada que tiene ante sí la espalda de Mirari…


- ¿Qué ha sido esa explosión? He podido sentir por un momento los cosmos de los dos santos de plata, pero ambos han sido eclipsados por uno mucho mayor, si no supiera que es imposible, diría que han sido engullidos por un cosmos similar o igual al de un caballero dorado. -


- ¡Mierda! Ya ha comenzado… - murmura Mirari.


- ¿Qué ocurre Mirari? -


- Nada… que podamos hacer por ahora, debemos apresurarnos. Por cierto, ¿Alguien más ha venido contigo desde el Santuario? -


- No, he venido sola. - responde Vada.


- Nos vienen siguiendo desde hace un rato. -


- Yo también lo he notado, pero no parece ser una amenaza, además de que esa “presencia” mantiene mucho las distancias con nosotras. -


- Aun así, no podemos dejar que más sorpresas nos retrasen… me voy a ocupar de esto aquí y ahora…- murmura Mirari.


- ¿Qué piensas hacer? -


- ¡LO QUE SEA NECESARIO! - exclama Mirari haciendo despertar su enorme cosmos de manera brusca.



¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!



Mirari despliega sus rosas negras por todo el perímetro, unas rosas negras como el carbón más oscuro, destruyendo y desintegrando árboles, rocas, y todo lo que encuentran a su paso, descubriendo y mostrando a la luz por fin la silueta de aquella persona que les venía siguiendo.


Ante sus pies, cae contra el suelo el joven Joao, Mirari, rosa blanca en mano, se dispone a lanzársela.


- ¡ESPERA MIRARI! - exclama Vada al reconocer la armadura de bronce que Joao porta.


- ¡No debes mostrar piedad contra tus enemigos Vada! - exclama Mirari que prosigue con sus intenciones.


- ¡ESTE CHICO ES UN SANTO DE BRONCE! - exclama Vada tratando de evitar una tragedia.


El brazo de Mirari se detiene en seco justo cuando se disponía a lanzar sobre Joao su letal rosa sangrienta.


- ¿¡Como?!- exclama atónita Mirari.


- ¡Fíjate en la armadura que viste! -


Joao que permanecía con los ojos cerrados ante el que parecía su final, observa ante sí de los pies a la cabeza la dorada armadura que Mirari viste, quedando embelesado por su brillo y belleza.


Después observa con asombro como la joven Vada que se acerca hasta ellos también porta otra armadura igual a la de Mirari.


- ¡Que fuerza tenéis! ¿Quiénes sois vosotras? - pregunta Joao que sigue asombrado ante el brillo que ambas armaduras de oro reflejan.


- ¡Aquí las preguntas las hago yo! ¡¿Quién eres tú y porque seguías a dos santas de oro?! - responde Mirari con voz amenazante.


- ¡¿Santas de oro dices?! ¿Sois santas como Emma, Shakkiri y el otro que los acompañaba? - pregunta Joao para sorpresa de Vada y Mirari.


- ¡¿Conoces a Emma y a los demás?! - pregunta Vada.


- Si… los conocí hace un par de días. - responde Joao sin dejar de poder mirar las relucientes armaduras doradas.


- ¡¿Por qué miras tanto nuestras armaduras?! ¿Acaso no eres un caballero de bronce tú también? ¡¿Qué te sorprende tanto de nosotras?! - insiste amenazante Mirari.


- Es la primera vez que ves armaduras de oro, ¿verdad? – pregunta con tono suave Vada.


El joven Joao asiente con la cabeza, que continúa embelesado ante la belleza de las armaduras doradas, y de la propia belleza de Mirari, cosa que incomoda a ésta.


- ¡¿Y cómo es posible eso?! - pregunta molesta Mirari.


- ¿Cómo te llamas, caballero? - pregunta Vada, mientras observa como el tono de Mirari pone nervioso al joven santo de bronce.


- Mi nombre es Joao, caballero del Tucán. - responde éste, poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo de encima.


- ¿Y que hace un caballero de bronce en este lugar? Tan lejos del Santuario. ¡Responde! - insiste con su actitud Mirari.


- Como les dije a los otros tres, yo siempre me criado en la selva, y un día esta armadura vino en mi ayuda, y desde entonces me acompaña siempre. No te puedo dar más explicaciones… lo siento. Desconozco el mundo de los caballeros y de ese Santuario que todos nombráis. - responde Joao.


- No sé porque pero... ¡No te creo! - murmura Mirari.


- ¡Mirari basta! Que un chico tan joven haya sido armado caballero sin siquiera tener un maestro en un lugar como éste… ¿no te da que pensar? - zanja ya molesta Vada.


Mirari opta por seguir el consejo de Vada pese a no estar convencida del todo, cuando se queda mirando fijamente una serie de árboles a cierta distancia, absuelta de todo, mientras Joao descubre una marca en la muñeca de Mirari que lo pone en alerta.


- ¡Esa marca…! ¡Perteneces a los Bora! ¡Mentirosa! ¡Un caballero de Atenea no puede pertenecer a una tribu como los Bora! – exclama un Joao que se pone en guardia decidido golpear a Mirari.


Joao comienza a sentir como el cosmos despierta por primera vez en su ser, otorgándole un poder que ni el conocía que poseía, incrementando sus sentidos, potenciando sus sensaciones, y al sentir tal energía recorrer su cuerpo no duda en atacar a Mirari, que por raro que parezca, sigue fijamente mirando un conjunto de árboles que la tienen abstraída por completo.


¡¡¡VUELO RAPAZ!!!



- ¿¡Joao pero que haces!?- exclama Vada sorprendida.


Vada, que se percata de que Mirari sigue como en otro mundo, ajena al ataque de Joao, se sitúa entre ésta y Joao bloqueando el repentino ataque del misterioso santo de bronce.


- No sé qué pretendes ni porque, pero, ¡no estas a la altura del poder de un santo dorado! - estalla la santa de Libra.


Vada que, hasta ahora, se mostraba dulce y comprensiva con el recién descubierto santo de bronce, enciende su cosmos, mostrando las diferencias de poder entre dorados y bronce.



¡¡¡LA COLERA DEL DRAGON!!!



El rugido de un dragón retumba entre los árboles, amedrentando a Joao que observa, incrédulo, como un enorme dragón aparece tras Vada, dirigiéndose hacia él. El dragón tras un nuevo rugido, y abriendo su enorme boca, engulle y destruye la técnica de Joao, el cual es alcanzado y golpeado por la cólera del dragón.


- ¡¿Pero esto que es?! ¡¡BUAAA!!- exclama Joao atemorizado por el poder de Vada y saliendo por los aires tras su golpe.


Vada apaga nuevamente su cosmos, mientras Joao cae contra el suelo frente a ella.


- No te dado un golpe mortal, no te preocupes pero tampoco entiendo a que ha venido esto por tu parte, que ni se te ocurra volver a intentar algo así. Deberías saber, que, si un caballero de oro quisiera, podría acabar con alguien como tú de un solo golpe. - zanja Vada seriamente.


Joao se incorpora nuevamente del suelo, mareado por el viaje que la técnica de Vada le ha dado y se aproxima a ésta con tono serio.


- Si he reaccionado así, es porque tu compañera lleva la marca de los Bora en su muñeca. - responde.


Joao molesto, señala la muñeca derecha de Mirari, donde se observa un pequeño tatuaje en forma de colibrí.


- Esa marca, es exclusiva de la tribu Bora. Todo aquel que la porta es la prueba de que pertenece a dicha tribu. - responde señalando a Mirari.


- Hasta donde yo sé, efectivamente ella perteneció a esa tribu, pero el abandonó hace ya varios años. - responde con dudas Vada.


- Jamás nadie abandona una tribu como la de los Bora sino es luchando o estando muerto. - responde Joao.


- ¿Qué tienes que decir al respecto Mirari? - le pregunta Vada.


Mirari, que hasta ahora había permanecido ausente y ajena a todo lo ocurrido, sin dejar de observar esos árboles, y sin responder palabra, sale corriendo de pronto en dirección a esos árboles.


Joao y Vada, sorprendidos deciden ir tras ella.


Tras una breve persecución, observan como Mirari se detiene en un pequeño claro de árboles, donde unos ligeros rayos de luz caen sobre una especie de monolito de piedra.


Mirari al llegar hasta éste, cae arrodillada, con lágrimas en los ojos.


Vada observadora como siempre, se percata de que ese extraño monolito, en realidad es una tumba.


- Mirari, ¿a quién pertenece esta tumba? ¿Quién descansa aquí? - pregunta la santa de Libra.


- Mi madre… Aquí descansa mi madre. - responde seria la santa de Piscis.


Entradas recientes

Ver todo
Capítulo 26. Éxtasis

Tras unos minutos de bloqueo, Alexia reacciona, centrándose nuevamente en el combate. - ¡¿Acaso crees que me vas a intimidar porque tu...

 
 
 
Capítulo 25. Lazos de sangre

Brasil Han pasado catorce días desde que Emma, Shakkiri y el joven Joao abandonaron tierras brasileñas, catorce días desde que los cosmos...

 
 
 
Capítulo 24. Preludio de batalla

Grecia Han pasado 5 días desde que Shakkiri, Emma y el joven Joao salieron en barco desde Brasil de regreso hacia Grecia y el Santuario,...

 
 
 

Comentarios


Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2022 por Saint_Seiya_Ragnarok. Creada con Wix.com

bottom of page