Capítulo 21. Enfrentamientos cruzados
- Carlos Moreno
- 16 abr 2022
- 7 Min. de lectura
Zona baja de la montaña
Tras la devastación generada por los cien dragones, el polvo poco a poco se disipa y comienza a asentarse nuevamente. Joao se levanta cubierto de polvo y tierra, mientras que Vada permanece frente a él, en pie, jadeando tras el esfuerzo realizado. El joven santo de bronce se acerca hasta la santa de oro.
- ¡Vada eres increíble! - comenta eufórico Joao.
Vada asiente con una ligera sonrisa mientras sigue exhalando profundamente, recuperando poco a poco el aire tras el esfuerzo.
- ¡Verdaderamente ese ataque ha sido formidable! - interrumpe la celebración la voz de Caésar.
- ¡No! ¡Es imposible! – exclama incrédulo Joao.
- Jamás imaginé que una joven santa de oro podría desplegar semejante poder, yo también estoy impresionado. - añade la voz de Estirios.
Cuando la polvareda se disipa definitivamente, reaparecen las siluetas de ambos guerreros en el mismo lugar donde se les perdió de vista. Ambos caminan sonrientes situándose nuevamente frente a la santa de Libra, que muestra un rostro serio, mientras termina de recuperar el aliento.
- Como imaginaba… no habíais muerto… - murmura Vada seriamente.
- Estás en lo cierto, he de decirte, que de haberse librado este combate en otro lugar… tal vez el resultado hubiera sido otro, pero te recuerdo que estamos en mitad de la selva, y este es nuestro elemento y nuestro terreno. - responde Caésar.
- Lo has intentando, y es admirable tu fortaleza como guerrera, pero me temo que no eres lo suficientemente fuerte para medirte a nosotros. ¡Morirás aquí mismo! - añade Estirios apretándose contra sí mismo sus nudillos.
- ¡NUESTRO TURNO! - exclama Caésar.
Estirios se abalanza sobre Vada, a la cual golpea fuertemente con su puño sobre el estómago. Vada trata de exhalar aire tras el terrible golpe, y sin tiempo para reaccionar, Estirios girando sobre una de sus piernas, golpea con una potente patada en la cara a la joven santa.
Ésta sale despedida por el aire, desprendiéndose de su cabeza el casco de oro, y atravesando numerosos árboles, los cuales levantan nuevamente una enorme polvareda tras su derribo.
- ¡MALDITOS SEAIS! - exclama Joao lanzándose en ayuda de Vada.
- ¿¡A donde te crees que vas?!- pregunta Caésar.
¡¡¡LIGADURA AMAZONICA!!!
Del suelo comienzan a brotar numerosas raíces que agarran en el aire por las piernas a Joao, y de los altos árboles descienden multitud de lianas que hacen lo mismo con sus brazos, quedando Joao completamente sujeto e inmóvil suspendido en el aire.
- ¡TOMA ESTO! - grita Caésar situándose de un salto a la altura de Joao.
Caésar comienza a descargar sobre el cuerpo inmóvil de Joao una intensa batería de fuertes golpes con sus puños y piernas, mostrando un ensañamiento extremo con el joven santo que no puede hacer nada, Joao inmóvil, comienza a toser sangre debido a los reiterados y violentos golpes de Cáesar.
- ¡Caésar! ¡Yo también quiero jugar con el! - exclama Estirios.
¡¡¡COLMILLOS DE LA VIBORA!!!
- ¡Buaaaahhh! - exclama Joao.
Estirios lanza su técnica a boca jarro frente al joven, causándole multitud de heridas que comienzan a hacerle sangrar abundantemente, tal es la potencia de la técnica, que sus ataduras son reventadas y éste acaba empotrado contra una roca al pie de las escaleras que suben la montaña.
- ¡Estirios no debiste usar esa técnica! - exclama molesto Caésar.
- ¡¿Y eso por qué?! - pregunta el otro.
- Porque ya lo has condenado a muerte con el veneno de tu víbora… ahora ya no nos sirve para seguir jugando con él, en el estado en el que está, no durará mucho… - responde Caésar.
- ¡Ups! Tal vez tengas razón, me suelo dejar llevar por la emoción del combate… pero todavía nos queda esa santa de oro… ¡jajaja! - responde Estirios.
- ¡JURO QUE OS MATARE A AMBOS! - exclama una Vada furiosa que reaparece pulverizando los árboles que la sepultaban.
- ¿Todavía tienes fuerzas para seguir jugando? ¡Genial! - responde Caésar riéndose.
- ¡Prepárate! ¡PORQUE ALLA VOY DE NUEVO! - exclama Estirios saltando sobre Vada nuevamente.
¡¡¡COLMILLOS DE LA VIBORA!!!
- Una técnica no funciona dos veces con el mismo caballero…- murmura Vada sonriente.
¡¡¡LA COLERA DEL DRAGON!!!
- ¿¡QUE!? ¡¡¡BUAHHH!!!- exclama Estirios.
Un enorme dragón asciende desde el suelo, agarrando con sus fauces a Estirios al cual arrastra y lanza con violencia hacia los cielos. Tal es el golpe que este pierde su casco protector en el aire, cayendo contra el suelo de forma brusca, y haciendo que este sangre por la boca, quedando inconsciente por unos instantes.
Cumbre de la montaña
Tras la aparición de Mirari, un silencio recorre la cima de la montaña, interrumpido únicamente por el viento que sopla con fuerza. Alexia y Mirari se miran fijamente la una a la otra.
La santa de Piscis dirige su mirada hacia el suelo, donde a su lado yace Emma inconsciente.
- ¡Shakkiri! - exclama Mirari.
Shakkiri reacciona a la llamada de la santa de oro como si de un sueño despertara, y con cierta dificultad se aproxima lentamente hasta donde se encuentran Emma y Mirari.
- ¡Coge a Emma y largaros de aquí! - exclama Mirari seria, que de una ligera patada lanza el cuerpo de Emma contra Shakkiri.
- Merino…- murmura Shakkiri en voz baja.
- ¡Merino está muerto! ¡Aquí ya no pintáis nada! ¡LARGAOS! -
Alexia sonríe abiertamente.
- SerÁ mejor que le hagas caso. ¡No querrás presenciar la muerte de una santa de oro! ¡jajaja! - interviene Alexia.
Mirari se gira mirando directamente a Shakkiri, a la cual poca armadura le queda ya adherida a su cuerpo.
- Shakkiri… Lamento no haber llegado antes… Pero ahora aquí ya no podéis hacer nada… por favor… márchate y llévate contigo a Emma… a partir de aquí, yo me ocupo de esto. - zanja Mirari.
- Está… está bien… pero por favor ten cuidado… es muy violenta y poderosa… - le murmura Shakkiri.
Shakkiri toma a Emma y cargando con ella a sus espaldas, se marcha lentamente, pasando por el lado de Alexia, sin que esta mueva un sólo músculo, centrada únicamente en Mirari.
Las dos jóvenes santas abandonan la cumbre de la montaña, dejando a solas a Alexia y a Mirari.
- ¡Mirari! ¡No debiste venir de nuevo aquí! Ya sabes lo que te pasará ahora… -
- Veo que te has hecho muy fuerte… Pero no te servirá de nada… ¡yo también me he vuelto más fuerte! - responde Mirari.
- No volverás a vencerme… ¡NO ESTA VEZ! ¡AAHHH! - exclama Alexia haciendo explotar su cosmos.
- Alexia… te prometí hace mucho… que si volvíamos en enfrentarnos… ¡SOLO UNA SALDRIA CON VIDA! ¡AAAHH! - exclama Mirari haciendo explotar también su cosmos.
El cosmos de ambas comienza a concentrarse cada vez más, intensificándose a cada segundo que pasa, lo que genera y provoca continuos derrumbes de rocas provocados por las ondas sísmicas que sus fuerzas causan al liberarse.
Alexia no es capaz de aguardar ni un instante más y pasa a la ofensiva.
¡¡¡DANZA DEL COLIBRI!!!
¡¡¡ROSAS PIRAÑA!!!
La técnica de Alexia se abalanza sobre Mirari, pero ésta es destruida por un abanico de rosas negras que envuelven el cuerpo de Mirari.
¡¡¡ROSAS DEMONIACAS!!!
¡¡¡ORQUIDEAS PERFORANTES!!!
Mirari contraataca con sus rosas rojas, pero estas sufren el mismo destino que el anterior ataque de Alexia, situando a ambas contrincantes en unas inpás técnico, donde las técnicas de una son destruidas por la otra y viceversa.
- Me pregunto cuanto tiempo serás capaz de aguantar… - se pregunta en voz alta Alexia.
- ¡Solo hay una manera de comprobarlo! - exclama Mirari.
Alexia y Mirari concentran su cosmos en un punto único y se lanzan mutuamente el cosmos concentrado la una a la otra, quedando una esfera energética suspendida en el aire en medio de ambas.
La intensidad de sus cosmos hace que resuene por todo el valle, llegando a percibirse a las faldas de la montaña donde Vada libra su lucha particular.
Base de la montaña
Tras una intensa batalla, en la que Vada hace frente sola a Estirios y Caésar, ésta comienza a mostrar signos de cansancio y estragos en su cuerpo, el cual cada vez se agota más y más, debido a su poca experiencia en combates de este calado.
Por el contrario, Caésar y Estirios, aunque magullados por algunos golpes de Vada, se muestran tranquilos y enteros.
Cuando el cosmos de Alexia y Mirari alcanza a estos, el combate se detiene.
- Al parecer nuestra reina por fin tiene lo que más deseaba… - murmura Estirios mirando hacia la cumbre de la montaña.
- Mirari no tiene nada que hacer frente a Alexia… - murmura sonriendo Cáesar que también mira hacia la cumbre.
Vada, por el contrario, se mantiene concentrada, sin dejar de pensar en su compañera y amiga Mirari, la cual, siente como su cosmos se expande más y más a cada instante.
- ¡Todavía no hemos acabado! - exclama Vada.
Los tres se disponen a reanudar el combate cuando una violenta explosión sacude la montaña, haciendo que los tres caigan al suelo.
Senda de la montaña
Shakkiri desciende por la senda con lentitud y dificultad debido a su estado, cargando además a sus espaldas a la joven Emma, la cual yace inconsciente desde que ésta despertara el séptimo sentido y ejecutase la técnica de su maestro Hyoga lo que forzó su cuerpo al máximo.
La tremenda explosión que se sucede en la cumbre hace que Shakkiri pierda el poco equilibrio que poseía y ésta cae rodando escaleras abajo dejando caer contra el suelo a Emma.
Cuando Shakkiri deja de rodar por las escaleras y consigue detenerse observa ante sí unos pies cubiertos por una armadura alcaliana que ya había visto antes. Al levantar la vista descubre que se trata de Anári, la cual la observa fija y seriamente.
- ¡TU! - exclama alarmada Shakkiri, a la cual trata de propinar un puñetazo.
- Debes estar de coña... - responde Anári sujetando sin problema alguno el intento de Shakkiri.
Anári agarra por el cuello a la santa de plata, sin que esta pueda hacer nada de nada, tras observarla durante unos minutos, ésta agarra de su cintura un recipiente del cual obliga a beber a Shakkiri.
Tras unos breves segundos, Shakkiri siente como sus fuerzas se reponen por completo, logrando liberarse de Anári, y situándose junto a Emma a modo de protegerla, sin acabar de entender lo que ha sucedido.
- Esta es el agua de Lázaro, aquella que brota en la cima de nuestra montaña, capaz de curar y restaurar cualquier tipo de daño en el cuerpo. - responde Anári.
Shakkiri muestra en su cara desconcierto absoluto ante la explicación y el acto de Anári, pero antes de que ésta diga nada, la propia Anári le lanza el propio recipiente del que le ha obligado a beber.
- Sera mejor que le hagas beber un sorbo a tu amiga, y que le lleves el resto a tu amigo antes de que sea tarde. Las flores del desierto con las que imagino que Mirari ha tratado a vuestro amigo solo frenaran el avance del veneno durante un tiempo. - responde Anári, terminando su explicación, que nuevamente se marcha.
- ¡Espera! ¡¿Por qué nos ayudas?! ¿Acaso no somos tus enemigos? - le pregunta desconcertada Shakkiri.
Anári detiene su avance momentáneamente.
- Amigo o enemigo son palabras que cambian de significado rápidamente, una cosa es lo que mi reina quiera hacer… y otra distinta es aquello que debería ser… - responde reanudando la marcha.
En ese instante despierta nuevamente Emma que no termina de entender lo que ha pasado ni donde está, simplemente observa como Anári se marcha lentamente.
- ¡¿Qué ha pasado?! - pregunta Emma confusa.
- ¡Sera mejor que os pongáis en marcha de inmediato! - responde nuevamente Anári perdiéndose en la lejanía.
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