Capítulo 17. La princesa de la muerte
- Carlos Moreno
- 15 abr 2022
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Joao y Vada guardan silencio absoluto ante la revelación de Mirari, que continúa arrodillada, arreglando las flores que crecen bajo el monolito.
Joao se aproxima hasta situarse justo detrás de Mirari, desde donde, alcanza a leer la inscripción en la lápida.
- Hace unos años, escuché la historia de una doctora que dedicó varios años a ayudar y curar a la gente que habitaba en la selva, indistintamente de a que tribu pertenecía… Era respetada por todos por sus conocimientos médicos y su ayuda… Su nombre era… - comenta Joao.
- ¡Vasta! - exclama Mirari interrumpiendo a Joao.
Mirari se reincorpora, y con rostro frio y serio, dirige su mirada hacia el santo de bronce.
- Joao, ahora mismo vas a decirme todo lo que sepas acerca de los tres santos que pasaron por aquí antes que nosotras, hacia donde se dirigían, que buscaban, vas a contarme el cómo, por qué y todo aquello que sepas. ¡¿Me has entendido?! - responde con tono amenazante Mirari.
Joao observa como la mirada de la santa de Piscis se clava en él, como si un Jaguar se dispusiera a lanzarse sobre su presa.
- Esta bien. Hace unos días me topé con esos tres santos, dos mujeres y un chico, venían de librar una batalla muy dura en no sé qué desierto, uno de sus compañeros murió en combate y otro cayó gravemente herido debido a un veneno que una de sus rivales le infringió. Al parecer dicha enemiga les indicó como parte de un trato por ser derrotada donde podían obtener una cura para el veneno que está matando lentamente a su amigo. -
- ¿Enemiga? ¿Sabes a quien se enfrentaron y derrotaron? - pregunta insistente Mirari.
- Me pareció escuchar un nombre… um… ¡a si! ¡ya recuerdo! Una tal Ahísa les dijo que la tribu de los Bora podía tener el antídoto para su amigo. -
- ¿¡Ahísa dices!? ¿Esos tres críos derrotaron a Ahísa? -
- No, según me dijo Emma, fue su maestro quien derrotó y acabó con la vida de Ahísa. Y ésta a su vez, les dijo que una tal Alexia podía tener un antídoto. -
- ¡Maldita sea! ¡La situación es peor de lo que me pensaba! ¡Esos tres han ido directos hacia una trampa! No tienen ninguna posibilidad contra Alexia. ¡Los matará sin vacilar! - responde alarmada Mirari que se pone en camino de forma apresurada.
- Pero ¿Qué ocurre Mirari? ¿Quiénes son esas Alexia y Ahísa? - pregunta intrigada Vada.
- Alexia es la actual reina de los Bora, y Ahísa… era su hermana pequeña… - responde Mirari.
- ¡Pongámonos en marcha entonces! -
- De esto me ocupare yo sola. - zanja Mirari.
- ¡Ya estas otra vez con esas! ¡No he venido hasta aquí para quedarme sentada en mitad de la selva! ¡Iré contigo! - le replica la joven santa de Libra.
Mirari se gira dirigiendo su mirada hacia Vada.
- Podéis hacer lo que os de la gana, pero os advierto, de aquí en adelante ni se os ocurra interponeros en mi camino. ¡Avisados estáis! - responde amenazante Mirari.
Vada y Joao quedan intimidados ante la advertencia de la santa de Piscis, mientras Vada asiente ligeramente, Joao no es capaz ni siquiera de moverse. Mirari se vuelve a girar, y a paso ligero toma el camino hacia el territorio de los Bora.
Vada, en última instancia, decide acompañarla, permaneciendo unos metros por detrás de ella manteniendo cierta distancia con Mirari.
- ¡Oye tú! ¡¿Piensas quedarte aquí tu solo o vas a venir con nosotras?! - le pregunta Vada a Joao.
Joao intrigado por el misterio que envuelve a Mirari, y conocedor del poder de estas dos mujeres, reacciona, asintiendo con la cabeza y uniéndose en silencio a Vada, siguiendo así los pasos de la santa de Piscis.
Tras una larga caminata, los tres llegan a la orilla de un caudaloso río, donde Mirari se detiene.
- Escuchad, a partir de este río, comienza el territorio de los Bora, es una tribu que castiga a los forasteros que se adentran en su terreno con la muerte, no muestran piedad alguna, son crueles y usan venenos y todo tipo de trucos sucios en combate. Si continuáis con la intención de seguirme, sabed esto, no me detendré por vosotros sea cual sea la situación, seguiré mi marcha sin vacilar, y, como ya os dije antes, si os entrometéis en mi camino, sufriréis las mismas consecuencias que mis enemigos. - responde con rotundidad Mirari.
Vada se sitúa junto a Mirari, mirándola directamente a los ojos.
- Soy una santa de oro al igual que tú, y aunque desconozco que te empuja de esta manera, iré contigo, no me interpondré, hagas lo que hagas, pero ten claro esto, como santa de Libra, si he de luchar, lo haré con todas mis fuerzas y hasta las últimas consecuencias. - responde Vada con firmeza.
Mirari sonríe ligeramente ante la respuesta de su compañera.
- Habrías sido una gran guerrera también… - murmura en voz baja.
Tras esto, las dos santas de oro cruzan el río, adentrándose en el desconocido territorio de los Bora, escoltadas por el joven Joao que simplemente sigue sus pasos sin mediar palabra.
No tardan mucho tiempo en encontrarse con un grupo de guerreros rasos que les dan la bienvenida.
- ¡Este territorio pertenece a los Bora! - exclama un guerrero.
- ¡Moriréis como ejemplo para todo aquel que se atreva a hacer lo mismo! - exclama un segundo.
Tras éstos, un escuadrón de cinco guerreros más aparece, rodeando a los tres caballeros, cortándoles el paso.
- No tengo tiempo ni ganas de perderlo con vosotros, gusanos. Apartaros de mi camino y conservareis vuestra miserable vida. - responde desafiante Mirari.
Uno de los guerreros reconoce a la santa de Piscis.
- ¡Vaya! ¡Pero si se trata de la traidora de Mirari! - exclama uno de ellos.
- ¿¡Como te atreves a regresar aquí maldita perra traidora?!- le reprende otro.
- Me has llamado... ¡¿PERRA!? - responde Mirari mostrando un rostro hóstil.
- ¡No nos das ningún miedo! ¡Tan solo eres una miserable perra traidora! ¡Acabad con ella de inmediato! - ordena el que está al mando.
Los seis soldados obedecen ciegamente las órdenes del séptimo, y sin vacilar ni dudar, se lanzan todos contra Mirari, mientras que los otros dos santos únicamente observan.
- ¿Me has llamado…? ¿¡PERRA!?- repite Mirari estallando furiosa elevando su cosmos violentamente.
Los soldados, que se encuentran ya, a escasos centímetros de ella, se quedan inmóviles de golpe, tornándose sus caras en muecas de autentico terror cuando Mirari hace estallar su poderoso e intimidan cosmos.
- ¡MORID VOSOTROS COMO PERROS! - grita furiosa Mirari.
¡¡¡ROSAS DEMONIACAS!!!
Un abanico de rosas rojas converge en la mano de la santa de Piscis, que furiosa y sin vacilación, lanza contra todos y cada uno de los guerreros, incrustándose estas directamente en sus corazones y cayendo fulminados en el acto.
El séptimo guerrero, al observar como todos los demás han sido eliminados de un plumazo comienza a temblar de pánico.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿acaso no eres un fiero guerrero de la tribu?! ¡¿o solo eres un perro cobarde?! - le pregunta Mirari mientras se dirige hacia él.
- ¡ALERTA! ¡INTRUSOS! - exclama presa del pánico tratando de huir.
- ¡¿A dónde te crees que vas?! ¡DESAPARECE POR COMPLETO! -
¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!
El ultimo guerrero en pie sale corriendo despavorido preso del pánico y del miedo, tratando de escapar de Mirari, pero las rosas negras de Piscis van tras él, una primera rosa impacta sobre su espalda, desintegrando su peto, y siendo atravesado su cuerpo desde atrás hacia adelante, lo que le impulsa y levanta del suelo levemente.
El guerrero grita despavorido de dolor, pero antes de que sus pies toquen nuevamente el suelo, una multitud de rosas negras lo alcanza, destruyendo sus básicas protecciones, y devorando su cuerpo como si de pirañas reales se tratasen, desintegrando su cuerpo totalmente.
Tras esto, y sin pestañear si quiera, Mirari retoma la marcha, a medida que avanza, numerosos guerreros surgen desde ambos lados del camino, otros se lanzan desde las alturas de los grandes árboles, ninguno es capaz de detener el avance de la santa de oro, que simplemente va dejando cuerpos sin vida a lo largo del camino.
Vada, desde atrás, es la primera persona del Santuario que ve como la fama y reputación de Mirari de Piscis, de la cual, se decía que aniquilaba a todo aquel que se le ponía por delante con absoluta sangre fría, sin vacilación, y sin mostrar el más mínimo decoro por sus víctimas era cierto.
Cuando comienzan a vislumbrar lo que parece ser el poblado principal de la tribu en la lejanía, son interceptados por otro grupo de soldados, cerrándoles el paso de frente, cuando alguien desde las copas de los árboles frena su avance.
- Jamás llegué a pensar que un día volverías aquí. Tienes mucho valor haciendo tal cosa. -
Mirari identifica esa voz en las alturas rápidamente.
- Nunca tuve intención de volver, pero las circunstancias han cambiado. ¿Por qué no dejas de ocultarte y te muestras? Hace mucho tiempo que no nos vemos las caras, Argailos. - responde ésta dirigiendo su mirada hacia las alturas.
Un cuerpo comienza a moverse muy rápidamente de un lado a otro, saltando de una rama a otra, siendo simplemente un borrón, hasta que finalmente éste se posiciona al frente del grupo de soldados y frente a la propia Mirari.
- No debiste volver… Mirari… o ¿acaso ya has olvidado lo que ocurrió y las consecuencias que tendrías en caso de regresar? -
- Recuerdo perfectamente lo que ocurrió… Lo que no recuerdo es que la tribu vistiera a sus guerreros con armaduras propias del ejército de Cronos. ¿Por qué vistes una armadura alcaliana? -
- ¡Ooohh! ¿Te diste cuenta? No tengo porque responderle a una traidora como tú… Tal vez deberías preguntarle a Alexia… jajaja. Aunque tampoco llegarás con vida hasta ella… ¡Yo mismo te daré tu castigo! - espeta confiado Argailos.
- Si vas a ser tu quien acabe conmigo… ¿Qué hay de malo en que respondas a mis preguntas? ¿Le negarás la última voluntad a alguien que va a morir? - pregunta Mirari sonriendo.
- Bueno… Visto así… tampoco importa que te lo cuente, lo olvidarás tan pronto acabe contigo… ¡Esta bien! Aunque es algo obvio… ¿no crees? Si vestimos armaduras del ejército de Cronos, es simplemente porque le servimos a él. -
- ¡¿Servís a Cronos?! ¡¿Cómo ha conseguido obligaros hacer tal cosa?!- exclama escandalizada Mirari.
- ¿Obligarnos? ¡Jajaja! Fue nuestra reina quien decidió ofrecerse a Cronos cuando éste regreso, a cambio únicamente le pidió armaduras como las de su ejército, para así derrotar a los caballeros de Atenea, y demostrar que nuestros guerreros son más fuertes que éstos. - responde Argailos.
- Ahora lo entiendo todo… - murmura pensativa Mirari.
- ¿Y bien? ¿Has quedado satisfecha? ¿Estás lista para morir? - le pregunta el guerrero.
- ¿Morir? ¿A tus manos? ¡No me hagas reír! Jajaja. - exclama mofándose de él.
- ¡Grrr! ¡¿Te sigues creyendo mejor que los demás por vestir esa armadura de oro verdad?! Mucho han cambiado las cosas aquí… Yo Argailos de la Ranitomeya, alcaliano de tercer grado… ¡Acabare contigo! -
- Siempre fuiste un guerrero noble, pero mediocre, al fin y al cabo… -
- ¿¡MEDIOCRE YO?! ¡TOMA ESTO! -
¡¡¡LENGUA DE SAPO!!!
Una enorme, pegajosa y larga lengua sale de la boca de Argailos, atrapando a Mirari en cuestión de segundos, aprovechando esto los soldados que acompañan al alcaliano, que se lanzan a golpear con fuerza, violencia y repetidamente a la santa de Piscis, la cual no puede ni bloquear los golpes que recibe, tras la paliza recibida, Argailos comienza a sacudir de un lado hacia otro con su lengua a Mirari, que es golpeada con crueldad por este último.
Finalmente, Argailos lanza contra un árbol a Mirari, que atraviesa de un golpe el grueso tronco, quedando tendida en el suelo.
- ¡Mirari! - exclama Vada que corre en auxilio de su compañera.
- ¿¡A donde te crees que vas?!- interfiere Argailos desplegando su lengua y bloqueando el paso a Vada.
- ¡Grrr! ¡Veremos si alardeas tanto cuando te arranque esa lengua asquerosa! - responde Vada preparándose para combatir.
- ¡Vada! ¡Te dije que no te interpusieras en mi camino! - le recrimina Mirari que aparece nuevamente en pie.
- Creía que te había dejado fuera de combate. - responde la santa de Libra.
- ¡No digas bobadas! Alguien como él no podrá conmigo, ¡Apártate de inmediato! ¡Este combate es solo mío! - insiste nuevamente Mirari.
A Vada no le queda otra que ceder ante las exigencias de la santa de Piscis, y de un salto, regresa a su posición inicial junto a Joao.
- ¡¿Qué no podre contigo?! ¿Qué tan segura estas de ti misma no? Si aun tienes ganas de más por mi perfecto, me divertiré un rato. - responde juguetón Argailos.
¡¡¡LENGUA DE SAPO!!!
Argailos tras elevar su cosmos, vuelve a lanzar su ataque nuevamente contra Mirari, pero ésta, esquiva sin problemas los múltiples intentos de su oponente por atraparla, pero la santa de Piscis se cansa pronto de jugar a lo mismo, lanzando una rosa roja contra el suelo, atrapando con ella la lengua de Argailos.
Para cuando éste quiere reaccionar ante este hecho, observa como Mirari se abalanza rápidamente sobre el corriendo sobre su propia lengua, cuando ésta se sitúa frente a él, comienza a descargar pisotones y taconazos sobre su cabeza, finalmente, con una potente patada, el alcaliano sale por los aires, siendo ahora él quien atraviesa otro grueso muro de dura roca.
Los guerreros que acompañan a Argailos tratan de contra atacar lanzándose abiertamente contra la santa de oro, que permanece tranquilamente de brazos cruzados con los ojos cerrados y sonriendo ligeramente.
- Sois una molestia… ¡Este es vuestro castigo por querer enfrentaros a mí! -
Justo cuando los soldados se ciernen sobre Mirari, surgen girando alrededor de ésta una multitud de rosas negras, que pasan de girar sobre la santa a lanzarse contra sus atacantes.
¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!
Las rosas piraña atrapan al grupo de guerreros, siendo sus cuerpos perforados por éstas, en un abrir y cerrar de ojos, el grupo entero cae aniquilado ante los ojos de Argailos que recién incorporado, observa cómo se queda solo en combate contra Mirari.
- ¡¿Acaso crees que ver como acabas con esos despojos me impresiona?! ¡Mi turno! -
¡¡¡LIGADURA AMAZONICA!!!
Una multitud de lianas se abalanzan sobre Mirari, al igual que múltiples raíces brotan del suelo, siendo ésta atrapada y amordazada por unas y otras, quedando suspendida en el aire.
- ¡Jajaja! ¡Ya eres mía! ¡Te advertí de que no me subestimaras! - ríe airadamente Argailos.
Antes siquiera de que pueda proseguir celebrando su “aparente” victoria, se percata de como Mirari, estando atada no deja de reír de manera perversa, lo que detiene rápidamente sus gestos de victoria.
- Estás atada de pies y manos, ¡Estas completamente a mi merced! ¡¿Se puede saber que te hace tanta gracia?! - vocifera molesto Argailos.
- Sigues siendo tan patético como siempre… ¿Acaso has olvidado que yo también me entrené aquí y que conozco estas mismas técnicas? -
- ¡¿Cómo?! -
El cosmos de Mirari comienza a brillar intensamente.
¡¡¡ROSAS DEMONIACAS!!!
Desde la posición elevada donde se encuentra, comienzan a ser proyectadas decenas de rosas rojas, que son lanzadas con la misma velocidad de una flecha, Argailos comienza a moverse de un sitio para otro, tratando de esquivar las peligrosas y mortíferas rosas de Mirari, retrocediendo cada vez más.
Para cuando logra esquivar la última de las rosas demoniacas, su cara queda desencajada de asombro al ver caminar libremente de nuevo a Mirari, que porta en su mano una rosa negra.
- ¡Imposible! - exclama incrédulo Argailos.
Mirari hace estallar su cosmos al máximo por primera vez en combate, lo que deja tanto a Argailos como a Vada impresionados. La primera reacción de Argailos es retroceder, pero éste se lleva una sorpresa.
- ¡Mis piernas! ¡No puedo moverme! - exclama.
- Las rosas demoniacas… El simple rasguño de una de sus espinas es suficiente para que su veneno recorra tu sistema nervioso deteniendo los músculos de todo tu cuerpo… Argailos, parece que has olvidado quien soy en realidad, asique te lo mostraré una vez más… primero destruiré tu cuerpo, y después acabare con tu espíritu… ¡PREPARATE! -
El cosmos de Mirari de Piscis entra en su máxima ebullición para lanzar su ataque.
¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!
- ¡BUAAAAHHH! - exclama Argailos, que inmóvil, recibe el severo castigo de las rosas piraña, que arrasan completa y absolutamente toda su armadura y dejando sus ropajes raídos.
Tras el brutal golpe asestado por las rosas negras, Mirari continúa caminando hacia Argailos elevando su cosmos continuamente, rosa blanca en mano.
- ¡Aquí se acaba tu vida! -
¡¡¡ROSA SANGRIENTA!!!
Un tiro certero hace que una rosa blanca se clave en pleno corazón de Argailos, éste, apenas ya sin fuerzas, observa como dicha rosa blanca se va tornando poco a poco en roja, teñida por la sangre de su propio corazón, Mirari, finalmente se sitúa frente a él.
Con su último aliento la mira fijamente a los ojos.
- Es… es cierto… Eras… Eras la princesa de la muerte... - susurra justo antes de desplomarse muerto Argailos.
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