Capítulo 22. El dragón dorado
- Carlos Moreno
- 16 abr 2022
- 10 Min. de lectura
El cuerpo de Vada comienza a sentir los estragos causados por los venenos infringidos por Cáesar y Estirios, su percepción del espacio empieza a distorsionarse, al igual que su vista, que ya no es perfecta, a medida que los síntomas avanzan, su agotamiento crece, y la precisión y potencia de sus golpes mengua. Vada jadea abiertamente, tratando de sobreponerse y recuperar el aliento.
- Ya no tienes nada que hacer… tu destino y tu vida están sellados. Pero como reconocimiento a tu valentía como guerrera, estoy dispuesto a concederte una muerte dulce y rápida, si decides rendirte ante nosotros, aquí y ahora. - comenta Cáesar.
- Coincido con Cáesar, en nuestra tribu respetamos y honramos a los guerreros que son dignos de ello. Por favor, acepta nuestra oferta. Tu cuerpo se entumecerá cada vez más y tus cinco sentidos se difuminarán. Permítenos darte una muerte digna como guerrera. - añade Estirios.
- ¿Acaso creéis que, por reconocer mi valentía, voy a rendirme ante vosotros? ¡Soy una santa de Atenea! - exclama exhausta Vada.
Cáesar y Estirios comprenden y entienden como guerreros la negativa de Vada a rendirse.
- Admirable… Está bien… Tu misma como guerrera has elegido tu final… Aunque eso te implique una muerte larga y agónica. - responde Caésar.
- Estoy lista para seguir… -murmura cabizbaja Vada.
- Esta tierra sagrada, perteneciente a nuestra tribu será tu sepultura. - concluye Estirios.
- Si he de morir… Lo hare a mi manera… Ya no tengo nada que perder… de modo que… os mostraré la técnica ancestral de los caballeros de oro de Libra… Aunque esta sea mi última lucha en la tierra… ¡JURO QUE OS LLEVARE CONMIGO A LA MUERTE! - exclama Vada decidida.
- ¡No me hagas reír! En tu estado… nada que intentes te servirá contra nosotros… pero si así has decidido morir… por favor… muéstranos esa tal técnica ancestral de la que hablas. ¡Te daremos muerte después para que compruebes que nada puede detenernos! - grita Cáesar.
Vada agotada, levanta la cabeza mirando fijamente a sus adversarios y sonríe.
- Así sea… - murmura.
- Cáesar, ¿de verdad vas a permitirle lanzar esa supuesta técnica? - pregunta Estirios.
- El veneno lleva ya tiempo recorriendo su sistema circulatorio, y para mi propia admiración, me sorprende que, tras semejante cantidad de veneno, sea capaz de ponerse en pie. Merece su propio reconocimiento... Además, ¿Acaso te asustan las palabras de una niña moribunda? - le replica Cáesar.
Vada, que cada vez se tambalea más, y a la que, sus propias piernas les cuesta sostenerla, decide no alargar más el asunto, y comienza a concentrar su cosmos.
El cosmos que en un principio parecía débil, tenue y a punto de disiparse, comienza a avivarse cada vez más, como si de un fuego que se propagase en el bosque se tratara.
Cáesar y Estirios muestran cierta sorpresa al observar la incesante cantidad de cosmos que la joven todavía poseía en su interior, mientras Vada continua sin descanso liberando más y más energía, quemando hasta el último átomo de cosmos que su cuerpo posee.
- ¡Es increíble! Jamás imagine que esta niña pudiera albergar tal cantidad de cosmos… de no ser por el veneno, este combate se habría desarrollado de una manera muy diferente. - murmura Cáesar admirado por el resplandor dorado de Vada.
Todo el cosmos que la santa de Libra libera comienza a tomar la forma alrededor de ésta de una llama, una llama que se aviva y que crece cada vez más y más, alimentada por la incesante liberación de energía que sigue, insistentemente liberando la moribunda Vada.
- Vada de Libra, posees un poder impresionante. Sería un necio si no lo reconociera. - le aclama tranquilamente Estirios de brazos cruzados.
- No es suficiente… debo quemar... hasta el último átomo que tenga dentro de mi… ¡ARDE COSMOS! ¡ARDEEEE! ¡AHHHH! - estalla Vada forzando su cuerpo al límite.
El cosmos de Vada que forma una enorme llama dorada sobre si misma sigue en aumento, creciendo exponencialmente.
- Para… para invocar al dragón sagrado… éste… éste requiere la sangre de aquel que lo invoca… - murmura cabizbaja Vada.
Vada entra en un estado de semi inconsciencia.
Cabizbaja, sin apenas moverse, pero su cosmos continúa elevándose sin descanso. Una extraña aura rojiza comienza a envolver a ésta, a la vez que, el tono de su piel comienza a palidecer en proporción al crecimiento del aura rojiza.
- ¿Qué esa extraña aura roja que la envuelve ahora? - se pregunta Estirios sorprendido.
- Estoy casi seguro de que se trata de su propia sangre. - le responde Cáesar.
- ¡¿Pero ¡¿qué dices?! ¿Acaso no pretenderás decir que…? -
- En efecto, sin duda alguna ha decidido utilizar algún tipo de técnica que implica sacrificar su propia vida. - aclara Cáesar.
- Vaya coraje el suyo…- murmura impresionado Estirios.
El aura dorada del cosmos de Vada comienza a volverse anaranjado debido a la mezcla de éste con su propia sangre. Vada parece recuperar el conocimiento momentáneamente y alza la vista nuevamente, con una mirada perdida, donde el brillo de sus ojos se apaga progresivamente.
- Todavía… no… ¡ES SUFICIENTE! ¡AAHHHH! –
Una nueva explosión del cosmos de Vada sacude la tierra. Emma y Shakkiri que se encuentran descendiendo de la montaña a toda prisa sienten como una onda de cosmos las alcanza, derribándolas contra el suelo momentáneamente.
En lo alto de la montaña, el combate entre Alexia y Mirari se detiene momentáneamente debido a la energía que la santa de Libra está liberando.
- ¿Pero ¡¿qué diablos estará ocurriendo allí abajo?! - se pregunta Mirari, preocupada por Vada.
- ¡MIRARI! ¡Nuestro combate no ha terminado! - exclama Alexia que se abalanza sobre Mirari.
El acto de Alexia pilla desprevenida a Mirari, distraída momentáneamente por la gigantesca explosión del cosmos de Vada, pero Alexia se detiene en seco justo antes de golpear a Mirari al observar como la armadura de oro de Piscis comienza a centellear y a vibrar, emitiendo sonidos junto a las vibraciones, como si de una campana de llamada se tratase.
Esta reacción por parte la propia armadura de Piscis hace recordar rápidamente a Mirari la misma sensación que sintió en el Santuario mientras Ikki y Kanon luchaban en el valle de los muertos.
Sin pronunciar palabra alguna, se le escapan unas ligeras lágrimas, asumiendo que la batalla que está librando a la que ya consideraba su amiga, está alcanzando límites insospechados, con el más que probable trágico desenlace.
Emma y Shakkiri llegan al fin a la base de la montaña, donde se encuentran a Joao muy mal herido, apoyado sobre unas rocas, y con horror observan como el cuerpo de Vada dentro de una gigantesca llama de cosmos, se encuentra ya muy pálido debido a la gran pérdida de sangre que sufre.
Las dos santas hacen mención de querer ir al encuentro de Vada, pero Joao interviene.
- No os acerquéis… por favor… - murmura con dificultad.
- ¿¡Que!?- exclama Shakkiri.
- Vada está decidida a terminar este combate, cueste lo que cueste… si interferís ahora… el sacrificio de vuestra amiga no servirá para nada… - responde nuevamente Joao, que se incorpora con la ayuda de estas.
- ¡Pero no podemos hacer eso! - insiste Shakkiri.
- No haremos nada. - responde seria Emma.
- ¡¿Tú también Emma?! - le replica Shakkiri.
- No es eso… mi maestro me explicó hace mucho, que en ocasiones un caballero debe hacer sacrificios, que, en ocasiones, uno debe dejar atrás a sus compañeros para proseguir con su misión. Y nosotros tenemos una… ¿o ya te has olvidado de Trémino? -
Shakkiri queda enmudecida ante las palabras frías pero sabias de Emma, y finalmente comprende que Vada está dispuesta a sacrificarse por la misión de todos. Quedándose resignada simplemente a observar el desenlace del combate mientras Emma da de beber a Joao de la fuente de Lázaro.
Mientras tanto, el cosmos de Vada alcanza finalmente su clímax máximo.
- Invocar al Dragon Dorado requiere el sacrificio de uno mismo, ¿acaso olvidaste todas mis enseñanzas? - pregunta una voz que surge del interior de la armadura de Libra.
Vada, prácticamente inconsciente, reacciona de inmediato abriendo nuevamente sus ya, grises y apagados ojos al escuchar esta voz.
- Hace… hace ya muchos años… que no escuchaba su voz… maestro... - responde tenuemente Vada.
- Llámame Dokho a secas, ¿Quieres? Ya no soy el maestro de nadie. - le responde nuevamente.
- Me hace tan feliz… volver a escucharle… una vez más... - murmura sonriente Vada.
- ¿Por qué has decidido invocar al Dragon Dorado? Ya te advertí de lo que suponía hacerlo. Te pedí expresamente que jamás utilizaras esta técnica. -
- No debió enseñármela… jejeje… dadas las circunstancias… no me quedaba otra salida… le pido disculpas por desobedecerle maestro… -
- ¿No tenías más alternativas dices? Dime, ¿De dónde nace la fuerza de una cascada? ¿O acaso ya lo has olvidado? -
- Je… la fuerza de una cascada no viene de su fuerte corriente… sino de cada una de las gotas que forman el río… -
- Y en la fuerza que aporta cada una de ellas al propio río, así termina la frase. -
- Pero ya no me quedan fuerzas para continuar… perdóneme maestro… no soy digna de vestir la que fue su armadura… -
- Vada, Shiryu y yo mismo no te encomendamos la armadura de oro, no por lo que eres ahora… sino por lo que puedes llegar a ser… -
- Tenéis razón maestro… Nunca debo bajar los brazos… ¡por fuerte que sea la corriente en mi contra! -
- ¡Vamos! ¡Hagámoslo juntos esta vez! -
- Para mí... será un honor… viejo maestro. - responde finalmente Vada liberando una tierna sonrisa.
El cosmos de Vada vuelve a incrementarse nuevamente, tornándose nuevamente de color dorado, mientras la sangre vuelve a ser absorbida nuevamente por su cuerpo, recuperando paulatinamente su color de piel habitual.
La llama en la cual se formaba el cosmos alrededor y sobre Vada cambia, volviéndose éste en un torbellino en espiral que cubre poco a poco todo el cuerpo de la joven santa. Cuando el torbellino desaparece, Vada reaparece ahora vistiendo una poderosa e imponente armadura divina, la kamui de Libra.
Tras ella, surge el espíritu del que fue su maestro, el legendario Dokho de Libra portando también la que fue en dia su armadura, ¡la armadura de oro libra!
Cáesar y Estirios comienzan a mostrar cierta preocupación ante los acontecimientos que se suceden, incrédulos y tratando de encontrar explicación de cómo, aquella que se encontraba a las puertas de la muerte, de pronto resurge llena de vida y con un cosmos tremendamente amplificado al vestir la Kamui de Libra.
Vada extiende sus brazos hacia adelante, unidos éstos entre sí por sus dedos entrelazados.
- ¡Esa postura! - exclama Emma.
- ¿Qué ocurre Emma? - pregunta Shakkiri.
- Esa postura… se parece mucho a la de mi maestro Hyoga… ¡¿Pero que planea hacer Vada?! - se pregunta Emma contrariada.
Los brazos de Vada comienzan a elevarse situándose por encima de su cabeza, imitando la posición del caballero de Acuario pero a la inversa. Cuando los brazos de ésta se sitúan finalmente, las manos de Vada se abren de manera opuesta, formando una U, formando la boca de un dragón…
- ¡Despierta, DRAGON DORADO! - exclama Vada.
Todo el cosmos desplegado por Vada se concentra en sus brazos, y de éste, un potente rayo dorado sale canalizado hacia el cielo, cuando el rayo se desvanece, el ensordecedor rugido de un dragón mayor y diferente atemoriza todo el lugar.
Todo el cosmos que Vada había reunido comienza a brotar de las manos de ésta hacia el cielo, a medida que éste se eleva, va tomando la forma de un gigantesco dragón dorado que se eleva hacia el cielo, dejando petrificados a todos los presentes.
Tal es la magnitud del dragón, que es visible en la cumbre donde Alexia y Mirari han dejado de pelear, asombradas e impactadas, por el dragón dorado que ahora vuela hacia los cielos sobrevolando la selva.
Emma, Shakkiri y Joao quedan al pie de la montaña enmudecidos ante la impresionante sorpresa que la santa de Libra ha mostrado. Mientras Emma y Shakkiri permanecen embelesadas observando al enorme dragón planeando en los cielos, Joao se percata de la situación, y agarrando fuertemente por los brazos a las chicas, sale corriendo a toda prisa de la zona, arrastrando con él a ambas.
- ¡Deprisa! ¡Hay que alejarse todo lo posible! - grita despavorido Joao.
- ¿¡Pero ¡¿qué haces?! ¡¿A qué viene tanta prisa?! - le espeta Shakkiri siendo arrastrada por éste.
- No sé qué va a pasar exactamente, pero debemos alejarnos a toda prisa de la zona de impacto. - le responde Joao que sigue saltando de árbol en árbol llevando a cuestas consigo a las santas.
- ¿Zona de impacto? ¿Acaso pretendes decir que…? - pregunta en voz alta Emma, que se deja arrastrar sin oposición.
- Así es, es precisamente lo que estoy pensando. No os detengáis por nada ni miréis atrás. Continuad corriendo hasta que estemos lo bastante alejados. - insiste Joao apresurando el paso.
Tras un sprint frenético, Joao se detiene junto a Emma y Shakkiri en un risco de piedra desde el cual se divisa perfectamente el majestuoso y enorme dragón dorado. Mientras que, Cáesar y Estirios, que se encuentran a pocos metros de distancia de Vada, observan ahora sí, atemorizados, al enorme dragón que tienen sobre sus cabezas.
El dragón fija y centra desde el cielo su mirada en Estirios y Cáesar, que siguen paralizados por una mezcla de sorpresa y miedo. El dragón comienza a rugir incesante y repetidamente, hasta que un último y más intenso rugido hace que este comience a brillar hasta causar una absoluta y total luz cegadora.
Cuando el destello cegador desaparece el enorme dragón ha desaparecido, ocupando su lugar miles de dragones dorados más pequeños que revolotean sin descanso en el cielo.
- Estirios… Cáesar… de guerrero a guerrero… ¡considerad un honor ser los primeros en recibir la técnica más devastadora de los caballeros de libra! -
¡¡¡LA COLERA DE LOS MIL DRAGONES DE ROZHAN!!!
Vada, que hasta ahora mantenía sus brazos sobre su cabeza con sus manos en forma de U, desciende éstos en dirección a Cáesar y Estirios. En el cielo, los dragones que parecían revolotear sin sentido, comienzan a agruparse, volando todos en la misma dirección.
Tras el descenso de los brazos de Vada, los dragones comienzan a descender con rapidez y furia contra la tierra.
Al caer los primeros, estos estallan contra el suelo, pero no causan daño en sí, más bien destruyen y desintegran todo aquello que encuentran a su alcance. Provocando unos intensos temblores con cada impacto de dragón.
Los dragones comienzan a descender en mayor numero e intensidad, lo que obliga a Cáesar y Estirios a moverse continuamente para evitar ser alcanzados. Uno de ellos estalla frente a Estirios, que es lanzado hacia atrás debido a la onda de impacto, cuando otro va a caer justo sobre él, aparece Cáesar para salvarlo.
- ¡Imbécil! ¿¡Pero que te pasa?! ¡Si te alcanza uno de esos acabará contigo! - le recrimina Cáesar.
- ¡Están por todas partes! ¡Son demasiados! - grita atemorizado Estirios.
- ¡Mantén la calma idiota! ¡Céntrate en los más próximos! - insiste Cáesar.
- ¡NO! ¡Son demasiados! ¡Alejaos de mí! ¡Hay que huir! - grita nuevamente Estirios.
Cáesar y Estirios, sin dejar de moverse en todo momento comienzan a elevar sus cosmos de forma atroz, preparándose para lo que podría ser un contra ataque, el cielo comienza a vaciarse de dragones, sin que estos consigan alcanzar a sus objetivos, cuando finalmente ambos guerreros se detienen en un lugar, intensificando al máximo sus cosmos.
Vada con unos movimientos de sus manos, reagrupa a los dragones restantes en el cielo, preparada para asestar el golpe definitivo.
- ¡Tus dragones no han servido de nada! ¡Prepárate! - exclama Cáesar preparado para atacar junto a Estirios.
- Idiotas… ¡los dragones acabaran con vosotros y con todo a su paso! -
Los dragones supervivientes comienzan a unirse unos con otros, formando de nuevo un único y demoledor dragón, que se prepara para lanzar su acometida.
¡¡¡DANZA DE LA ARAÑA!!!
¡¡¡VIBORA LETAL!!!
¡¡¡DRAGON LLAMEANTE DORADO!!!
El dragón se lanza en picado desde los cielos, rugiendo y abriendo su enorme boca, a pocos metros del suelo, éste, impacta violentamente con las técnicas de Cáesar y Estirios, la colisión de las tres técnicas genera un orbe sordo de energía concentrada, tras unos largos y tendidos segundos en los que no se escucha nada, finalmente una atronadora explosión se desata, arrasando y destruyendo absolutamente todo.
Los cosmos de Cáesar y Estirios desaparecen súbitamente a la vez, poco después, la gran onda de energía alcanza y absorbe a Vada, desapareciendo también ésta bajo el intenso brillo de la colisión de cosmos.
Una segunda explosión más violenta que la primera se sucede, y tras ésta, el cosmos de Vada se desvanece poco a poco hasta desaparecer por completo.
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