Capítulo 18. Confianza
- Carlos Moreno
- 15 abr 2022
- 7 Min. de lectura
El sonido de una ligera brisa recorre el basto y verde vegetal, Mirari, ante los ojos de su compañera Vada y del joven Joao, ha mostrado al fin su fuerza en combate, mostrando una determinación y ferocidad implacables.
La santa de Piscis observa fijamente el cuerpo de su antiguo compañero Argailos, destrozado y arrasado por las diferentes rosas de sus ataques sin mostrar ni una mota de sentimiento alguno en sus ojos.
Vada la observa, en silencio, conocedora ahora de la determinación de la santa de Piscis, Joao, en esto, se aproxima pensativo hasta la santa de Libra, la cual, pronto percibe en el rostro del santo de bronce algún tipo de duda.
- Joao, ahora ya conoces de lo que puede ser capaz una santa de oro como nosotras, dime, ¿Qué te ocurre? ¿en qué estás pensando? -
- Jamás imagine que existieran guerreros con un poder como el vuestro…- susurra Joao.
- Lo que has visto no es nada, en el Santuario existen caballeros de oro con un poder mucho mayor y más devastador. - interrumpe Mirari.
- ¡¿Cómo dices?! ¿Quieres decir que existen caballeros más fuertes que vosotras dos? - pregunta nuevamente Joao.
- Así es, nosotras somos santas de oro sí, pero somos las más jóvenes de entre los doce santos de oro, por así decirlo, somos las más recientes en incorporarnos a la guardia dorada. - explica Vada.
- ¿Existen diez caballeros más con armaduras como las vuestras? - pregunta nuevamente Joao.
- En efecto, pero dime, eso no es lo que veo en tus ojos que te preocupe. -
- En realidad no… Es por algo que murmuro Argailos antes de morir. - responde.
- ¿A qué te refieres? - insiste Vada.
- Argailos llamó a Mirari la princesa de la … -
- ¡LA PRINCESA DE LA MUERTE! ¡Así es! Esa soy yo, o más bien lo fui en otro tiempo. - responde interviniendo en la conversación nuevamente Mirari.
- Entonces las historias que cuentan acerca de ti… ¿son ciertas? - le pregunta directamente Joao a Mirari.
- ¿No eres ya mayorcito para creer en historias? Además, el pasado, pasado está. Debemos continuar. No hemos terminado. - responde Mirari zanjando la conversación y reanudando la marcha a paso ligero.
Vada que no sale de su asombro, se queda parada, y detiene a Joao, dejando que Mirari avance sola a cierta distancia.
- Joao, ¿Qué historias son esas? Dime. - pregunta Vada.
- Veras, hace tiempo escuche una historia… -
- Continúa. -
- Ahora existe una paz o equilibrio entre las diversas tribus de guerreros que todavía moran en la selva, pero años atrás esto no era así, las disputas por los territorios se producían continuamente entre las diversas tribus, en una especie de guerra amazónica, en mitad de dicha guerra, emergió una guerrera en los Bora, su técnica y su fuerza eran increíbles. Su ferocidad y crueldad, estaban a la par, no mostraba piedad ni misericordia ante ningún rival… Cuentan que fue enviada junto a únicamente cuatro guerreros más a enfrentarse contra un ejército de varios cientos de guerreros formado por varias tribus, con el fin de derrocar y destruir a los Bora.-
- ¿Y qué paso? -
- Con esa guerrera al frente de dicho escuadrón, destruyeron y arrasaron al ejército entero al completo, a aquella guerrera se le llamo desde entonces la princesa de la muerte, ya que, fue la responsable de la mayor parte de las muertes en la batalla. -
- ¿Quieres decir que Mirari era esa princesa? - pregunta Vada.
- Ya no tengo la menor duda… tras verla en combate… y Argailos confirmo mi teoría… y de ser así… creo que no hemos visto lo que realmente Mirari es capaz de llegar hacer. - finaliza pensativo Joao.
- Nunca pensé que Mirari tuviera tal pasado...- murmura Vada, observando como Mirari continua la marcha sin ellos.
Los santos de Libra y del Tucán deciden dejar esta conversación ahí, y prosiguen el camino que Mirari anda recorriendo por delante. No tardan en encontrar nuevamente cuerpos de soldados o guerreros rasos que Mirari ha encontrado en su camino, y el fatídico final que éstos, como los anteriores han sufrido igualmente.
Tras unos kilómetros, Mirari se detiene, percibiendo un agresivo cosmos proveniente de las zonas altas de la montaña, cosmos que inevitablemente reconoce, lo que provoca que continúe la marcha a toda prisa.
- ¡Mirari! - exclama Vada, iniciando la carrera en persecución de su compañera.
Tras una intensa y larga carrera sin que sean capaces de alcanzar a la veloz Mirari, ésta se detiene frente a unos altos muros de piedra, donde sus puertas, permanecen abiertas.
Mirari que desde que percibió ese grotesco cosmos cargado de ira y rabia procedente de la cumbre de la montaña, se muestra distraída ante lo que verdaderamente acontece a su alrededor.
- ¡MIRARI CUIDADO! - exclama Vada.
Vada interviene justo a tiempo, empujando a Mirari hacia un lado, y bloqueando con uno de sus escudos dorados el impacto de algo que iba directamente contra la espalda de Mirari.
Ésta queda desconcertada en primera instancia, hasta que observa el escudo de su compañera.
En mitad del escudo, aparece una extraña flor parecida a un lirio, incrustada en pleno centro de éste.
Esto hace reaccionar a Mirari inmediatamente, pasando a mostrar nuevamente un rostro serio y agresivo.
- De no ser por la intervención de tu amiga, habrías muerto de forma rápida e instantánea, que es más de lo que en realidad te mereces. - exclama una voz.
- Esa voz… ¡Cáesar! ¡Sal y muéstrate maldito cobarde! -
Dos siluetas se mueven rápidamente desde la retaguardia de las santas hasta situarse frente a estar.
- ¡Hola Mirari! ¡Cuánto tiempo! ¿Por fin te has cansado de vivir y has venido a morir a nosotros maldita traidora? -
- ¡Cáesar! Y como no tu perrito faldero… ¡Estirios! - exclama Mirari.
- ¿Quiénes son estos dos? - le pregunta Vada.
- Pertenecen a la guardia real de Alexia… y Cáesar es el hermano mayor de Alexia y de Ahísa… - murmura Mirari.
En medio de esta intervención, una sucesión de violentas explosiones en la cumbre hace vibrar el suelo a los pies de la montaña. Lo que hace mirar a Mirari hacia las altas cotas.
- Mi hermanita parece estar divirtiéndose mucho con vuestros amiguitos… lástima que no vayan a durar mucho más… ya sabes cómo es mi hermanita… cuando empieza no sabe parar ni contenerse… ¡JAJAJA! - comenta Cáesar.
- Maldita sea… Ahora no tengo tiempo para entretenerme con vosotros dos…- murmura furiosa Mirari.
- ¡Oh! Pues es una pena, porque no te dejaremos pasar de aquí, Argailos tal vez no haya sido suficiente para detenerte, pero nosotros dos si lo haremos. - responde Estirios.
Vada observa la situación junto a Mirari y se dirige a ésta susurrando.
- Mirari, a medida que avanzamos, comprendo mejor porque eres como eres, y entiendo que quieras hacer las cosas tu sola y a tu manera, pero es obvio que en lo alto de la montaña te aguarda algo… Vas a tener que confiar esta vez en mi… deja que yo me ocupe de esto aquí y ahora y dirígete de inmediato arriba. No olvides que viniste a rescatar a los santos de plata y bronce… -
Mirari abre sus ojos, al escuchar las tiernas palabras de Vada, las cuales han alcanzado el interior de ésta, asumiendo que tiene razón.
- Está bien… compañera… te dejaré esto a ti… pero ten mucho cuidado, éstos dos son mucho más fuertes que Argailos, y luchando juntos son más peligrosos si cabe. No dudaran en usar cualquier tipo de truco o treta sucia si con eso obtienen cualquier ventaja en combate… ¿Cómo lo hacemos? -
- Je… Puede que sean duros rivales… o tal vez no… es hora de mostrar mi fuerza y valentía y de por qué he heredado la armadura de oro de Libra que antes perteneció a mi maestro el gran Dokho de Libra y que, tras él, vistió el legendario Shiryu del Dragon… no te preocupes por mi… amiga… prepárate… a mi señal… ¡AHHH! -
El cosmos de Vada despierta súbitamente, causando ondas de polvo en el suelo, y que éste, comience a vibrar ante la intensidad del cosmos de la joven santa de Libra, Mirari queda sorprendida ante la fuerza que desconocía tener y recuerda las palabras despectivas que le dirigió en la casa de Aries.
- Vada… antes de irme… Perdóname por las palabras que te dije en la casa de Aries, jamás debí dudar de quien fue escogida para vestir una armadura de oro como yo… de verdad… lo siento... - le murmura.
- ¡Ja! ¿Ahora me vienes con sentimentalismos? Céntrate en tu misión… ¡AHORA! -
Vada marca con sus manos las estrellas de la constelación de libra, y tras ella, aparece el mismo tigre protector de su maestro.
¡¡¡POR LA COLERA DEL DRAGON!!!
Detrás de Vada aparece el dragón de los cinco picos, rugiendo incesantemente, y éste se abalanza contra los enemigos que tiene situados frente a ella.
Éstos, sorprendidos, pero sin mucha dificultad, esquivan el enviste del dragón de Vada saltando hacia los lados, abriendo el camino para Mirari, que aprovecha rápidamente para continuar su camino hacia arriba.
Cumbre de la montaña
La joven Emma del cisne yace semi enterrada en el suelo, muy mal herida e inconsciente, con la armadura de bronce hecha trizas, al igual que la armadura de plata de Shakkiri, que, tras el último golpe asestado por Alexia, cae contra el suelo derrotada.
Merino, semi arrodillado, jadea exhausto, siendo el ultimo y único de los tres que queda en pie continuando la lucha, su armadura, al igual que las de sus compañeras, se encuentra semi destruida y las fuerzas ya le flaquean, cuando siente el cosmos de Vada a los pies de la montaña, y el rugido del Dragon, que retumba en lo alto de la montaña.
- ¡Vada! - exclama Merino.
El santo de plata se pone en pie nuevamente no sin dificultad, con la confianza recuperada en su mirada y dando un paso al frente. Cosa que a Alexia sorprende.
- ¿Todavía quieres más caballero? - pregunta Alexia.
- Ese dragón que acabas de escuchar… Me acaba de recordar quien soy y por quien lucho. - responde sonriente Merino.
- ¡No digas bobadas! - responde despectiva Alexia.
Merino continúa caminando hacia el frente de la batalla, colocando el maltrecho escudo de su espalda en uno de sus brazos.
- ¡Todavía no he dicho mi última palabra! - exclama Merino.
- ¡Te hare callar para siempre! - responde Alexia.
¡¡¡AGUJERO NEGRO!!!
¡¡¡DANZA DEL COLIBRI!!!
Tras el choque de sendos ataques, se produce una sonora explosión…
Zona baja de la montaña
- ¡MALDICION! ¡Era solo una maniobra de distracción! - exclama Cáesar.
- ¡Mirari no escaparás tan fácilmente! - exclama Estirios.
Ambos, decididos a no dejar avanzar a Mirari, comienzan a lanzar sobre ésta, una multitud de la misma flor que Vada había bloqueado antes con su escudo.
Mirari se gira y observa cómo sobre ella cae la multitud de flores, cuando aparece Vada con una de las barras triples de Libra en su mano.
Con gran destreza, ésta comienza a hacerla girar a gran velocidad, bloqueando y destruyendo cada una de las afiladas flores que sobre la santa de Piscis se cernían.
- ¡¿Qué narices haces ahí parada todavía?! ¡Te dije que yo me ocupaba de esto! ¡Lárgate de una vez! - le impone Vada.
Mirari le responde con una ligera sonrisa, a modo de confianza y se gira nuevamente acelerando el paso hacia arriba.
- ¡Eh vosotros dos! ¡Si queréis alcanzar a Mirari primero tendréis que vencerme a mí! ¡Preparaos! -
- ¡Te mataremos de inmediato! - exclama Cáesar.
- ¡Prepárate santa de oro! -
¡¡¡TEJEDORA DE SEDA!!!
¡¡¡COLMILLOS DE LA VIBORA!!!
- ¡QUE ASI SEA! –
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